A veces, el camino más largo es el único que nos lleva de vuelta a casa. María López, más conocida como Meeerilou en redes, pasó años encajando su talento en el sector del diseño, devorando las horas de sus noches y fines de semana para no soltar jamás los lápices. Hoy, a sus treinta y un años, esa resistencia ha dado sus frutos: se dedica en cuerpo y alma a lo que siempre quiso, el arte.
En sus ilustraciones habita una mujer de mirada suspendida que no está ni alegre ni triste. Simplemente existe, conteniendo la respiración en un mundo que se mueve demasiado rápido. Sus piezas tienen algo de diario íntimo y mucho de esa nostalgia compartida por una generación que creció entre series de anime y tardes enteras devorando el universo de Studio Ghibli. Pero lo que hace verdaderamente magnética la propuesta de María no es solo su estética, sino su honestidad. En un entorno digital obsesionado con la perfección, ella reivindica la mancha, el error de la tinta y los pequeños rituales cotidianos como su trinchera particular.
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Hola, María. ¿Podrías presentarte para quien no te conozca?
¡Hola! Soy María, nací en Madrid, tengo treinta y un años y soy artista. Llevo desde los veintidós años en trabajos creativos y en el sector del diseño. Desde este año me dedico exclusivamente a mi arte.
¿Y cómo presentarías tu obra con tres palabras?
Melancólica, íntima y sincera.
¿Cómo se inició tu pasión por el arte?
Comencé a dibujar porque mis padres siempre lo han hecho y me han animado a ello. Nunca han puesto en duda que era un camino legítimo y que la práctica era clave, aunque ellos no se han dedicado a ello. Yo sentía que era lo que me hacía ser yo. Desde muy pronto comencé a aprender de otros artistas y aunque nunca pude tomar el camino directo a ser artista hasta ahora, tampoco he dudado de que es lo que quería hacer en la vida.
¿Qué es el dibujo para ti?
Un momento en el que consigo conectar conmigo misma y con lo que siento. En verdad es un momento muy triste y a la vez profundamente bonito. No entiendo la vida sin hacer lo que hago.
¿Cómo definirías tu trabajo ante alguien que no sabe nada sobre arte?
Para mí es la representación de una tristeza contenida. Esa es la base; luego, según me sienta, variará el entorno que dibujo, los personajes, la ropa, la técnica, etc. Me gusta que la obra cuente muchas cosas, pero mucha gente las entenderá como muñecas cuquis, y eso también está bien.
Hablando de “muñecas cuquis”, ¿quién es la mujer que dibujas en gran parte de tus obras? ¿Qué representa?
Creo que esa mujer es simplemente un sentimiento o una forma de ser. Nunca se le ve especialmente contenta pero tampoco triste. Está existiendo y conteniendo lo que siente en un contexto que cambia.
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¿Cuál ha sido tu formación como artista y diseñadora?
Estudié Diseño de Moda en un momento en el que no tenía muy claro qué hacer. Quería entrar en Bellas Artes, pero me dijeron que no tenía salidas. No como moda, al parecer (risas). Trabajé desde el principio en diseño gráfico, primero en el sector de la moda y luego me pasé al mundo del diseño visual en una consultora digital en tecnología.
¿Te dedicas cien por cien a tu arte o tienes que combinarlo con otro trabajo?
Pedí una excedencia en el trabajo hace tres meses cuando se unieron dos cosas: empecé a ver que era factible económicamente y que perdía más de lo que ganaba si no le dedicaba las horas necesarias. Estuve el último año trabajando en mi arte todos los días, cuando salía del trabajo y también los fines de semana, para poder llegar a dedicarme a esto a tiempo completo. Fue muy, muy duro, pero hoy en día mi vida es completamente distinta.
¿Qué estética e influencias atraviesan tus obras?
Sin duda, una estética japonesa que no puedo evitar. He intentado ser lo más ‘local’ posible, pero el universo en el que he crecido ha sido el de llevar un Tamagotchi colgado de la mochila, que mi peli favorita fuese La princesa Mononoke o pasar horas viendo Shin-chan. Así que, sin duda, el anime y la cultura nipona son un gran foco de inspiración para mí. Siempre me ha encantado pasar tiempo aprendiendo a representar las emociones. También me gusta mucho pararme en los pequeños momentos del día a día, pausarlos y analizarlos para representarlos a mi manera.
¿Qué artistas o estilos han influido más en tu trabajo?
Vamos desde los más obvios hasta los que lo son algo menos. Studio Ghibli, por la forma de transmitir emociones duras de una forma tan delicada. Sasha Gordon, por su manera de expresar traumas y miedos. Y estoy absolutamente obsesionada con Mila Useche: ha transformado muchísimo su obra y no para de sorprenderme. Ahora mismo está haciendo algo muy experimental, pero me fascinan el movimiento de su obra, los personajes y lo pulida que tiene la técnica a la hora de pintar.
Hay una fuerte nostalgia y vínculos afectivos en tus piezas. ¿De dónde nace esa necesidad de congelar los pequeños rituales cotidianos del día a día?
Siempre me han parecido especialmente emocionantes las cosas más pequeñas y sencillas de la vida: una persona abrazando a otra, el momento en el que compras una barra de pan, un perrito observando a un bichito. Son cosas que forman parte del día a día y que me dan una tremenda satisfacción.
Tu paleta de colores me transmite calma y calidez. ¿Qué buscas transmitir o qué crees que causan tus obras en quienes las contemplan?
Para elegir la paleta hice un ejercicio plenamente consciente de reducir colores. Me obligué a comprarme un máximo de diez-doce colores y no salirme de ellos. Creo que ha sido un ejercicio que ha dado muy buenos resultados. Cuando uso digital ya se me va más, pero recomiendo a toda persona que sienta que cada dibujo forma parte de distintos universos que haga este ejercicio. Respecto a por qué elegí esos, es una mezcla entre los que mejor representan las sensaciones que quiero mostrar y los que necesito para el color base de mis personajes.
“Me gusta que la obra cuente muchas cosas, pero mucha gente las entenderá como muñecas cuquis, y eso también está bien.”
¿Dirías que el costumbrismo y la identidad local es tu forma de rebelarte ante una estética globalizada y homogénea en internet?
Creo que ser puramente local es una propuesta que personalmente disfruto y admiro cuando lo veo en otros artistas, pero yo no puedo decir que sea el núcleo de mi obra.
Si tuvieras que elegir una ilustración de todo tu catálogo, ¿cuál sería y qué dice de ti?
Creo que sería la de Smile More (la imagen que tengo actualmente de perfil). Es la primera con la que me lancé a grabarme un vídeo enseñándola. Lo hice en un momento en el que compaginar ambos trabajos ya empezaba a ser muy complicado, y comenzó a hablarme muchísima gente que no conocía diciéndome que le encantaba y me animó a continuar. Fue un antes y un después para mí, sin duda.
La risografía y la serigrafía conviven con el error, la textura irregular y la imperfección de la tinta. ¿Qué papel juega el ‘error fortuito’ en tu proceso creativo?
Una necesidad absoluta. Es parte de lo que hago, necesito que esté ese error. Me gusta expresar con el trazo y no limpiar excesivamente la obra, y me parece absolutamente válido. Para mí, se da más información cuando se queda parte de ese error: es parte del proceso.
¿Qué tienen los stickers que te atraen como formato artístico?
Para mí los stickers son la forma más sencilla y natural de que la gente pueda incorporar mi obra a objetos del día a día como un ordenador o una libreta. Es un poco como adaptar a tu mundo parte de mi universo creativo, de la forma que tú elijas. Creo que es algo muy bonito.
¿Cómo es tu rutina y proceso creativo? ¿Necesitas un orden, música o encontrar la inspiración de alguna manera particular?
Para el momento de idear obra nueva, siempre necesito meterme mucho en mi cabeza. Normalmente la inspiración me llega dando una vuelta o cuando me relajo del todo, así que cuando me viene lo suelo escribir en un grupo de WhatsApp que tengo conmigo misma. En general, necesito un mood específico para ese primer momento; es un momento melancólico, algo triste, que sin embargo disfruto muchísimo.
El segundo momento es trabajar en cada una de las obras. Una vez ya tengo la idea, es echarle horas. Ahí ya no tengo ninguna norma. Las obras suelen variar mucho desde cómo creí que iban a ser hasta cómo acaban siendo. Y me gusta que así sea.
Hace unas semanas realizaste una exposición, ¿qué tal fue la experiencia? ¿Qué nos puedes contar al respecto?
Fue increíble. Un día subí un vídeo y alguien me preguntó si algún día haría una exposición; ese día me quedé pensando en lo mucho que me gustaría hacer una en el futuro. A la mañana siguiente recibí un mensaje de Ariane Hoyos proponiéndome si quería exponer en su librería, Librería Lasai. Tanto ella como Beñat y todos los que trabajaban allí han sido majísimos conmigo. Estoy muy agradecida.
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¿Qué disciplina artística que aún no hayas explorado te genera más curiosidad y te gustaría integrar en el futuro?
Me apetece mucho expandir mi universo a algo físico y en tres dimensiones. Tengo muchas ganas de expandir mi universo a muñecos (quizás algo para colgar del bolso) y cerámica. Espero poder hacerlo pronto.
¿Dirías que trabajas más en digital, tradicional o mezclas ambas técnicas?
Últimamente más en digital, pero sin duda voy variando. Quiero explorar todo lo que pueda y quedarme con lo que más sentido tenga en cada momento.
Muchas personas consideran que el arte suele ser caro, pero en tu caso los precios son bastante accesibles. ¿Cómo decides el valor de tu trabajo y qué opinas sobre hacer el arte más asequible para todos?
Es difícil valorar el arte y más aún hacerlo más o menos accesible. Creo que hoy hago láminas, pero mañana puedo vender obra original o cerámica. O simplemente hacer un cambio en el papel de impresión y el precio variará. He hecho el ejercicio de asegurarme de que, si yo fuese la compradora, estaría más que satisfecha de la calidad de lo que obtengo respecto a lo que he pagado.
¿Cómo gestionas psicológicamente la línea entre la pasión creativa y la autoexigencia del trabajo autónomo?
Teniendo en cuenta que pasé más de un año haciendo eso, a la vez que mantenía un trabajo bastante exigente y con otros problemas a nivel familiar, el tener que gestionar únicamente vivir de mi arte me parece un privilegio y lo veo así cada día. Es verdad que intento hacer todo lo mejor que puedo, que sin duda me agobio y que habrá días mejores y días peores. Pero, en definitiva, para mí es la vida con la que siempre soñé, así que no tengo queja ninguna.
¿De qué forma positiva o negativa ves la inteligencia artificial en el arte?
Personalmente, me preocupa bastante cómo se está utilizando, especialmente cuando sustituye procesos creativos y puramente humanos, que para mí son la parte más valiosa del arte. Pese a ello, entiendo que muchos artistas terminen incorporándola como herramienta. Vivimos en una industria cada vez más rápida y exigente, y es difícil pedirles a las nuevas generaciones que renuncien a algo que agiliza procesos mientras otros sí lo utilizan sin ningún tipo de límite. Si se utiliza, creo que debería hacerse desde un lugar más técnico o de apoyo, nunca como sustituto de la creación de la obra. El valor del arte está en la sensibilidad y lo humano, y en el propio proceso.
Si pudieras colaborar con cualquier marca o artista, ¿quién sería?
Lo que más me atrae es trabajar con gente que tenga ganas de construir algo juntos, de cuidar el proceso y de crear una obra, muñeco, figura (¡el formato que sea!) con identidad propia, divertida, original y con sensibilidad visual. Creo que cuando hay esa implicación por ambas partes, salen colaboraciones mucho más interesantes.
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¿Cómo es el trabajo detrás de manejar una página web y organizar los envíos de tus piezas? ¿Trabajas sola o cuentas con un equipo?
En mi trabajo anterior como diseñadora visual en tecnología hacía principalmente webs y aplicaciones. Recuerdo que cuando se me viralizó por primera vez un TikTok y me empezaron a preguntar dónde se podía comprar mi obra, creé la web en una sola noche. No dormí, pero lo hice de una. Respecto a los envíos, los gestiono todos yo.
Cuando alguien decide comprar una de tus láminas y la cuelga en el salón o en el cuarto de su casa, ¿qué parte de ti se va con ellos?
¡La que ellos decidan!
¿Hacia dónde te gustaría que evolucionara tu marca?
Me gustaría perderme en detalles, técnicas y distintos formatos. Poder representar hasta la parte más mínima del universo que tengo en la cabeza y de distintas formas: desde una ilustración hasta una figura, una pieza física o cualquier otro formato que me permita expandirlo.
¿Hay alguna emoción o etapa personal que sientas que solo has sabido expresar a través del dibujo?
Viví una infancia en la que tuve que enfrentarme a problemas de adultos demasiado pronto. Y siento que el dibujo es lo que siempre ha estado bien en mi vida. Me ha permitido expresarme, relajarme y tener un objetivo de vida claro.
En un momento donde consumimos imágenes constantemente y muy rápido en redes sociales, ¿cómo haces para mantener una voz propia y no perderte en la inmediatez?
Creo que encontrar una voz propia también implica aceptar el ritmo de las redes sociales. Todo va muy rápido y, además de dibujar, parece que constantemente tienes que estar enseñando el proceso, grabándote o comunicando quién eres. En mi caso trato de no sacrificar el tiempo que dedico a cada dibujo y a enseñar también el error. Creo que en este caso ser muy perfeccionista puede ser muy contraproducente y que es un error eliminar esa parte más emocional y personal.
¿Qué te gustaría que alguien recordara o sintiera años después de haber visto una de tus obras?
Espero que puedan verse reflejados en ella de una u otra manera. Y, sobre todo, que cada obra diga tanto que estén deseando conocer más de ese universo en otras.
¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
Ahora mismo estoy centrada en producir obra nueva y dedicarle tiempo a experimentar más con distintas ideas y formatos. También voy a exponer en una cafetería de mi barrio que tiene un espacio precioso, lo que me hace especial ilusión.
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