El dibujo es probablemente el primer lenguaje que aprendemos. Antes de escribir, antes incluso de comprender el mundo que habitamos, trazamos líneas para ordenar aquello que todavía no sabemos nombrar. Con el tiempo, esa capacidad suele quedar relegada a un recuerdo infantil, sustituida por formas de representación más útiles, más precisas o, simplemente, más aceptadas. Sin embargo, hay artistas que encuentran precisamente en ese gesto inicial un lugar al que volver, desde la convicción de que todavía es posible construir un lenguaje capaz de conservar cierta espontaneidad. En el trabajo de Alei (Alex Rodríguez), artista plástico y arquitecto gallego originario de Baiona, esa búsqueda se manifiesta como un universo de símbolos que rehúye las jerarquías entre la ternura y la melancolía.
Flores, esqueletos, habitaciones, frases extraídas de canciones o personajes suspendidos en escenas aparentemente sencillas conforman una iconografía que activa experiencias compartidas. Sus imágenes funcionan como pequeñas cápsulas emocionales: hablan de amor, pérdida, deseo o vulnerabilidad sin necesidad de grandes narraciones, confiando en que quien las observa complete aquello que permanece en silencio. El arte funciona como una forma de expresión específica en torno a los momentos vitales de cada ser humano: único e irrepetible, pero conciliador y colectivo.
Más que construir lugares físicos, Alei levanta espacios afectivos. Frente a un presente marcado por la aceleración, la sobreexposición y el ruido constante, sus obras proponen una pausa. No son una evasión ingenua de la realidad, sino la posibilidad de habitar, aunque solo sea durante unos instantes, un territorio donde las emociones recuperan el protagonismo. Conversamos con él sobre ese imaginario en constante expansión, sobre la música como herramienta de creación, el papel del color, la influencia de la arquitectura, las colaboraciones con la moda y la necesidad de proteger el impulso de dibujar como quien todavía conserva intacta la libertad de la infancia.
Dicen que las flores, ese elemento de nuestras vidas tan literario y significativo, no tienen que durar para siempre y que eso es precisamente lo que las hace tan fascinantes; sin embargo, en la obra del artista se intuye un futurible donde estas viven para siempre.

Hola, Alei, es un placer poder hablar contigo. ¿Cómo estás?
Hola, Antonio. El placer es mío, muchas gracias por la invitación. Estoy muy bien, en un momento de mucho trabajo y con muchas ganas de compartir todo lo que viene.
¿Estás trabajando actualmente en algún proyecto concreto? Algo que puedas contarnos, claro :)
Ahora mismo estoy muy centrado en mi producción de obra personal y, al mismo tiempo, desarrollando la idea de mi próxima exposición. Es un proyecto que gira en torno a cómo nos comportamos cuando estamos solos en nuestra habitación, ese espacio donde nos sentimos realmente cómodos, libres de miradas ajenas y de expectativas. Me interesa explorar ese lugar íntimo en el que dejamos de interpretar un papel y conectamos con lo que sentimos de verdad.
En tu obra hay una parte intrínseca que tiene que ver con el dibujo, más que como una simple disciplina artística, como un proceso cuya espontaneidad parece haber sido protegida a lo largo del tiempo. En realidad, es una práctica que todos, de alguna manera, aprendemos desde que somos pequeños. ¿Te conecta esto con una forma de ver el mundo más inocente o menos contaminada por cuestiones de la vida adulta?
He dibujado desde que era muy pequeño pero siempre de una forma completamente desinteresada. Dibujaba para mí, porque me hacía feliz, sin pensar en enseñárselo a nadie. De hecho, no empecé a compartir mi trabajo hasta 2020. Creo que eso me permitió crecer artísticamente sin el peso de las opiniones externas, desarrollando un lenguaje muy propio y una forma de trabajar con la que realmente me identifico.
Cuando dibujo intento volver, de alguna manera, a ese niño que pintaba sin expectativas, movido únicamente por la necesidad de expresar lo que sentía. Creo que esa espontaneidad sigue siendo el lugar desde el que nace mi trabajo y es algo que intento proteger en cada obra.
Cuando dibujo intento volver, de alguna manera, a ese niño que pintaba sin expectativas, movido únicamente por la necesidad de expresar lo que sentía. Creo que esa espontaneidad sigue siendo el lugar desde el que nace mi trabajo y es algo que intento proteger en cada obra.
“Todos hemos vivido el amor, el desamor, una despedida o la soledad, pero nadie los ha experimentado exactamente de la misma manera. Ahí es donde creo que sucede el verdadero diálogo entre la obra y quien la observa.”
En tus trabajos más recientes destaca el formato de viñeta, pero fuera del enfoque tradicional: en tu caso mezclas técnicas y, en lugar de fragmentos de una historia, parecen ser narrativas individuales. Pero en muchas de tus obras el texto está presente como parte de ellas. ¿Cómo ha surgido este estilo tan particular?
Siempre he intentado alejarme de la idea de que una obra necesite una explicación extensa para poder entenderse. Me interesa que funcione por sí misma y que conecte con quien la mira de una forma directa. Mis dibujos hablan de un sentimiento o de una situación concreta dentro de un universo muy personal, pero, al mismo tiempo, reconocible para cualquiera. A menudo incorporo texto porque me ayuda a reforzar esa emoción y a hacer aún más clara la escena que estoy contando. Más que buscar cien interpretaciones distintas de una obra, me interesa encontrar cien reinterpretaciones diferentes de un mismo sentir. Todos hemos vivido el amor, el desamor, una despedida o la soledad, pero nadie los ha experimentado exactamente de la misma manera. Ahí es donde creo que sucede el verdadero diálogo entre la obra y quien la observa.
En las últimas décadas hemos podido ver cómo la arquitectura ha aumentado su presencia en el campo más puramente artístico a través del desarrollo de espacios como Chillida Leku o Concéntrico, o de las obras de Olafur Eliasson o Doris Salcedo. Y cada vez es más común encontrarse con artistas contemporáneos cuya formación de base es la arquitectura, como es tu caso. Además, tu trabajo tiene una iconografía muy reconocible. ¿Te imaginas desarrollándola algún día fuera del lienzo, en forma de instalación, espacio o incluso arquitectura habitable?
Me encanta esta pregunta. Aunque mi formación como arquitecto está muy presente en mi manera de pensar y construir las obras, creo que se manifiesta más en cómo organizo el espacio dentro de ellas que en una voluntad de hacer arquitectura como tal. Dicho esto, sí me ilusiona la idea de crear algún día una instalación en la que la gente pueda entrar literalmente en mi universo.
De alguna forma, eso ya ha empezado a suceder en mis últimas exposiciones. Durante la inauguración, muchas personas me regalan flores, y esas flores permanecen en el espacio durante toda la muestra. Me gusta que ese gesto forme parte de la exposición porque transforma el lugar con el paso de los días: los colores, las composiciones que se crean e incluso el aroma terminan dialogando con las obras y convirtiéndose en una extensión de ese universo. Quizá esa sea la dirección que me gustaría seguir en el futuro: crear espacios donde la obra no solo se contemple, sino que también pueda habitarse.
De alguna forma, eso ya ha empezado a suceder en mis últimas exposiciones. Durante la inauguración, muchas personas me regalan flores, y esas flores permanecen en el espacio durante toda la muestra. Me gusta que ese gesto forme parte de la exposición porque transforma el lugar con el paso de los días: los colores, las composiciones que se crean e incluso el aroma terminan dialogando con las obras y convirtiéndose en una extensión de ese universo. Quizá esa sea la dirección que me gustaría seguir en el futuro: crear espacios donde la obra no solo se contemple, sino que también pueda habitarse.
En cuanto a colaboraciones de moda, has trabajado anteriormente con Zara, Springfield o El Corte Inglés. ¿Qué suponen este tipo de colaboraciones para ti? ¿Sientes en algún momento que tienes que ceder tu imaginario artístico?
Para mí es muy especial que marcas tan importantes confíen en mi trabajo y en mi forma de entender el arte. Además de darme mucha seguridad, me ofrecen la posibilidad de llevar mi universo a otros formatos, y ese tipo de retos siempre me motivan.
Nunca he sentido que tuviera que renunciar a mi imaginario. Al contrario, en todas las colaboraciones que he hecho he sentido mucho respeto por mis ideas desde el principio. Me han dado libertad creativa e incluso he podido participar en el desarrollo conceptual de alguna colección. Guardo un recuerdo muy especial del cartel que hice para El Corte Inglés con motivo del Día de Galicia. Aunque llevo años viviendo fuera, sigo muy conectado a mi tierra, y ver una obra mía ocupando las calles de ciudades como Vigo o A Coruña fue muy emocionante. Son de esas oportunidades que te hacen sentir que tu trabajo conecta con lugares y personas que forman parte de quién eres.
Nunca he sentido que tuviera que renunciar a mi imaginario. Al contrario, en todas las colaboraciones que he hecho he sentido mucho respeto por mis ideas desde el principio. Me han dado libertad creativa e incluso he podido participar en el desarrollo conceptual de alguna colección. Guardo un recuerdo muy especial del cartel que hice para El Corte Inglés con motivo del Día de Galicia. Aunque llevo años viviendo fuera, sigo muy conectado a mi tierra, y ver una obra mía ocupando las calles de ciudades como Vigo o A Coruña fue muy emocionante. Son de esas oportunidades que te hacen sentir que tu trabajo conecta con lugares y personas que forman parte de quién eres.

Los esqueletos son un elemento que ha estado muy presente en una parte importante de tu obra; son una de las claves de tu imaginario. Este concepto se ha usado de varias formas a lo largo de la historia del arte, e incluso como símbolo religioso o literario. ¿Qué representan para ti?
Siguiendo un poco con lo que comentábamos antes, para mí es muy importante que quien mire una obra pueda sentirse reflejado en ella. El esqueleto representa, de alguna manera, nuestra versión más vulnerable y también la que más nos iguala. Da igual quién seas, de dónde vengas o cómo seas por fuera; cualquiera puede verse en uno de mis esqueletos. Además, me interesa mucho jugar con los contrastes. Me gusta enfrentar una figura que solemos asociar con la muerte a emociones profundamente humanas: el amor, el deseo, la nostalgia o la necesidad de aferrarse a la vida. Creo que esa tensión hace que la imagen resulte más intensa y, al mismo tiempo, más cercana.
Por otro lado, también vemos colores pastel y, en algunos casos, muy vivos a lo largo de todo tu trabajo. Incluso en algunas representaciones con significados más complejos, es un estilo que imprime cierto optimismo. El uso y la elección del color a veces se asumen como algo aleatorio o espontáneo, pero en muchos procesos son deliberados. ¿Cómo se inserta esta herramienta en tu proyecto?
Trabajo el color de una forma muy similar al resto de elementos de mi obra: buscando contrastes, composiciones y líneas de tensión. Me interesa esa mezcla entre imágenes aparentemente vivas u optimistas y, al mismo tiempo, emociones más complejas como la pena, el desamor o la melancolía. El rosa y el rojo juntos, por ejemplo, funcionan para mí casi como un pulso visual, una forma de generar energía dentro de la escena.
Recuerdo que empecé a utilizar el rosa de manera muy consciente, en parte como respuesta a ciertos comentarios o prejuicios que escuchaba, como que no encajaba conmigo o que ‘no era un color para un chico’. Con el tiempo, acabó convirtiéndose en un elemento muy propio de mi lenguaje, pero nacido también desde esa necesidad de reivindicarlo como algo libre, sin etiquetas. Al final, el color no es decorativo en mi trabajo: es otra forma de contar lo mismo, pero desde lo emocional y lo inmediato.
Recuerdo que empecé a utilizar el rosa de manera muy consciente, en parte como respuesta a ciertos comentarios o prejuicios que escuchaba, como que no encajaba conmigo o que ‘no era un color para un chico’. Con el tiempo, acabó convirtiéndose en un elemento muy propio de mi lenguaje, pero nacido también desde esa necesidad de reivindicarlo como algo libre, sin etiquetas. Al final, el color no es decorativo en mi trabajo: es otra forma de contar lo mismo, pero desde lo emocional y lo inmediato.
Si tuvieses que explicar tu estilo a través de artistas, obras, movimientos, películas o cualquier dispositivo cultural, ¿cuáles crees que han tenido más impacto en tu desarrollo profesional?
Hay muchísimos pintores, tanto del pasado como contemporáneos, que admiro y de los que aprendo. Pero, sin ninguna duda, la música es lo que más ha influido en mi forma de crear. De hecho, muchas de las frases que aparecen en mis obras nacen de canciones. Creo que es por dos razones. La primera, porque nunca he sido especialmente bueno expresando con palabras lo que pienso o siento, y muchas veces una canción consigue decir exactamente eso que yo no sabría explicar. La segunda, porque la música tiene una capacidad increíble para hacernos sentir libres y conectar con quienes somos de verdad.
Últimamente escucho mucho a artistas de la escena española como pablopablo, Diego900 o Barry B, y también a otros internacionales como Daniel Caesar, Current Joys, The Marías o Latin Mafia. Son artistas que escucho casi a diario y que, de una forma u otra, siempre acaban colándose en mi trabajo.
Últimamente escucho mucho a artistas de la escena española como pablopablo, Diego900 o Barry B, y también a otros internacionales como Daniel Caesar, Current Joys, The Marías o Latin Mafia. Son artistas que escucho casi a diario y que, de una forma u otra, siempre acaban colándose en mi trabajo.
"Intento construir un universo donde lo importante sean las personas, lo que sienten y cómo se relacionan entre ellas. Un lugar más pausado, más amable y, quizá, un poco idealizado.”
Las flores del mal, de Baudelaire; las flores como motivos de la cerámica romana o griega; su presencia en las composiciones barrocas, o el simbolismo presente en Hamlet, de Shakespeare. Las flores son otro de los elementos que se extienden por tu obra, además de representarse de distintas formas. Son un recurso frecuente en la historia del arte, y en ellas innumerables artistas han encontrado un vehículo para transmitir ideas. ¿Por qué son tan importantes para ti? ¿Qué lugar ocupan en tu vida personal y profesional?
Las flores son, probablemente, uno de los elementos más importantes de mi trabajo. Me ayudan a construir y componer, pero, sobre todo, me permiten expresar emociones. Con el tiempo he ido creando un lenguaje propio alrededor de ellas. Un jarrón con flores marchitas, un campo lleno de flores o un pétalo caído nos hacen sentir cosas distintas. Me gusta trabajar con ese lenguaje tan universal y hacerlo mío.
En mi vida personal también ocupan un lugar muy especial. Me fascina todo lo que hay detrás del gesto de regalar flores. Me parece un acto muy sencillo, pero capaz de decir muchísimo: un te quiero, un gracias, un estoy orgulloso de ti, un estoy aquí o incluso una despedida. Me emociona que algo tan efímero pueda transmitir tanto y creo que es un gesto que deberíamos tener mucho más presente en nuestro día a día. Se podría decir que soy un romántico, y esa forma de entender las flores es la misma que intento llevar a mi obra.
En mi vida personal también ocupan un lugar muy especial. Me fascina todo lo que hay detrás del gesto de regalar flores. Me parece un acto muy sencillo, pero capaz de decir muchísimo: un te quiero, un gracias, un estoy orgulloso de ti, un estoy aquí o incluso una despedida. Me emociona que algo tan efímero pueda transmitir tanto y creo que es un gesto que deberíamos tener mucho más presente en nuestro día a día. Se podría decir que soy un romántico, y esa forma de entender las flores es la misma que intento llevar a mi obra.
Estamos viviendo momentos muy tumultuosos a nivel político y social. ¿Cómo te influye esto en tu día a día? ¿Y cómo repercute en lo que plasmas en tu obra?
Creo que muchas personas de mi generación vivimos con la sensación de estar sometidas a un bombardeo constante de información. Noticias, conflictos, incertidumbre o problemas como el acceso a la vivienda hacen que, muchas veces, sea difícil desconectar y vivir con tranquilidad. Todo eso, por supuesto, me afecta y, curiosamente, mi obra no nace de la necesidad de representar esa realidad de forma directa, sino de escapar de ella. Intento construir un universo donde lo importante sean las personas, lo que sienten y cómo se relacionan entre ellas. Un lugar más pausado, más amable y, quizá, un poco idealizado, al que tanto yo como quien mira mis obras podamos acudir para desconectar, aunque sea por un momento, del ruido que vivimos fuera.
Por último, ¿cómo es el día a día en la vida de un artista como tú? ¿Puede una persona joven vivir del arte contemporáneo de forma digna?
Creo que la realidad es bastante distinta de la imagen que mucha gente tiene. De hecho, yo lo llevo peor de lo que debería. Soy una persona muy cuadriculada que necesita rutinas, horarios y planificación, y el proceso creativo no entiende nada de eso. Ser artista es mucho más que pintar. Hay que comprar materiales, fotografiar las obras, responder correos y mensajes, preparar catálogos, organizar envíos, hablar con clientes, etc. Pasas muchas más horas gestionando tu trabajo que delante del lienzo.
Aun así, me considero un privilegiado y trato de disfrutar también de esa parte del proceso. En mi caso sí puedo vivir dignamente de mi trabajo, pero no únicamente gracias a la venta de obra. Las colaboraciones con marcas, otros proyectos creativos y las redes sociales también forman parte de ese equilibrio y me permiten dedicarme a esto con tranquilidad.
Aun así, me considero un privilegiado y trato de disfrutar también de esa parte del proceso. En mi caso sí puedo vivir dignamente de mi trabajo, pero no únicamente gracias a la venta de obra. Las colaboraciones con marcas, otros proyectos creativos y las redes sociales también forman parte de ese equilibrio y me permiten dedicarme a esto con tranquilidad.







