El cuerpo es un archivo. Eso es lo primero que le escuché decir a Maria Arnal en relación a su último trabajo, AMA. Un trabajo que alberga en su interior no solo el entusiasmo de las primeras veces, sino también la magia de aquello que no se puede explicar. Roland Barthes desarrolló en dos de sus obras, Fragmentos de un discurso amoroso y La cámara lúcida, la idea de que el lenguaje no alcanza a expresar de manera precisa ni la muerte ni el amor. Es insuficiente, se desliza como agua entre los dedos. Maria persigue e intenta concretar ambas cuestiones en este disco dedicado, por un lado, a su prima hermana que murió de VIH cuando ella tenía trece años y, por el otro, a ella misma.
Entrevista extraída de ACERO vol. 13, publicada en mayo de 2026. Hazte con tu copia aquí.
Precedida por una voz muda debido, primero, a la carencia de cuerpo, pues la muerte arrebata toda fisicalidad, y, después, a la falta de una libertad artística ansiada y deseada, AMA implosiona. Implosionar requiere de un acto que viaje de dentro hacia fuera. Ese es el núcleo del disco: las entrañas y la carne cruda expuestas para siempre al resto de nosotras.
Maria me habla de muchas cosas. A veces me da la sensación de que su mente discurre por ciertos caminos que su boca todavía intenta alcanzar. Entonces, las palabras y las ideas brotan sin cesar porque, como me dice, le resulta más fácil pensar en red. AMA, la obra, pero también la palabra, es polisémica y polifónica. Una eterna muñeca Matrioska que se deshace y se rehace en cada canción.
El álbum es un ejercicio practicado desde un cuerpo que vive y canta, acompañado de otros cuerpos bailados que interactúan con el primero y que, en conjunto, nos apelan a un amor propio, pero también heredado. Sin embargo, como su prima, hay otra parte carente de cuerpo y que solo es voz, la suya, clonada a través de IA. Un coro de Maria Arnal dedicado a Maria Arnal. Un cuerpo de voces, en el que toda nuestra historia como mujeres galopa.
¿Qué ama Maria Arnal?
Este momento, la verdad. He deseado mucho vivirlo en primera persona, hace muchos años que fantaseaba con este momento y estarlo viviendo es muy bonito. Siento mucho agradecimiento a todo el proceso: a los momentos de duda, a los de inseguridad, al proceso creativo, a cómo se ha ido desplegando sin prisa, sin presión, viniendo de un lugar que siento muy propio y tan lleno de aprendizaje. Desde que decidí que este iba a ser el siguiente paso, me comprometí de una manera muy fuerte, como seguramente nunca me había comprometido antes con nada. Decidí no buscar refugios, no buscar lugares donde esconderme, sino mostrarme tal cual, con lo que me gusta y con las decisiones que sentía que debía tomar. Creo que esto me ha llevado a evolucionar mucho no solo como artista, sino también como creadora y como persona.
AMA, de hecho, se llama así en honor a tu prima hermana que murió por VIH y es también la presentación de ti misma como artista en solitario, ¿qué te llevó a entrelazar la una con la otra?
Sí, exacto. Cuando decidí que este disco iba a hacerlo como nunca había hecho otros discos, es decir, sin utilizar fórmulas, ni buscando maneras de componer similares ni nada, supe que el título tenía que ser este. Este disco habla justamente del proceso que he necesitado sentir para volverme ama de mi propio proyecto, de mi propia voz, de esta voz que ya no es una voz solo física, sino también todas estas prótesis digitales que he ido desarrollando. Mi gran éxito con este disco es haber conseguido esa libertad artística total, una libertad que me he permitido tener, y que antes no era posible. Y ya que me presentaba desde esta nueva voz, para mí era importante hablar desde un lugar superíntimo. Hacerlo desde la fuerza que a mí más me ha movido en mi vida que es la del amor. El disco habla desde el imperativo, desde el decir y desde el liberar.
Mencionas el silencio como algo inherente a la muerte de tu prima, pues tu familia ocultó durante mucho tiempo la razón real detrás de su fallecimiento, ¿AMA busca romper con ese silencio heredado?
Sí, arranca con un verso de
Safo: “Lo que quede por decir, te quedará por llorar”. La idea es que no lloramos solo de pena o de tristeza, lloramos porque necesitamos sacar. A veces las palabras nos ayudan, la música nos ayuda, pero en mi caso es el proceso creativo. AMA tiene una fuerza muy grande influenciada por el amor que he recibido, el amor que he sentido y de los estados que siente el cuerpo a raíz de esto. El silencio a veces es censura, a veces es represión, pero a veces es protección también. Ahora no quería sentirme protegida.
Estudiaste Literatura y Traducción, con máster de Artes Escénicas, incluso llegaste a cursar Antropología, ¿siempre has sido una persona curiosa?
Sí, la verdad es que sí. Para mí es mucho más fácil pensar en red que no en foco. Me estoy haciendo las pruebas del TDAH, ¿sabes? (risas) porque, bueno, igual ahí tengo una revelación de cómo funciona mi cerebro. He encontrado la manera de combinar diferentes curiosidades, diferentes facetas, con diferentes circuitos. Mi ilusión es que haya un público que sea tan curioso como yo y que podamos ver más artistas expresarse desde diferentes formatos. Es un poco frustrante que no se entienda que una puede tener todas estas caras sin tener que escoger una única.
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Y, sin embargo, es en la música donde más explotas esa faceta, ¿qué encuentras en ella que no haces en otras disciplinas?
La música ha estado siempre ahí. Encontré, por así decirlo, una espina dorsal, algo que es superantiguo en mí. Mi madre dice que cantaba antes de hablar. Cuando era una adolescente, me nació la necesidad de hacer canciones. Siempre me ha fascinado la idea de cómo nos vemos cada día porque nos convertimos en personas muy ciegas hacia nosotras mismas. Ves los cambios en ti cuando ya ha pasado mucho tiempo, pero en el día a día no te has dado cuenta. La música era así para mí, una cosa que estaba tan, tan cerca de mí, que creo que me dediqué a buscar fuera una revelación que siempre había estado dentro. Es una forma de intimidad que no he encontrado en nada más en mi vida.
La intimidad que mencionas parece también una manera de cerrar el círculo, ¿no? Antes era algo íntimo para ti y en este nuevo álbum dices que hablas desde esa intimidad al resto.
Sí, es que este álbum tiene algo de retorno a un inicio. Para mí es una casilla de salida, pero que no niega la vuelta que se ha dado, sino que la da desde un lugar mucho más profundo, habiendo aprendido todo eso.
Tu música tiene, además, una gran carga de innovación tecnológica y experimentación sonora como es el caso, por ejemplo, de las pulseras que desarrollaste con el Laboratorio de Instrumentos Digitales de Reikiavik, ¿son ambos aspectos una forma de estrechar los límites de la música?
Hay un poco de esto, hay un poco de muchas cosas. Por un lado, está la curiosidad acerca de eso que visualizas, de cómo se va a concretar, y eso es algo que se comparte mucho con el método científico, aunque sean caminos muy diferentes. En este caso, para mí, era muy importante que, como el disco hablaba desde el cuerpo, aprovechar este momento en el que la tecnología nos ofrece la posibilidad de reproducir nuestras voces sin reproducir el cuerpo. Quería hacer un juego de cuerpos con los diferentes timbres, pero no hacerlo desde la voz cantada en el directo, sino desde el cuerpo bailado. Sabía que teníamos que diseñar unas coreografías que no transitaran por el movimiento más reconocible, supersexualizado y específico, muy dentro del lenguaje de lo pop. Yo reclamo también mi lado pop, pero quería que ellas fueran un híbrido entre cantantes y coristas, aunque con mi propia voz. Me parecía superdivertido. Mucha gente me dice que explique más este aspecto… No sé, vivo constantemente con esta frustración de que las cosas que me interesan a mí no son muy pop.
Sea pop o no, ser friki es prácticamente universal, siempre va a haber oídos dispuestos.
Lo sé y puedo estar horas hablando de esto. A veces me encantaría que la mayoría de la gente pudiera apreciar estas cosas. Hay cierta información que no explico porque no forma parte de la presentación del proyecto, pero es que es muy divertida. Me permite, además, hacer del espectáculo un espacio de prueba e investigación.
“Decidí no buscar refugios, no buscar lugares donde esconderme, sino mostrarme tal cual, con lo que me gusta y con las decisiones que sentía que debía tomar.”
Has compuesto la música de piezas de danza como Sonoma de La Veronal, la respetada compañía de danza catalana, es más, las bailarinas de tu gira pertenecen a esta misma compañía bajo la dirección de Ariadna Monfort. ¿De qué forma han influido las artes escénicas en AMA y en su consiguiente gira?
Sin duda, si lo llamas concierto, se queda corto. Tiene mucho más, una sensibilidad más cercana a un espectáculo escénico, con la danza, la iluminación, incluso con el diseño sonoro… Lo que pasa es que hoy en día, muchos conciertos de música ya se despliegan como espectáculos de artes escénicas, y aquí, bueno, tienen que ver los recursos que tenga cada proyecto. Con lo que tengo, hago lo que puedo y estoy encantadísima.
Me encantaría verte Maria, pero vivo en Bilbao. He visto fotos del directo y me he quedado impactada, la verdad.
Sí, para mí es muy importante y creo que siempre va a ser en mi carrera en solitario. Es algo que realmente me llena. Mira, esto sí que lo he estudiado a fondo.
En la gira hay canciones exclusivas pensadas para el directo, ¿por qué quisiste crear temas destinados solo al espectáculo?
Son canciones que no están tanto hechas en concreto para el show, pero sí son canciones que he hecho durante estos años y que para mí forman parte de la época de creación de AMA. Resulta que para el show me funcionaban, pero no para el disco porque este tiene un tono muy íntimo. Me costó mucho descartar, pero preferí no tener nada por rellenar. Buscaba que todo tuviera un sitio porque lo tenía que tener. La gente que venga al show verá que claramente es una extensión del disco, pero también mucho más que eso.
Me gusta mucho esto que comentas. Un disco por el tipo de soporte que es, tiene unas medidas y unos códigos concretos, pero el espectáculo, sin embargo, tiene otros completamente distintos. Es una historia dividida en dos partes, la una se complementa con la otra.
Claro, yo he hecho muchísimos más conciertos que discos. Hasta que ha llegado AMA, el estudio era un espacio bastante hostil, y sin embargo, el escenario siempre ha sido el lugar donde me reconozco más. Con este disco, además, surgió la posibilidad de estrenar antes las canciones en el escenario. Eso fue genial porque me permitió compartir, cuerpo a cuerpo, las canciones desde el primer momento y ver la reacción de la gente al escucharlas por primera vez. Esos seis meses me ayudaron muchísimo a entender la energía del disco en contraste con la del directo.
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No puedo dejar de decirte que ‘ama’ en euskera significa ‘madre’. La primera vez que vi el título, pensé que querías hacerle un guiño a todo el País Vasco, luego me enteré de que no iba por ahí, pero yo me quedé con eso.
Lo que pasa es que ‘ama’ es una de las palabras más antiguas que existe. Los dos fonemas que la forman, la A y la M, son los más antiguos de nuestra habla, porque la a es la vocal más sencilla de pronunciar y la M es la primera consonante que aprendemos a decir. Al mamar de la teta, entrenamos los músculos desde bebés para articular la M, por eso la M y la A están en todos los idiomas del mundo. Son los que se usan para decir madre. A mí me encantan dos cosas de esto. Uno, que estos sonidos son los primeros, no por una cuestión cultural, sino por una cuestión fisiológica del cuerpo humano. Son las primeras articulaciones de la voz, por lo tanto, para mí ‘ama’ es como mi nueva voz y los primeros sonidos de lo que viene después. Además, la M es un sonido amoldado gracias al cuerpo de otra mujer. Luego me encanta que ‘ama’ es una palabra palíndroma, entonces, vas y vuelves. Por último, la polisemia me cuadraba perfecto con toda la polifonía del disco y con todos los estados emocionales tan diferentes que se van transitando durante el mismo.
La polifonía del disco se basa en tu voz clonada a través de IA como bien has explicado. Te he oído hablar del cuerpo como si fuera un archivo de voces, ¿qué voces resuenan en AMA?
Esta es una visión que viene claramente del feminismo, es decir, el cuerpo como archivo de las luchas. Es en el cuerpo donde el patriarcado ha ejercido mayor control a lo largo de los siglos mediante dispositivos psicológicos o culturales. A pesar de tener su origen en el feminismo, es un disco escrito para una persona que no tiene cuerpo porque ha muerto. Canto desde el cuerpo de una mujer que, de alguna manera, tiene en ella todo el amor y toda la memoria de estas otras ‘amas’, todas esas mujeres que amaban y que ganaban poder en ese amor. En estructura es muy folk, esa idea de folk viene también de lo que heredamos y del lugar que elegimos para compartir eso que hemos heredado.
En mi generación, el folk es una especie de vuelta a la raíz, a la identidad y a amar tu sitio de procedencia en un mundo globalizado. Es la vuelta al útero cultural.
Yo creo que cada generación necesita construir su propia raíz. Sin embargo, lo que para una generación es una raíz, para otra era la rama. Cuando empecé a interesarme por este tipo de música, fue porque me emocionaba esa manera de cantar. De hecho, aprendí a cantar escuchando y reproduciendo canciones digitalizadas por musicólogos que habían estado en España en los años cincuenta. Ahora, tú háblale de los años cincuenta a mi abuela, esa no va a ser su raíz. Cada determinado tiempo hay un reajuste, se ve dónde situar la raíz.
El uso de la IA del que hablamos no está exento de polémica, derivada, muy probablemente, del miedo que nos genera la eterna dicotomía humano/máquina, ¿cuál crees que es la vía para vencer ese miedo?
Lo primero, el conocimiento, como siempre, porque muchos miedos nacen precisamente por la falta de conocimiento. Dos, pasar a la acción con la lucha por nuestros derechos digitales. Hay que empezar a diseñar las estrategias para que el uso de estas IAs esté más regulado en base a unos valores éticos y consensuados. Tres, dejar de pensar que es una herramienta independiente del ser humano, es decir, no hay una IA que exista sin un uso determinado del ser humano.
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Por lo que, ¿el miedo a la IA es, en realidad, el miedo al humano?
Por supuesto, son los humanos los que están haciendo un mal uso de la IA, no es la IA en sí misma. Esto es muy importante definirlo, porque se está demonizando la herramienta en vez de demonizar al sujeto que la manipula. Un miedo totalmente razonable, por otro lado, cuando vivimos en un mundo donde hay muchísimos psicópatas con muchísimo poder. Y cuando las tecnológicas han virado hacia lugares absolutamente nefastos para el conjunto de la sociedad con unos valores rayando lo fascista. En el ámbito privado, es una lucha mucho más difícil de librar, pero en lo público hay mucho camino por hacer. Vamos a experimentar con esta tecnología para conocerla mejor y que, de esta forma, no nos timen.
Es que ya no se le puede llamar ni futurístico, es nuestro presente y día a día.
Es nuestro folk (risas).
Como has mencionado antes, el álbum arranca con un verso de Safo: “Todo lo que te quede por decir te quedará por llorar”. ¿Qué peso tiene la literatura en AMA?
AMA tiene dentro de sí una cantidad ingente de referencias, aunque muy mezcladas. El documental sobre Nan Goldin, La belleza y el dolor, fue superimportante para el disco. Además, ella retrata mucho esa idea de intimidad. Los libros de Sara Torres, Justine Triet y su película, Anatomía de una caída. Me encanta su visión. El colectivo Me Siento Extraña. Una cantante científica del siglo XIX que se llama Margaret Watts-Hughes. Björk, Marta Bassols, Paula Rego, Carla Simón, Fito Conesa, Eva Planas, Maya Angelou y muchas más.
¿Qué estás leyendo ahora?
Ahora he acabado todos los libros, pero te puedo decir qué estoy deseando leer. Me muero de ganas de coger un libro de Annie Ernaux. Sé que es el momento de hacerlo porque en mi vida, a veces, es como si hubiera un algoritmo vital que me encamina hacia determinadas cosas. Y ahora, no sé por qué tengo, que ir ahí.
Para acabar, además de música, has creado también instalaciones como SIRENA que se encuentra en el Hipermirador Torre Glòries de Barcelona. Defiendes la multiplicidad artística como algo innato a ti, sin embargo, ¿cuál es tu verdadero objetivo como artista?
Mi compromiso real está en abrir caminos que no están muy explorados, además de en hablar desde la red que tejo entre estos mundos diferentes. Siempre tengo la voluntad de que eso pueda ser algo compartido entre muchas personas. Esa colectividad está también presente en mi música y en cómo presento mi música. Yo podría estar haciendo lo mismo que hago y llevársela a un público mucho más elitista, pero no es el lugar que escojo para compartirla. Para mí, mi música es un lugar en el que quien quiera sorprenderse o emocionarse pueda hacerlo. El disco, como ya he dicho, tiene un poco de todos estos caminos que he recorrido, pero no los sustituye. En cada instalación que hago aprendo muchísimo sobre música, por ejemplo, a nivel de producción. Este momento es muy polifónico. Siento la llamada de expresarme de todas estas maneras, siempre al servicio de mi diosa que es la música.
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