Hay cuerpos que cambian y, con ellos, también la manera en la que aprendemos a mirarnos.
Amorfo, la colección con la que
Karla Aguilar se ha alzado con el Premio Pelonio New Talent en su segunda edición, nace precisamente de esa relación entre identidad, cuerpo y transformación. Una propuesta profundamente personal en la que la diseñadora convierte una experiencia íntima en un lenguaje visual construido a través de volúmenes, deformaciones, materiales y siluetas que cuestionan la idea de perfección.
Para Karla lo amorfo no es algo negativo, sino una forma de aceptar aquello que nos hace diferentes. La colección parte de su propia experiencia con la disociación y de una quemadura que sufrió a los quince años, una vivencia que transformó físicamente su cuerpo y también su manera de relacionarse con él. “Me encanta mi brazo amorfo”, explica. Desde ahí su colección deforma, comprime, esconde y exagera el cuerpo para reivindicar precisamente aquello que se aleja de lo establecido. Las segundas pieles de gelatina biodegradable, los tejidos intervenidos a mano, las gorras deformadas o los volúmenes escultóricos construyen un universo en el que la imperfección deja de ser algo que ocultar para convertirse en parte de nuestra identidad.
Ahora, después de presentar Amorfo en Mercedes-Benz Fashion Week Madrid y recibir un reconocimiento que todavía está asimilando, Karla mira hacia delante con una idea muy clara: seguir creando. Porque si algo atraviesa su historia es la necesidad de experimentar, aprender y llevar las ideas un poco más lejos. Entre la artesanía y la investigación material, entre la moda y el arte, Amorfo termina siendo mucho más que una colección: es una manera de entender el cuerpo, aceptar sus transformaciones y encontrar belleza precisamente en aquello que no puede ser perfecto.
Hola, Karla. ¡Espero que estés muy bien! ¿Aún celebrando? Antes que nada, enhorabuena por el premio y muchas gracias por hablar con nosotros. ¿Qué sentiste en ese instante y, sobre todo, en quién pensaste?
Fue muy rápido y muy inesperado. Cuando dijeron mi nombre sentí muchas cosas a la vez. Lo primero fue incluso un poco de miedo porque soy bastante tímida y ya me había costado muchísimo salir al final del desfile. Pensar que tenía que volver a salir y, además, hablar delante de todo el mundo, me impuso bastante. Pero enseguida apareció una felicidad enorme precisamente porque no me lo esperaba en absoluto.
Hubo alguien en quien pensé inmediatamente: mi perrito Dobby, que falleció hace tres meses, justo cuando estaba empezando a crear esta colección. Fue un momento bastante duro ya que llevaba con él doce años y, de alguna manera, todo ese proceso emocional ha convivido con la creación de Amorfo. Por eso, cuando escuché mi nombre, pensé en él. También pensé en toda la gente que ha estado a mi lado durante estos meses.
Una colección como esta tiene muchísimas horas detrás, momentos de dudas, cansancio y también mucha ilusión. Recibir el Premio Pelonio New Talent después de todo ese proceso fue como sentir que todo ese esfuerzo, y todo lo que emocionalmente había acompañado a la colección, había valido la pena.
¿Siempre habías querido dedicarte a esto o has ido descubriendo tu camino a medida que has ido creciendo? Porque da la sensación de que la moda siempre ha estado muy presente, no solo por lo que haces sino también por tu forma de expresarte y de entenderte.
Siempre lo tuve bastante claro, aunque para llegar a estudiar moda tuve que hacer un pequeño plan. Cuando terminé la ESO sabía que quería ir a la universidad, pero también sabía que una universidad privada era muy cara y necesitaba tener una base económica que me permitiera costeármela. Por eso decidí estudiar primero un ciclo superior de Imagen para el Diagnóstico.
Empecé a trabajar de noche mientras por las mañanas iba a clase. Fue una etapa bastante intensa pero tenía muy claro para qué lo estaba haciendo: quería ahorrar y poder estudiar después aquello que realmente me gustaba.
Siempre he sido muy curiosa, es algo que me encanta de mí. Necesito experimentar, aprender cosas nuevas y probar materiales o técnicas diferentes. En realidad, más que la moda en sí misma, lo que siempre me ha apasionado es el arte en cualquiera de sus formas. De hecho, inicialmente quería estudiar Bellas Artes.
Estuve bastante tiempo planteándomelo pero finalmente pensé que la moda podía ser el lugar donde unir muchas de las disciplinas que me interesaban: la pintura, la escultura, la fotografía, el cuerpo, los materiales, etc., y decidí escoger ese camino. Creo que eso se aprecia en mi manera de diseñar. No entiendo una prenda únicamente desde la confección. Me gusta teñir los tejidos a mano, intervenirlos, experimentar con ellos y esculpir las siluetas sobre el cuerpo, casi como si estuviera construyendo una pieza escultórica. Con Amorfo esto se ve especialmente. Muchas veces empiezo trabajando desde la materia y dejo que sea el propio proceso el que me lleve hacia una forma. Por eso siento que, aunque finalmente escogí moda en lugar de Bellas Artes, esa parte artística nunca desapareció, simplemente encontré otra manera de expresarla.
“En realidad, más que la moda en sí misma, lo que siempre me ha apasionado es el arte en cualquiera de sus formas.”
Te graduaste con uno de tus propios diseños, concretamente con un vestido azul pintado a mano. Creo que eso dice mucho de ti, de tu manera de entender la moda y de la importancia que tiene para ti crear desde lo personal. ¿Qué significa ese vestido?
Ese vestido significa muchísimo para mí porque resume bastante bien mi manera de entender la moda. Como decía antes, durante mucho tiempo quise estudiar Bellas Artes y siempre he tenido esa necesidad de experimentar con otras disciplinas. Me encanta visitar museos, puedo pasarme horas observando un cuadro, acercándome para ver las pinceladas, las texturas, los colores y cómo está construida la imagen. Y había algo que tenía pendiente conmigo misma: quería pintar, aunque fuera una vez en mi vida, un cuadro al óleo como tantos de los que había admirado durante años. Entonces pensé: ¿por qué tiene que ser necesariamente sobre un lienzo?
Patroné y confeccioné un vestido blanco de palabra de honor y decidí utilizarlo precisamente como eso, como mi propio lienzo. Empecé a pintarlo a mano con óleo, dejando que las pinceladas, los colores y las texturas fueran transformando poco a poco la prenda. Que ese fuera el vestido que llevé el día de mi graduación tuvo un significado todavía mayor. Estaba terminando mis estudios llevando una pieza que unía las dos cosas que siempre me habían atraído: el arte y la moda.
Mirándolo ahora, creo que aquel vestido también adelantaba bastante la diseñadora que quería ser. Ya estaba esa necesidad de no conformarme con escoger un tejido y confeccionar una prenda, sino de intervenir la materia, pintar, experimentar y hacer que cada pieza tenga algo irrepetible. Nunca llegué a estudiar Bellas Artes pero aquel día sentí que, de alguna manera, había conseguido llevar un cuadro conmigo.
La colección nace de algo tan difícil de explicar como la disociación y la relación con el propio cuerpo. Me interesa mucho cómo has conseguido plasmar algo tan abstracto a través de las formas, los volúmenes y la manera de tratar la corporalidad.
Sí, la verdad es que con Amorfo he querido expresar algo que he sentido en mis propias carnes. La colección nace de mi experiencia con la disociación y de cómo, en determinados momentos, he llegado a percibir mi propio cuerpo de una manera diferente. Cuando tenía quince años sufrí una quemadura en el brazo y estuve ingresada en una unidad de quemados. Aquello transformó físicamente una parte de mi cuerpo y también mi manera de relacionarme con él. Creo que ahí empezó, aunque entonces no fuera consciente, esa sensación de sentirme, como yo digo, amorfa.
Pero para mí esta palabra no tiene un significado negativo. De hecho, me encanta mi brazo amorfo. Es diferente, es mío, cuenta algo que he vivido y forma parte de quien soy. Con el tiempo he aprendido a encontrar belleza precisamente en aquello que se sale de lo establecido. Y eso es lo que quería hacer con la colección: deformar el cuerpo, comprimirlo, esconderlo, exagerarlo y ‘amorfearlo’.
Háblanos más de cómo se traduce esto en prendas concretas.
Hay prendas que contienen muchísimo el cuerpo y otras que crean grandes volúmenes hasta transformar completamente la silueta. También quise llevar esa idea a los materiales. Utilicé plástico biodegradable para crear vestidos, máscaras y tocados que funcionan como una especie de segunda piel, una piel alterada, derretida y amorfa que hace referencia de una manera muy personal a esa experiencia de la quemadura. En las gorras también aparece esa deformación: parto de un objeto que todos reconocemos y voy alterando su forma hasta convertirlo en algo extraño.
Después está la idea contraria, que aparece especialmente en los collares y en las formas circulares. El círculo representa para mí esa búsqueda constante de lo perfecto: algo cerrado, limpio, simétrico, sin principio ni final. Es esa perfección a la que muchas veces intentamos llegar como personas. Pero nunca vamos a ser un círculo perfecto porque estamos vivos. Cambiamos, nos equivocamos, tenemos cicatrices, nos deformamos y nos transformamos. Y creo que precisamente ahí está lo bonito. Amorfo habla mucho de aceptar esa contradicción: queremos alcanzar la perfección pero son nuestras imperfecciones y nuestras transformaciones las que terminan construyendo nuestra identidad.
En Amorfo, la investigación material ocupa un lugar central, especialmente con piezas desarrolladas a partir de gelatina biodegradable, como nos cuentas. ¿Cómo la descubriste y qué te impulsó a usarla?
La idea surgió porque quería crear una especie de segunda piel orgánica y deformada pero también trabajar con un material más consciente con el medio ambiente. Por eso elegí la gelatina biodegradable, que además me permitía conseguir esa apariencia irregular y casi derretida que conecta con mi experiencia personal con la quemadura.
A nivel de confección, ¿fue complicado trabajar con eso y conseguir que funcionara como prenda? Por ejemplo, ese vestido amarillo.
Fue complicado porque no se comporta como un tejido convencional: tuve que experimentar con grosores, secado y resistencia hasta conseguir que funcionara como una prenda.
También me gustaría destacar los tocados y las gorras, especialmente la Melted Hybrid Cap. Me parece interesante cómo consigues que los accesorios y los estampados no sean simplemente un añadido sino que ayuden a construir el imaginario de la colección y a que cada pieza tenga un sentido dentro del conjunto. ¿Cómo trabajaste esa parte y qué importancia tienen para ti los accesorios a la hora de completar Amorfo?
Parto de algo reconocible y lo transformo hasta hacerlo amorfo. Me interesaba que cada elemento ayudara a construir esa sensación de un cuerpo que está cambiando, y no que estuviera simplemente ahí como decoración. Los accesorios son fundamentales porque terminan de construir el personaje y mi universo. No quería que fueran simplemente decorativos, sino que tuvieran el mismo concepto que las prendas. Por eso deformé elementos reconocibles como las gorras, además de hacerlas grandes para que tengan presencia, y trabajé tocados y collares que alteran también la percepción del cuerpo pero que le dan ese punto de color y de luz. Todo forma parte de una misma transformación, desde la silueta hasta el último accesorio.
En tus gabardinas incluso se puede intuir cierta influencia de la arquitectura y del paisaje cultural de Barcelona. ¿Crees que la ciudad y su imaginario han influido de alguna manera en la colección?
Sí, totalmente. Barcelona es una fuente de inspiración constante para mí. Intento ir cada mes a algún museo porque me encanta detenerme a observar las obras, sus colores y, sobre todo, sus texturas. Amo a Miró y las texturas de sus cuadros, esa libertad en las formas y en el uso del color me inspira muchísimo a la hora de intervenir mis propios tejidos. También me inspira mucho Gaudí, especialmente su naturalismo, sus formas orgánicas y su manera de transformar la arquitectura casi en escultura. Creo que todo eso se acaba reflejando en Amorfo, tanto en las texturas de las prendas como en sus volúmenes y siluetas escultóricas.
“No entiendo una prenda únicamente desde la confección. Me gusta teñir los tejidos a mano, intervenirlos, experimentar con ellos y esculpir las siluetas sobre el cuerpo.”
Has conseguido hacer una colección muy original y artística, pero las prendas resultan deseables y llevables en el día a día. ¿Cómo consigues ese equilibrio entre crear algo único y fiel a tu imaginario y, al mismo tiempo, mantener una proyección comercial?
Ahí les debo mucho a mis profesores. Desde el principio nos han insistido muchísimo en que la creatividad tiene que convivir con una realidad comercial porque estamos creando una marca y las prendas tienen que poder venderse. Me gusta experimentar y llevar las ideas bastante lejos pero siempre intento que, dentro de mi marca, haya piezas que puedan salir de la pasarela y formar parte de un armario real sin perder la identidad de la colección.
Más allá del premio, ¿cómo fue la experiencia de ver tus creaciones en un escenario como MBFW Madrid?
Fue muy emocionante porque todo lo que durante meses solo había existido en mi cabeza estaba ahí, caminando sobre una pasarela. Mis ideas, las siluetas, los materiales, los accesorios… todo aquello en lo que había trabajado tanto por fin cobraba vida. Y lo más bonito ha sido descubrir que el público ha conectado con Amorfo y ha captado lo que había detrás. Es un proyecto tan personal que mostrarlo es casi como enseñarme a mí misma sin filtros. Que algo tan íntimo consiga llegar a otras personas es, probablemente, una de las cosas más especiales que me llevo de esta experiencia.
Conocer a tanta gente de la industria debe ser increíble, sobre todo estando tú todavía en ese proceso de labrar tu camino y acercarte a tus propias metas. Desde los profesionales que has ido conociendo hasta el propio jurado, con perfiles como María García-Mauriño, Head of Brand Marketing de Maison Margiela, o Samantha Hudson, ¿cómo ha sido para ti compartir este proceso con personas que admiras o que ya tienen una trayectoria dentro de la industria?
Ha sido increíble porque te encuentras compartiendo un momento tan importante para ti con personas a las que llevas tiempo admirando y siguiendo desde fuera. Me hizo muchísima ilusión ver allí a Javier Guijarro o Samantha Hudson porque son perfiles que admiro mucho y que tienen una visión muy particular de la moda y de la creatividad. Y también me encantó poder conocer a María García-Mauriño. Fue muy cercana y encantadora conmigo y, sobre todo, me hizo mucha ilusión sentir que había sabido apreciar todo el trabajo que había detrás de la colección.
Amorfo tiene una parte muy artesanal que quizá no siempre se percibe a primera vista: hay muchísimo trabajo de teñido manual, intervención de los tejidos, patronaje, acabados y experimentación con los materiales. Que alguien con su experiencia se fijara y valorara precisamente esos detalles fue muy especial para mí. Fue un jurado muy completo porque cada persona venía de un ámbito diferente y aportaba una mirada distinta sobre la colección. Y para alguien que está empezando a construir su camino, poder escuchar y compartir espacio con profesionales con tanta trayectoria es una oportunidad enorme.
Hay algo que recuerda un poco a lo que le ocurrió a Rosalía: de un proyecto de final de grado, algo que nace como una creación muy personal, empiezan a surgir oportunidades que pueden marcar un antes y un después. En tu caso, Amorfo ya te ha llevado a ganar este premio y a presentar tu trabajo en pasarela. ¿Cómo estás viviendo que un proyecto que comenzó como parte de tu formación esté empezando a abrirte puertas profesionales?
Gracias por compararme con Rosalía porque es algo que tengo muy presente. Cuando terminé el TFG, Amorfo todavía estaba bastante verde. En el tribunal me dijeron algo que se me quedó grabado: que parecía que tenía cincuenta colecciones dentro de una, que creatividad nunca me iba a faltar pero que tenía que aprender a depurar. Desde entonces he podido madurar la colección, seleccionar mejor y entender realmente qué quería contar.
Estoy muy agradecida a Pelonio y a Mercedes-Benz Fashion Week Madrid por haberme dado la oportunidad y el espacio para mostrar esa evolución. Que algo que empezó como mi TFG esté empezando a abrirme puertas profesionalmente es algo que todavía estoy asimilando.
Quizá es pronto todavía, pero ¿ya estás imaginando nuevas creaciones o proyectos de futuro?
Sí, totalmente. Ahora mismo lo único que quiero es seguir creando y poder sacar toda la creatividad que tengo dentro. Siento que tengo tantas ideas que, si el dinero y los recursos no fueran un límite, podría sacar veinte colecciones. Después de todo lo que he aprendido con Amorfo, me muero de ganas de crear una nueva colección desde cero, aplicar ese aprendizaje y ver hasta dónde puedo llevarla.
Y para terminar, ¿qué significa para ti estar hoy en este lugar? Porque, de alguna manera, representas a muchas personas que sueñan con ser diseñadores de moda, dedicarse a ello y convertir esa pasión en una profesión. Eres la prueba de que ese sueño puede hacerse realidad, de que no es imposible. ¿Qué le dirías a todos esos jóvenes que ahora mismo tienen esa misma ilusión, que están empezando, trabajando en sus proyectos y esperando todavía su oportunidad?
Me siento muy afortunada. Siempre digo que tuve la suerte de que aquel día Rubén, de Pelonio, me escribiera y me diera una oportunidad para entrar en este mundo. Sé que hay gente muchísimo más creativa que yo, mejores patronistas y mejores confeccionistas, pero creo que lo que muchas veces marca la diferencia es la constancia, trabajar muchísimo y no rendirse. Eso es lo que les diría a quienes están empezando: tu idea puede ser mejor o peor, puedes equivocarte muchas veces, pero si abandonas en primero o segundo de carrera, nadie va a venir a buscarte a casa. Hay que seguir creando, trabajando y buscando oportunidades.
A mí me dieron una pero también tuve que estar ahí para aprovecharla. Y, por supuesto, muchísimas gracias a ACERO por darme este espacio, interesarse por mi trabajo y permitirme contar un poco más sobre todo lo que hay detrás de Amorfo. Para una diseñadora que está empezando, sentir que hay personas y medios que quieren escuchar tu historia y dar visibilidad a tu trabajo significa muchísimo. Gracias de corazón.