Lucía de la Fuente pertenece a esa generación de intérpretes que han crecido delante de la cámara, aprendiendo el oficio desde muy joven y construyendo una trayectoria marcada por la curiosidad y la versatilidad. Desde sus primeras apariciones en el cine hasta proyectos más recientes, la actriz ha transitado géneros muy distintos, moviéndose con naturalidad entre la comedia, el thriller o el fantástico y colaborando con algunos de los nombres más interesantes de la industria española. Títulos como Las brujas de Zugarramurdi, Musarañas o Matusalén han ido configurando un recorrido en el que nunca ha dejado de buscar nuevos desafíos y personajes capaces de sorprenderla.
Ahora, Lucía se enfrenta a uno de los proyectos más importantes de su carrera con Toda la verdad de mis mentiras, la nueva adaptación de una novela de Elísabet Benavent para Netflix. En la serie comparte pantalla con Daniel Ibáñez, Ricardo Gómez, Brays Efe, Clara Sans e Itziar Manero, dando vida a Aroa, un personaje impulsivo, intenso y profundamente humano, inmerso en una historia sobre amistades, secretos y todas esas verdades que, por miedo o por amor, a veces preferimos callar.
A punto de estrenar esta nueva etapa profesional, la actriz atraviesa un momento especialmente luminoso, marcado por una mayor confianza en sí misma pero conservando intacta la ilusión de sus inicios. Conversamos con Lucía de la Fuente sobre la evolución de su carrera, la importancia de la vulnerabilidad en la interpretación y el deseo de seguir viviendo muchas vidas a través de los personajes.
Toda la verdad de mis mentiras llega después de otras adaptaciones de Elísabet Benavent, como Valeria o Un cuento perfecto, que han generado comunidades muy fieles. ¿Cómo viviste entrar en un universo que tantos lectores ya sentían suyo?
Con muchísima ilusión porque conocía Valeria y Un cuento perfecto, y formar parte de todo este universo es algo maravilloso. Sí que es cierto que, a la hora de trabajar el personaje, lo hemos hecho con mucha libertad y con mucha confianza por parte de Elísabet. Hemos intentado ser fieles a la historia y a los personajes desde el lugar más honesto posible. Y, por supuesto, tenemos muchas ganas de que los lectores vean lo que hemos hecho y de que les guste.
¿Qué fue lo primero que te atrapó de esta historia y qué te hizo querer formar parte de ella?
Lo que más me atrapó fue cómo están contadas las relaciones entre los personajes, lo natural y cotidiano de la historia. También la posibilidad de contar algo tan divertido y en lo que cualquier persona puede verse reflejada en algún momento o a través de alguno de los personajes. Eso me pareció muy especial.
Sin desvelar demasiado, ¿qué dirías que hace especial a tu personaje dentro de esta red de relaciones, secretos y contradicciones?
Aroa vive todo de una manera muy intensa y aporta al grupo una energía muy concreta. Lo que la hace especial es que siempre va por delante con su verdad, va a por lo que quiere y vive todo sin filtros. Además, me gustó mucho que fuera un personaje con un arco tan amplio.
La serie habla mucho de amistades, verdades incómodas y de todo aquello que dejamos sin decir. ¿Crees que es una historia especialmente generacional o más universal de lo que parece?
Creo que son ambas cosas. Hay situaciones y formas de relacionarse muy actuales, pero, en el fondo, habla de emociones que todos hemos vivido alguna vez: el miedo a perder a alguien, a decir ciertas verdades aunque duelan, etc. Y creo que eso no entiende de generaciones.
Compartes reparto con actores como Daniel Ibáñez, Ricardo Gómez, Brays Efe o Clara Sans. ¿Cómo fue construir esa química de grupo y qué te llevas de ese encuentro?
Fue muy fácil. A día de hoy son mis amigos. Creamos un grupo muy bonito desde el primer momento. Además, pasamos mucho tiempo rodando en Mazarrón y eso nos unió muchísimo. Tenemos muchos momentos que ya se quedan conmigo para siempre. También ha sido una suerte estar rodeada de tanto talento y de gente a la que admiro mucho.
A lo largo de tu carrera has transitado proyectos muy distintos, desde Las brujas de Zugarramurdi hasta Musarañas o Matusalén. ¿Qué sientes que une todas esas elecciones?
La curiosidad y el atrevimiento. Me gusta hacer cosas diferentes, que el personaje despierte algo en mí y que tenga algo que contar.
Empezaste muy joven en la profesión. Mirando atrás, ¿qué recuerdas de aquella primera Lucía actriz y qué crees que ha cambiado más en tu forma de trabajar?
Hay algo que sigo manteniendo y que no quiero perder nunca: la ilusión y las ganas. Creo que lo que más ha cambiado es que ahora intento tomarme las cosas con más calma y, sobre todo, con más confianza. He aprendido a disfrutar mucho más del proceso.

Has trabajado con directores de universos tan marcados como Álex de la Iglesia. ¿Qué aprendizajes de esas experiencias siguen presentes en tu forma de entender el oficio?
He aprendido que hay que confiar en la intuición y, por supuesto, en la visión del director. Cada proyecto tiene un lenguaje distinto y eso es algo precioso: adaptarte a él y seguir aprendiendo constantemente. También he aprendido la importancia de entregarse por completo a aquello que quieres contar, porque es la mejor manera de seguir sorprendiéndote a ti misma.
¿Hay algo que ahora busques de manera más consciente en los personajes que eliges, algo que quizá antes no era tan importante para ti?
Ahora me interesa mucho encontrar el recorrido y la complejidad de los personajes, entender su evolución. Me gustan los personajes imperfectos porque así son las personas reales.
En una industria donde la exposición y la velocidad son cada vez mayores, especialmente con plataformas globales como Netflix, ¿cómo gestionas la presión o las expectativas que pueden rodear a un estreno así?
La verdad es que intento no pensarlo demasiado porque es algo que no puedo controlar. Una vez terminas el proyecto, procuro disfrutar del camino, de todas las cosas bonitas que ocurren y, sobre todo, sentir orgullo por el trabajo que hemos hecho, que es lo único que realmente está en nuestras manos. Así que intento vivirlo con mucha tranquilidad y naturalidad.
Muchas historias de Benavent conectan con una generación que vive el amor, la amistad y la incertidumbre de una forma muy concreta. ¿Te reconoces en esa manera de narrar los vínculos?
Elísabet tiene una forma muy sincera y honesta de hablar de las relaciones. Las aborda de una manera muy humana. Todos pasamos por situaciones parecidas a las que viven los personajes de estas historias en algún momento de nuestra vida, y eso hace que sea muy fácil conectar con ellos y con lo que les sucede.
¿Qué lugar ocupa la vulnerabilidad en tu trabajo? ¿Es algo que te cuesta ofrecer o es precisamente desde ahí desde donde construyes?
Me parece fundamental. De hecho, creo que es precisamente cuando consigues construir desde ese lugar cuando aparecen las cosas más interesantes. Para mí, la verdad está ahí.
Has pasado por géneros muy distintos, desde la comedia al thriller o el fantástico. ¿Hay algún registro al que todavía no hayas llegado y que sientas como una cuenta pendiente?
Creo que me quedan muchísimos géneros por descubrir. Siempre digo que me apetece mucho hacer terror. O quizá un drama que me lleve a un límite emocional.
Después de tantos años en la profesión, ¿qué es lo que sigue sosteniendo tu deseo de actuar?
Poder vivir muchas vidas. La ilusión, las ganas de seguir aprendiendo y de seguir explorando personajes diferentes. Y, por supuesto, la posibilidad de contar historias que emocionen al público de alguna manera.
Si este momento de tu carrera fuese una fotografía fija, con Toda la verdad de mis mentiras a punto de estrenarse, ¿qué dirías que cuenta de quién eres ahora mismo como actriz?
Creo que habla de una actriz con mucha ilusión, con más experiencia, confianza y seguridad, pero con las mismas ganas que cuando empezó. Estoy en un momento muy bonito, en el que intento disfrutar mucho más de todo.

Full look DSQUARED2

Falda y bralette ELISABETTA FRANCHI, joyas de Chaumet, medias CALZEDONIA, zapatos JIMMY CHOO.
