Hay primeras veces que lo cambian todo. Primeros personajes que llegan para sacudir certezas, primeros proyectos que abren caminos y primeras oportunidades que condensan años de búsqueda silenciosa. Para Zack Gómez, 9 lunas es precisamente eso: un punto de inflexión. La nueva película, en la que da vida a Ángel, un hombre trans que atraviesa un embarazo inesperado, no solo pone sobre la mesa una historia inédita en el cine español, sino que también amplía los límites desde los que pensamos el cuerpo, la identidad y la paternidad.
Pero, más allá de lo que cuenta la película, el viaje de Zack con este personaje ha sido también profundamente personal. Hablar con él es encontrarse con alguien que entiende la interpretación como un lugar de riesgo, de exposición y de verdad. Un actor que ha aprendido a convivir con la responsabilidad de la representación, pero que también reivindica su derecho a ser leído más allá de cualquier etiqueta.
En esta conversación, Zack habla de vértigo, de orgullo y de las contradicciones que atraviesan tanto a Ángel como a él mismo. Reflexiona sobre la masculinidad, la vulnerabilidad, los referentes que faltaron y los que hoy intenta construir. Y lo hace desde un lugar honesto, consciente y profundamente humano. Porque, a veces, una película no solo cuenta una historia: también abre nuevas formas de existir dentro y fuera de la pantalla.
¿Qué fue lo primero que sentiste cuando 9 lunas llegó a ti y leíste la historia de Ángel por primera vez?
Me pareció precioso y pensé: por fin han escrito un protagonista trans como se debe. Luego me acojoné, inevitablemente (risas), porque me parecía una responsabilidad enorme. Pero, en cuanto empecé a investigar, a preparar el personaje y a meterme de lleno en la historia, ese miedo se fue transformando. Fue una mezcla muy bonita entre vértigo y emoción. Como actor, protagonizar una historia así me parece una oportunidad increíble.
Ángel atraviesa una experiencia que cuestiona muchas ideas establecidas sobre identidad, cuerpo y maternidad. ¿Qué conversaciones te despertó a ti interpretar algo así?
Os voy a corregir algo con muchísimo cariño: en este caso lo correcto sería hablar de “paternidad” o de “gestación masculina”. Precisamente, 9 lunas nos habla, por primera vez en la historia del cine español, de la paternidad trans, ampliando el universo de lo que entendemos por embarazo. Traer al mundo a un ser humano ya es una locura de por sí y, si además abordas esa experiencia saliéndote de lo normativo, la cabeza te explota todavía más. 
La película abre muchos melones sobre los que sigo haciéndome preguntas: habla de masculinidad, de identidad, tanto personal como social, de empatía, de miedo y de vulnerabilidad. Y, en mi caso, era una realidad que, a pesar de ser una persona trans, desconocía por completo. Me atraía mucho la idea de adentrarme en algo tan nuevo para mí y hacerlo a través de una historia que plantea conflictos tan interesantes y tan poco explorados en el audiovisual.
¿Dirías que este personaje te ha cambiado de alguna forma, aunque sea pequeña?
Claro. Interpretar a Ángel me ha dado mucha confianza. Ha sido un paso enorme para mí como actor. Uno pasa muchos años preparándose y formándose para que llegue una oportunidad así y, cuando finalmente aparece, entiendes que todo ese tiempo tenía sentido. Me siento muy orgulloso de mi trabajo.
A lo largo del proceso, ¿hubo algún momento en el rodaje en el que te sentiste especialmente vulnerable o expuesto?
Este trabajo va precisamente de eso: de exponerse, de poner la piel para que otra persona pueda viajar con la historia. Por eso es tan importante contar con un buen equipo alrededor. La película tiene escenas especialmente vulnerables, momentos muy íntimos del personaje. La escena de las duchas con los compañeros del gimnasio o algunas con Fernando Guallar son de las más potentes; ahí había un riesgo mayor y, precisamente por eso, son de mis favoritas.
Tu trabajo muchas veces dialoga con la representación y la visibilidad. ¿Cómo ha evolucionado tu relación con eso con los años?
Va muy ligado porque todavía hace falta hablar de representación. Ojalá llegue el día en que ser trans no sea algo que haya que visibilizar y se viva con tanta normalidad que ni siquiera haga falta señalarlo. Durante mucho tiempo he estado un poco peleado con que mi trabajo como actor estuviera pegado a la etiqueta ‘trans’. Muchas veces se espera de ti cierta pedagogía constante, tener que explicar siempre a los demás y no poder equivocarte al hacerlo. A mí me gustaría que mi trabajo se valorase simplemente por lo que es. Pero, al mismo tiempo, me siento profundamente agradecido de formar parte de la representación de los hombres trans en el audiovisual. Sé de primera mano lo importante que es tener espejos donde mirarse y reconocerse. Con el tiempo he ido entendiendo que esto también forma parte de mi camino como artista y ahora lo abrazo con orgullo.
¿Sientes que, a veces, existe una responsabilidad añadida cuando sabes que tu presencia puede significar algo importante para otras personas?
No lo siento tanto como una responsabilidad. Lo que me hace feliz es pensar que mi trabajo puede ayudar a la gente de la manera que sea. Es bonito creer que uno puede aportar algo a la construcción de un espacio mejor, igual que muchas otras personas lo hicieron antes para que historias como esta y personas como yo podamos estar hoy aquí, de una forma libre y orgullosa.
Cuando miras atrás, al Zack que empezaba, ¿qué crees que buscaba entonces y qué buscas hoy?
El Zack que estudiaba interpretación con dieciséis años tenía muchas ganas de ser visto y, al mismo tiempo, mucho miedo de dejarse ver. Creo que buscaba una manera de romper con lo establecido, pero todavía no se atrevía. Ahora, siendo más maduro, sigo aprendiendo a mostrarme sin juicio. Busco asumir riesgos como actor, ocupar nuevos espacios y seguir creciendo dentro de esta profesión.
¿Qué lugar ocupa hoy tu cuerpo en tu vida y en tu manera de habitar el mundo?
Lo cuido, lo mimo, le doy placer e intento no obsesionarme con cosas que antes me quitaban demasiado tiempo. Hoy tengo una relación bastante sana con mi cuerpo, y más aún desde que empecé a dedicarle tiempo al gimnasio, algo que se intensificó al preparar el papel de Ángel.
¿Crees que actuar te ha ayudado a entenderte mejor o, por el contrario, a veces te ha servido para esconderte?
Las dos (risas). La interpretación ha sido y sigue siendo, para mí, un espacio enorme de autoconocimiento. Pero también un lugar donde dejarme en paz y desaparecer un rato. Si no, qué aburrido. Me gusta esconderme en ciertos personajes o, mejor dicho, darles a ellos cosas que quizá escondo en mi propia vida.
Hay emociones que cuesta sostener incluso en la ficción. ¿Cuál ha sido la más difícil para ti de atravesar en pantalla?
En este proyecto fue muy interesante trabajar la contención, que era algo que Patricia necesitaba mucho para Ángel. Él vive en un caos interno constante, lleno de emociones contradictorias que, por su forma de ser, no se permite sacar. Trabajar esa mezcla de rabia, impotencia, vergüenza, pero también deseo, felicidad y fuerza fue uno de los grandes retos. Y me pareció muy bonito conseguirlo.
En una industria donde todo parece ir tan rápido, ¿cómo proteges tu centro y tu intimidad?
Tengo muy buenos amigos que no tienen nada que ver con la industria, y eso me mantiene conectado a la realidad. También tengo una relación maravillosa con mis padres, que son mis grandes faros de luz.
¿Hay algo que todavía te dé miedo, no solo como actor, sino como persona?
Como a mucha gente, me asusta el auge de los discursos de odio. Me asusta la falta de empatía y de corazón que a veces se respira en la calle. Y, a nivel profesional, me preocupa que el hecho de ser un hombre trans visible pueda jugar en mi contra a la hora de acceder a personajes masculinos de todo tipo.
Cuando piensas en los referentes que te faltaron al crecer, ¿sientes que ahora tú puedes ocupar ese lugar para alguien?
Ojalá. Me encantaría ser ese actor al que un chaval ve en el cine y piensa: quiero parecerme a él. A muchos chicos nos faltó ese tío guay que representara una masculinidad tierna, alguien que se mostrara con orgullo y al que le fuera bien en la vida por ser quien es. Nos siguen faltando referentes luminosos y con carreras prometedoras.
Más allá del estreno y de este momento concreto, ¿qué historias sientes que todavía necesitas contar?
Yo siempre he dicho que quiero hacer una de tiros (risas). Me encantan las películas y series policíacas, los thrillers y la acción. Me gustaría mucho formar parte de un proyecto donde pudiera construir un antagonista con peso. Creo que sería interesante ofrecer ese registro y que, además, podría defenderlo muy bien.
Si dentro de unos años miraras atrás y pensaras en este momento de tu vida, ¿qué te gustaría recordar de quién eres ahora?
Es una primera vez, y esas no se olvidan nunca. Me gustaría mirar atrás y verme como un actor valiente, con ambición y con ganas de contribuir a la historia del cine español con una película muy especial. Es un momento de mucha ilusión que recoge muchos años de trabajo, así que sé que lo recordaré para siempre.
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