Hay películas que hablan del deseo sin convertirlo en espectáculo, que encuentran en los silencios, las miradas y las contradicciones de sus personajes una forma mucho más honesta de explorar las relaciones humanas. Días de agosto pertenece a esa categoría. Ambientada en un escenario de aparente calma estival, la película retrata cómo un verano idílico puede convertirse en el escenario donde afloran la traición, la incertidumbre y el despertar emocional. En ese contexto, Berta Galo da vida a Gabi, una joven que observa cómo la relación con su pareja se tambalea mientras él inicia una aventura con la novia de su padre. Un personaje que, más que reaccionar desde el conflicto, transita la historia desde la observación, el desconcierto y una madurez que contrasta con quienes la rodean.
La actriz vive, además, un momento especialmente sólido en su carrera. Tras consolidarse en la ficción diaria con Servir y proteger y La Moderna, dos producciones que exigen un ritmo de trabajo vertiginoso y una enorme disciplina interpretativa, afronta este largometraje desde un registro muy diferente, más contenido y reposado. Conversamos con ella sobre Días de agosto, el deseo y los silencios que atraviesan la película, el aprendizaje que le han dejado las series diarias y la forma en la que entiende hoy una profesión marcada por la incertidumbre, la constancia y las ganas de seguir creciendo.
Días de agosto sitúa a tu personaje en un lugar muy incómodo, viendo cómo todo se mueve a su alrededor mientras ella intenta sostenerse. ¿Qué fue lo primero que entendiste de Gabi cuando leíste el guion?
Lo primero que entendí de Gabi cuando leí el guion fue que la situación que está viviendo no la define. Para mí, ella es luz. Es una persona inteligente, que sabe leer las situaciones y reaccionar ante ellas, pero que está atravesando un momento de mucha incertidumbre. El paso de la juventud a la vida adulta siempre es complejo, porque es una etapa en la que nos redefinimos. Ella es claramente más madura que su pareja y tiene unas expectativas muy distintas. Creo que, en el intento de mantener esa relación y construir una vida a su lado, acaba perdiéndose un poco a sí misma. Lo primero que entendí fue que estaba transitando una situación muy compleja, pero que, al final, iba a pesar más quién es realmente y lograría recuperarse.
Para mí, ese es un aprendizaje muy importante. Creo que no debemos perdernos por el camino, sobre todo por intentar mantener a alguien que quizá no nos está valorando del todo.
La película habla de deseo, de traición y de dinámicas familiares muy complejas. ¿Qué era lo que más te interesaba explorar dentro de todo ese universo?
Personalmente, me parecen temáticas que nunca me voy a cansar de explorar porque ofrecen posibilidades infinitas. Pero hay algo que me interesa especialmente: que, en muchas ocasiones, tanto el deseo como la traición o las dinámicas familiares negativas se están dando sin que todos los miembros de la familia, o todas las personas que comparten ese espacio, sean conscientes de ello. Es decir, solo algunos lo están viviendo.
En este caso, a mí me interesaba interpretarlo más desde la observación, siendo una cómplice del espectador, ya que no soy una de las personas que está viviendo esa experiencia en primera persona y la voy descubriendo poco a poco junto a él.
Tu personaje observa mucho, escucha mucho y procesa casi todo hacia dentro. ¿Cómo se construye un papel en el que gran parte de lo importante pasa por lo que no se dice?
Es cierto que Gabi muchas veces es más observadora que protagonista de los conflictos que se viven en la casa. Pero, aun así, siento que no he trabajado este personaje de una forma muy distinta a otros. Para mí siempre es muy importante darle valor no solo a lo que dice un personaje, sino también a lo que piensa. Tener muy clara su línea de pensamiento en todo momento. Al final, un personaje no va diciendo constantemente todo lo que se le pasa por la cabeza.
Muchas veces, por los códigos sociales, por miedo a la reacción de otro personaje o por vergüenza, las palabras no coinciden con sus pensamientos más profundos. Igual que nos pasa a todos cuando nos relacionamos con los demás. Así que, en este caso, lo que he trabajado especialmente ha sido el subtexto y esa línea de pensamiento constante. Pero, sinceramente, creo que es un trabajo que debería hacerse en todos los proyectos y no únicamente en este por la particularidad de que Gabi sea más observadora.
La película tiene una carga erótica muy presente, pero también una gran tensión emocional. ¿Cómo encontraste ese equilibrio durante la interpretación?
Creo que, como en la vida, esta película tiene momentos de todo. Gracias al guion, esas situaciones están muy bien construidas y descritas. Además, el acompañamiento que tuvimos por parte del director, Chema, fue fundamental para encontrar cómo debía estar nuestro personaje en cada momento. El propio texto, por cómo está estructurado, ya nos daba de forma muy natural ese equilibrio entre unas emociones y otras.
“Para mí siempre es muy importante darle valor no solo a lo que dice un personaje, sino también a lo que piensa.”
El escenario tiene algo muy luminoso, casi perfecto, y sin embargo lo que ocurre entre los personajes es bastante turbio. ¿Crees que ese contraste hace más fuerte la historia?
Obviamente, este tipo de decisiones, aunque a mí me parecen muy acertadas, no dependen de mí. Pero imagino que lo que se pretende contar es que estos personajes no son personas turbias ni malvadas. Simplemente están atravesando momentos complejos o, incluso, no saben cómo gestionar todo lo que está sucediendo a su alrededor, y eso les lleva a tomar decisiones que quizá no sean las correctas. En ningún caso se les quiere retratar como monstruos ni construir una película de terror sobre personas oscuras, porque, en realidad, no lo son.
Y, sin duda, creo que ese contraste hace que la historia tenga mucha más fuerza. Todos nos equivocamos alguna vez y nos resulta mucho más fácil empatizar con personas y situaciones en las que podríamos llegar a vernos reflejados que con personajes completamente malvados o con un entorno que percibimos como muy oscuro y alejado de nuestra propia realidad.
Cuando terminaste el rodaje, ¿con qué sensación te quedaste?
Cuando terminas un rodaje siempre es complicado hacerte una idea clara de cómo va a quedar el resultado, porque muchas veces rodamos de forma desordenada o incluso con escenas partidas. Pero, en este caso, tenía plena confianza tanto en mis compañeros como, sobre todo, en las decisiones de Chema. Yo lo veía feliz y tranquilo, y esa tranquilidad acabó contagiándonos a todos.
El equipo, en general, tenía muy buenas sensaciones y la productora también estaba muy contenta, así que decidí confiar en todo eso y en mis propias sensaciones, que, sin duda, eran muy positivas. Ahora, viendo el resultado, siento que no me equivocaba.
Vienes de dos series diarias como Servir y proteger y La Moderna, con un ritmo de trabajo muy exigente. ¿Qué te han enseñado esas experiencias como actriz?
He tenido la suerte de participar en dos series diarias. La primera fue Servir y proteger y la segunda, La Moderna. Sin duda, han sido mi escuela. Es una experiencia que recomendaría a cualquier actor. Aprendes a trabajar a un ritmo muy exigente, cambias constantemente de compañeros, te dirigen personas muy distintas y afrontas escenas con una carga emocional y unas historias muy variadas en muy poco tiempo. Todo eso hace que explores muchísimos registros, desarrolles una mayor capacidad de adaptación y, sin duda, aprendas muchísimo.
Además, tengo que decir que, para mí, las series diarias no solo han sido un aprendizaje, sino también un lugar en el que he disfrutado muchísimo. Compartir tanto tiempo con un equipo hace que se convierta en una familia. No dudaría en volver a participar en una serie diaria porque es un formato que disfruto muchísimo tanto a nivel profesional como personal.
Trabajar en una serie diaria implica poco tiempo, mucho texto y una continuidad emocional muy exigente. ¿Cómo se sostiene todo eso sin perder frescura?
Cuando entras en una serie diaria, empiezas a mejorar de manera exponencial como actriz. Esa evolución sucede muy rápido al principio, pero después aparece el riesgo de acomodarte, perder frescura o bajar el nivel de exigencia. Creo que evitar que eso ocurra pasa por una decisión consciente que tienes que tomar cada día: querer seguir aprendiendo y seguir haciendo tu trabajo de la mejor manera posible.
También ayuda mucho que las tramas sean muy cambiantes. Tu personaje está viviendo situaciones distintas constantemente, y eso hace que siempre encuentres nuevos estímulos y motivaciones para seguir aportando cosas diferentes desde la interpretación. Además, el hecho de que vayan incorporándose personajes nuevos también ayuda, porque la energía del plató se renueva continuamente.
¿Sientes que un proyecto como La Moderna te ha dado herramientas que luego has podido aplicar en una película como Días de agosto?
Sin duda. De cada proyecto y de cada compañero que pasa por mi vida me llevo herramientas y vivencias que luego puedo aplicar en mis trabajos futuros. En el caso de La Moderna, haber trabajado a un ritmo tan alto hace que, cuando después dispones de más tiempo, puedas dedicarlo a una creación del personaje mucho más completa. También te ayuda a adaptarte mejor a las adversidades que pueden surgir en un rodaje: trabajar en exteriores, afrontar cambios de última hora o asumir que no siempre puedes repetir una escena tantas veces como te gustaría. Supongo que una de las grandes enseñanzas de las series diarias es precisamente esa: aprender a no agobiarte cuando algo falla y a adaptarte con rapidez a cualquier situación.
“A veces, necesito acordarme de esa Berta que simplemente actuaba por diversión y que no estaba tan pendiente del resultado.”
Entre un rodaje tan intenso como el de una serie diaria y una película como Días de agosto, ¿qué cambia en tu forma de trabajar?
Supongo que la gran diferencia, aparte del tono interpretativo que decide el director, es el tiempo que puedes dedicarle a cada escena. Siento que, en Días de agosto, entendía perfectamente por qué Gabi decía cada palabra del guion. Había podido dedicar mucho más tiempo a analizar el texto y profundizar en cada detalle. En una serie diaria, en cambio, trabajas desde un conocimiento muy profundo del personaje y te apoyas mucho más en la intuición. No puedes analizar milimétricamente cada frase porque, sencillamente, no hay tiempo para ello.
¿Qué buscas hoy en los personajes que eliges o que llegan a tus manos?
Me considero una persona a la que le encantan los retos, así que lo que más ilusión me hace es que llegue un proyecto que me enfrente a algo nuevo: un personaje con una personalidad distinta, que esté atravesando vivencias que aún no he tenido la oportunidad de interpretar o que desempeñe una profesión completamente diferente. Creo que lo que más me motiva es la variedad y la posibilidad de seguir probando cosas nuevas que me hagan aprender y crecer como actriz.
¿Qué dirías que es lo que más te preocupa ahora mismo como actriz?
Para mí, lo más difícil de esta profesión es la inestabilidad. Nunca sabes cuándo va a llegar el siguiente proyecto. Lo que más me podría llegar a preocupar es que, algún día, esa incertidumbre acabara teniendo más protagonismo en mi cabeza que la felicidad que me aportan todas las cosas buenas de este trabajo. Por suerte, todavía no me encuentro en ese momento. Pero creo que, sin duda, eso podría llegar a ser lo que más me preocupase. A mí me encanta trabajar, y asumir que no siempre depende de mí es algo que, a veces, cuesta.
La interpretación tiene mucho de exposición y también de espera. ¿Cómo llevas esa parte menos visible de la profesión?
Me siento muy tranquila porque pienso que estoy teniendo la carrera que siempre habría soñado tener. En cuanto a la espera entre proyectos, todo ha sido bastante fluido y, hasta el día de hoy, no he tenido grandes parones. Aunque, como a cualquier actor, siempre te gustaría trabajar un poquito más, porque esta profesión tiene algo de adictivo.
Respecto a la exposición, creo que estoy en un lugar muy bueno. Me encuentro con gente que conoce y valora mi trabajo, y puedo beneficiarme de lo que eso conlleva, pero, al mismo tiempo, sigo manteniendo mi anonimato y mi intimidad, que son dos cosas que valoro muchísimo.
¿Sientes que con el paso del tiempo te has vuelto más libre actuando o más exigente contigo misma?
Es curioso porque, cuando empecé, era bastante joven y nunca me había planteado la interpretación como una profesión. Simplemente actuaba y disfrutaba haciéndolo, sin ponerme ninguna exigencia. Y eso tenía algo muy positivo. Con los años, la formación y la experiencia, he ido tomando conciencia y volviéndome cada vez más exigente conmigo misma. Aunque creo que eso ha sido muy bueno porque, sin duda, ha mejorado la calidad de mi trabajo, también siento que, a veces, necesito acordarme de esa Berta que simplemente actuaba por diversión y que no estaba tan pendiente del resultado. Creo que el equilibrio está precisamente ahí: hacer el trabajo lo mejor posible, pero recordar que los resultados siempre serán subjetivos y que está bien no gustarle a todo el mundo.
Si miras el momento en el que estás ahora, entre las series diarias y una película como Días de agosto, ¿qué sensación tienes sobre el camino que estás construyendo?
Me siento muy feliz y muy afortunada. He podido formar parte de proyectos que me han regalado personas y vivencias increíbles, y eso es algo que valoro muchísimo. Sin duda, firmaría por seguir viviendo esta vida durante muchos años más. Voy a seguir haciendo todo lo que esté en mis manos para que así sea y ojalá la vida me siga sonriendo de esta manera.
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