Hay películas que hablan del verano y otras que consiguen capturar todo lo que ese tiempo del año representa: el deseo, la incertidumbre, la sensación de que cualquier decisión puede cambiar el rumbo de una vida. Días de agosto, de Chema de la Peña, pertenece a esa segunda categoría. A través de un relato íntimo y profundamente sensorial, la película acompaña a un joven, interpretado por Pau Simón, que, en medio de unas vacaciones familiares, se enfrenta a un despertar emocional marcado por la atracción, la culpa y las preguntas que acompañan inevitablemente al paso hacia la edad adulta.
Pau Simón da vida a ese protagonista con una interpretación contenida y honesta, construyendo un personaje que oscila constantemente entre el impulso y la reflexión. Lejos de ofrecer respuestas fáciles, la película propone un viaje hacia las contradicciones, los silencios y los vínculos familiares, con los paisajes de Canarias como escenario de un verano que parece suspendido en el tiempo. Conversamos con el actor sobre este desafío interpretativo, el naturalismo que define el proyecto, su forma de entender la profesión y las inquietudes que acompañan a una nueva generación de intérpretes que busca crecer sin dejar de hacerse preguntas.
Días de agosto retrata ese momento tan concreto en el que uno deja de ser adolescente pero todavía no sabe cómo convertirse en adulto. ¿Qué fue lo que más te atrajo de esta historia cuando llegó a tus manos?
De hecho, eso mismo que has comentado fue lo que más me llamó la atención. Poder indagar en un personaje que empieza esa etapa de entrada en la vida adulta sin querer desprenderse de su yo adolescente. Y cómo ese conflicto también se traslada a la relación con su pareja y con sus padres.
Tu personaje vive un verano marcado por el deseo, la culpa y el descubrimiento de sí mismo. ¿Cómo te acercaste emocionalmente a un personaje tan lleno de contradicciones?
Lo más importante para entender a Juan fue encontrar algo que me ayudara a comprender cómo se siente alguien que vive esa etapa, con su edad, sus sueños, su situación familiar y una relación de pareja descrita como ‘muy rutinaria’. Mi propia experiencia, aunque pueda ser distinta a la suya, fue una mina de oro para empezar a conectar con ese sentir: rebuscar en lo más profundo, hacerme preguntas, pensar en personas que pudieran recordarme a alguien como él, etc. Y, en esa búsqueda, empezaron a surgir algunos de esos conflictos. Poco a poco los fui entendiendo desde un lugar mucho más emocional.
La película aborda el erotismo desde un lugar muy íntimo y nada complaciente. ¿Crees que el cine actual sigue teniendo miedo de representar el deseo de una forma compleja y honesta?
La verdad es que no. Siento que hoy en día hay de todo: proyectos que exageran demasiado las relaciones íntimas, otros que optan por un enfoque más estilizado y otros que simplemente deciden retratarlas tal y como son.
El verano suele aparecer en el cine como un espacio de transformación, casi como un territorio suspendido en el tiempo. ¿Recuerdas algún verano de tu vida que haya supuesto un antes y un después para ti?
En mi infancia y adolescencia viví algún que otro verano así. Recuerdo especialmente uno que pasé en el pueblo de mi abuela. Solía irme solo a su casa y pasar allí un mes entero. Sentí esa misma sensación tan mágica de la que hablas: entrar en una burbuja casi idílica durante cuatro semanas en las que solo existían la felicidad, la diversión, el amor, la amistad, la curiosidad, la tranquilidad y los sueños. Como actor busco mucho esas burbujas porque son tan potentes que, con solo cerrar los ojos, todavía puedo sentir, oler y tocar aquella atmósfera. En mi memoria sigue intacta.
Tu personaje se enfrenta constantemente a preguntas sobre el amor, la identidad y los límites morales. ¿Eres una persona que necesita encontrar respuestas o te sientes cómodo habitando la incertidumbre?
Por lo general soy una persona bastante mental, alguien que está constantemente haciéndose preguntas e intentando controlar o encontrar respuesta para todo. Pero también es verdad que, con los años, estoy aprendiendo a soltar más, a dejar de preocuparme por aquello que claramente está fuera de mi control y a cultivar la paciencia.
“Por lo general soy una persona bastante mental, alguien que está constantemente haciéndose preguntas e intentando controlar o encontrar respuesta para todo.”
La relación que Juan mantiene con la novia de su padre desafía muchas convenciones y obliga al espectador a cuestionar sus propios prejuicios. ¿Qué conversaciones esperas que genere la película?
No siento que desafíe esas convenciones. La relación que mantienen Maggie y Juan no es una historia de amor. Ambos personajes se acercan por motivos distintos que, desgraciadamente, tienen mucho que ver con la soledad, el rencor y la necesidad de escapar de una realidad en la que no quieren estar.
Tampoco creo que el discurso de la película busque reivindicar o desafiar la idea de que una persona de veinte años pueda estar con otra de cuarenta. Una diferencia de edad no implica necesariamente que una relación sea tóxica o poco honesta. Sin embargo, creo que, cuando una persona acaba de entrar en la vida adulta y la otra tiene mucha más experiencia vital, pueden surgir desequilibrios importantes en términos de poder, madurez emocional o vivencias. Y no siento que sea algo que debamos romantizar.
Tampoco creo que el discurso de la película busque reivindicar o desafiar la idea de que una persona de veinte años pueda estar con otra de cuarenta. Una diferencia de edad no implica necesariamente que una relación sea tóxica o poco honesta. Sin embargo, creo que, cuando una persona acaba de entrar en la vida adulta y la otra tiene mucha más experiencia vital, pueden surgir desequilibrios importantes en términos de poder, madurez emocional o vivencias. Y no siento que sea algo que debamos romantizar.
Los paisajes tienen un peso muy importante en Días de agosto, casi como un personaje más. ¿Cómo influyó el entorno natural en tu interpretación y en la atmósfera del rodaje?
Sin duda, rodar en Canarias, en pleno verano, y tener la oportunidad de trabajar durante todo el rodaje en la misma casa fue una experiencia muy especial. Nos permitió sumergirnos por completo en esa atmósfera tan propia de la película, dejarnos llevar por ella y observar qué despertaba en nosotros.
Hay algo muy universal en esa sensación de sentirse perdido mientras todos parecen tener claro quiénes son. ¿Te reconociste en alguna de las inseguridades o miedos del protagonista?
Durante mi adolescencia viví situaciones en las que sentía que mis problemas eran más importantes que los de los demás, que nadie era capaz de entender mis preocupaciones y que sufría como nadie. Evidentemente no era así, pero me pareció interesante no juzgar esa etapa. Todos hemos sido adolescentes y, de una manera u otra, hemos pasado por algo parecido. Es bonito poder abrazar a tu yo del pasado sin condenarlo.
En muchas historias de iniciación, la sexualidad aparece ligada al descubrimiento personal. ¿Crees que el deseo puede ser también una forma de conocerse a uno mismo?
Creo que debería ser así, ¿no? ¿Acaso el deseo no tendría que ser una herramienta para conocernos mejor? Y no hablo solo del deseo sexual, sino también de nuestros sueños o de nuestros miedos. El deseo puede ser muy poderoso porque forma parte de la imaginación. Y, como la imaginación es infinita, a veces termina revelándote cosas que siempre pensaste que eran imposibles o que ni siquiera existían.
A nivel interpretativo, ¿qué ha supuesto este proyecto para ti? ¿Ha habido algún aprendizaje o reto que sientas que marcará tu carrera de ahora en adelante?
Venía de un proyecto mucho más técnico, más centrado en la estética, las marcas y alcanzar un resultado muy planificado. Días de agosto fue la oportunidad perfecta para cambiar radicalmente mi proceso creativo. Al tratarse de una propuesta mucho más sencilla y naturalista, pude disfrutar de la búsqueda y descubrir cosas dentro de la propia escena, sabiendo que nadie esperaba que llegara con una forma completamente cerrada.
Mirando tu trayectoria hasta ahora, ¿qué tipo de personajes te atraen especialmente? ¿Buscas historias que te reten o aquellas que conectan de forma más íntima contigo?
Para mí es muy importante que los personajes estén bien escritos. Cuanta más información tienen, más capas, más trabajo y más posibilidades ofrecen. Eso, para un actor, es un sueño.
No voy a negar que soy ambicioso y que me encantaría interpretar personajes que me remuevan profundamente y formar parte de proyectos muy interesantes. Pero, al mismo tiempo, cada vez soy más consciente de lo compleja que es esta profesión. Creo que necesito empezar por personajes en los que me resulte más fácil reconocerme o encontrar partes de mí. Ya habrá tiempo, cuando tenga más experiencia y más herramientas, para afrontar retos todavía mayores.
No voy a negar que soy ambicioso y que me encantaría interpretar personajes que me remuevan profundamente y formar parte de proyectos muy interesantes. Pero, al mismo tiempo, cada vez soy más consciente de lo compleja que es esta profesión. Creo que necesito empezar por personajes en los que me resulte más fácil reconocerme o encontrar partes de mí. Ya habrá tiempo, cuando tenga más experiencia y más herramientas, para afrontar retos todavía mayores.
“El deseo puede ser muy poderoso porque forma parte de la imaginación. Y, como la imaginación es infinita, a veces termina revelándote cosas que siempre pensaste que eran imposibles o que ni siquiera existían.”
La película habla mucho de las relaciones familiares y de cómo nuestros padres condicionan la forma en que entendemos el amor. ¿Qué reflexión te llevas tú sobre ese tema después de interpretarla?
Sin duda, la importancia de trabajar la inteligencia emocional. El conflicto, tanto del padre como de Juan, refleja algo que ocurre con frecuencia en nuestra sociedad y, especialmente, entre muchos hombres: sufren durante toda la película por su incapacidad para expresar lo que sienten, compartir sus miedos o decir cosas tan sencillas como ‘te quiero’, ‘te echo de menos’ o ‘me has hecho daño’. Nos ahorraríamos muchos problemas si fuéramos capaces de revisar esa dificultad y ponerle remedio. Y créeme, hay cosas mucho más complicadas en la vida que aprender a expresar lo que sentimos.
Como actor joven, ¿cómo vives la presión de una industria que a menudo exige tener muy claro quién eres y hacia dónde quieres ir?
La presión que siento está más relacionada con mantenerme dentro de la industria. Ya es muy difícil conseguir entrar, pero también lo es permanecer, evitar que se olviden de ti y conseguir que te sigan llamando para hacer pruebas. Nos repetimos constantemente lo agradecidos que deberíamos estar por dedicarnos a esto, y eso hace que muchas veces nos permitamos muy poco hablar de la presión que supone seguir en la rueda o de la decepción y la vergüenza que pueden aparecer cuando las oportunidades dejan de llegar.
Más allá de la interpretación, ¿qué inquietudes creativas te acompañan actualmente? ¿Hay otras disciplinas artísticas o historias que te gustaría explorar en el futuro?
Siempre me ha apasionado el arte en general: el dibujo, la música, la fotografía, la pintura o el diseño gráfico. Si no fuera actor, seguiría teniendo un pie dentro de esta industria. No sé si dirigiendo, escribiendo guiones o desarrollando la parte artística de un proyecto. Me encantaría pensar en el tono, el estilo y el enfoque de una película y asegurarme de que esa visión creativa se mantiene viva durante todo el rodaje.
Si pudieras definir Días de agosto en una sola sensación o imagen, ¿cuál sería? Y, sobre todo, ¿qué te gustaría que el público se llevara consigo al salir del cine?
¿Conoces esa sensación que aparece cuando termina una gran fiesta de verano en la que lo has pasado increíble, pero al llegar a casa te invade una nostalgia o una tristeza difícil de explicar, mezclada con la felicidad de todo lo vivido? Pues creo que Días de agosto es exactamente eso.
No siento que el objetivo de la película sea únicamente que el espectador empatice con los personajes. Creo que busca invitarte a entrar en una atmósfera de verano pesada, sensual y misteriosa para observar a unos personajes cuyos conflictos probablemente reconozcas en algún momento de tu propia vida. Y hacerlo sin juzgarlos, de forma reflexiva, con la posibilidad de salir del cine habiendo abrazado esas experiencias o, incluso, con ganas de transformarlas.
No siento que el objetivo de la película sea únicamente que el espectador empatice con los personajes. Creo que busca invitarte a entrar en una atmósfera de verano pesada, sensual y misteriosa para observar a unos personajes cuyos conflictos probablemente reconozcas en algún momento de tu propia vida. Y hacerlo sin juzgarlos, de forma reflexiva, con la posibilidad de salir del cine habiendo abrazado esas experiencias o, incluso, con ganas de transformarlas.

Full look LOUIS VUITTON.
