Tras las tres primeras entregas de Spider-Man en el UCM dirigidas por Jon Watts, es ahora Destin Daniel Cretton (Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos) quien toma las riendas de la franquicia. Su trabajo resulta sólido y eficaz. La nueva aventura de Peter Parker es, probablemente, la más clásica de esta etapa del personaje. Con la tía May ya fallecida y tanto MJ como Ned sin recordar quién es realmente, Spider-Man se encuentra completamente solo en una Nueva York que protege con entrega, ganándose el cariño de sus ciudadanos y convirtiéndose, por fin, en el amigo y vecino que todos esperan.
La película funciona como un importante punto de inflexión para un Universo Cinematográfico Marvel que parece recuperar parte de la energía perdida antes de Avengers: Doomsday. Además de cumplir esa función dentro del engranaje del estudio, Brand New Day es también una entretenida película de superhéroes. Sin embargo, no está exenta de problemas, aunque estos no son exclusivos de esta entrega, sino síntomas habituales de muchas superproducciones actuales.
El más evidente es la tendencia a la sobreexplicación. Los personajes verbalizan constantemente lo que está ocurriendo, lo que acaba de suceder o lo que está a punto de pasar, como si la película estuviera concebida para verse mientras el espectador presta atención a otra cosa. A ello se suma un apartado visual irregular. Más allá de algunas secuencias en las que el CGI resulta poco convincente, la fotografía carece prácticamente de personalidad. La composición sitúa casi siempre la acción en el centro del encuadre, desaprovechando el resto de la imagen. Es una decisión que parece responder a la lógica del consumo en redes sociales, donde los vídeos en formato vertical recortan precisamente esa parte central del plano. Son defectos que pesan sobre el conjunto, aunque no consiguen impedir que la película funcione. Sigue siendo una propuesta entretenida, ligera e incluso con cierto espíritu de feel-good movie.
Tom Holland ofrece, además, una de sus mejores interpretaciones como Spider-Man. Su Peter Parker es más serio, más maduro y, paradójicamente, también más reconocible. La ausencia de May, Ned y MJ obliga a la historia a encontrar nuevos apoyos. Aunque aparecen Bruce Banner, interpretado por Mark Ruffalo, y un excelente Punisher al que Jon Bernthal dota de una presencia imponente, el verdadero sostén del relato no está en los personajes secundarios. Está en el propio Peter Parker y en el conflicto entre sus dos identidades. Brand New Day apuesta por un desarrollo del personaje poco habitual dentro del UCM. Peter deja definitivamente atrás la adolescencia y comienza a asumir las responsabilidades de la vida adulta. Sigue siendo torpe, impulsivo y entrañable, pero ya no es un niño.
Es precisamente esa evolución la que convierte esta película en una de las aproximaciones más completas al personaje que hemos visto hasta ahora. Spider-Man está solo, sí, pero esa soledad también le permite descubrir quién es cuando ya no puede apoyarse en nadie más. Su futuro todavía es incierto, aunque todo apunta a que Avengers: Doomsday, prevista para este diciembre, continuará explorando ese nuevo camino.
En definitiva, Spider-Man: Brand New Day probablemente no cambie el rumbo del cine de superhéroes ni revolucione el Universo Marvel, pero sí transforma para siempre a este Peter Parker. Más maduro, más humano y más consciente del peso que implica ser Spider-Man, Tom Holland encuentra aquí la versión más convincente de su personaje. El resultado es una película clásica, entretenida y perfecta para disfrutar en una sala de cine durante el verano.
