Agosto ya está aquí. Los más afortunados hacen las maletas y desaparecen rumbo a la playa o la montaña; los bares de siempre echan el cierre, las calles se vacían de vecinos para llenarse de turistas y la ciudad parece quedarse en una especie de letargo. Para los que nos quedamos, las noches se alargan con el ventilador pegado al rostro, el portátil recalentando la tripa y la eterna pregunta: ¿qué veo esta noche? Aquí van algunas de las películas que, por una razón u otra, nos parecen perfectas para sobrevivir al mes más caluroso del año.
Para empezar el listado, ¿qué mejor que un buen slasher ambientado en un campamento de verano? Mi recomendación es Burning (The Burning, 1981), dirigida por Tony Maylam y convertida con el paso del tiempo en una pequeña película de culto del terror. Un grupo de jóvenes disfruta de sus vacaciones entre fiestas, bromas y hormonas desatadas, hasta que una figura cubierta de terribles quemaduras comienza a acecharlos desde el bosque. Escrita por Harvey Weinstein y con efectos especiales del maestro Tom Savini, la película resulta sorprendentemente fresca dentro de un género que rara vez consigue reinventarse. No alcanza la fama de otros clásicos como Viernes 13, pero precisamente por eso merece mucho más reconocimiento.
La siguiente parada nos lleva a Japón con Nicky, la aprendiz de bruja (Kiki’s Delivery Service, 1989), una de las grandes joyas del Studio Ghibli dirigida por Hayao Miyazaki. ¿A quién no le gusta imaginar el verano japonés pese a su sofocante calor? Sobrevolar un pueblo costero, escuchar el canto constante de las cigarras, pasear por calles tranquilas, asistir a un festival de verano con un yukata y convencerse durante un par de horas de que uno también podría ser una bruja. Es una película luminosa, optimista e infinitamente reconfortante. Aprovecho, además, para lanzar desde aquí un discreto llamamiento: si alguien quiere regalarme un billete a Japón, prometo aceptarlo encantado.
Ahora toca cambiar completamente de registro con En la habitación (In the Bedroom, 2001), el debut en la dirección de Todd Field. Protagonizada por Sissy Spacek, Tom Wilkinson y una magnética Marisa Tomei, es uno de esos dramas íntimos, descarnados y sorprendentemente sensuales que permanecen contigo durante días. La vida de una familia cambia para siempre al final de un verano en un pequeño pueblo costero de Maine. Poco más hace falta para construir una de las películas estadounidenses más emocionantes de principios de siglo. Las interpretaciones son extraordinarias y, cuando termina, solo apetece comprarse una casa de madera frente al mar.
Y si seguimos con los dramas, pocas películas resultan tan irresistibles para una tarde de verano como Expiación, más allá de la pasión (Atonement, 2007), dirigida por Joe Wright. No solo por su fotografía o por la elegancia con la que retrata la campiña inglesa, sino también por el inolvidable vestido verde que luce Keira Knightley, diseñado por Jacqueline Durran y considerado por muchos como uno de los más icónicos de la historia del cine. Si ya hace suficiente calor este verano, ¿por qué no subir todavía un poco más la temperatura con una historia de amor, deseo y tragedia? Pocas películas mezclan con tanta belleza la pasión y la culpa, mientras la inolvidable banda sonora de Dario Marianelli y su célebre uso de la máquina de escribir terminan de convertirla en una obra imprescindible.
Continuando con propuestas menos convencionales, llega Fat Girl (À ma sœur!, 2001), de Catherine Breillat. ¿Qué mejor que una dosis del siempre incómodo extremismo francés para animar las vacaciones? Dos hermanas completamente diferentes afrontan el despertar sexual durante un verano en el que todo parece posible. Breillat nunca ha tenido miedo de incomodar al espectador y aquí firma una de sus películas más polémicas. El cine francés siempre da conversación, así que esta es la excusa perfecta para verla con amigos, abrir una cerveza después y discutir durante horas sobre todo lo que acaba de pasar en pantalla.
Para quienes este año no pueden escaparse a la playa, siempre queda refugiarse en la ciudad con Insomnio (1998), dirigida por Chus Gutiérrez y protagonizada por Candela Peña, Cristina Marcos y María Pujalte. Sus personajes, incapaces de dormir por culpa de sus propios fantasmas, sobreviven a un verano madrileño abrasador que casi se convierte en un personaje más de la historia. Porque, seamos sinceros, ¿quién consigue dormir bien durante una ola de calor? Si tus noches se parecen demasiado a las suyas, al menos encontrarás consuelo en una película escrita e interpretada con enorme sensibilidad. Una pequeña joya oculta del cine español.
Y si lo tuyo son las vacaciones improvisadas, entonces toca recuperar La cosa más dulce (The Sweetest Thing, 2002), la comedia de Roger Kumble protagonizada por Cameron Diaz, Christina Applegate y Selma Blair. Tres amigas recorren California entre romances, fiestas y situaciones absolutamente disparatadas. Es una de esas comedias románticas descaradas de principios de los dos mil que solo quieren hacerte pasar un buen rato. Y sí, merece una mención especial su delirante número musical, imposible de olvidar una vez lo has visto.
Seguimos con las aventuras y, ya de paso, con una de las parejas más atractivas que ha dado Hollywood: Julia Roberts y Brad Pitt en The Mexican (2001), dirigida por Gore Verbinski. Aunque comparten menos escenas de las que uno desearía, su química resulta irresistible. Mientras él intenta recuperar una misteriosa pistola vinculada a una antigua leyenda mexicana, ambos terminan envueltos en persecuciones, mafiosos y un viaje constante entre México y Estados Unidos. Una aventura desenfadada ideal para el verano.
Y ya que hemos mencionado a Brad Pitt, resulta imposible no recomendar Érase una vez en... Hollywood (Once Upon a Time... in Hollywood, 2019). Quentin Tarantino recrea un Los Ángeles de finales de los sesenta tan vivo y fascinante que uno solo desea quedarse allí para siempre. Durante casi tres horas paseamos por estudios de cine, autocines, fiestas, ranchos y carreteras infinitas mientras Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Margot Robbie protagonizan uno de los grandes homenajes al Hollywood clásico. Personalmente, habría firmado encantado otras diez horas más.
Para bajar un poco las revoluciones, toca reivindicar una auténtica joya del cine independiente estadounidense: Pieces of April (2003), dirigida por Peter Hedges y protagonizada por Katie Holmes. Aunque la historia transcurre durante Acción de Gracias y no en verano, pocas películas retratan con tanta honestidad las dinámicas familiares. Entre discusiones, reconciliaciones y pequeños gestos cotidianos, construye un retrato tan sincero que cualquiera reconocerá algo de su propia familia. Y seamos honestos: después de varios días compartiendo apartamento o casa de vacaciones con padres, hermanos y primos, nunca viene mal recordar que el cine también ha pasado por ahí antes que nosotros.
Para terminar, una de las mejores películas españolas de la última década: Que Dios nos perdone (2016), dirigida por Rodrigo Sorogoyen y protagonizada por Antonio de la Torre y Roberto Álamo. En pleno verano madrileño, asfixiante hasta decir basta, dos policías persiguen a un asesino en serie conocido como ‘El mataviejas’ mientras la ciudad se prepara para la visita del papa Benedicto XVI. Religión, violencia, corrupción y dos protagonistas marcados por sus propios demonios componen un thriller impecable. Si el calor de Madrid ya da miedo por sí solo, Sorogoyen consigue convertirlo en una de las atmósferas más inquietantes del cine español reciente.
Y, para poner el broche final con un poco de música, es imposible no recuperar La llamada (2017), el debut cinematográfico de Javier Ambrossi y Javier Calvo. Si este ha sido el año de Los Javis y de una imparable Anna Castillo, qué mejor momento para volver a la película que terminó de convertirlos en un fenómeno popular. Adaptación de su exitosísimo musical teatral, la historia de dos adolescentes en un campamento religioso que descubren el amor, la fe y a sí mismas al ritmo de Whitney Houston sigue funcionando con la misma frescura que entonces. El reparto, formado por Anna Castillo, Macarena García, Belén Cuesta, Gracia Olayo y Richard Collins-Moore, derrocha un salero que durante años llenó temporada tras temporada los teatros de Madrid antes de conquistar también la gran pantalla. Además de regalar algunas de las canciones más pegadizas del cine español reciente, La llamada acercó a toda una generación de espectadores a un grupo de actrices extraordinarias que hoy forman parte del panorama interpretativo español. Porque el verano también pide cantar a pleno pulmón, aunque sea con el ventilador como único público.