Pantalones anchos, sombreros, grillz, cadenas y mucho brillo delante de una cámara que gira alrededor del magnetismo del hip hop y el R&B de los 2000. MDA explora el new jack swing, el pop y una nueva colección de pasos prohibidos. Y no es una sorpresa, el de Ponfe ya ha demostrado ser uno de los artistas más polifacéticos de nuestra generación en el underground estatal. Y con su nuevo lanzamiento, Mil días amando, se aleja del trap para volver a cambiar de piel, dándole otro giro a su movida y a su estética, demostrando que, por más críticas que reciba, no va a dejar de experimentar y cruzar nuevos horizontes.
Cuando rozas la perfección y reúnes en masa a un sector de fans enloquecidos puede suceder lo que lleva años pasando con MDA. Se adueñó de un sonido concreto, lanzando muchos (muchísimos) proyectos y explotando al máximo el registro. La fusión del trap experimental y el hyperpop le hizo marcar una época, pero, como todo, se quemó el género. Y parece que cuando ha querido romper con eso y salirse del todo, si no funciona de primeras, se le ha exigido permanecer eternamente en el mismo sitio. No es nuevo, MDA lleva tiempo jugando con esa contradicción. Durante su primera etapa consiguió trascender su propia escena y marcar una época con discos como RS4L o ^^7^, que siguen ocupando un lugar especial en la memoria de sus fans, y no es para menos. Su estilo acabó influyendo en buena parte de la generación urbana que vino después.
El problema de construir un universo tan reconocible es que, cuando decides abandonarlo, siempre aparece alguien dispuesto a recordarte que ‘molabas más antes’. Y cuesta explorar otras fórmulas con la mosca detrás de la oreja diciendo que tus mejores canciones ya las has publicado. Es fácil hacer otras cosas, lo verdaderamente chungo es volver a encontrar el éxito. MDA lleva unos años lanzando música a un ritmo frenético, surfeando diferentes vertientes del trap, el reggaetón, el drill y otros terrenos que para muchos, yo incluido, han sido rocambolescos. Esa abundancia ha hecho que algunos de sus trabajos se perciban como menos redondos, restándole seriedad, aunque con el trap de Molly World se reconcilió con la crítica general y en Mil días amando demuestra que sigue teniendo una capacidad enorme para construir proyectos desde su genial personalidad.
En este nuevo álbum se pone el traje del R&B de los 2000. Pero ojo, porque hablar únicamente de eso sería quedarse sumamente corto. Mil días amando es muchas cosas, pero, sobre todo, un disco de new jack swing: esa fusión entre hip hop y R&B que también choca con destellos del pop, ritmos dance y unos cuantos detalles que siguen sonando inequívocamente a MDA. Un álbum hijo de Bobby Brown, con ecos de Boyz II Men y Whitney Houston, que parece diseñado para recuperar la estética de aquellos videoclips de la MTV en los que todo brillaba, desde las joyas hasta los dientes del protagonista.
La transformación también se nota en la imagen. Los pantalones anchos, los sombreros, los brillantes y toda esa fantasía de estrella no son un simple cambio de vestuario: le hemos visto bailar como nunca en los vídeos del álbum y en la Gallery Sessions. Son una manera de revestir las influencias del M, que siempre han estado más cerca del trap de Atlanta, con otro lenguaje visual y musical. MDA se permite ser mucho más pop y volver a ser mucho más melódico, sin renunciar a sus letras características, las inflexiones y la forma de construir sus canciones. Y basta escuchar Nerviosa, uno de los adelantos y el ‘hitazo’ del proyecto, para entender por dónde van los tiros.
El disco empieza a desplegar sus diferentes caras con Bonita & Sofisticada, donde destacan las voces de Abril, una joven artista de Barcelona que participa en el álbum y aporta una sensibilidad melódica que encaja especialmente bien con esta nueva dirección. Su presencia también se hace notar en Hechizo, reforzando ese componente pop y romántico que atraviesa el proyecto. Además, su aportación destaca por ser la única voz diferente a la de Marcos en todo el álbum.
¿Quién es quién? y El refrán contribuyen a construir ese universo sentimental en el que las relaciones, las dudas y las contradicciones tienen tanto peso como las propias melodías. Por mucho que el título pueda hacernos pensar en un disco de amor romántico, aquí amar no siempre significa estar bien. Podemos verlo en GASLiGHTiNG y Tu Gigolove, tracks que continúan explorando las diferentes caras de las relaciones, mientras el álbum se mueve entre el deseo, el desamor y esa necesidad de seguir adelante incluso cuando las cosas no salen como esperábamos. La diferencia es que ahora todo parece pensado para la pista de baile. Hay algo especialmente interesante en esa mezcla: canciones dentro del disco que pueden sonar brillantes mientras hablan de emociones bastante más complejas.
Uno de los mejores ejemplos de las fusiones de géneros que tiene el LP es Yo + Nadie, que fluye casi como un tema de la última etapa de Tupac, con una base y una voz muy hip hop y detalles de R&B a full. Y en medio de todo aparece una frase que resume buena parte del mensaje del álbum: “mil días amando aunque sea en el espejo”. Amar incluso cuando no hay nadie al otro lado; hacerlo desde el desamor, desde el propio odio o desde esa relación complicada que mantenemos con nosotros mismos. Amar a los demás y a lo que nos rodea, vengan como vengan. La paradoja es que, cuando todo parece desmoronarse, quizá la primera persona a la que necesitamos volver a querer somos nosotros mismos. El cierre llega con Llamada perdida, que recupera un R&B más clásico y pone fin al recorrido desde una sensibilidad mucho más reposada.
Quizá lo más interesante de MDA sea que, después de haber marcado una época y haber influido en toda una generación, todavía parezca más interesado en descubrir qué puede hacer que en repetir lo que ya sabe que funciona. Es evidente que la nostalgia por su etapa hyperpop seguirá ahí, y también es legítimo exigirle un nivel a alguien que ha firmado discos tan importantes para sus fans y el público general. Pero creo que hay que valorar Mil días amando. El de Ponferrada sigue explorando, mezclando influencias y diseñando caminos nuevos, aunque eso implique dejar atrás una fórmula que muchos querrían recuperar. Y a la que, al fin y al cabo, siempre puedes volver en su Spotify. Al final, quizá la pregunta no sea si el MDA de antes era mejor, sino cuánto nos estamos perdiendo por esperar que vuelva.
Track favorito: Nerviosa.