Hay discos que anuncian el fin del mundo con guitarras fuertes y looks estrafalarios, y otros que lo hacen desde el sofá, con el móvil en la mano y una factura pendiente.
Falto de consuelo y oro, el nuevo trabajo de
Marcelo Criminal, pertenece a la segunda categoría. El músico murciano lleva desde 2016 levantando un pequeño universo lo-fi a base de canciones caseras y confesiones sin filtro. Ahora vuelve con trece temas que contemplan el colapso irremediable.
El título funciona como una declaración de intenciones. El oro es el dinero que no llega, la economía que se tambalea y el planeta que se agota. El consuelo es lo que falta en la intimidad. ¿Qué queda cuando faltan las dos cosas? Entre ambas carencias se mueve una generación que ya no da por hecho que llegará a vieja con calma (ni con casa, ni con dinero suficiente). El propio Marcelo lo resume con ironía: un disco sobre abandonar las redes, enamorarse y descubrir que uno no es tan buena persona como creía.
El hilo conductor es Hulk, el personaje que Stan Lee y Jack Kirby crearon en 1962 y que convertía su enfado en fuerza bruta. Marcelo se apropia de él con humor. ¿Qué haría falta hoy para que un chico corriente se volviera verde? Ya no un accidente de laboratorio. Basta con pagar un alquiler imposible, cargar con las heridas que dejó la familia, haber leído demasiado sobre estilos de apego y saber que 2030 está a la vuelta de la esquina. La metáfora le sirve para hablar de una ira escondida y silenciosa, la de quien quiere cambiar las cosas pero no sabe por dónde empezar.
Las referencias atraviesan el disco y dibujan un pequeño mapa de afinidades. En Romance del prisionero (Hulk 2), el preso del romance medieval ya no mira por la ventana de su celda, sino hacia un futuro climático que asusta. Solenoide bebe de la novela de Mircea Cărtărescu y se queda suspendida, como quien intenta levantar el vuelo y no termina de conseguirlo. s06e03, guiño a un episodio de Buffy, cazavampiros, se pregunta cuándo el deseo de rescatar a alguien se convierte en una trampa para uno mismo. En Organízame el apego, Juana García le acompaña a revisar, sin prisa, lo que heredamos en el terreno sentimental.
En lo sonoro, Marcelo no se aparta de su camino. Los teclados MIDI le dan un aire frágil, casi de juguete, y en No tiene pinta una melodía de guitarra amable acompaña algo bastante triste: aceptar que tener casa propia no entra en los planes. Hay, aun así, algún desvío, como Chimeneas, donde el ruido sube y la canción coquetea con el emo. ¿Qué ha cambiado desde La última casa de apuestas? El apocalipsis ha dejado de ser un escenario imaginado y se ha mudado al día a día.
Puede que lo más interesante del disco esté en sus pausas. La penúltima canción, dedicada a su pareja, aparta por un momento el colapso y la furia, aunque no del todo. Lo hace con un guiño a The Smiths, maestros de la furia silenciosa. En There Is a Light That Never Goes Out, Morrissey canta: “to die by your side, it’s such a heavenly way to die”, mientras que Criminal replica: “si no te gusta España / podemos probar en Leeds / morir atropellados por un bus no es tan mal fin”. Lo único que importa, por un momento, es ella y cómo construir una vida juntos, aunque todo lo demás parezca desolador. Parece funcionar como una especie de moraleja. ¿Qué nos sostiene cuando todo se viene abajo? Quizá los pequeños momentos y las esperanzas banales, como mudarse con alguien a quien quieres. Quizá la única felicidad que podemos tocar, en este mundo tal como está, sea esa.
El cierre, Hulk final, contesta al conjuro de Te lo dije: el relato pasa de la amenaza a las cajas de mudanza. El protagonista hace las maletas y deja Murcia antes de que su enfado acabe con ella. ¿Quién no ha soñado con irse de su ciudad porque ya no puede más?
Falto de consuelo y oro no pretende salvar el mundo ni se parece a esos personajes de película que recorren las calles vociferando que el final está cerca. Es la foto de una generación que intenta abrirse paso entre los escombros con lo que tiene a mano: referencias pop, una guitarra, algo de humor y muchas preguntas sin respuesta. ¿Alcanza con eso? Probablemente no. Pero mientras el mundo se termina, al menos suena algo.