Aún faltaba media hora para que empezara el show en la Sala Apolo de Barcelona y ya había quien estaba pendiente de lo que pasaba detrás del telón. Lo que no sabían era que lo estarían hasta la tercera canción, con la que por fin asomó una pandereta. La mano que la sujetaba, la de Tristán!. Se abrió el telón, un haz de luz lo iluminó y se pudo ver a un muchacho repeinado, con camisa blanca y antifaz negro, que cantaba como si le diera un poco igual todo. La noche de bailes tristes había comenzado oficialmente.
Tras cuatro años alimentando nuestra expectación a base de singles y un EP, en octubre de 2025 sacó su álbum debut. Es un modus operandi que demuestra un claro rechazo a la cultura de la inmediatez y que pone en valor un ritmo de trabajo más pausado. Así fue el concierto principalmente: un tranquilo repaso de este nuevo LP junto a The Jazz Band Air. De esta manera, pudimos ver a un Tristán! un poco menos triste, más gritón, pero, en esencia, igual de sosegado.
Mapamundi fue la primera canción en sonar. Yo me sentía a los mandos de la Vostok 1, navegando un espacio repleto de sentimientos encontrados. Y es que la música de Tristán! transmite una melancolía reconfortante. No sabes muy bien si debes estar triste o contento. Las letras te dicen una cosa y el ambiente, cargado de ilusión, te indica lo contrario. Sientes que te acaban de romper el corazón, aunque tu último amor se acabase hace cinco años. Y el muy canalla, mientras tratas de gestionar todo esto, te cuela temas como Tutta La Notte y consigue ponerte a bailar.
“Vivir como en una película…”, coreaba una ruidosa mayoría. Y así se sentía. Aquella noche, Tristán! parecía un artista de los de antes, de esos que consiguen que las parejas se abracen y bailen lento. Fue algo íntimo, oscuro y enigmático. Casi no se veían móviles grabando, excepto cuando sonó Verónica, momento en el que muchxs no pudieron evitar la tentación, igual que cuando versionaron Cheerleader.
Teo Planell, Roy Borland y el resto de los talentos que conforman la banda nos regalaron una buena dosis de psicodelia, movimientos excéntricos y hasta una nueva canción. La complicidad entre ellos era brutal, igual que la que tenían con el público. Las chaquetas de cuero se movían a ritmo de pop, y sus dueñxs cantaban hasta en italiano.
La noche cerró con Green Love y, ante las súplicas de lxs presentes, repitieron Life Is A Movie. Tristán! dijo que aquello iba de “una banda buena y un pibe que canta mal”, así que, si eso es lo que significa no saber cantar, ojalá nadie vuelva a pisar una clase de solfeo.





