Si alguna vez has amado, perdido, o dudado del cambio, este es tu disco. Teo Planell presenta su álbum debut, Demian, cuya intención es tocarnos el corazón con canciones que exploran las incertidumbres del ser humano y celebran el cambio. En esta entrevista, el artista madrileño nos guía a través de su nuevo proyecto, recién salido del horno, un viaje sonoro que combina introspección y energía, llevándonos a explorar emociones profundas y acompañándonos mientras abrazamos juntos nuestro propio renacer. Permítete sentir con lo mejor de este lanzamiento y deja que cada canción te conmueva.
Hola, Teo, ¿cómo va todo?
Muy bien.
En solo ocho horas sale tu nuevo álbum, Demian, que me ha encantado.
Oye, gracias, me alegro muchísimo.
¿Estás emocionado?
Es una sensación rara. Estoy nervioso pero muy emocionado. Hay un poco de euforia en mi cuerpo, de excitación y, a la vez, cierto desapego a un disco que llevo haciendo tantos años. Pero sí, entre nervioso y abrumado pero sobre todo con muchas emociones. Es muy loco porque yo no tengo ni idea de cómo va a ser recibido. Una gran parte de mí piensa que nadie va a pillar mi disco por alguna razón. No sé por qué… Ha sido un boom de entrevistas, de conocer a periodistas, y la verdad es que está gustando mucho. Es muy bonito porque de veras no me lo esperaba.
Claro, entiendo. Aparte, ya conocemos adelantos como Me vas a matar, Radio y Cómo pensarte mal. ¿Qué representan estos tres temas dentro del conjunto del disco y por qué los elegiste para hacer una vista previa?
Soy muy malo eligiendo singles, pero no creo que sea un factor esencial a la hora de considerar el valor artístico de un disco, sino que algunas canciones funcionan mejor como carta de presentación hacia el público. No lo digo en un aspecto a nivel de éxito, sino en el sentido de que causen un mínimo impacto positivo de primeras. Entonces, Me vas a matar y Radio son las más pop del disco, por así decirlo. Las que tienen un estribillo más marcado.
Siento que podría haber elegido cualquier single porque cada canción representa una fase distinta. Pero si hablamos de algo que se sienta más como un golpe en la mesa, diría que son las canciones con estribillos grandes. Los otros temas quizá sean un poco menos catchy, pero están muy guay igualmente.
Siento que podría haber elegido cualquier single porque cada canción representa una fase distinta. Pero si hablamos de algo que se sienta más como un golpe en la mesa, diría que son las canciones con estribillos grandes. Los otros temas quizá sean un poco menos catchy, pero están muy guay igualmente.
Has elegido titular tu primer álbum Demian en referencia a la novela de Hermann Hesse. ¿Cómo dialoga la literatura con tu proceso creativo? ¿Lees mientras compones o surge después, como un eco de tus creaciones?
Pues verás, en este caso, me leí el libro de Hesse con unos trece años, pero no era el momento de mi vida en el que más me podía afectar porque aún era muy pequeño. Creo que la novela habla justo de ese momento en el que dejas atrás un mundo de tanta protección, tanta comodidad, unas leyes inquebrantables de seguridad, amor y luz, y de repente te expones a un mundo mucho más salvaje, amenazador, pero paradójicamente mucho más armónico y profundo. Es un reto porque la vida avanza demasiado rápido, y aunque te preparan para muchas cosas en el colegio o tus padres, no hay institución ni persona que te pueda preparar para el miedo a la muerte o la soledad. Son cosas enormes que te llegan sin darte cuenta y que todos hemos aprendido a base de golpes.
Cuando releí Demian a los dieciocho años, estaba justo en un proceso de empezar a trabajar en lo que intuía que sería mi primer disco largo. Me sentí directamente interpelado por la historia de Hesse y por cómo planteaba estas cuestiones. Me impactó mucho cómo él, ya adulto escribiendo el libro, recordaba tan lúcidamente ese momento concreto de la juventud. Me pareció una labor preciosa que hubiera lanzado este libro a chavales que pensaban, como yo, que nadie más entendía ese tipo de sufrimiento.
Con mi disco me di cuenta de que podía acompañar ese mismo mensaje para gente que estuviera pasando por procesos de soledad o crecimiento personal. En este caso fue así, pero después, todo lo que leo influye en lo que hago, más bien de manera indirecta que directa.
Cuando releí Demian a los dieciocho años, estaba justo en un proceso de empezar a trabajar en lo que intuía que sería mi primer disco largo. Me sentí directamente interpelado por la historia de Hesse y por cómo planteaba estas cuestiones. Me impactó mucho cómo él, ya adulto escribiendo el libro, recordaba tan lúcidamente ese momento concreto de la juventud. Me pareció una labor preciosa que hubiera lanzado este libro a chavales que pensaban, como yo, que nadie más entendía ese tipo de sufrimiento.
Con mi disco me di cuenta de que podía acompañar ese mismo mensaje para gente que estuviera pasando por procesos de soledad o crecimiento personal. En este caso fue así, pero después, todo lo que leo influye en lo que hago, más bien de manera indirecta que directa.
¿Cambió mucho tu perspectiva cuando releíste el libro por segunda vez?
Sí, sin duda. Me encontraba en el momento perfecto para leerlo. Claro está, la primera vez me gustó mucho: me parece un libro muy bonito, bien escrito, y sus ideas me parecieron interesantes. Pero esta vez me vino como anillo al dedo. Me sentía completamente identificado con el protagonista, Emil Sinclair. Me sentía igual que él.
En una entrevista anterior con ACERO dijiste: “Ahora he pasado por este proceso de darme cuenta de que no pertenezco a una corriente más experimental y que me gusta más consumir o crear algo clásico, entendiéndolo como algo melódico y armónico”. Aun con esa reflexión, en tu música aparecen elementos que se alejan de lo clásico. ¿Es una contradicción buscada o un proceso natural? Y, en ese sentido, ¿cómo se traduce esta idea en tu manera de componer o producir canciones?
El disco lo he estado haciendo durante cuatro años. Empecé a los dieciocho, ahora tengo veintiuno, y finalmente está saliendo. En él se reflejan etapas de mi vida en las que resonaban mucho más ciertos elementos experimentales en mi forma de hacer música. Pero cuando hice esa entrevista ya había creado esas canciones experimentales; simplemente están saliendo ahora. Hacer un disco es un proceso muy largo.
Ahora estoy en un punto mucho menos experimental o digital que el de algunos pasajes del disco. Sé que mi siguiente trabajo va a ser aún más orgánico y no tendrá tanto de ese lado experimental. Pero me parece bonito que un disco que habla de crecer, de dejar atrás un mundo y abrirse al siguiente, también lo refleje en su forma. Que haya partes que resuenen con un yo que ya no existe me parece algo valioso y coherente con el mensaje del disco.
Ahora estoy en un punto mucho menos experimental o digital que el de algunos pasajes del disco. Sé que mi siguiente trabajo va a ser aún más orgánico y no tendrá tanto de ese lado experimental. Pero me parece bonito que un disco que habla de crecer, de dejar atrás un mundo y abrirse al siguiente, también lo refleje en su forma. Que haya partes que resuenen con un yo que ya no existe me parece algo valioso y coherente con el mensaje del disco.

¿Crees que es un Teo que ya no existe o que ha evolucionado a una persona muy distinta?
Inevitablemente sigo siendo Teo pero, por otro lado, mis células de hace cuatro años se habrán regenerado por completo. Clínicamente, quizá no sea exactamente el mismo, pero también creo que si espiritualmente fuera la misma persona que hace cuatro años estaría haciendo algo mal.
Al escuchar tu álbum se siente un aire nostálgico pero esperanzador y sobre todo una cierta carga romántica. Frases como “toma mi alma y quédatela” o títulos como Dormir en tus manos y Me vas a matar revelan la dirección en la que va. ¿Quisiste hablar del amor desde el principio o esa intención se fue desarrollando poco a poco?
Fue una época de mi vida en la que me resultaba muy fácil hablar del amor. En el disco también hablo de una ruptura que me hizo crecer mucho. El amor y el desamor siempre pueden ser grandes puntos de inspiración y de aprendizaje. Considero que el desamor tiene mala fama y que es tóxico verlo como algo inherentemente malo. Desde mi punto de vista aprendes mucho si sabes dónde mirar, y fue justamente ese desamor la raíz de ese aprendizaje.
No podría elegir una canción favorita porque siento que en distintos momentos voy a conectar con cada una de manera diferente. ¿Cuál dirías que es la que más le va a gustar al público? ¿Y cuál te gusta a ti?
Creo que Me vas a matar tiene el potencial de llegar a más personas, sobre todo por el estribillo, que me parece muy inspirador. Pero no lo sé con certeza. Personalmente, la que más me gusta es La espiral. Me gusta especialmente porque fue el último que compuse en todo el proceso y expresa con más claridad quién soy ahora.
Idear y crear un álbum puede ser un proceso exhaustivo pero placentero, ¿Cómo te has sentido? ¿Has tenido sentimientos encontrados o momentos difíciles?
Sí, he vivido momentos con emociones muy variadas. Cuatro años es mucho tiempo, y cabe una locura de cosas: mi vida en casa, el disco, quién era yo, dónde estoy ahora, mis amigos, gente que ha pasado por mi vida, etc. He cambiado muchísimo. He tenido momentos de amar una canción, olvidarla, meses después quitarla del disco y luego recordarla y pensar, oye, no estaba tan mal, y volver a meterla.
Es un disco que ha mutado muchísimo. No han sido unos años perfeccionando las mismas once canciones; ha sido un proceso en el que el proyecto ha ido evolucionando. Cuando empecé a escribirlo tenía ideas que, ahora, pensándolo, menos mal que se quedaron por el camino. Ha sido un proceso muy largo pero necesario.
Es un disco que ha mutado muchísimo. No han sido unos años perfeccionando las mismas once canciones; ha sido un proceso en el que el proyecto ha ido evolucionando. Cuando empecé a escribirlo tenía ideas que, ahora, pensándolo, menos mal que se quedaron por el camino. Ha sido un proceso muy largo pero necesario.
¿Dirías que has tenido algún descubrimiento musical mientras trabajabas en este disco? ¿Quizás algún artista que no conocieras y te haya influenciado de alguna manera?
No creo. Lo que más refleja el disco es la música que me gustaba antes de crearlo. Por ejemplo, tiene muchas cosas de Bon Iver y de los Beatles, que es de lo que he mamado desde pequeño. Tiene partes que recuerdan a los Beach Boys e incluso un poco a Frank Ocean. La última canción, sin haberlo planeado, puede tener algo de ese estilo.
Ahora, en este punto vital en el que estoy, debo mucho más a Bon Iver, a los Beach Boys y a Frank Ocean, pero en aquel momento, cuando estaba más abierto a la experimentación y a una música más digital, todas esas referencias más modernas también podían entrar.
Ahora, en este punto vital en el que estoy, debo mucho más a Bon Iver, a los Beach Boys y a Frank Ocean, pero en aquel momento, cuando estaba más abierto a la experimentación y a una música más digital, todas esas referencias más modernas también podían entrar.
Otras veces has comentado la influencia de estos grupos, igual que los primeros Bee Gees e incluso Sufjan Stevens, que personalmente es uno de mis favoritos.
Su fjan Stevens es realmente brutal.
Totalmente. Aparte, estos grupos poco a poco se van haciendo más populares en nuestra generación. ¿De qué forma conectas con ellos? Porque son muy distintos entre sí. ¿Cada uno conecta con algo diferente en ti?
Claro, es justo eso. Ninguna persona va a tener exactamente los mismos diez artistas favoritos que otra, o bueno, sí, porque somos pocos en el mundo, pero me refiero a que en la amplia selección de cada uno se puede reflejar todo su espectro espiritual. Por ejemplo, si a alguien le gustan los Beatles, Montserrat Caballé, John Cage, Bb trickz y João Gilberto, evidentemente es una persona muy concreta que vibra con ciertas cosas, con un espectro muy particular. Me parece bonito cómo se puede entender a alguien a partir de sus gustos musicales tan distintos.

Es muy curioso, sí. Es crucial comentar que en tus canciones se percibe una sensibilidad narrativa muy romántica y visual, casi cinematográfica. Creciste rodeado de cámaras y guiones y hasta diste vida a Zipi en Zipi y Zape, que recuerdo ver de crío.
Muy fuerte.
¿Sientes que esa experiencia a tan temprana edad te influye en la manera en la que concibes la música y en cómo cuentas historias dentro de Demian?
Absolutamente. De hecho, me considero un privilegiado, no económicamente, sino porque mis padres son artistas que entienden su oficio como algo que no pueden no hacer. Es tan difícil vivir del arte que hay que agarrarse con uñas y dientes a las oportunidades que surgen, sin dejar de escribir ni de pensar en términos de arte.
Yo he heredado esa pasión, esa visión romántica, porque el arte es romántico por naturaleza. Es desinteresado. Otra cosa es que luego haya una respuesta comercial. En su esencia, el arte no necesita capitalizarse. Eso es lo que he aprendido a lo largo del tiempo. Crecer con tanto respeto al arte, especialmente al cinematográfico, que es el de mis padres, me ha hecho concebir mis canciones de una manera muy particular. Yo mismo me he dado cuenta de cómo se refleja ese punto de vista cinematográfico en mi música.
Siempre me ha apetecido, antes o después, ponerme a dirigir una película, y creo que esa vena se ve inevitablemente volcada en mis canciones. Para mí son, de alguna forma, pequeñas películas.
Yo he heredado esa pasión, esa visión romántica, porque el arte es romántico por naturaleza. Es desinteresado. Otra cosa es que luego haya una respuesta comercial. En su esencia, el arte no necesita capitalizarse. Eso es lo que he aprendido a lo largo del tiempo. Crecer con tanto respeto al arte, especialmente al cinematográfico, que es el de mis padres, me ha hecho concebir mis canciones de una manera muy particular. Yo mismo me he dado cuenta de cómo se refleja ese punto de vista cinematográfico en mi música.
Siempre me ha apetecido, antes o después, ponerme a dirigir una película, y creo que esa vena se ve inevitablemente volcada en mis canciones. Para mí son, de alguna forma, pequeñas películas.
Tus padres, si no me equivoco, son actores. O al menos trabajan en el mundo del cine, que es bastante distinto aunque tampoco opuesto al de la música.
Claro, no conocen nada del mundo de la música. Saben de arte, pero no de música. Eso sí, se volcaron mucho en cuidar mi sensibilidad, reconocerla y potenciarla. Me ponían instrumentos cerca y notaban si me apetecía tocar un piano, aunque fuera de manera muy básica, y notaban en mí un sentido embrionario de la musicalidad en la forma en que jugaba con los sonidos.
Podría haberme cansado por el camino, pero siempre estuve muy conectado con tocar y aprender. Fui a escuelas de música de pequeño, de lenguaje musical, de solfeo, etc. y esas experiencias fueron mi primer acercamiento real a este mundo.
Podría haberme cansado por el camino, pero siempre estuve muy conectado con tocar y aprender. Fui a escuelas de música de pequeño, de lenguaje musical, de solfeo, etc. y esas experiencias fueron mi primer acercamiento real a este mundo.
¿Te gustaría volver a actuar, o de momento estás más centrado en tu carrera musical?
Tengo la suerte de poder vivir de la música ahora mismo, estoy en un momento muy privilegiado. Puede cambiar todo en cualquier instante; en esta profesión, un día estás arriba y al siguiente ya no. No siempre tienes la suerte de poder vivir a través de lo que amas, así que ahora que la tengo, no tengo intención de aceptar trabajos como actor o buscar cosas que no me interesen. Tengo la ventaja de poder estar atento y esperar. Puedo ir construyendo muy poco a poco, a paso de tortuga, una carrera como actor en proyectos que me estimulen.
Me pregunto qué diría el Teo de diez años de todo lo que has vivido, desde tus inicios en el cine hasta tu primer álbum.
Desde luego, le emocionaría muchísimo ver en lo que me he convertido y lo que hago. Estaría orgulloso.



