Según la RAE, la anomia es la ausencia de leyes. Ruslana se cansó de las reglas que otros tenían para ella y decidió embarcarse en un disco donde explora electrónica, rock, pop y, por supuesto, cuál es su propio norte. La cantante hispano-ucraniana lanzó su segundo álbum de estudio el pasado nueve de octubre. ANOMIA no es una búsqueda de la anarquía total, sino que constituye una búsqueda de las reglas propias cuando todas las aprendidas ya no tienen sentido para nosotros.
Tres pilares entrelazados: las baladas, el pop rock y la electrónica conforman el nuevo manifiesto de Ruslana. Con la imprescindible participación del colectivo 1111 en coproducción y producción, y la composición de D3llano y el vanguardista Nico, el proyecto resulta el más introspectivo de la artista hasta ahora.
La balada apostarlo todo corona el lanzamiento del disco con un videoclip que nos recuerda a la Miley Cyrus de Can’t Be Tamed y con una trama que remite a una versión rock de It’s My Party. Porque ¿quién no se ha sentido solo en la fiesta? El momento en el que la compañía deja de acompañarnos y nos encontramos solos parece ser el inicio de ANOMIA, una búsqueda pero también una ausencia que nos hace replantearnos todo. Construir una identidad asusta, aún más cuando no has tenido la privacidad para hacerlo. Después de una vida entera bajo los focos, tanto como participante de La Voz Kids como de Operación Triunfo, ¿qué es lo que queda? ¿Cómo saber quién eres?
Al volver a unos orígenes más rockeros, ANOMIA busca una profundidad que no consigue del todo, pero quizás ahí esté su gracia: es el disco de alguien que todavía se está haciendo las preguntas, no el de quien ya tiene las respuestas.
Lejos de una evolución en línea recta, ANOMIA avanza a base de contrastes. Abre y cierra con pop electrónico, de favorita de la vida a desencanto, como si la pista de baile fuera el único lugar seguro desde el cual mirar al vacío sin que este te mire de vuelta. En el medio se permite desvíos que en GÉNESIS habrían sido impensables. mi vocablo es el momento más punk del disco, el más sucio y el que mejor encarna ese hartazgo de las normas ajenas, mencionando, de cierta manera, los orígenes y la identidad adoptada.
Que una de las canciones se llame superstar no es casualidad, y poco tiene que ver con Aitana. Ruslana sabe lo que es crecer con una cámara delante, y ANOMIA tiene algo de ajuste de cuentas con esa imagen pulida de chica perfecta que la televisión le pidió durante años. El disco no siempre encuentra las palabras exactas para nombrar esa incomodidad, pero se nota la necesidad de dejarla ver. Por primera vez, las letras parecen escritas desde adentro y no para encajar.
desencanto cierra el álbum y también un recorrido que podemos leer como inicio, cambio y evolución: GÉNESIS, CATARSIS y ahora ANOMIA. Por eso el disco se siente menos como un punto de llegada que como una puerta entreabierta. No es un trabajo redondo y probablemente tampoco quiere serlo. Es irregular, a ratos más intenso que hondo, pero también es el más honesto de una artista joven que decidió dejar de pedir permiso. En un momento en el que todo el mundo se plantea “eras” perfectas en las que todo tiene que encajar, ANOMIA se permite dudar como cualquier otra chica de su generación.
Casi 28 minutos de pura energía componen el disco que nos pasea por un abanico de estados emocionales sin bajar los decibelios. Desamor, dudas, construcción personal y fama son temas presentes en ANOMIA y todas las canciones que los abordan son perfectas para bailar en el cuarto pensándonos superstars. Y también podremos hacerlo en directo, porque ya están confirmadas las fechas de la gira de presentación del disco. Podríamos llamarle el ANOMIA TOUR, ya que estamos.
Track favorito: mi vocablo.