Música, performance, cuerpo y exploración sonora se dan la mano en el trabajo de Meritxell de Soto, una de las voces más enriquecedoras de hoy. Artista por vocación y formación (desde el rigor del conservatorio hasta las enseñanzas más liberales de la danza y las artes escénicas), en cada proyecto en el que se mete, ya sea un DJ set en un club, involucrarse en un colectivo queer como Me Siento Extraña, o hacer la curaduría de una fiesta para una institución como el CCCB de Barcelona, Meritxell rompe el canon y lo normativo, trabajando desde la brecha.
Entrevista extraída de ACERO vol. 13, publicada en mayo de 2026. Hazte con tu copia aquí.
Todo eso la ha convertido en una apuesta segura para Jägermusic, que la ha incluido en su roster de artistas de 2026. Y no es para menos. Durante más de una década, la plataforma ha tomado el pulso a la escena, poniendo especial foco en aquellos artistas que tienen más proyección. Es por eso que nos sentamos con Meritxell para hablar de música, videojuegos, internet y la escena underground de Barcelona.
Hola, Meritxell, es un placer hablar contigo. Pasaste diez años en el conservatorio y terminaste agotada de la música. ¿Qué queda de esa disciplina académica en tu forma de desconstruir ritmos a día de hoy?
Se me ha quedado mucho la necesidad de entender la norma para poder romperla. Creo que es algo que marca mucho mi sonido y mi proyecto en general. Durante mi adolescencia leí mucho y me obsesionaba mucho el canon, me obsesionaba entender el canon para salir de él y ver a qué le estaba llevando la contra. Y creo que esto es una gran marca tanto a nivel conceptual como a nivel sonoro de mi proyecto.
Esa postura me recuerda a la de Rosalía, que también ha defendido siempre que cuanto más conocimiento musical y teórico acumula, más libre se siente para crear. Muchas veces se plantea esta duda, sobre si no haber estudiado también hace que no te rijas por ciertas ataduras o incluso prejuicios.
Es muy interesante en música porque es un medio accesible. Hay mucha gente que hace música sin tener una base académica y son increíbles. Pero creo, y esto lo pienso en general en lo creativo, que la falta de referentes te hace hacer cosas que sientes que son especiales, pero que muy probablemente ya se han hecho antes. Entonces no estás sumando a algo que va más allá de ti, a un universo o ecosistema, sino que simplemente estás haciendo tu aportación desde tu yo, desde tu pensamiento hiperindividualista. Y eso para mí no es interesante.
Has mencionado que tu trabajo es la intersección entre el cuerpo y el sonido, ¿hay algún momento exacto de una sesión o de una performance en que esa frontera desaparezca?
Me gusta cómo has formulado la pregunta, eso del ‘momento exacto’, porque me obliga a hacer un ejercicio de reflexión. Justamente digo la intersección porque una cosa depende de la otra, hay un diálogo constante entre los dos elementos. Si tuviera que señalar un momento exacto, igual diría aquellos momentos en los que tengo una estructura tan asumida que no tengo que pensar en lo que estoy haciendo, el cuerpo simplemente se permite deslizarse por ella.
¿Tienes mucho pánico escénico antes de salir?
Cada vez menos, supongo que por entrenamiento. Aprendí de Guillem, de laSADCUM, que es mi socio y con quien he creado mis performances, que ir desde un lugar muy low-key te ayuda a sacar lo más profundo.
Hablando de Guillem, siempre lo defines como una persona crucial en tu proceso. ¿Cuándo y cómo os conocisteis?
Nos conocimos cuando yo tenía dieciocho y él dieciséis, haciendo danza contemporánea en Nunart. Conectamos bastante pero tampoco nos hicimos íntimos. Con el tiempo, cada uno empezó su proyecto por separado, y cuando él hizo su primera pieza grande con laSADCUM, me llamó y me dijo, tienes que ser tú.
El trabajo en equipo siempre es enriquecedor. Formas parte del colectivo Me Siento Extraña, trabajas habitualmente con Guillem y siempre has sido muy vocal respecto a crear tejido. ¿Cómo vives esa ambivalencia entre el yo individual del artista y lo colaborativo?
Yo no percibo el artista como algo individual sino como el resultado de un tejido, un ecosistema, o llámalo como quieras. Un proyecto tiene sentido por lo que le rodea; el mismo proyecto cien años antes, en otro momento histórico, igual no tendría ningún sentido y no podría trascender, profesionalizarse o estar en ciertos museos o teatros. Mi proyecto se percibe como algo más, está construido con elementos que para mí son coherentes porque forman parte de mi ecosistema, del tejido cultural de Barcelona, de construcción vital, de forma de ver el mundo. Se me hace muy difícil concebir un proyecto como algo aislado de todo esto.
Hay esa idea arraigada de entender la sociedad o el éxito social como algo piramidal, y para llegar arriba hay que pisar a los de abajo. Es una idea muy anticuada. Pero como todavía le funciona a cierta gente…
Sí, me sigue sorprendiendo pero lo entiendo. Vivimos en un sistema hipercapitalista, parece una carrera donde tengas que correr más que los demás. Y supongo que en parte lo es.
Lo colectivo ayuda a combatir esto, con el tuyo estáis conquistando espacios institucionales y a la vez creando vuestros propios refugios. De hecho, parece que en estos momentos ser un colectivo considerado cool y nicho hasta te abre puertas (y lo veo genial) de sitios que parecían cerradas hasta ahora.
Sí. Es un pensamiento que me viene de la herencia de los feminismos, o sea, claramente una mujer hace cien años no podría estar hablando de lo que estamos hablando muchas ahora. Somos el resultado de las brujas que no pudieron quemar, de muchas otras que vivieron antes. Yo no podría existir sin todo lo que ha pasado antes, por eso me parece pobre percibirse como uno solo. Y también aburrido. Me gusta mi cabeza, me gusta mi curiosidad, mis referentes, pero me encanta sentarme con alguien y que me lance algo que me pete la cabeza. Me parece de lo más hot que existe.
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Vestido ISSEY MIYAKE.
Hablando de feminismos, dices que el cuerpo es una herramienta política y que cada vez que te subes a un escenario es algo político, aunque no politizado. ¿Qué mensaje crees que transmite un cuerpo que no puede transmitir la palabra?
El impacto de una sensación para mí va mucho más allá del impacto que puede tener una idea. Hay una arquitectura que tiene que ver con lo afectivo; cuando hay un cuerpo en un escenario, se activan una serie de herramientas, intuiciones y experiencias que te están contraponiendo a lo que estás viendo más allá de una frase o una palabra, que me parece mucho más vacuo. Esto ya tiene un impacto enorme. Pero creo que justamente también una de las cosas que pone encima de la mesa y que para mí es muy importante es que los discursos se pueden articular no solo a través de la razón más académica o academicista, sino desde cosas que tienen que ver con un lenguaje que cualquiera puede entender, da igual tu experiencia. Eso me parece mucho más rico que todos estos discursos academicistas que, al final, se quedan en una ‘élite’ intelectual. Me parece mucho más valioso poner el cuerpo. También creo que la música tiene este potencial de conectar con personas con vivencias y formas de ver el mundo muy distintas.
Hablas de lo inaccesible que es el mundo academicista, pero pienso que tu música, muchas veces, tampoco es la más fácil de escuchar. No estás en el mainstream ni pinchas música comercial, sino que se engloba en el llamado deconstructed club, que al final atrae un público más nicho y alternativo. No sé si tú misma percibes eso como una barrera o tal vez una protección de tu espacio.
Es verdad que hablo de géneros musicales como club deconstruido porque la gente me pide entender qué van a escuchar y es la forma que tengo, reduccionista, de hablar sobre lo que pincho. Pero cuando curo música siempre lo hago pensando en que impacte en el cuerpo. Entonces, sí me gustan sonidos que tienen más que ver con lo deconstruido, beats más rotos, que igual no conectan tanto con lo comercial o lo mainstream, que acostumbra ser más estructurado, más 4/4, pero siempre intento que tenga un matiz de algo que te conecte a nivel físico, que te active algo internamente, que tenga este groove, esa cosa energética. En general, mis sets de club son bastante high energy, y creo que por ahí hay personas que igual no están tan habituadas a este tipo de ritmos o de sonidos, pero conectan por el tipo de energía, que igual sí les es más reconocible con la música que acostumbran a escuchar. Con las performances también intento hacer eso.
¿En qué sentido?
La performance es un código excluyente de por sí porque está muy reservado a la academia, al museo, a espacios que son teóricamente de élites intelectuales. Por eso en las mías hay un componente sonoro tan fuerte, es una invitación a que las personas puedan conectar al nivel que ellas quieran: solamente musical, igual más estético, más sensitivo, más conceptual, de lectura discursiva… Cada uno puede colocarse en el lugar que más le apetezca.
¿Qué papel dirías que juegan el instinto y la intuición en tu trabajo?
Siempre son la puerta de entrada a cualquier idea, a cualquier sonido, a cualquier material a partir del cual trabajar. Normalmente intento tener fe y dar confianza y rienda suelta a esa intuición, y luego ya dotarla de discurso. Pero primero colocarla en el cuerpo porque me parece importante dejar de poner tanto el foco en esta idea tan racionalista y tan masculina, blanca, cis, de la Ilustración como la única vía legítima a través de la cual hacer arte.
¿En qué momento eres consciente, si es que lo eres, de que tienes buenas ideas y conectas con lo que está pasando ahora?
Me di cuenta de que lo que pensaba era igual de importante que cualquier otra persona, o sea, ni menos importante ni más importante que los demás. Dije, puedo aportar esto y creo que puede ser interesante para algunos, aunque siempre había tenido una tendencia a pensar que era menos importante lo que tenía que decir. Me inspiró mucho Jaume Clotet. Él trabaja desde un lugar de: esto es lo que tengo y te lo enseño, aquí te va. Muy despojado de presuntuosidad. Hablo con gente que me dice, estoy con esto pero no sé cómo compartirlo. Y digo, nadie va a ser perfecto, es un proceso y enseñarlo es bonito, además de valiente en un sistema que siempre nos pide resultados.
Hablando de esto, ¿te permites el error o eres muy dura contigo misma?
Soy muy responsable desde muy pequeña y el nivel de exigencia conmigo misma es alto. Pero justamente me obsesiona mucho la idea de la brecha, aquello que queda entre medio de lo que es normativo, de lo que debería ser. También como público me parece estimulante la posibilidad de error. Por ejemplo, cuando veo a un DJ Ram mezclando tres vinilos a la vez y se le descuadra un tema, está bien porque está arriesgando, está dejando su alma ahí. De hecho, es una de mis grandes líneas de investigación. Con los CDJs y la mixer, por ejemplo, o con los platos, una de las cosas que más me obsesiona es descubrir qué puedo hacer que no esté estipulado. ¿Qué pasa si toco este botón y a la vez hago esto? Y además suena un sonido que igual no está bien teóricamente pero igual aporta una tensión sonora que puedo usar para luego lanzar otro tema. Enric Puig Punyet, el director del Arts Santa Mònica, tiene un texto que se llama Los cuerpos rotos que presenta un concepto que es la indeterminación. Y es justamente eso, en una era donde todo está muy instrumentalizado, la IA, esta idea de ir a buscar una cosa perfecta, la indeterminación es aquella brecha que te ayuda a descubrir cosas que aparentemente no son lo normativo o lo estipulado pero que te dan una fuente de creatividad enorme. Me obsesiona mucho eso, la idea de indeterminación, más que de error.
“A mí la música me ha salvado la vida y no la quiero traicionar de esta forma, no la quiero usar.”
Has pasado de los clubes a instituciones como el CCCB o la Fundació Tàpies. ¿Cambia la responsabilidad política de tu set dependiendo de si hay paredes de museo o de discoteca?
Tengo más responsabilidad en el club que en el museo, me impresiona mucho. Le tengo respeto al oficio y el dedicarse al arte, pero no le tengo más respeto a un público de museo que a uno de club o de festival. Yo quiero entregarles mi alma porque soy muy apasionada.
Organizaste la fiesta Tresor (<30r) para el trigésimo aniversario del CCCB, que se ha convertido en una serie. ¿Cómo afrontaste el papel de comisaria y organizadora por primera vez, y cómo lo llevas ahora que ya van unas cuantas ediciones?
He aprendido muchísimo. Empecé cuando tenía veinticuatro o veinticinco años, me sentía una baby en un mundo adulto. Siempre he pasado muchas horas en museos, y el CCCB es de mis predilectos. Realmente iba porque me interesaba el contenido, pero también a veces porque no vivía en Barcelona y no podía pagar cafés de especialidad a diez euros, entonces me iba al Xcèntric y me ponía una peli. Fue muy bonito acabar trabajando en instituciones de este tipo porque ya les tenía cariño de haber pasado muchas horas ahí. Genuinamente siempre he programado lo que me ha interesado. Siento que hay muchísima programación de una mirada muy concreta del mundo (blanca, heterosexual, masculina, cis) y eso determina una forma de entender la música. A mí me interesa poner encima del escenario otras formas de ver el mundo porque han estado menos representadas y tengo curiosidad por ver qué dicen. Cada vez que tengo que hacer una curaduría me hago la pregunta a mí misma de qué me moriría por ver, y entonces intento programarlo.
Llama la atención que no te programas a ti misma, sino que das el espacio a otros artistas.
Desde el CCCB me han dicho que ellos encantados si yo quería tocar, que confiaban en mí. Pero yo ya me escucho y en realidad ahí prefiero ver a otras artistas, me gusta este otro papel. Me parece muy bonito y me da mucho placer estar en otro lugar. Cuando estaba haciendo un taller sobre curaduría en el Santa Mònica, vinieron las comisarias de Sala d’Art Jove y dijeron algo que me impactó mucho: que ‘curar’ tiene mucho que ver con el verbo cuidar. Entonces he intentado entender la curaduría desde ese punto de vista. Para mí esto se expresa en elegir con cuidado y cariño en qué slot pones a cada artista para que puedan brillar. No les doy ninguna directriz, les doy carta blanca. Lo que intento es cuidar el proyecto: creo que el trabajo de esa persona brillará en ese slot, con esa arquitectura, esa luz. Mi obsesión es elegir muy bien el ecosistema de la fiesta para que todas puedan brillar y sacar lo mejor de ellas mismas, que es mi objetivo como curadora.
La fiesta se llama ‘tresor’, que significa ‘tesoro’ en catalán. ¿Cuál es el ‘tresoret’ más grande que te ha regalado la noche barcelonesa hasta ahora?
Me ha regalado muchos tesoros, pero diré Me Siento Extraña. Todas las posibilidades a nivel identitario que me he podido permitir después de estar dentro del colectivo, de ver otras realidades, otras identidades, otras expresiones, tanto a nivel de orientación sexual como de género, ha sido muy inspirador y liberador para mí y me ha cambiado la vida.
¡Qué bonito! Siento que es el momento de los colectivos, cada vez hay más comunidad y fiestas así. En Barcelona hay varias: Musa, Latineo, Escándalo… Por supuesto Maricas, que abrieron puertas al principio y pasaron de salas pequeñas a celebrarse en Apolo. ¿Cómo ves el panorama? ¿Hay comunicación entre vosotras?
Hay mucho contacto en general. La organización de colectivos ha sido crucial para enriquecer la ciudad, especialmente para las DJs que de alguna forma hemos crecido postpandemia. Es verdad que los clubs grandes han visto que había potencial allí y han querido acercarse. Pero sí, estamos muy en contacto, tanto de vernos, de estar, de ir a la fiesta o de apoyarnos hasta querer colaborar. En junio hay un lineup en Nitsa haciendo b2b Me Siento Extraña y Latineo. Es una fuerza enorme y creo que está calando. Se está pasando de moda lo de El diablo viste de Prada; nos encantó la peli cuando la vimos de pequeñas, la disfrutamos muchísimo, pero amor, Chicas malas ya fue. No me parece nada hot.
Totalmente. Creo que lo que nos impulsa a salir ha cambiado: antes ibas a un club específico porque te gustaban la música y el ambiente, luego lo individualizamos más e íbamos donde fuera solo por el artista que pinchara, y ahora se está moviendo hacia estas fiestas más nicho organizadas por colectivos locales porque los que estamos allí, estamos porque queremos y entendemos la vibra.
Es una reflexión que no había hecho pero estabas articulando el discurso de esta forma y estaba pensando, puede tener que ver el hecho de vivir en una ciudad con un nivel de turismo exacerbado, ¿no? En los clubes se nota mucho porque es un turismo muy de ocio y de nocturnidad. Entonces, igual también esto puede tener que ver con este auge de los colectivos. No lo sé, me estoy tirando un triple porque ya te digo, no he hecho una tesis al respecto. Pero sí hay algo de esto. Sé que si voy a esta fiesta de este colectivo, todas vamos porque nos mola la música, porque estamos conectando con lo que significa esta fiesta, me voy a ahorrar el tener a unos pesados gritándole al DJ durante todo el set y dándome codazos o cosas aún peores.
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Hablemos de Jägermusic, formas parte de su roster este año. Es una plataforma conocida por ser un radar de lo que va a explotar en la escena. ¿Sientes que entrar ahí es una especie de validación al trabajo de estos últimos años?
Sí, 100%. Lo vivo como un reconocimiento muy bonito. Me encanta el roster de este año y además me gustan muchos artistas que han pasado por ahí. Conecto mucho con la idea, con cómo la han gestionado internamente. Es un equipo muy humano y eso para mí es muy importante.
Jägermusic ayuda mucho con el backline y la producción. ¿Tienes en mente algún proyecto técnico ambicioso que ahora veas más factible gracias a este apoyo?
Pues sí, hace tiempo que estoy trabajando un EP porque no he lanzado nada como productora. Era algo que no quería hacer por presión, aunque siempre la hay: eres DJ y tienes que producir. Pero a mí la música me ha salvado la vida y no la quiero traicionar de esta forma, no la quiero usar. Hace cosa de un año y pico que estoy metiéndole muchas horas en el estudio, encontrando mi ritual y mi universo allí dentro. Y Jägermusic me está echando un cable bastante fuerte con este tema y voy a poder sacar el EP a final de este año.
Qué guay, ¡felicidades! La plataforma celebra doce años siendo un termómetro de la escena underground. ¿Qué temperatura crees que tiene la electrónica de vanguardia en España en 2026?
La verdad, creo que está en un momento muy potente. Repito algunas ideas porque son pilares que articulan todo mi discurso, pero como hablábamos antes de concebir un proyecto artístico como parte de un ecosistema, justo en España estamos en un momento de proyección internacional muy fuerte. Más allá de la electrónica, tenemos artistas como Bad Gyal o Rosalía que están haciendo cosas muy potentes internacionalmente. Por eso para mí no tiene sentido la competitividad: que alguien crezca en tu escena te va a dar a ti muchas más posibilidades de poder crecer porque te va a abrir camino. Estamos en un momento que se está poniendo mucho la mirada aquí y que hay que aprovecharlo.
Este año compartes roster con artistas muy distintos, del trap de l0rna al indie de Fresquito y Mango. ¿Cómo crees que tu trabajo dialoga con el resto?
Creo que en el roster no hay ninguna otra DJ y eso me da esa cosa diferencial. Sin embargo, pese a que me considero una DJ de electrónica, para mí el tinte de lo urbano siempre ha estado presente porque lo he escuchado mucho en mi vida. El trap de La Zowi me pegó muy duro, esas frecuencias bajas y graves… Ahí conecto mucho.
El lema de este año es Choose Your Fighter y la estética es muy Tekken o Street Fighter. ¿De pequeña o adolescente jugabas a videojuegos?
Aún juego mucho, es una de mis grandes pasiones. De hecho, hay una cuenta en YouTube que me encanta, se llama Perspectivas Pixeladas, habla sobre cultura de los videojuegos desde una perspectiva bastante sociológica y conceptual.
¿A qué jugabas entonces y a qué juegas ahora?
Soy generación Nintendo, entonces Nintendo DS a full: Mario, Animal Crossing… Todas las expresiones, me encantan. Pero ahora juego a videojuegos más indies y narrativos, es lo que me gusta. El último al que he jugado y que recomiendo mucho se llama Indika, va sobre una monja rusa del siglo XIX. El juego quiere hablar de la peligrosidad de la religión. Es un estudio en Rusia que se fue de ahí justamente por estar en contra de toda la estructura gubernamental y la guerra. El videojuego nace de cuestionar la peligrosidad de la religión y de cómo muchas personas acaban sucumbiendo a pensamientos que no les son propios a través de la religión. Va sobre una monja que está muy frustrada porque ve el demonio y quiere ser perfecta. Hace un camino para llegar a una especie de santo grial donde se le promete que va a poder restituir esta ‘locura’ que tiene con ver el diablo. Obviamente lo interesante es el camino, el clásico camino del héroe. Es muy teológico. Las conversaciones que tiene la monja son increíbles, sobre religión, sobre fe. Es realmente muy bonito. Y la banda sonora es increíble.
“La indeterminación es aquella brecha que te ayuda a descubrir cosas que aparentemente no son lo normativo o lo estipulado, pero que te dan una fuente de creatividad enorme.”
Muchos artistas complementan sus ingresos con merchandising. Hay ejemplos geniales como Bad Gyal vendiendo grinder y papel de fumar hace años, o La Zowi un set de preservativos. ¿Tú te has imaginado alguna vez cómo sería el merch de Meritxell de Soto?
Pues justamente me lo preguntó mi pareja hace un par de días, y la verdad es que no. Pero por ponernos a soñar, me gustaría algo divertido… Un mosquetón, por ejemplo, me parecería hot. O una boquilla para cigarros a lo Cruella de Vil, muy performativo. Eso molaría también.
Tu trabajo está muy ligado a lo digital y a la cultura de internet. ¿Cómo fue tu acercamiento a las redes sociales? Eres del 97, ¿pasaste por Metroflog, Fotolog, etc.?
No me dejaron porque era muy pequeña y a mis padres les daba cosa. Facebook fue mi primera red social.
Lo entiendo. Aunque antes internet era mucho más anónimo, no te exponías tanto. Todo era más inocentón. Y además te permitía pasar horas explorando y perdiéndote por páginas muy diferentes.
Claro, es normal. No se había invertido tanto dinero en investigar cómo generar dopamina y adicción. Pero sí, estoy de acuerdo en que había algo mucho más explorativo. Lo hablo bastante con colegas DJs; yo diggeo mucho. Tengo una biblioteca física de vinilos y voy a tiendas a comprar, pero también pincho mucho digital y diggeo en internet, entonces la cultura del hyperlink para mí todavía está muy presente. Entrar en SoundCloud, descubrir un tema con diez escuchas, irte a Bandcamp a comprarlo y que te recomienden no sé qué, y de ahí seguir y tener un montón de pestañas abiertas.
Me alegra saber que hay gente todavía con esa experiencia, qué envidia. Antes se vivía con Blogspot, Tumblr, incluso YouTube. Ahora se está recuperando un poco con Substack, pero ya veremos… En lo musical veo que sigue, pero en lo textual se perdió mucho.
Lo entiendo porque yo también había tenido un Blogspot de escribir. Era ‘escritora’ (risas).
Es que Blogspot nos enseñó que podíamos dedicarnos a escribir.
Y también que, y esto lo escuchaba en un podcast el otro día, pertenecemos a una generación que nos hicieron creer que podíamos vivir de internet. Es un tema. Somos las primeras generaciones que hemos sentido que hay esta posibilidad.
Que estar, está. Las que fueron rápidas, sobre todo. Mira Dulceida.
Estaba pensando en ella.
Fue la primera bloguera en España. Y luego, obviamente, lo ha sabido sostener y hacer bien. Ahora mucha gente quiere ser influencer pero, ¿qué aportan?
Ya, y es muy peligroso porque este tipo de creencias incentivan la idea de si quieres, puedes; si te lo curras, lo consigues. Esto es una grandísima herramienta del neoliberalismo para seguirte manteniendo ahí. En plan, algún día te tocará la lotería, sigue jugando. Discursos que están mucho más instaurados de lo que somos conscientes y que son muy peligrosos.
Por no hablar de los discursos de odio, las fake news, etc.
Bueno, asesinato del pensamiento crítico, eso para empezar. Y luego también esta idea del internet muerto, de que el noventa y cinco por ciento de lo que se genera en internet son bots… me pone la piel de gallina. Claro, después pasa lo que pasa y tenemos a una persona como Donald Trump de presidente de uno de los países con más influencia en el mundo. Te preguntas, ¿cómo ha pasado esto? Es muy loco y muy peligroso. Entonces hay algo como la cultura del hiperlink que te sales de ese juego. Dices, voy a jugar al juego que yo quiera. Y las noches estas de ojalá nunca se acabe.
Las mejores. Hasta las cuatro de la mañana explorando.
Cuando das con una perlita además… En YouTube hay un filtro para que te muestre los últimos vídeos que se han subido, de todo el mundo, sin algoritmo. Es increíble porque de golpe te sale un vídeo con cero visualizaciones de un señor de sesenta años que no sabe cómo funciona. Pasan cosas muy bonitas. Hay que volver a esa poética de internet.
Última pregunta. Tienes veintiocho años, ¿estás notando el retorno de Saturno? ¿Te estás notando adulta de verdad?
Me estoy notando adulta de verdad (risas). Aunque justo hablaba con una amiga el otro día y me decía que los cuarenta es la mejor edad.
Bueno, ya veremos.
Puede ser, could be. Yo tengo un problema y es que siempre he sido hiperresponsable, entonces a medida que me hago más mayor, me permito ser más niñata. Es mi objetivo en la vida. Me gusta crecer porque me voy quitando capas. Siempre me he sentido esta metáfora que hacía Miguel Ángel de que la escultura estaba en el bloque de roca y simplemente había que quitar lo sobrante. Pues yo igual. Por eso me mola crecer, me voy despojando de cosas absurdas que te han metido en la cabeza. Por eso creo que me obsesiona tanto romper la norma. Es un poco un leitmotiv de vida, sacar lo sobrante.
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Gardinas BURBERRY.
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Full look EMEERREE.
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Vestido ISSEY MIYAKE.
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Vestido BIMBA Y LOLA, collar SUOT STUDIO.
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Full look DIESEL.