Marta Sango se mete de lleno en el duelo en el videoclip de su nuevo single, No puedo olvidarte, un tema de electropop que rescata la estética de los ochenta. Llevado hacia un universo futurista y robótico, los sintetizadores y los detalles electrónicos, como las teclas de un teléfono antiguo, construyen una atmósfera fría y nostálgica donde hasta las sirenas se quedan atrapadas.
La letra se centra en un sentimiento universal: la imposibilidad de soltar a alguien cuando todavía no estás preparado para hacerlo. Sango no habla del duelo desde un lugar ficticio, sino desde su propio pueblo, Torre del Mar, donde lo cotidiano se vuelve extraño. El mar, las calles y los lugares conocidos pierden su significado y se convierten en espacios vacíos por los que divagar. La artista malagueña se muestra más vulnerable que en trabajos anteriores y reconoce que es su primer proyecto hablando de ella misma, de su pueblo y de su corazón roto.
El videoclip lleva esa sensación al límite. Redes de pesca que atrapan, una sirena cubierta de cables, auriculares de walkman y una paleta de azules, naranjas y blancos crean una estética a medio camino entre la nostalgia ochentera, la pesadilla tecnológica y un costumbrismo frío. La cámara intenta seguirla mientras un foco de luz la persigue entre tumbonas tiradas y olas que rompen.
Sango convierte el desamor en un pequeño apocalipsis personal. No hay guitarras distorsionadas ni baterías aplastantes, pero sí recuerdos que siguen haciendo ruido y que no la dejan avanzar.