Hay conciertos en los que el título del disco parece contradecir lo que sucede sobre el escenario. El odio siempre gana, el último álbum de L’haine, da nombre a una gira que, al menos el viernes 23 de octubre en la Sala Apolo de Barcelona, estuvo marcada por todo lo contrario. En la segunda fecha de este recorrido, el artista logroñés demostró el cariño de un público que siente su música hasta los huesos. Porque, si algo caracteriza sus canciones, es esa capacidad de atravesarte y quedarse contigo mucho después de que terminen. Como él mismo canta en Parecía importante, el amor también es una forma de victoria.
Durante aproximadamente una hora y media que se hizo demasiado corta, L’haine repasó algunos de los temas más representativos de su trayectoria, combinando las canciones de su último trabajo con otras que ya son imprescindibles para sus seguidores. El concierto arrancó con Teflon Don, abriendo las puertas al universo de El odio siempre gana. Entre los temas nuevos destacó Parecía importante, una de las favoritas del propio artista, que volvió a sonar al final como una especie de posdata. Ante los cánticos de ‘otra, otra’, L’haine regaló una segunda interpretación a una sala que no estaba dispuesta a despedirse.
Con Van Helsing, de ritmo oscuro y contundente, la energía subió varios niveles. La intensidad también se hizo evidente con 130 freestyle, de De la forma en que yo quiero, cuando los pogos se apoderaron de Apolo. El propio L’haine, entre divertido y sorprendido, no pudo evitar preguntar qué estaba pasando entre el público. Una de esas escenas espontáneas que recuerdan por qué las canciones se viven de otra manera en directo.
Pero no todo fueron saltos y pogos. Looooong lashes nos devolvió a una nostalgia compartida con esas primeras frases en inglés que todo el mundo intenta cantar como puede. Con Connie Nikas, romántica y melancólica, el amor volvió a instalarse en la sala. Aunque nos quedamos con las ganas de ver aparecer a Natalia Lacunza, el público cantó a pleno pulmón ese estribillo con referencia a Wenders. Las referencias cinematográficas forman parte esencial del imaginario de L’haine, convirtiendo sus canciones en pequeños universos donde siempre hay algo más que descubrir.
También hubo espacio para Laberinto de pasiones, uno de los temas más celebrados de De la forma en que yo quiero, y para Cangrejos y Marlo, dos canciones de su EP Concreto que volvieron a revolucionar la sala. Entre tanta energía, temas como Viridiana, Baby Jose y Huyendo demostraron que el repertorio anterior sigue ocupando un lugar especial en el corazón de sus seguidores. Son canciones que resisten el paso del tiempo y que seguimos chillando a pleno pulmón.
En el apartado de colaboraciones, sonaron Hot! y Suena cool, junto a Mvrk, además de Palabras mágicas, con Ugly. Después de la aparición de Hoke en el concierto de Valencia, era inevitable cruzar los dedos para que se repitiera la sorpresa con Pirineos. También nos habría encantado ver a Ugly, Abhir o Juicy Bae sobre el escenario, pero las ausencias no impidieron disfrutar de las canciones. L’haine, además, tuvo palabras de agradecimiento para todos los compañeros que han participado en sus proyectos.
El cierre llegó con El odio siempre gana, su colaboración con Sami Deluxe y la canción que da nombre al álbum. Una elección especialmente acertada para despedir una noche que recorrió distintas etapas de su trayectoria. “El amor me hizo más grande y el dolor me hizo más bueno”: pocas frases resumen tan bien la evolución emocional que atraviesa el disco. Con la voz de Sami Deluxe sonando en “sé que el odio siempre gana”, L’haine se despidió agradecido ante un público que todavía quería más.
Y quizá ahí esté la paradoja más bonita de la noche: un disco que habla del odio y un concierto que terminó convirtiéndose en una celebración de todo lo que une a un artista con quienes escuchan su música. Hubo pogos, nostalgia y canciones que gritamos como si fueran nuestras. Una hora y media bastó para recorrer buena parte de su universo, aunque nos quedáramos con ganas de más. Al final, el viernes en Apolo, el amor ganó al odio.
acero-lhaine-apolo-02