Juan, mejor conocido como L’haine en su proyecto musical, ama el odio. Y sí, suena como algo que solo un lunático haría, pero toda su música gira alrededor de ese paralelismo entre querer y no querer. Su último trabajo, El odio siempre gana, lo describe como un “victory lap”, una especie de último baile en medio de una carrera que promete acompañarnos por los años de los años.
Entrevista extraída de ACERO vol. 13, publicada en mayo de 2026. Hazte con tu copia aquí.
Su sonido, tan característico como inmersivo, le ha posicionado como una de las voces más laureadas de esa escena que conocemos como urbana. Pese a tener una discografía compleja y emotiva, trata el estudio como un patio de juegos. Creemos que es por eso que su música suena tan pura, “sin solemnidades” como dice él. Nos confiesa que se pasa las tardes jugando al fútbol, que no se toma la música tan en serio como debería, todo mientras su gato se pasea por el sofá de su casa con una parsimonia considerable. Vaya, tiene todas las papeletas para haberle ganado la batalla al no-amor.
Llevas unos cuantos meses bajo el radar, sin promocionar nada. Es verdad que nunca has sido una persona que se haya mostrado en exceso por redes, pero desde tu anterior proyecto Concreto te noto más lowkey de lo habitual. ¿A qué se debe?
He tenido mis épocas, pero siempre he usado mucho las redes pese a no publicar tanto. Últimamente estoy off, desde verano más o menos, que tuve un momento en el que sentí que tenía que parar. No era estrategia mediática ni nada, meramente profesional. Me fui de casa de mis viejos con dieciocho y de repente te encuentras en un punto en el que llevas ocho años haciendo lo que quieres y piensas: a ver, que soy joven, pero vamos a centrarnos un poco.
¿Hubo algo que te hiciese parar o fue una consecuencia de volverte más mayor?
Fue más una cosa de estar medio perdido, rayado con cosas personales y hábitos que no me hacían bien. Tampoco es que haya sido muy loco nunca, quizás cuando era más niño que salía más. Mi grupo de colegas de Logroño es más mayor que yo, y siento que fui adulto muy joven. Me sentía muy tirado. Pegó un golpe de realidad y tiré la mítica: cambio de vida, gimnasio, psicólogo (risas). Digo la mítica porque luego nos creemos todos los más especiales pero es lo típico.
¿Disfrutas de estar bajo el radar o tienes ya ese ansia de empezar la fase de anunciar disco, promocionarlo…?
A ver, tengo ganas, sobre todo de empezarlo a anunciar. Las movidas de promoción no le motivan a nadie, es la parte más trabajo de esto. Sacar temas me encanta, enseñarlo y vivir esa etapa de nervios de si gustará o no. Luego hay temas que van mal y te flipan pero sigue siendo algo bonito. Si siento que estoy haciendo engagement y esas polladas me agobio.
En realidad, la gente de tu círculo que se dedica a la música (Diego900, Claudio Montana, Abhir…) quizás son los artistas de la escena urbana que menos se muestran en redes. De toda esa gente probablemente tú eres el que más lo haga.
Sí, y a veces pienso si estoy haciendo bien, si estoy hablando demasiado. Pero luego me doy cuenta de que en realidad no estamos en ningún sitio, o no aparecemos en fiestas ni nada. Vaya, que estamos muy a la nuestra. Estoy muy cómodo así.
¿Cómo ha cambiado tu manera de presentar un disco a tu público a lo largo de los años y los proyectos que has ido sacando?
Ha cambiado mucho; al principio ni siquiera sabía qué promocionar. Cuando llegué a Madrid para Autobús noctámbulo, venía de hacer rap duro y muy atascado con la música. Coincidí con David y salió esa mixtape sin mucho miramiento. Con De la forma en que yo quiero ya tenía un mánager, aunque fuera un colega, que me ayudaba a preparar el proyecto. Siempre he sacado singles para luego ver si los incluía en un álbum, como pasó con Concreto. En El odio siempre gana sí hay más pensamiento detrás, y trabajar con un sello como MÉCÈN le da mucho valor. De repente te das cuenta de que hay cosas que se piensan detenidamente y no tenías ni idea.
¿Cuál es tu percepción sobre el disco ahora que se encuentra en este punto? Ya está hecho pero todavía no ha visto la luz al público. ¿Cuál es tu relación con el disco en este momento?
Pues siento que todavía hay que cambiar algunas cosas. Estoy en una tesitura de dejar a Lex Luthorz mixear y masterizar lo que hay hecho o ponerme yo a darle alguna que otra vuelta a lo que hay en la mesa. Sinceramente, no tenía pensado sacar un proyecto ahora mismo. Tenía esta presión de hacer un disco con tu nombre, o que el título partiese de mi identidad.
Eso te iba a decir, que la importancia del disco crece cuando usas esa bala de ponerle tu nombre o que el concepto de “el odio siempre gana” ocupe el título del proyecto.
Total, como que es una cosa más personal. Lo que me pasa es que siempre he tenido en la cabeza que este tipo de discos son algo que se hace a los diez años de empezar, como un broche de oro a una etapa o una discografía. Al firmar con MÉCÈN me di cuenta de que había conseguido llegar a un sello que mejor representaba mi sonido y que albergaba a muchos artistas que para mí han sido una inspiración, y pensé: pues hacerlo aquí puede tener sentido. Creo que consiguen elevar el género que hago y el sonido de este álbum. Quería quitarle peso a hacer un disco con tu nombre, que no todo fuese tan solemne.
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Camiseta COS.
Claro, no tienes que esperar quince años para atreverte.
Siempre he tenido el pensamiento de que sigo jugando y haciendo música para divertirme, que ya llegará el momento de hacerlo en serio. Luego entendí que precisamente parte de la identidad de mi proyecto artístico es que juego y pruebo, ya vendrán después los quebraderos de cabeza. Siento que hay una parte de honestidad en divertirse con un disco que lleve tu nombre como título, es muy fácil tratar de elevarte a ti mismo con un proyecto así. Que si de repente hay una demo que me parece divertida, pues la acabo desarrollando e incluyendo en El odio siempre gana. Es honesto y forma parte de mí.
Sobre tu paso por el conservatorio cuando eras niño: ¿de qué manera te ha ayudado a hacer música? ¿Crees que también te ha cerrado puertas a nivel creativo por estar ajustado a unas lecciones y una teoría?
Pienso que cuanta más teoría sepas mejor se te va a dar, pero también hay una magia de aprender las cosas de manera autodidacta y sin profesores. Tenía colegas en el conservatorio que su única manera de hacer música era desde un enfoque superelaborado, casi midiéndose las pollas entre ellos. Yo hacía percusión, que te daba acceso a muchos instrumentos y formatos para probarte. Tenía suerte de que mis profesores no eran sargentos y no permití que me consumiese ese mundo.
Has dicho alguna vez que estás interesado en tocar la guitarra. A la hora de tocar nuevos instrumentos, ¿tienes ese síndrome del impostor de no sentir que es lo tuyo porque no llevas desde el conservatorio tocándolo?
A la hora de aprender, nada. Con esa fase de aprendizaje no tengo nada de complejo, la cosa cambia cuando tengo que enseñarlo. En el deporte soy muy competitivo, pero con la música es todo lo contrario. No me frustro casi nada.
En El odio siempre gana, pese al auge del acústico en la escena urbana española, no has cambiado esos sonidos tan propios de tus proyectos anteriores.
Hay temas en los que sí me acerco a ese sonido orgánico al que están volviendo muchos artistas. Es más, este mes tendremos varias sesiones en el estudio de grabar saxofones y guitarras para algunos temas. Mi idea con el disco era apelar al sonido de mis trabajos anteriores. Si lo llamo El odio siempre gana y de repente hago algo totalmente distinto a lo anterior siento que perdería fuerza y honestidad. A lo largo del desarrollo de este álbum he sentido que elegir este sonido tenía todo el sentido.
Has comentado alguna vez que tus padres son músicos. ¿Cómo ha influenciado eso en tu manera de hacer música y transmitirla a los demás?
Conscientemente no mucho. No tenía la idea de mantener la herencia artística de mi familia, no es seguir el legado ni nada de eso. Es como la típica frase en los paquetes de tabaco de que si el padre es fumador el hijo tiende a serlo. Si en casa hay música y hay instrumentos, es muy normal que acabe formando parte de tu vida.
¿Qué opinan de tu música?
Les encanta y me apoyan con todo, tengo mucha suerte. Mi padre es muy académico, y de joven sí que hemos tenido más roces, pero siempre hemos acabado entendiéndonos. Vienen a todos los conciertos que pueden, confían mucho en lo que hago.
¿Has pensado en hacer música con ellos o meterles como un cameo en alguno de tus proyectos? Siento que para un disco como El odio siempre gana casaría muy bien.
Sí, de hecho para De la forma en que yo quiero hay una demo con mi madre. Era un tema que me encantaba, en el que mi madre metió unas cuantas voces pero se grabaron mal. Creo que perdimos el archivo, recuerdo frustrarme bastante cuando pasó. Pero seguro que se dará en algún momento de nuevo.
“He aprendido a entender que no todo es solemne, que la diversión es una parte esencial de cómo hago mi música”.
¿Cómo se siente ese momento de estar en un estudio con tu madre haciendo una canción?
Es muy natural. Con mi madre ya he hecho música cuando era niño. Tenía un grupo de versiones, y ahora ha hecho un proyecto en el que musicaliza poemas de mujeres de la Generación del 27. El grupo aquel era música para niños, y si no me equivoco los primeros temas registrados en la SGAE bajo mi nombre son de aquella época.
El odio siempre gana se siente como un victory lap después de tantos años construyendo y formando parte de una escena que no para de crecer. ¿Qué sacas en claro de todo este tiempo que has estado trabajando en este disco?
He aprendido a entender que no todo es solemne, que la diversión es una parte esencial de hacer mi música. Había momentos de mucha frustración en el proceso de este disco hasta que me he dado cuenta de que eso era perder el tiempo, que debía poner por delante el divertirme y que el resto iría sobre ruedas. La mejor música que he hecho, y diría que la que mejor ha funcionado, es la que he grabado bajo esa idea.
Se ve que con este proyecto has vuelto a la raíz de todo: hacer música porque te apasiona y te divierte.
Este disco es una reivindicación de eso. También hay cosas serias pero va por ahí. Hay espacio para todo.
¿Ves El odio siempre gana como un salto respecto a Concreto, tu anterior mixtape?
Sí, más que nada porque esa mixtape nace de una cagada con un contrato en el que firmé donde no debía haber firmado. Debía unos temas y saqué los que más me gustaban. Tuve un momento de ponerme muy digno y pensé en mandar canciones aleatorias, pero debía pensar en mi carrera y en que es un proyecto más de una discografía.
Entiendo que el primer pensamiento es el de sabotear por completo el proyecto.
Claro, pero tampoco podía ser. Creo que eso lo hizo Frank Ocean con el disco de Endless, que lo sacó para cumplir un contrato y luego lanzó Blonde, que fue con el que se quedó la gente. Hay un salto de base con El odio siempre gana, siento que me he tomado más en serio qué temas hacer y con qué propósito. Se ha sentido más laboratorio, el planear los ritmos dentro del proyecto y qué se quiere contar con cada parte de él.
Ya solo con el primer single, Teflon Don, se puede ver que no has perdido esa vena cinéfila que tanto caracteriza tu música. ¿Qué peso tienen para ti y tu música otras artes como la pintura o el cine?
Más que inspiración. Estuve hace nada en Nueva York y flipé con los museos. Claudio Montana, amigo mío, trabaja en el Reina Sofía y me prestó una acreditación para entrar gratis a muchísimos centros culturales. Ha sido muy importante para conectar con mi propio disco, no en un sentido literal de que cada cuadro me inspirase algo en específico, pero siento que vuelvo con más idea del arte de cuando me fui. Con los cuadros, pasa que me apasiona que se logre encapsular tanto en un lienzo, y eso me inspira a ir al estudio para jugar y probar con la música.
Y cuando tienes esa conexión con el arte, ¿piensas en lo que puede inspirar el tuyo en otra gente?
No llego a dimensionarlo. Me da un poco de vértigo pensarlo, aunque imagino que hay gente a la que mi música le ha inspirado mucho. Eso lo veo sobre todo en los conciertos o cuando te para alguien que te reconoce. Algo como el cierre del tour de Concreto en La Riviera es un momento muy bonito, además mi público es muy entregado en ese aspecto. Al terminar los conciertos los backstages son muy bonitos. De repente presentas a colegas de distintos grupos que no se conocen de nada y se siente todo muy familiar, sobre todo en un momento en el que te haces mayor y dejas de tener tanto tiempo para socializar.
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Camiseta ERL, pantalón STÜSSY.
¿En qué punto de tu carrera crees que te encuentras ahora mismo?
Estoy en MÉCÈN por afinidad artística y proyección, no por dinero. Tras superar años difíciles, atravieso un gran momento: disfruto haciendo la música que quiero y logrando mi propio sonido. El odio siempre gana es una victoria a mitad de camino, no un final. De hecho, siento que apenas estoy empezando y que todavía solo estoy jugando; una sensación que creo que me acompañará siempre.
Creo que muchas veces, cuando un artista hace una gran obra, tendemos a pensar que se han dedicado en cuerpo y alma a ello, cuando en realidad probablemente estaban disfrutando del proceso y jugando con su arte.
Justo, muchas veces ese artista ni siquiera piensa que está haciendo una obra maestra. Siento que hay música muy buena saliendo todo el rato, pero todo depende de narrativas. Si Frank Ocean hubiese sacado Blonde unos años más tarde, ¿habría sido igual de importante? Que una obra de arte conecte con el público depende también del contexto y el momento.
De la forma en que yo quiero salió en el momento perfecto: cuando la escena pasaba la antorcha de los que la construyeron a los nuevos que llegabais.
Tal cual, si ese disco lo hubiese sacado el año pasado, probablemente no hubiese conectado con el público de la manera en que lo hizo. Pienso en eso mucho.
Sobre el amor, un concepto que orbita alrededor de toda tu discografía, ¿ha cambiado desde tus anteriores proyectos tu manera de plasmarlo o sigue una narrativa similar?
Para mí El odio siempre gana habla de un amor más frágil. No sé si te habrá pasado, pero a lo largo de mi vida he estado en situaciones de tener que hacerme el duro que no eran propias de mí. Cuando he ido creciendo me he dado cuenta de que eso no es lo que me caracteriza, que estoy más cómodo hablando de mis sentimientos. Por eso, cuando me puse el nombre en redes de El odio siempre gana, lo hice pensando en que eso es todo lo contrario a lo que soy yo.
Eso me sorprende, si en tus proyectos el amor gana por encima del odio, ¿por qué llevas por bandera ese concepto?
Es como un chiste en realidad. Siento que el odio gana en general a lo largo de la vida, todo el rato hay violencia y es más fácil envidiar que amar. Pero eso no va conmigo. Es más, si no tuviese ese nombre en redes y ya fuese una parte clave de mi imaginario, no lo habría puesto ni de coña.
El odio siempre gana se siente como un sucesor espiritual de De la forma en que yo quiero.
Sí, mazo. Cuando lo estuve haciendo no pensé en ello, pero ahora que tengo el producto final también lo siento así. Veo paralelismos en sonido y letras. Para mí es una continuación de una misma historia.
A la hora de recibir opiniones de tu música, ¿caes en escuchar de más lo que dice el público o te quedas con las de tu círculo cercano?
A veces sí, intento no mirar mucho redes como X porque son una mierda. Me quedo con lo que pienso yo, por muy narcisista que suene. Confío en mi movida y creo que eso es clave. La percepción de uno mismo es complicada, y más si estás normalmente de cara al público. Quieras o no, vives de una opinión ajena y de gustar.
¿Qué puede esperar el público de El odio siempre gana y tu arte de cara a un futuro cercano?
Mucha más música, más allá del disco. Estoy muy creativo en general, y el viaje a Nueva York con Natalia me ha ayudado mucho. Estoy yendo al estudio con colegas que tocan instrumentos para probar y jugar, no sé si se quedará en un juego o acabará tomando forma.
Me gustaría verte en otras artes, quizás probándote en el cine o en la pintura.
No sé si me verás pintando, más que nada porque soy un desastre (risas). Pero me encantaría dirigir vídeos y demás. O de pronto me hago charcutero, ya veremos.
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Sudadera ERL, pantalón ADIDAS.
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