“Is it better to speak or to die?” Como en la famosa frase de Call Me by Your Name, de Luca Guadagnino, hay un momento en el que las indirectas dejan de ser suficientes y toca decidir si dar el paso o seguir imaginando qué podría pasar. Admítelo, el nuevo single de Olivia Bay, nace precisamente de ahí: de esa tensión entre saber que algo está pasando y esperar a que alguien se atreva a decirlo en voz alta. Después de Algún día y Sin miedo a caer, la artista madrileña vuelve a explorar las inseguridades que aparecen cuando alguien empieza a gustarte, aunque esta vez lo hace desde una posición más decidida. Las dudas siguen ahí, pero quedarse esperando ya no parece una opción.
La canción habla de tener a alguien constantemente en la cabeza, repasar cada mirada e intentar descifrar si la otra persona siente lo mismo. Olivia se mueve en ese punto en el que los nervios y las ganas de acercarse se mezclan con el miedo al rechazo, hasta que imaginar deja de ser suficiente. “No somos dos extraños si los dos lo notamos” resume bien esa sensación de reconocer que algo está pasando sin que ninguno termine de dar el paso. Admítelo es el tercer adelanto de El amor no está de moda, su EP debut, previsto para el 6 de noviembre, en el que la artista seguirá explorando las contradicciones del amor y todo lo que cuesta expresar cuando hay sentimientos de por medio.
Dirigido por J. Ocaña, el videoclip lleva esta idea a una sala de espera en la que coinciden personajes muy diferentes entre sí: bailarinas, chicos haciendo sudokus e incluso un señor que se queda dormido. Todos parecen estar en su propio mundo hasta que Olivia se levanta, pone música y empieza a cantar. Poco a poco, la sala se transforma en una fiesta, pero hay alguien que no se mueve: el chico al que ella parece dirigirse. Mientras él sigue sentado, Olivia se acerca, lo rodea y termina enredándolo con el cable del micrófono. El contraste entre una sala que acaba rendida a la música y alguien que se resiste a reaccionar aporta un punto irónico al vídeo. Ella consigue que todos se sumen, menos precisamente la persona a la que quiere llegar.
Visualmente, el vídeo acompaña esa actitud más atrevida de Olivia. Los brillos, el vestuario y el movimiento de los personajes convierten una sala de espera cotidiana en un espacio cada vez más festivo, mientras la cámara sigue a una protagonista que no piensa quedarse quieta. No hace falta una historia complicada: basta con ver cómo cambia el ambiente a su alrededor y cómo ella insiste en acercarse a alguien que no termina de reaccionar. Ahí está también la gracia de Admítelo: Olivia se atreve a dar el paso, pero no puede hacerlo por los dos. Y mientras toda la sala acaba bailando a su ritmo, queda la duda de si él terminará por dejarse llevar.