Madrid acoge al rapero argento en su Turr4zo World Tour. Los aledaños del Movistar Arena respiran juventud y espíritu hip-hop, una estética que Trueno lleva arrastrando desde hace un par de años. Gorras torcidas, bombers o equipaciones de baloncesto, cadenas de oro con el nombre del artista, etc. Eso, quien no lleva el merch que venden en el tenderete de fuera. Una estructura brutalista de varios niveles da forma a un escenario pequeño comparado con la masa de chavales que lo arropa esta noche. En el centro de la tarima, lo que parece un banco de gimnasio tiene anclada en su cabecera una torre de comunicaciones que llega hasta las luces del techo. En cuanto los focos del escenario se iluminan, las miles de personas que se reúnen en el foso comienzan a gritar al unísono. Las luces de la torre empiezan a titilar y los primeros compases de Con el combo llevan a la locura a todo el público.
El Front Stage se vuelve un mar de móviles que apuntan hacia las pantallas que abrazan el escenario, en las que Trueno interpreta la introducción del concierto entre bambalinas. Para mi sorpresa, en la pista general se aprecian pocos flashes. Hay más pogos que móviles, y es que no es para menos. Trueno sale con la energía propia de un caballo desbocado, se hace hueco entre los músicos y no falla una sola estrofa. La fuerza de los presentes, que se saben cada una de las canciones del bolo, contagia rápidamente al cantante, que interpreta cuatro canciones seguidas sin darse un momento para respirar o procesar el estadio que ha llenado.
Después de esta introducción, que deja sin aliento hasta a los acompañantes de los fanáticos, el argentino apela a su público más acérrimo con temas melosos como Real Gangsta Love o Mamichula, uno de los momentos más emotivos del show. Hasta se puede ver un pogo entre el público con este tema: la energía de esta chavalada no tiene límite. Después de esta excelente selección de canciones y un breve solo de guitarra, Trueno se sincera con su público madrileño. “Esto es algo muy especial para mí. Gracias a la gente que vino a vernos a La Riviera, a la Joy Eslava, al Movistar Arena […]. Es un orgullo para mí traer mi álbum y mi show favorito a Madrid”. Ante esta intervención, el público no le deja seguir hablando sin antes corear su nombre hasta hacer retumbar el suelo.
La torre de comunicaciones, una viga con niveles que a primera vista puede parecer la estructura que sostiene el escenario, es el objeto sobre el que orbita todo el show. Para Feel Me, equipado con un arnés, Trueno sube hasta lo alto de la torre y llega a estar más de cinco metros por encima del foso. Pese a estar agarrado a una viga con una mano y empuñando el micro con la otra, parece que el rapero se niega a bajar las revoluciones. Baja y rápidamente se dirige a una mesa de pads, donde empieza a tocar Estilo sudaka, tema perteneciente a su último disco.
Con este instrumento da comienzo a una sección del concierto enfocada en el boom-bap. Acompañado de dos coristas, Trueno recorre el escenario sin fallar una sola nota. Interpreta Zombi, tema que, pese a lo reciente que es, corea todo el Movistar Arena. Hasta el argentino reconoce la energía de la capital saludando a “los del fondo”, el grupo de unos treinta chavales que no han dejado pasar una sola canción sin reunir fuerzas para hacer un pogo. El concierto baja las revoluciones para Argentina, la pista con Nathy Peluso que el rapero dedica al país que lo vio crecer. El escenario se tiñe de azul y las banderas con soles ondean entre la masa de la pista, que ya se ha rendido a sus pies. Milo J también está invitado a la fiesta y Trueno deja al público corear los versos de la joven estrella en Gil y Pumas.
Antes de anunciar el desenlace de la noche, Trueno no duda en recordar de dónde viene y la importancia de la cultura en el mundo. “No importa cómo seas, de dónde vengas, el color de piel… Hoy en día estoy orgulloso de ver una familia tan grande en Madrid. Tenemos todos la misma sangre, la misma familia, la misma madre… La naturaleza sana […]”, dice el argentino. Acto seguido interpreta Tierra Zanta, con la que manda un mensaje de orgullo y respeto al pueblo latino y a Buenos Aires, su ciudad de origen.
Aunque llevaba hora y media de concierto, Trueno parecía acabar de empezar. Su naturalidad en el escenario para saltar entre géneros y conectar con el público es algo admirable. Es capaz de transportarte a un universo previamente desconocido. Los pogos siguen con Turrazo, último tema del disco antes de entrar en el bloque de los clásicos. Pero, por sorpresa, se acerca a la mesa de pads para dar una clase de freestyle. Mezcla Me quedo contigo de Los Chunguitos con una base de boom-bap (sí, así como lo leéis) para tirarse un minuto improvisado en el que menciona hasta los barrios de Lavapiés y Vallecas.
Para poner el broche de oro al concierto, Trueno interpreta desde lo alto de la torre Fuck el police, poniendo a todo el público a levantar el dedo corazón al cielo. Cuando parecía que ni Trueno podía dar más de sí, la cámara se acerca a su cara para que el argentino suelte un mensaje a su público. “¿Están cansados o vamos a seguir saltando? El siguiente tema que vamos a cantar no es para blandengues […]”. Las guitarras distorsionadas anuncian la llegada de Violento, la canción que convierte la pista del Movistar Arena en un polvorín. Cuando cesan las guitarras y se apagan las luces de todo el recinto, Trueno avisa de que la siguiente será la última canción. Para sorpresa de nadie entre los presentes, ese hit que pondría el punto final al show es Dance Crip. El público entero salta sin cesar durante los minutos que dura la canción, mientras Trueno insiste en “un último esfuerzo”.
Cuando las luces se encienden y el concierto finaliza, veo a cientos de fans abrazándose. Ya sea en las gradas, en los pogos, en el Front Stage. El show de Trueno une y emociona a un público que no entiende de edades ni naciones. Es entonces cuando recuerdo la potencia del discurso que pronuncia en el ecuador del concierto, y parece que ha logrado su cometido: ha unido al pueblo.
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