¿Quién iba a decirnos que un jueves cualquiera de finales de mayo terminaría con cientos de personas cantando el icónico Aserejé en pleno Príncipe Pío? Madrid llevaba días atrapada en una de esas olas de calor que convierten cualquier plan al aire libre en una prueba de resistencia, pero ni las altas temperaturas han logrado frenar las ganas de verbena. Y es que La Verbena de Zalando ha llegado a ese punto al que aspiran muchas marcas y al que pocas consiguen llegar: ya no necesita demasiadas presentaciones. La gente sabe que algo va a pasar. Lo único que nunca sabe es exactamente qué.
La cita ha llegado, además, en un momento especialmente activo para la marca. Apenas unas semanas después de anunciar su desembarco en Primavera Sound, Zalando ha vuelto a demostrar que entiende hacia dónde se mueven hoy la moda y el entretenimiento. Hace tiempo que los festivales han dejado de ser únicamente festivales, y los eventos han dejado de ser únicamente eventos. Todo forma parte de una misma conversación donde la música, la moda, la cultura y las comunidades digitales conviven de forma cada vez más natural, y pocas iniciativas representan mejor esa idea que una verbena que cada año consigue reunir a perfiles completamente distintos alrededor de una misma celebración.
Quizá por eso el listón estaba tan alto. No porque nadie se lo hubiera impuesto desde fuera, sino porque han sido ellos mismos quienes han ido elevando las expectativas edición tras edición. Desde aquella verbena con Amaia y Sen Senra de la que hablamos hace cuatro años (¡cómo pasa el tiempo!) en esta entrevista con Rocío Aguirre, pasando por la energía de Bad Gyal y Alizzz en Barcelona o la colaboración junto a Palomo Spain, que convirtió la celebración en una reinterpretación contemporánea de algunas de las tradiciones más reconocibles del verano español. Cada nueva edición parece obligada a superar a la anterior, y lo sorprendente es que, hasta ahora, siempre encuentran la manera de hacerlo.
La gran novedad de este año ha sido también la más significativa. Por primera vez, La Verbena de Zalando ha abierto sus puertas al público, ampliando una comunidad que hasta ahora se había construido principalmente alrededor de invitados, artistas, creadores de contenido y amigos de la marca. El resultado ha sido evidente desde mucho antes de que arrancaran los conciertos, desde el momento en que uno se acercaba a la localización para acoger la que se ha convertido en su gran celebración anual. La estación ha comenzado a llenarse durante la tarde de personas dispuestas a soportar el calor, recorrer las distintas activaciones y asegurarse un buen sitio para una jornada de la que ya se había hablado, y mucho, en redes.
Nosotros comenzamos la tarde en Taberna La Carmencita, donde ha tenido lugar una pre-party exclusiva, sorteo y premios incluidos, antes de poner rumbo al recinto principal. Al llegar al evento, el ambiente ya era el de una gran celebración colectiva. Entre el público hemos visto perfiles habituales como Aida Domènech, María F. Rubíes, Mery Turiel, Melyssa Pinto, Eme de Amores, Carla Paucar o Virtual Diva, entre otros. Sin embargo, lo más interesante ha sido precisamente la mezcla. Por primera vez, invitados habituales del mundo creativo y el público general han compartido las mismas ganas de que empezara el espectáculo.
Gran parte de la expectación ha girado alrededor de Rigoberta Bandini, una de las artistas más queridas y reconocibles actualmente. Un aplauso para la charanga que la ha acompañado sobre el escenario, que, además de soportar el sofocante calor con entereza durante toda la actuación, ha añadido una dosis extra de energía y personalidad al show.
La fiesta ha continuado con La Pija y La Quinqui, otro de esos fenómenos capaces de movilizar comunidades enteras. Pero la sorpresa definitiva todavía estaba por llegar: Las Ketchup. Y sí, tiene todo el sentido del mundo si pensamos que Aserejé acompaña la campaña de Zalando esta temporada. Lo que nadie podía prever era terminar cantándola a pleno pulmón junto a cientos de personas en medio de Príncipe Pío.
Quizá ahí reside el verdadero secreto de La Verbena de Zalando. No tanto en los nombres propios, ni en los escenarios, ni siquiera en la producción, sino en haber entendido que las comunidades no se construyen únicamente organizando eventos, sino generando recuerdos compartidos. Momentos que al día siguiente siguen apareciendo en conversaciones, vídeos de WhatsApp, publicaciones de Instagram o mensajes enviados a amigos que no estuvieron allí. Mientras la cuenta atrás para Primavera Sound continúa avanzando (¡ánimo, ya solo quedan unos días!), Zalando ha vuelto a demostrar que sabe cómo reunir moda, música y cultura alrededor de algo más sencillo y más difícil de conseguir al mismo tiempo: que la gente quiera volver el año que viene.





















