Encajada entre el calor asfixiante de los últimos coletazos del verano y la rapidez con la que las empresas sacan a la venta adornos y publicidades navideñas, mi estación preferida se hace pequeñita y, como mucho, se la reconoce por ser la spooky season. Se trata de una época fragmentada; época de cambios, de búsquedas, de renovar y renovarse. También de romantización de nuestros días, de las hojas que empiezan a caer, de los primeros días fresquitos, incluso de la nostalgia y las relaciones perdidas.
Justamente porque es una época tan diversa, hoy quiero hablarte de cinco lecturas que pueden acompañarte de maravilla en esta temporada que a veces parece estar en tierra de nadie pero es, para mí, la más importante del año. Lecturas sobre la tristeza estacional, el desamor, la autoconciencia, el dejar ir y las últimas cosas. Disfrutad mucho de estas joyas.
Ya no será, de Idea Vilariño
El otoño arrastra consigo un ligero soplo de tristeza, y esta pequeña edición reúne algunos de los mejores poemas de Idea Vilariño, que son puñales a la vez que bálsamo a un corazón roto. Su palabra limpia y exacta es un lugar donde te quieres quedar a vivir, donde sientes que aquello que parecía tan doloroso, punzante y concreto, es algo universal que muchas hemos vivido: los casi algo, los amores imposibles, el desconocer a alguien que quisiste un día. Idea es la portavoz de la palabra que cura, de la poética que habita en la pena. Este poemario no es algo de lo que puedas prescindir si el desamor te arrastra por las calles.
“(…) nunca sabrás quién fui / por qué me amaron otros”
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Un hombre que duerme, de Georges Perec
Si hablamos de época introspectiva, Georges Perec no puede quedarse fuera. Un hombre que duerme es una mirada filosófica al significado de la vida y una toma de distancia con la identidad y presencia. Un hombre decide desconectarse del mundo. Desaparecer sin desaparecer, mantenerse vivo solo en lo biológico. Hay una emoción (o una ausencia de ella) que, cuando no se presenta como epifanía, como revelación a un nuevo paradigma, se presenta como hoyo profundo, como pérdida y ensimismamiento paralizante. Los cambios de estación siempre han sido, para mí, una muda en la mirada. Y qué mejor que una buena reflexión filosófica pegándote un tortazo en la cara para que todo cobre un nuevo sentido.
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Nox, de Anne Carson
Jamás me perdonaría no incluir en esta breve selección una obra de la recién ganadora del Nobel de Literatura Anne Carson. Nox es un poemario-objeto-reliquia-acordeón que Anne escribe en el proceso de aceptar la muerte de su hermano y de reconciliarse con lo poco que sabía de él, lo incognoscible que le resultaba su figura. Es también una obra híbrida con cartas, fotografías, sellos, entradas de diario y palabras en latín con sus definiciones completas, una oda mágica a la complejidad en las relaciones familiares y con la gran Muerte.
“Arrepentirse significa ‘el dolor otra vez’”
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Los galgos los galgos, de Sara Gallardo
A la vuelta al cole la acompaña de la mano la vuelta a la nostalgia. Los primeros días de abrigarnos de nuevo como si no conociéramos el frío, las chimeneas, las ventanas cerradas y los cielos grises nos entristecen. Y qué puede haber en este mundo más nostálgico que una novela argentina sobre el dejar ir, amar hasta la eternidad, amar lo vivo, amar los animales, Amar, en definitiva, con A mayúscula. Sara Gallardo escribe con una magistralidad propia de los grandes árboles sabios, de los grandes oradores y sus grandes certezas. No nos queda más remedio que leerla y llorarlo todo entre sus páginas.
“Tan ciego estoy que confundo tristeza con la habitual melancolía”
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La última frase, de Camila Cañeque
Los últimos meses del año se tropiezan con todas las últimas cosas; las últimas promesas, los últimos actos. En enero todo muta y se renueva, pero hoy todavía nos quedan asuntos por terminar. Camila Cañeque reúne las últimas frases de cuatrocientos cincuenta y dos libros de cuatrocientos cincuenta y dos autores y autoras en La última frase. Algunos de ellos ponen fin a su obra a través del agua: el mar, las lágrimas, la lluvia, la nieve. Otros intentan escapar de la muerte con sus finales, reformular los relatos del futuro, reescribir la última frase de sus vidas. Y otros se entregan al destino, a la tumba, demuestran su amor eterno por esa gran Muerte.
Los finales de novelas son ideas, posibilidades, somatizaciones del fin. Son el espejo último del autor. Estos últimos meses de 2026 debemos también decidir cuáles son nuestros finales y qué habitará todavía en nosotros después de toda la belleza vivida en este año.
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