El universo que rodea a las drogas puede resultar seductor, pero como casi todo en esta vida, siempre tiene un precio. Un doble filo que corta a muchos cada día. El comunicador, presentador y DJ Jordi Chicletol pone palabras a su propia experiencia en Casi me muero (Y otros hits), publicado por DashBook, su nuevo libro donde aborda el consumo, la depresión que a menudo lo acompaña, las inseguridades que emergen al crecer y ese fervor casi desesperado por encajar en lo ‘cool’. Una historia narrada desde el cariño y la comprensión hacia uno mismo, sin juicio hacia los errores del pasado y, en el caso de Chicletol, con el apoyo inesperado de las grandes divas del pop. Porque, al final, todo termina, lo bueno y lo malo, nos guste o no.

Me gustaría empezar recalcando lo potente que es tu nuevo libro. Te abres en canal para hablar de toda tu experiencia con el mundo de las drogas y, al mismo tiempo, de cómo las divas del pop de los 2000 y otros artistas te hicieron, de alguna manera, terapia. Dime, ¿este proyecto lo llevas cultivando desde hace tiempo? ¿Qué te llevó a querer mostrar esta parte de ti?
Llevaba años soñando con publicar un libro y contar mi historia, pero siempre me decía que no era para mí o que todavía no era el momento. Sin embargo, al ver que mostrarme vulnerable y abrir partes de mi vida menos ‘estéticas’ en mis redes sociales generaba un efecto muy positivo, ese falso mito empezó a caerse. No solo me ayudaba a perder la vergüenza y a sentirme más fiel a mí mismo, también veía que mi historia podía ser útil para los demás.
Cuando en 2021 compartí mi proceso de depresión, comprobé que esa especie de salida del armario tenía un valor y un impacto reales. Siempre quise escribir, pero lo veía como algo lejano, casi inalcanzable, y me convencía, refugiado en mi profesión, de que ‘lo mío es hablar de actualidad, de cultura pop, no de mi propia vida’. De repente, a principios de 2025, una editorial se puso en contacto conmigo con una propuesta de libertad total. Tras darle unas cuantas vueltas, entendí que la mejor manera de enfrentar el síndrome del impostor era haciendo lo que más disfruto: conectar puntos. Usar la cultura pop como reflejo de los problemas sociales y vincularla con mi propia historia. Ese iba a ser el cóctel del libro: un ensayo pop cuya columna vertebral es un ejercicio de honestidad y autenticidad conmigo mismo.
Cuando en 2021 compartí mi proceso de depresión, comprobé que esa especie de salida del armario tenía un valor y un impacto reales. Siempre quise escribir, pero lo veía como algo lejano, casi inalcanzable, y me convencía, refugiado en mi profesión, de que ‘lo mío es hablar de actualidad, de cultura pop, no de mi propia vida’. De repente, a principios de 2025, una editorial se puso en contacto conmigo con una propuesta de libertad total. Tras darle unas cuantas vueltas, entendí que la mejor manera de enfrentar el síndrome del impostor era haciendo lo que más disfruto: conectar puntos. Usar la cultura pop como reflejo de los problemas sociales y vincularla con mi propia historia. Ese iba a ser el cóctel del libro: un ensayo pop cuya columna vertebral es un ejercicio de honestidad y autenticidad conmigo mismo.
Estos artistas que mencionas en tu libro, como Amy Winehouse, Britney Spears, Elton John o Kurt Cobain, entre otros, tienen algo en común: una vida extremadamente difícil en muchos aspectos distintos (drogadicción, alcoholismo, depresión, ansiedad, una exposición mediática indecente). ¿Conectaste con ellos al ver que compartías situaciones similares o lo que realmente te hizo terapia fue ese faro de luz esperanzador que desprendían con su música y su estilo?
Creo que ha sido un proceso evolutivo. De pequeño, las estrellas del pop fueron mi refugio, sobre todo las Spice Girls, Madonna y Britney. Con el tiempo, empecé a indagar más en las otras caras de sus historias y a identificarme profundamente con sus sombras. Sentirme reflejado me devolvió algo que el mundo muchas veces no nos permite: entendernos.
Desde niño siempre quise comprenderlo todo. Aunque era un fracasado escolar, hacía muchas preguntas. Entender los fenómenos y los relatos más oscuros de la cultura y el entretenimiento me ha ayudado a entenderme a mí mismo. Ese trabajo de ‘desestigmatización del pop’ es lo que guía el libro: reivindicar a estos artistas no solo por sus obras o sus puestas en escena, sino por cómo sus vidas nos ayudan a poner nombre a lo que nos ocurre.
Desde niño siempre quise comprenderlo todo. Aunque era un fracasado escolar, hacía muchas preguntas. Entender los fenómenos y los relatos más oscuros de la cultura y el entretenimiento me ha ayudado a entenderme a mí mismo. Ese trabajo de ‘desestigmatización del pop’ es lo que guía el libro: reivindicar a estos artistas no solo por sus obras o sus puestas en escena, sino por cómo sus vidas nos ayudan a poner nombre a lo que nos ocurre.
El niño protagonista (basado en ti) esconde esa depresión creando una personalidad que, de puertas hacia fuera, es extrovertida y estrafalaria. Es un patrón que mucha gente imita como mecanismo de defensa. ¿Por qué crees que lo hacemos?
Por pura supervivencia. Vivimos en una sociedad que nos exige encajar constantemente. Desde niño, entre el bullying en el colegio y suspender casi todas las asignaturas, busqué mecanismos para protegerme y obtener aprobación. Así nació mi primer personaje: el payaso de la clase. Pensaba que, haciendo reír a los demás, quizá encajaría. Más tarde llegó la rockstar queer que podía con todo. Con ese personaje estuve a punto de perderlo todo.
Al revisar esta parte de mi historia, me he dado cuenta de que no se nos enseña a estar solos ni a sostener la incomodidad del silencio. En mi caso, ese miedo al vacío me llevó a un estilo de vida escapista y de sobreocupación constante.
Al revisar esta parte de mi historia, me he dado cuenta de que no se nos enseña a estar solos ni a sostener la incomodidad del silencio. En mi caso, ese miedo al vacío me llevó a un estilo de vida escapista y de sobreocupación constante.
“Usar la cultura pop como reflejo de los problemas sociales y vincularla con mi propia historia. Ese iba a ser el cóctel del libro: un ensayo pop cuya columna vertebral es un ejercicio de honestidad y autenticidad conmigo mismo.”
¿Cuándo te diste cuenta de que tenías una adicción a las drogas?
Prácticamente hasta que fue casi demasiado tarde. Mi narrativa interna siempre era la misma: yo controlo. Pero el consumo pasó de ser recreativo, entre risas, a convertirse en abuso y dependencia. Dependencia no solo para estirar la maquinaria y llegar a más sitios, sino también para sentirme ‘cool’ y poderoso, algo que hoy en día todavía me avergüenza un poco. El verdadero choque de realidad fue darme cuenta de que podía haber perdido la vida. Como diría Aída Nizar, yo adoro estar vivo, incluso en las épocas más oscuras, y ese susto fue el detonante de muchos cambios.
Después de rehabilitarme llegó el proceso de salir de ese segundo ‘armario’ con mi entorno. Me llevó años. Empecé por mis amigos y terminé con mi familia unos cuatro años después de que todo ocurriera. Recuerdo con mucho cariño cuando me ofrecieron participar en La Marató de TV3, que en 2022 trataba la salud mental y las adicciones. Sentí que era el momento ideal para contárselo a mis padres, cerrar el círculo y empezar a sentirme en paz.
Después de rehabilitarme llegó el proceso de salir de ese segundo ‘armario’ con mi entorno. Me llevó años. Empecé por mis amigos y terminé con mi familia unos cuatro años después de que todo ocurriera. Recuerdo con mucho cariño cuando me ofrecieron participar en La Marató de TV3, que en 2022 trataba la salud mental y las adicciones. Sentí que era el momento ideal para contárselo a mis padres, cerrar el círculo y empezar a sentirme en paz.
Mencionas que viviste una experiencia cercana a la muerte. ¿Fue ese el momento en el que decidiste coger las riendas de tu vida y empezar a mejorar?
Fue el límite necesario. Me hizo asumir una responsabilidad absoluta sobre mis actos; cuando desperté de la sobredosis no busqué excusas ni culpé a nadie. Entendí que, si no cambiaba ciertos aspectos de mi estilo de vida, no habría una segunda oportunidad. Mi mentalidad, que venía de un discurso interno del tipo ‘eres un eterno adolescente, no tienes remedio’, dio paso a una responsabilidad radical. Me sorprendió mucho ese cambio y creo que marcó el inicio de la reconstrucción de algo que tenía por los suelos: mi autoestima.
Tener un entorno que te quiere y te apoya incondicionalmente es crucial para superar una adicción y una depresión. ¿En quién te apoyaste, si es que lo hiciste? ¿El primer paso lo diste tú o fue el apoyo externo el que te ayudó a reconstruirte?
El paso lo di yo, pero vino acompañado de muchas pérdidas y renuncias. Por desgracia, venía de un entorno social en el que el uso y abuso de drogas estaban demasiado normalizados, así que tuve que ser bastante radical con ciertos espacios y compañías. Aun así, el universo conspiró a mi favor y en esa época apareció Oskar, mi novio desde hace ocho años. Él fue un auténtico colchón emocional en un tránsito que no tuvo nada de fácil. Su apoyo incondicional me permitió sostener una etapa muy complicada sin sentirme juzgado y me ayudó a madurar emocionalmente a su lado.
Los temas que tocas en Casi me muero (Y otros hits) siguen siendo muy tabú para muchos y muy necesarios para otros. Vivimos en una sociedad a la que le incomoda profundamente la vulnerabilidad y que muchas veces prefiere mirar hacia otro lado. ¿Te dio miedo exponerte de esta manera o sentiste que era una conversación que necesitaba existir, aunque incomodara?
Los tabúes nos impiden avanzar como sociedad. Estamos en 2026 y se sigue hablando del sexo, del dinero o de las drogas con la boca pequeña, como si no existieran. No sentí vergüenza al escribir porque creo que la conversación sobre las drogas se ha dado muchas veces, pero se ha dado mal. Siempre desde un enfoque paternalista, poco honesto, tratando a la gente como si fuera incapaz de entender. Información no falta; ha habido campañas desde que tengo uso de razón. Lo que falta es empatía en la forma de transmitirla. Ya que iba a desnudarme emocionalmente de esa manera, quería romper con el prejuicio y hablar desde la compasión, sin esa mirada estigmatizante que suele rodear a las adicciones.
“Entender los fenómenos y los relatos más oscuros de la cultura y el entretenimiento me ha ayudado a entenderme a mí mismo.”
Además, has colaborado con el artista Jose Señorán. ¿Ya conocías su trabajo?
Lo más fuerte es que Jose es mi exnovio y ahora uno de mis mejores amigos. Poco después de dejarlo, conseguimos resignificar nuestro vínculo. Creativamente nos multiplicamos y enseguida supe que tenía que ser él quien se encargara de la parte visual.
En el libro ha intervenido imágenes de mi vida para darles un nuevo significado: ha transformado fotos que podrían parecer superficiales en imágenes incómodas, y viceversa. Me parecía muy inspirador que alguien que formó parte de mi historia en una etapa de inseguridades fuera quien ayudara a ilustrar visualmente mi relato de superación.
En el libro ha intervenido imágenes de mi vida para darles un nuevo significado: ha transformado fotos que podrían parecer superficiales en imágenes incómodas, y viceversa. Me parecía muy inspirador que alguien que formó parte de mi historia en una etapa de inseguridades fuera quien ayudara a ilustrar visualmente mi relato de superación.
Puede sonar cursi pero, ¿qué le dirías a tu yo de, digamos, veintidós años?
Muy buena pregunta, es muy pop. Al Jordi de veintidós años, el que escribía letras de Miss Kittin bajo sus publicaciones de Fotolog, lo miraría con mucho cariño. Le diría que ese motor curioso es el que le abrirá las puertas del mundo creativo, pero también le advertiría de que no hace falta vivirlo todo tan deprisa. Le diría: Ten cuidado, pero tranquilo, que al final todo saldrá bien.
Desde tu perspectiva, ¿cómo entiendes esta idea: “A veces, sobrevivir también es un acto creativo”?
Es duro reconocerlo, pero después de la sobredosis y de todos los cambios que provocó, incluso abrazando una vida más saludable, atravesé una crisis de identidad. Ahí entendí que mi hipersensibilidad, que siempre había rechazado, era en realidad mi salvación. Tuve que aplicar creatividad y optimismo para reconstruir mi rutina de forma pausada. Además, hoy en día, sobrevivir en un sistema tan injusto y en una sociedad tan deteriorada ya es un acto creativo en sí mismo, incluso para algo tan básico como llenar la nevera o pagar el alquiler.
¿Qué te gustaría que alguien que esté atravesando algo similar sienta al leerte?
Sobre todo, me gustaría que no sintieran vergüenza. La vergüenza fue lo que me frenó durante años y lo que alimentó mi miedo al cambio. Quiero que entiendan que tener referentes, ya sea una diva del pop o un cuadro de Velázquez, es completamente válido para salir adelante. Ojalá el libro ayude a derribar la idea de los guilty pleasures, porque a veces la inspiración para salvarte la vida viene de una letra de Britney o de un clip de La isla de las tentaciones, y eso es igual de legítimo.








