Hay conversaciones que lo cambian todo. No ocurren en escenarios ni en podcasts. Pasan después de comer, cuando la mesa sigue puesta y nadie tiene prisa por levantarse. Empiezan con café y se estiran sin darse cuenta hasta que alguien saca una crema de orujo o hasta que la comida se convierte en cena. En Galicia, donde el sol suele hacerse de rogar, las sobremesas tienen esa extraña capacidad de durar un poco más.
Entrevista extraída de ACERO vol. 13, publicada en mayo de 2026. Hazte con tu copia aquí.
Fillas de Cassandra han convertido ese gesto cotidiano en el corazón de su nuevo disco: Tertúlia. Doce canciones, doce sillas esperando a que alguien se siente. Un pequeño juego de sillas donde caben la música tradicional gallega, la electrónica, el pulso político y la memoria de las mujeres que vinieron antes.
El proyecto de María SOA y Sara Faro empezó casi así: de repente. Se conocieron en unas jornadas feministas en Vigo y acabaron componiendo juntas ese mismo día. Desde entonces han construido uno de los universos más singulares de la nueva música gallega, donde tradición, mitología y sonidos contemporáneos comparten mesa.
Charlamos con ellas sobre el origen del dúo, las sillas que habitan el imaginario del disco y algo que parece sencillo, pero que quizá estamos olvidando un poco: sentarse a hablar. Doce canciones. Doce sillas esperando. La conversación ya ha empezado. Ahora la pregunta es otra: ¿en cuál vas a sentarte tú?
Bienvenidas a ACERO, chicas. Os veo superunidas. ¿Cómo empezó todo entre vosotras?
María: Nos conocimos en unas jornadas que se organizaron después de una serie de feminicidios. La idea era que varias artistas participáramos cantando cada una con su proyecto, y a las dos nos llamaron por separado. Como coincidíamos ese mismo día, pensamos: bueno, ya que estamos aquí, nos conocemos y cantamos algo juntas. Nos vimos esa misma tarde y acabamos componiendo una canción en el momento. Fue todo muy rápido. De hecho, antes de que existiera ninguna canción ni nada parecido, ya nos estaban preguntando cómo se llamaba el grupo. Nos entendimos muy bien desde el principio y, casi sin darnos cuenta, aquello empezó a tomar forma. Incluso salió un concierto antes de que existiera el proyecto como tal. A partir de ahí empezamos a componer juntas.
¿De qué hablaba esa primera canción que compusisteis esa misma tarde?
María: Yo tenía como un boceto, una canción más o menos feita, algo a medio hacer que nunca había terminado de cerrar, de estas cosas que no sabes muy bien por qué se quedan ahí. Y pensamos, ¿por qué no hacemos algo nuevo a partir de esto? Sara tenía también poemas que podía recitar en medio, jugar con las voces... y de ahí salió la canción. Hablaba de algo muy concreto, estar en una manifestación y mirar a tu alrededor. Ver a mujeres que quizá no conoces, pero sentir que estáis conectadas porque estáis luchando por lo mismo. Creo que fue la canción más feminista que hemos hecho. Hablaba de esa sensación de compañerismo que aparece en la calle, de mirar a tu lado y reconocer a una desconocida como compañera.
Sara: También tenía que ver con el momento en que nos encontramos. Éramos dos absolutas desconocidas que, de alguna manera, estaban allí por lo mismo: ir a esa manifestación. Entonces era como sentirnos hermanadas componiendo esa canción. La letra dice algo así como “Miro ao meu lado e véxote a ti”, que eres una desconocida, pero estamos marchando por la misma causa. Creo que representaba bastante bien ese momento concreto de conocernos María y yo.
Sara: También tenía que ver con el momento en que nos encontramos. Éramos dos absolutas desconocidas que, de alguna manera, estaban allí por lo mismo: ir a esa manifestación. Entonces era como sentirnos hermanadas componiendo esa canción. La letra dice algo así como “Miro ao meu lado e véxote a ti”, que eres una desconocida, pero estamos marchando por la misma causa. Creo que representaba bastante bien ese momento concreto de conocernos María y yo.
En algún momento aparece el nombre del dúo: Fillas de Cassandra. ¿Cómo disteis con ese mito?
Sara: En ese momento nos rondaban varias lecturas y en una de ellas apareció el nombre de Cassandra. Nos llamó mucho la atención por el mito: Cassandra puede ver y comunicar el futuro, pero nadie la cree. Apolo la condena a ese don sin reconocimiento, a vivir con la frustración del descrédito. Cuando María y yo nos conocimos estábamos muy imbuidas en los movimientos feministas y en el activismo de calle, y esa historia nos resonaba mucho a nosotras y a muchas compañeras: esa sensación de contar algo que te ha sucedido y que lo que recibes es incredulidad o descrédito. De ahí viene Cassandra. Y luego está la palabra Fillas, la idea de ser hijas, de la herencia que recibimos. No solo una herencia mitológica, sino también histórica y social. Al unir las dos cosas, de alguna manera somos herederas de toda esa tradición: de lo que nos dejaron las mujeres que vinieron antes y también de aquello contra lo que seguimos reaccionando.
Si Cassandra estuviera hoy aquí con nosotras, ¿qué creéis que estaría diciendo sobre el futuro que todavía no queremos escuchar?
María: Es difícil no pensar como verdaderas cosas que ya parecen bastante inminentes, como la ofensiva que estamos viviendo desde la ultraderecha contra el feminismo, o contra todo lo que viene. Creo que sí que nos lo contaría, pero me sería difícil no creerla. Incluso con esa condena que tiene. Entonces, yendo un poco más allá, ojalá también nos dijera que nuestro primer disco se va a quedar siendo algo muy carca y que nadie lo va a entender. Ojalá. Eso sí que no me lo creería... pero ojalá que sí.

Sara lleva top LAMINAR; María lleva vestido PULL&BEAR.
La música tradicional gallega nació más en cocinas, plazas o fiestas que en escenarios. ¿Recordáis algún momento en el que una canción así os atravesara de verdad?
María: Realmente creo que todas las músicas nacieron de una necesidad de contar y contarse: gente que cantaba para soportar el tiempo de trabajo, juglares que cantaban las historias y, del mismo modo, las mujeres gallegas que cantaban con pandeiretas, con sartenes o con lo que tuvieran a mano con tal de contar. Era una forma de transmisión oral y así fueron mutando las canciones. Hoy muchas están recogidas en el Cancioneiro Popular, y es increíble tener todo ese legado y esos audios. Una de nuestras canciones más conocidas, Varre Vasoira, viene precisamente de las sobremesas de mi casa, donde se cantaba mucho. Desde pequeña tienes esa música ahí y no te das cuenta hasta que un día la coges y dices, hostia, venga, vamos a jugar un rato con esto.
¿Y tú, Sara?
Sara: En mi caso sí tuve relación con la música tradicional desde muy pequeña. Ahora muchas veces se transmite desde asociaciones y agrupaciones musicales gallegas, que hacen un trabajo enorme de recuperación. Hacen lo que se llaman “recogidas”: ir a casa de las señoras y de los señores que aún viven en los pueblos, hablar con ellos, generar confianza y que te canten esas coplas para mantener viva esa memoria. Recuerdo alguna recogida así, entrar en sus casas y que te canten directamente. Es algo muy emocionante. Y luego están también las sobremesas familiares, que aquí siguen muy ligadas a la música tradicional gallega. Al final te conecta con tu familia y con tu infancia, y ese recuerdo es muy vívido.
Si Tertúlia fuera una crónica del presente, ¿qué estaría contando?
María: Pienso que Tertúlia sí intenta ser una crónica del presente. Lo hace recogiendo algunas coplas de la música tradicional, pero también muchas letras que fuimos escribiendo ahora. En ese sentido es un poco una advertencia sobre el momento que estamos viviendo. Hay una frase que dice: “Es mejor sentir dolor, sentir rabia, que no sentir nada”. Creemos que hay que posicionarse, a nivel político pero también a nivel energético, en positivo con la comunidad. Porque hay muchas cosas que nos están empujando hacia el individualismo, hacia no hablar entre nosotras. Entonces sí, sería un poco eso: una advertencia de que hay que ponerse en marcha. Y también una ilusión: que nosotras ya estamos en marcha haciendo esta Tertúlia y tratando de ir un poco a contracorriente de todo eso que te empuja hacia atrás.
¿El gallego forma parte de vuestro día a día o aparece sobre todo cuando hacéis música?
Sara: Lo utilizamos en nuestra vida cotidiana. Es nuestra lengua vehicular en todos los contextos. Y, obviamente, como la música es una vía de expresión más, no podía quedarse al margen del idioma. Además, no hay que ignorar que el gallego es una lengua minorizada históricamente frente al castellano, y que hacer cultura en gallego supone también posicionarse políticamente.
María: También creo que si no hay un ejercicio político desde las instituciones, es complejo. Que en los colegios sea obligatorio hablarlo; o si hay una queja constante de “si vienes a Galicia hay que hablar gallego”, pues yo qué sé... estaría chulísimo entender que es una lengua de todos y que en todo el Estado se estudiaran todas las lenguas. Al final es un bien a mayores.
María: También creo que si no hay un ejercicio político desde las instituciones, es complejo. Que en los colegios sea obligatorio hablarlo; o si hay una queja constante de “si vienes a Galicia hay que hablar gallego”, pues yo qué sé... estaría chulísimo entender que es una lengua de todos y que en todo el Estado se estudiaran todas las lenguas. Al final es un bien a mayores.

Sí, ojalá pudiéramos hacer esta entrevista en gallego.
María: Realmente es un bien enorme. Si supiéramos hablar euskera, por ejemplo; ya solo a nivel cognitivo saber otro idioma es increíble.
Si pensamos en vuestro recorrido, después de Acrópole apareció Hibernarse, casi como un paréntesis dentro del proyecto. ¿Qué estaba pasando en vosotras en ese momento?
Sara: Cuando hicimos Hibernarse de alguna manera estábamos pidiendo, o casi recordándonos a nosotras mismas, que los procesos creativos son procesos artesanales. Necesitan tiempo, reposo, ponerse en marcha, parar y poder mirar la obra con perspectiva antes de continuar o retomarla de otra manera. Los tiempos de la industria musical, como cualquier industria, exigen una inmediatez que un proceso artesano no puede tener si quiere salir bien. Y nosotras sentíamos la necesidad de reclamar esa pausa, incluso para nosotras mismas, porque todo te empuja a ir a esa velocidad y acabas sintiéndote parte de ese ritmo. Era un poco decir: vamos a detenernos. No pasa nada por bajarse de los escenarios un tiempo, no pasa nada por dar y desandar una canción, pero al menos tener el tiempo para hacerlo. Y esa pausa también tenía que ver con poder organizar en nuestra cabeza qué era lo que nos estaba atravesando en el presente y, por tanto, qué necesitábamos contar con el nuevo trabajo que venía después, que es Tertúlia.
Totalmente. Tiene todo el sentido. A veces la creación necesita pausa y la industria parece no tener tiempo para ella.
María: Y aun así nos quedamos con ganas de otros diez meses más. Al final estuvimos dándole muchas vueltas y nos encanta cómo quedó el disco, pero siempre tienes la sensación de que todo se hace rápido, aunque para nosotras hayan sido meses fuera del escenario, con residencias creativas y demás. Luego ves artistas grandes que están tres años para hacer un disco y aun así a veces ni siquiera quedan contentas. Y en realidad no es tanto una cuestión de tiempo, sino de tenerlo y poder decidir sobre él. Eso es lo más importante.
Después de Hibernarse, que era pausa y recogimiento, llega Tertúlia: conversación, encuentro, una mesa compartida.
María: Creo que a veces haces algo sin saber muy bien por qué. Lo haces con toda tu emoción, con todo lo que tienes dentro, y solo después entiendes cuál era la necesidad que había detrás. Con Acrópole el concepto era muy cerrado. Hibernarse también tenía una idea muy clara. Y aquí nos preguntábamos: si tuviéramos que resumir lo que nos estaba pasando en dos o tres palabras, ¿cuáles serían? Al principio había mucha frustración, como de no entender muy bien qué estaba pasando. Pero según fuimos componiendo todas las canciones iban llevando al mismo lugar: necesitábamos desconectar y volver a estar con la gente. Volver a hablar con las amigas, desahogarnos. Porque ahora también se capitaliza mucho la idea de la soledad. Y está bien estar sola. Pero estar sola no es estar con el móvil o en redes. La soledad también sirve para luego poder compartir con otras personas. Eso es lo bonito de la comunidad.

Sara lleva top BIMBA Y LOLA; María lleva chaqueta ZARA.
Ahora entiendo el porqué de tantas sillas. En cada single aparece una distinta: una de playa, otra medio derretida... otra que no sé si es una silla o casi una roca.
María: (Risas) ¡Drama! Es una mesa... ¡pero tiene que ser una silla! Para todo el mundo es una silla, ¿vale?
¡Es una silla entonces! (Risas) Y da la sensación de que todas las sillas están esperando a alguien. ¿De dónde nace todo esto? ¿A quién esperan?
Sara: Fuimos construyendo el imaginario del disco y preguntándole a mucha gente qué elemento no podía faltar en una tertulia. Hicimos como un pequeño sondeo y todo el mundo repetía lo mismo: la silla. La silla volvía a aparecer como ese lugar de sobremesa, de pausa, donde puedes sentarte a hablar por hablar, sin tener que estar haciendo nada. Junto al colectivo escenográfico As Dúas e Punto ideamos de qué manera se podía materializar cada una de las canciones, y de ahí fueron saliendo estas sillas que comentas. Yo creo que depende de la silla. En la de playa, por ejemplo —que para nosotras tenía algo de ese gesto de salir a la fresca, como la típica silla que cualquiera tiene por casa y que sacas una tarde cuando están las vecinas hablando— yo me imagino a cualquiera de las vecinas de mi abuela sentada ahí.
María: Por ejemplo, hay una de las sillas que aparece en la portada, la típica silla de plástico blanco, la más sencilla de todas, la que podría haber en cualquier casa, que para nosotras es Cuchicheo, el tema con Pipiolas. Ahí te imaginas perfectamente a las colegas sentadas contando chismes. En cambio hay otra más dura, más incómoda, que asociamos con el elemento de los pinchos. En esa canción nombramos directamente a la artista Ana Mendieta, pero ahí no quieres que ella se siente en la silla, quieres que se siente su marido. Entonces depende mucho de la silla, porque cada una está orientada hacia una cosa distinta. En la que sí te puedes sentar tranquilamente es en Lodos que va dedicada a las amigas y es más confortable. Y también en Tertúlia, que funciona un poco como un espejo desde el que puedes mirar lo que está pasando en la sociedad.
María: Por ejemplo, hay una de las sillas que aparece en la portada, la típica silla de plástico blanco, la más sencilla de todas, la que podría haber en cualquier casa, que para nosotras es Cuchicheo, el tema con Pipiolas. Ahí te imaginas perfectamente a las colegas sentadas contando chismes. En cambio hay otra más dura, más incómoda, que asociamos con el elemento de los pinchos. En esa canción nombramos directamente a la artista Ana Mendieta, pero ahí no quieres que ella se siente en la silla, quieres que se siente su marido. Entonces depende mucho de la silla, porque cada una está orientada hacia una cosa distinta. En la que sí te puedes sentar tranquilamente es en Lodos que va dedicada a las amigas y es más confortable. Y también en Tertúlia, que funciona un poco como un espejo desde el que puedes mirar lo que está pasando en la sociedad.
Sí, que se siente su marido. Y hablando de Mendieta, también aparecen otras referencias en vuestro imaginario, como Maruja Mallo o Gloria Fuertes.
María: Son las jokers. Las llamamos así porque además vamos a sacar una baraja diseñada por una ilustradora en la que aparecen todas ellas reunidas. Maruja Mallo, Ángeles Santos...
Sara: Ana Mendieta y Tamara de Lempicka fueron también muy importantes. Tanto por sus obras como por sus propias vidas como artistas, resultaron muy inspiradoras para nosotras a nivel creativo durante todo el proceso de composición.
María: Y está Gloria Fuertes también, y Emilia Pardo Bazán. Incluso nombramos a Santa Rita de forma más conceptual en algún momento. O sea que hay muchísimas de ellas... si nos ponemos a pensar salen todavía más.
Sara: Ana Mendieta y Tamara de Lempicka fueron también muy importantes. Tanto por sus obras como por sus propias vidas como artistas, resultaron muy inspiradoras para nosotras a nivel creativo durante todo el proceso de composición.
María: Y está Gloria Fuertes también, y Emilia Pardo Bazán. Incluso nombramos a Santa Rita de forma más conceptual en algún momento. O sea que hay muchísimas de ellas... si nos ponemos a pensar salen todavía más.
También me ha encantado Déixate ver con Ede, sobre todo la frase que la acompaña: “Ojalá esta canción os ayude a amansar vuestras fieras cuando sea necesario y a dejarlas salvajes cuando el cuerpo lo pida”. Cuando hacéis música, ¿qué partes de vosotras preferís no domesticar?
Sara: La vergüenza. Es muy importante. Porque siempre hay una especie de norma social que te dice hasta dónde puedes llegar, y creo que el juego está en saltártela y arriesgar un poco por encima de ella. Y luego también están las cosas que nos duelen. Pueden ser vivenciales, personales o incluso políticas. Compartirlas en colectivo también es una forma de trabajarlas. Como decíamos antes en
Insolación: a veces es mejor sentir ese dolor o esa rabia que no sentir nada. Utilizar esa rabia para hacer con ella algo que dé un poco de luz... creo que eso también es lo que más nos interesa de la música.
María: Y luego celebrarse todo el rato y pasárselo bien. Sobre todo, que sea un juego. No domesticar la vergüenza es básicamente jugar sin filtro, como si lo único que quisieras fuera pasártelo bien. Y luego a veces lo escuchas y dices: ay, dios mío. Pero ya está hecho. Lo importante es que en el momento de hacerlo esa vergüenza no aparezca.
Insolación: a veces es mejor sentir ese dolor o esa rabia que no sentir nada. Utilizar esa rabia para hacer con ella algo que dé un poco de luz... creo que eso también es lo que más nos interesa de la música.
María: Y luego celebrarse todo el rato y pasárselo bien. Sobre todo, que sea un juego. No domesticar la vergüenza es básicamente jugar sin filtro, como si lo único que quisieras fuera pasártelo bien. Y luego a veces lo escuchas y dices: ay, dios mío. Pero ya está hecho. Lo importante es que en el momento de hacerlo esa vergüenza no aparezca.

ara lleva jersey EME STUDIOS, falda LANGARICA; María lleva blusa CARHARTT WIP, falda BIMBA Y LOLA.
También siento que este nuevo disco habla mucho de algo muy bonito, la idea de curar en colectivo.
María: Yo reflexioné primero a nivel personal y luego en colectivo. Porque también es muy curioso cómo se sienten algunas canciones. A veces terminábamos una y estábamos en el mismo sitio, y una decía: “Para mí esta frase significa esto”, y la otra: “Pues para mí significa otra cosa”. Incluso alguna vez nos enfadábamos (Risas). Pero tampoco pasa nada porque sea distinto. Y aunque suene un poco romántico, lo que me hizo ver este disco, y la manera en que salieron las canciones, es que realmente todas las personas estamos para todas las personas. Quiero decir: si de verdad pudieras hablar y ser un poco consciente de quién tienes al lado, muchas cosas cambiarían. Si a mí me pasa algo y mi vecina sabe cómo me llamo o conoce un poco mi vida, quizá me ayuda. Pero si ni siquiera sé quién vive enfrente, va a ser raro hasta pedirle la sal. Entonces, con las amigas es eso: hablar sin filtro, confiar en que son tus amigas y que no estás dando la chapa. Porque en realidad nos ayudamos muy poco. Vamos con demasiado cuidado, pensando que molestamos. Y para mí este disco también tiene que ver con eso: no tener vergüenza, hablar con la gente y ya está.
Sara: Esto me conecta con algo que se dice mucho: que conforme vas cumpliendo años es más difícil hacer amigos. Pero en realidad las personas están ahí. Es lo que decía ahora María. Todo el mundo dice que es muy difícil conocer gente, pero si todo el mundo está deseando conocer a otras personas, ¿por qué no nos conocemos?
Sara: Esto me conecta con algo que se dice mucho: que conforme vas cumpliendo años es más difícil hacer amigos. Pero en realidad las personas están ahí. Es lo que decía ahora María. Todo el mundo dice que es muy difícil conocer gente, pero si todo el mundo está deseando conocer a otras personas, ¿por qué no nos conocemos?
Es paradójico, ¿no? Estamos más conectados que nunca.
Sara: ¿Qué es lo que lo impide? ¿Qué es lo que hace que esa necesidad se redirija hacia las redes sociales, hacia un lugar que nos conecta a través de una pantalla, pero nos desconecta del presente y de las personas que tenemos al lado? Si lo piensas es un poco surrealista. Nosotras durante este disco hicimos también un ejercicio en nuestras propias vidas: intentar conversar más, con quien sea. Forzar un poco esa conversación.
María: Claro que también somos dos personas con una serie de privilegios que nos facilitan la comunicación. Vivimos en una sociedad que muchas veces te castiga o te pone en ciertos lugares. Pero aun así pienso que la amabilidad genera confianza. No debería ser tan difícil hablar entre nosotras. Durante el proceso también nos preguntábamos: ¿cómo haces un disco sobre todo esto sin parecer carca? (Risas). Porque no queríamos caer en el típico “desconecta del móvil”. No iba por ahí. Pero creo que encontramos otra manera de decirlo y nos quedamos contentas con el resultado.
María: Claro que también somos dos personas con una serie de privilegios que nos facilitan la comunicación. Vivimos en una sociedad que muchas veces te castiga o te pone en ciertos lugares. Pero aun así pienso que la amabilidad genera confianza. No debería ser tan difícil hablar entre nosotras. Durante el proceso también nos preguntábamos: ¿cómo haces un disco sobre todo esto sin parecer carca? (Risas). Porque no queríamos caer en el típico “desconecta del móvil”. No iba por ahí. Pero creo que encontramos otra manera de decirlo y nos quedamos contentas con el resultado.
¿Y qué forma toma todo esto cuando se convierte en directo?
Sara: En los conciertos siempre intentamos que la experiencia sea distinta a escuchar el disco. Toda la parte electrónica y rítmica se refuerza mucho en directo: los bombos, los pulsos, la energía. Incluso hay canciones en las que reordenamos partes o generamos nuevas, como pequeñas narraciones que nos ayudan a entrar en ese estado de concierto. También nos gusta que el directo sea un lugar especial. A veces aparecen cantos o fragmentos que no están en ningún disco, cosas que nacen en los ensayos y que solo existen ahí. Porque venir a un concierto no debería ser lo mismo que escuchar el disco en casa. Un concierto es una experiencia colectiva.
María: Y luego está todo el imaginario. Cada disco tiene su propio mundo, y cada gira también. En la anterior, por ejemplo, ni siquiera tocábamos canciones de Hibernarse, porque sentíamos que no pertenecían a ese contexto. Con Tertúlia pasa lo contrario: el concepto es tan amplio que permite abrir mucho el escenario. Habrá una escenografía que remita a esos lugares de reunión que imaginamos cuando pensamos en una tertulia: las sobremesas, salir a la fresca en la calle, lugares donde la gente se sienta y habla. Las canciones antiguas también aparecerán, pero transformadas dentro de ese imaginario. No nos interesa tocarlas simplemente tal cual; nos interesa que todo entre dentro de ese mismo universo.
María: Y luego está todo el imaginario. Cada disco tiene su propio mundo, y cada gira también. En la anterior, por ejemplo, ni siquiera tocábamos canciones de Hibernarse, porque sentíamos que no pertenecían a ese contexto. Con Tertúlia pasa lo contrario: el concepto es tan amplio que permite abrir mucho el escenario. Habrá una escenografía que remita a esos lugares de reunión que imaginamos cuando pensamos en una tertulia: las sobremesas, salir a la fresca en la calle, lugares donde la gente se sienta y habla. Las canciones antiguas también aparecerán, pero transformadas dentro de ese imaginario. No nos interesa tocarlas simplemente tal cual; nos interesa que todo entre dentro de ese mismo universo.
Para terminar, imaginemos que esta entrevista fuera realmente una tertulia, que en el fondo lo es, y que todavía quedara toda la noche por delante. Cuando la conversación empieza de verdad, cuando ya se ha ido por mil sitios distintos, ¿de qué os gustaría hablar?
Sara: Cuando la conversación empieza de verdad... Supongo que te refieres a ese momento en que ya llevamos un rato hablando y algo cambia. Para mí una tertulia funciona un poco como el fuego, se va apagando y de repente aparece algo nuevo que la vuelve a encender. Y ese apagarse tampoco tiene por qué interpretarse como algo incómodo. Ahora parece que los silencios lo son, pero en realidad lo que hacen es dejar entrar otros temas. No los que nos urgían al principio, sino los que aparecen después, cuando ya estamos más en la reflexión y no veníamos con ellos pensados. Por eso tampoco podría augurar de qué acabaríamos hablando.
María: Es como cuando estás sola o conduciendo y de repente te viene un tema existencial a la cabeza. ¿Por qué pasará esto? Ahí empiezan, para mí, las conversaciones reales entre seres humanos: cuando te preguntas qué hacemos en el mundo. Y luego entra cualquier otro tema que hace la conversación más distendida. Llegar a ese punto es lo bonito. Pero ahora mismo no recuerdo la última conversación en la que pude quedarme hasta ahí. Creo que me tuve que ir antes (Risas).
María: Es como cuando estás sola o conduciendo y de repente te viene un tema existencial a la cabeza. ¿Por qué pasará esto? Ahí empiezan, para mí, las conversaciones reales entre seres humanos: cuando te preguntas qué hacemos en el mundo. Y luego entra cualquier otro tema que hace la conversación más distendida. Llegar a ese punto es lo bonito. Pero ahora mismo no recuerdo la última conversación en la que pude quedarme hasta ahí. Creo que me tuve que ir antes (Risas).

Sara lleva top LAMINAR; María lleva vestido PULL&BEAR.
