Están los artistas que construyen su carrera persiguiendo un sonido; otros pasan años persiguiéndose a sí mismos. En el caso de Alaíde no se trata solo de cómo suena ni cómo pretende ser, sino de todo lo que decide no negociar para seguir sonando. Después de hablar con ella entendí que a Coyota (su primer álbum) le pertenece el título por el instinto de libertad y supervivencia que abandera Alaíde.
La sensación de estar frente a una artista que se mueve bajo sus propias reglas en una industria que constantemente empuja a los artistas hacia la velocidad y la tendencia me deja pensando en sus agallas y en cómo Coyota funciona como una declaración de principios. Entre sonidos que dialogan con distintas influencias, Alaíde construye un proyecto profundamente personal que encuentra en la identidad, la espiritualidad y la libertad su punto de partida.
Quiero saber la raíz de ti: de dónde vienes tú como artista y cómo comienzas a construir esa mirada hacia la música. ¿Cómo comienzas a ser Alaíde?
¿Ubicas el Ballet Folklórico de Amalia Hernández?
Sí, mega. El de Bellas Artes.
Sí. Mis papás eran los productores de las giras, son unos clavados del arte. Mi papá toca, mi mamá escribe; los dos son lectores. Había música en mi casa todo el día. Como mis papás trabajaban en el ballet, venían músicos a la casa todo el tiempo. No es algo que alguien me enseñó: solo crecí en una casa rodeada de amor al arte
¿De dónde eres?
Yo crecí en Tepoztlán, Morelos.
Wow.
Sí, montañas… siento que esa conexión con la naturaleza se cuela bastante a la hora de escribir mis canciones. Empecé a estudiar composición aquí en la Ciudad de México y, para ganar dinero, a los dieciocho años entré a trabajar en publicidad. Yo veía a las actrices y decía: ¡ah! También quiero ser actriz, pero ya decidí música. Mientras estudiaba composición empezó a aparecer la actuación. Estando ahí me llegó el casting de Rebelde (primer papel al que audicioné, primer papel con el que me quedé). Así que dije: ya, voy a ser totalmente seria en ambas cosas; sin querer la moda también estaba ahí. Organizaba mis editoriales con mis amigos, nos íbamos a las pacas, armábamos looks. Y con todo eso junto dije: fuck it, creo que todos merecemos ser libres. Si nos gustan dos cosas, hagamos dos cosas; si nos gustan tres, hagamos tres. Sobre todo para los creativos, es natural querer abordar el arte de varias maneras.

Abrazarlo todo.
Sí, y la verdad es que todo enriquece todo. Ver cine te ayuda a escribir mejores canciones o leer un libro a tomar mejores fotos. Siento que todo enriquece la mirada. Más o menos así empezó mi historia. A los dieciocho años me regalaron mi primera guitarra y empecé a escribir canciones. Yo decía: sí, quiero ser cantante, pero cuando empecé a escribir canciones sentí que eso era lo que más me había movido hasta el momento. Escribir, crear, más que interpretar lo que alguien más creó. Me enamoré de componer, de hacer música, y así diría que empezó todo.
¿Y qué pasa con tu voz? ¿Tu herramienta principal estaba ahí y fue un descubrimiento o fue más un proceso de creación?
Un día le pregunté a mi mamá si siempre había sido “ronquita” y me dijo: Sí, totalmente. También tiene mucho que ver con la música que escuché desde niña, escuchábamos mucho reggae y mucho son cubano en casa, ambos géneros tienen este root, este sonido rasposo. Siento que eso me influenció mucho. También tengo un lado afro de parte de mi mamá, una parte de su familia es afro-mexicana, entonces yo salí afro, y mi voz es muy así. Con el tiempo empecé a escuchar un poco de esto, de ser afro-mexicana, y dije: wow, sí me identifico.
Y eso te perfila a cantar ciertos géneros…
Sí. Y al inicio de mi carrera me costó defender mis ideas, porque la música en la industria pasa a través de muchas personas, y yo quería hacer este tipo de música: justo la música que me gusta, más allá de lo que está pegando. Por ejemplo, me doy cuenta que seguimos escuchando a Mozart, entonces, la música, cuando conecta, conecta independientemente del momento o del trend. Hoy en día intento estar en mi propio camino musicalmente hablando, no intento pegarme a lo que están haciendo los demás, porque creo que es muy valioso ser auténtico, hacer lo que de verdad quieres hacer y que de verdad te guste a ti. Si conecta o no, no lo puedes controlar, pero sí puedes controlar cómo conectas con lo que estás haciendo. Desde hace un rato intento hacer lo que neta quiero hacer. Suena muy lógico, pero muchas veces hay una presión extraña por pegar, y muchos terminan haciendo más o menos lo mismo porque está de moda y yo ya decidí que quiero hacer lo mío.

Claro, justo iba para allá. ¿Cómo te has protegido de que no te gane esa presión del algoritmo por pertenecer?
Pues mira, en el camino que elegimos va a haber dificultades. No es algo que debas ver con indiferencia: a veces simplemente algo te pega. Yo quiero vivir muy bien, quiero que mi arte crezca. Pero creo que es concentrarte en escucharte, en lo que tu corazón realmente quiere. Dicen por ahí que entre más nos escuchamos, más clara es la voz de nuestra intuición; y entre más nos ignoramos, más bajita es. A veces me pega, pero intento volver a lo que creo. Yo quiero crear con verdad y hacer música que a mí me gusta, más que para complacer a los demás —porque ni siquiera puedes prever la reacción de los demás. Intento recordar hacer las cosas con el corazón.
¿Hay algo que no disfrutes del proceso de hacer música y entonces representa un reto para ti?
Sí. Por una parte siento que la música sigue siendo bastante mal pagada. El streaming es algo tan nuevo que las leyes apenas van llegando a cubrirlo. Entonces, el reto de dedicarte al arte es vivir de ello, siendo sincera. También, como te dije, la música pasa por varias personas y no siempre funciona igual. Hay que tomar decisiones todo el tiempo en un proyecto en el que hay mucha gente involucrada. Yo lo manejo intentando actuar con honradez: llevar mis ideales a cómo trabajar detrás de todo y buscar la excelencia, la dignidad y la verdad.
¿Tú sigues siendo independiente?
Estoy con un sello independiente, pero sí. Digamos que independiente se le dice a todos los que no están en majors; las disqueras de mayor infraestructura.
¿Qué recomiendas a los jóvenes que aspiran a ser artistas?
Mi recomendación número uno para artistas o aspirantes a artistas es prepararse. Hay que prepararse para hacerlo de manera profesional. Y número dos: aventarse. Las redes sociales pueden servir mucho. Sí hay maneras, porque todos los artistas de disquera empiezan de indies. Todos tienen que construir para llegar ahí, y en ese sentido todos podríamos construir. Las redes sociales pueden servir bastante. No hay una fórmula, pero yo siempre digo: si es tu sueño, aviéntate, prepárate y en el camino vas a ir entendiendo los cómos, porque realmente no hay un camino preestablecido.

Si alguien escucha Coyota por primera vez, ¿qué crees que entienda de ti? ¿Qué crees que descubre en sus canciones?
Siento que mi música suena como una mujer brava, con inquietudes espirituales, pero que está viviendo su vida. Las canciones me ayudan mucho a revolcarme en lo que me pasa. Me gusta pensar que Coyota, en general, es música de poder.
Aunque una canción fuera sobre ritualizar un corazón roto o sobre quedarte un día sola en tu casa a tripear —fuera cual fuera la temática—, yo quería que empoderara el hecho de bajar la máscara, plantarte con tu verdad, vulnerar. El poder de bajar la máscara. Me gusta pensar que se conecta por ahí: desde el poder, pero no desde el ego, sino desde algo más profundo.
Aunque una canción fuera sobre ritualizar un corazón roto o sobre quedarte un día sola en tu casa a tripear —fuera cual fuera la temática—, yo quería que empoderara el hecho de bajar la máscara, plantarte con tu verdad, vulnerar. El poder de bajar la máscara. Me gusta pensar que se conecta por ahí: desde el poder, pero no desde el ego, sino desde algo más profundo.
¿Cuánto tiempo te llevó construir Coyota?
Fueron tres años, porque en algún momento tuve un quiebre: una cosa de decir: sí, sí voy a ser artista, pero la cosa está difícil. ¿Cómo voy a vivir de la música? Tomé un poco de distancia, me fui a vivir unos meses a la playa y tomé una chamba random por allá. No sé cómo explicarte cuánto sufría. Coyota vino a reafirmarme que este es mi camino y que no se siente igual dedicarte a algo que amas que dedicarte a algo que no. Fue un proceso ni siquiera planeado, porque muchas veces los álbumes parten de un concepto y se compone alrededor de eso. Pero realmente, con Coyota, yo dije: Es mi primer álbum y quiero que el camino me muestre el camino. Quería empezar a hacerlo y que el álbum me dijera: esta soy yo. Eso tomó tiempo, pero ya está aquí.
Tienes un montón de colaboraciones en este álbum, ¿no?
Sí, hay varias. A mí me encantan las colaboraciones. Siento que es superinteresante y es un honor escribir y cocrear con gente que admiras porque tu visión se mezcla con la de su cabeza. Compartir la creación siempre me ha llamado la atención. Yo quería colaborar en este álbum con personas que admiro mucho, de distintos géneros. Por ejemplo, está Bebo Dumont, de Puerto Rico. Yo conozco su música desde hace años; a él no, solo su música. Además toca con Cultura Profética, es el baterista, y Cultura Profética fue mi banda favorita toda mi adolescencia. También está Teorema, un rapero chileno. Es gente que admiro desde hace mucho tiempo, que traía en la mirada y con quienes el destino me unió. Yo soy muy de proponer. Muchas cosas que han pasado en mi carrera es porque mando mails, escribo mensajes, propongo. Se unieron los planetas para que varios artistas que admiro mucho fueran parte de Coyota.
Después de esta conversación, Coyota se escucha desde otro lugar. Más que responder a una idea preconcebida, el álbum encontró su forma conforme las canciones fueron apareciendo, avanzando con libertad. Escucharlo es seguir el recorrido de una artista que eligió confiar en su intuición y recordar que, a veces, la música más honesta es la que deja espacio para que cada quien complete la historia.
Todas las prendas de WARD.







