¿Y si unas medias, un objeto cotidiano o una postura inesperada pudieran contarnos algo que todavía no habíamos imaginado? Para Sylvia Pérez, directora creativa y de arte, mirar es también una forma de descubrir nuevas posibilidades. Su trabajo parte justo de eso, cuestionar lo familiar para construir imágenes que conectan ideas, objetos y cuerpos desde perspectivas inesperadas.
Hay quienes encuentran inspiración en lo extraordinario y alejado de la cotidianeidad y quienes saben descubrirla en aquello que suele pasar desapercibido. Sylvia Pérez pertenece a las segundas. Su mirada encuentra relaciones inesperadas entre formas, materiales y gestos para transformarlos en imágenes que invitan a mirar dos veces. Formada en Diseño y Producción Editorial y en Gráfica Publicitaria, ha desarrollado una trayectoria que combina dirección creativa, moda y fotografía. Esta sensibilidad se refleja tanto en sus proyectos comerciales como en Intended Collisions, una serie que conecta objetos funcionales y moda a través de asociaciones visuales inesperadas. En esta conversación, hablamos con Sylvia sobre su proceso creativo, la construcción de un lenguaje visual propio y su interés por cuestionar las convenciones de la imagen.
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¡Hola, Sylvia! Encantada de conocerte. Para empezar, ¿cómo nació tu interés por la dirección creativa? ¿Hubo algún momento o proyecto que te hiciera darte cuenta de que querías dedicarte a esto?
Creo que empezó mucho antes de saber que la dirección de arte existía como profesión. De pequeña recortaba anuncios publicitarios y páginas editoriales de las revistas y suplementos dominicales que llegaban a casa. Me atraían sin saber muy bien por qué y todavía conservo algunos. Con el tiempo empecé a fijarme en los créditos y a preguntarme quién estaba detrás de aquellas imágenes.
Estudié Diseño y Producción Editorial y después Gráfica Publicitaria. Pasé por la maquetación, el diseño gráfico, el branding, el desarrollo web y la fotografía de producto, sin llegar a identificarme del todo con ninguna disciplina en específico. Hasta que entendí que lo que más me interesaba no era ejecutar cada una de esas partes, sino pensar cómo se relacionaban entre sí. De alguna manera, llevaba tiempo buscando la dirección de arte sin saber cómo llamarla.
¿Cómo describirías lo que haces a alguien que no conoce tu trabajo? Y, más allá de lo profesional, ¿qué es lo que más te interesa o te despierta curiosidad a la hora de crear?
Mi trabajo consiste en desarrollar ideas y encontrar cómo comunicarlas visualmente. A veces parto de un concepto que una marca quiere transmitir; otras, el reto es encontrar esa idea y construir un lenguaje visual a su alrededor. Como directora creativa busco una visión global que dé coherencia al proyecto. Eso implica tanto tomar decisiones visuales como identificar a los profesionales adecuados, entender qué puede aportar cada uno y establecer una dirección común. Me interesan especialmente las imágenes capaces de comunicar algo más allá de lo que muestran literalmente: el simbolismo, las dobles lecturas y las conexiones inesperadas entre elementos aparentemente inconexos.
Cuando veo tus proyectos, tengo la sensación de que tus ideas surgen de observar las cosas hasta encontrar conexiones que no son tan evidentes. ¿Cómo suele empezar una idea para ti? ¿Hay algún hábito o momento en el que te resulte más fácil conectar conceptos?
Es bastante más aleatorio de lo que parece. Las ideas suelen aparecer cuando estoy haciendo cualquier cosa menos trabajar, y mucho menos cuando me piden tres ideas nuevas para mañana. Durante mucho tiempo tenía pequeñas revelaciones que después perdía, hasta que empecé a archivarlas. Incluso en una hoja de cálculo. Sí, con sus categorías y todo. Así he construido una biblioteca personal de ideas a las que llamo ‘detonadores’. Suelen ser observaciones, asociaciones o conceptos escritos que todavía no tienen forma visual. A veces recupero uno y lo conecto con las necesidades de un proyecto; otras, aparece una asociación inesperada. Lo interesante viene después: encontrar la imagen capaz de comunicarla.
“Me interesan especialmente las imágenes capaces de comunicar algo más allá de lo que muestran literalmente.”
En tu trabajo conviven constantemente lo físico y lo digital. ¿Te pasa que, cuando ves un objeto en tu día a día, empiezas a imaginar cómo lo fotografiarías o cómo podrías sacarlo de su contexto?
Tengo cierta fijación con los objetos cotidianos, especialmente con aquellos tan funcionales que prácticamente se vuelven invisibles. Me interesa observarlos fuera del contexto para el que fueron diseñados. También me atraen sus cualidades formales: la silueta, las proporciones, la materialidad o la manera en que están construidos. Me fascina cómo su diseño puede hablar de una época o de una determinada manera de entender el mundo. A veces basta con cambiar el punto de vista, la escala o el contexto para descubrir cualidades inesperadas. Me gusta pensar en ello como una forma de amplificar lo cotidiano.
En Intended Collisions conectas el trabajo de distintos fotógrafos a partir de similitudes visuales inesperadas. ¿Cómo surgió la idea del proyecto y qué te interesaba explorar a través de él?
Intended Collisions surgió de las ganas de reunir dos mundos que siempre me han interesado: los objetos funcionales y la moda. Quería hacerlos dialogar en un proyecto propio que me permitiera mostrar mi visión de manera más directa. La idea es una serie curatorial en la que dos equipos creativos trabajan de forma independiente, conectados por un concepto común. Uno desarrolla la imagen de un objeto funcional; el otro interpreta sus formas y estructura a través del cuerpo femenino, la pose y la moda. Al encontrarse en un díptico, las imágenes generan un nuevo significado. Me interesaba esa relación entre lo técnico y lo corporal, la función y la expresión, y los códigos tradicionalmente asociados a lo masculino y lo femenino.
También es una oportunidad para reunir equipos creativos cuyo trabajo admiro y con los que todavía no he coincidido en proyectos comerciales. Me permite conocer sus procesos, experimentar juntos y descubrir qué podemos construir, pensando también en futuras colaboraciones.
¿Recuerdas alguna de las conexiones de Intended Collisions que te sorprendiera especialmente o que te costara encontrar?
Curiosamente, lo más complicado no suele ser encontrar la conexión, sino transmitirla al equipo. En este proyecto el cuerpo tiene que adaptarse a la forma del objeto, y encontrar una referencia que ilustre exactamente la postura que imagino puede ser muy difícil precisamente porque esa imagen todavía no existe. El reto es conseguir comunicar algo que, de momento, solo está en mi cabeza.
Tanto en Intended Collisions como en tu trabajo comercial, colaboras con fotógrafos y otros creativos. ¿Qué buscas en las personas con las que trabajas? ¿Prefieres que compartan tu sensibilidad o que cuestionen tu manera de ver las cosas?
Depende del proyecto. En los personales, como Intended Collisions, tengo libertad para reunir a fotógrafos, estilistas, maquilladores y otros profesionales cuyo trabajo admiro y con los que me apetece experimentar. En los comerciales, la elección responde tanto a las necesidades del encargo como al lugar donde se produce. No siempre se trata de trabajar con quienes tengo mayor afinidad creativa, sino de identificar quién puede aportar más al proyecto. Como buena parte de mi trabajo se desarrolla internacionalmente, esto implica a menudo encontrar y reunir a los profesionales adecuados en cada ciudad.
En cualquier caso, busco personas con voz propia y criterio, que aporten ideas que yo no había contemplado. El escenario ideal es cuando coinciden las dos cosas: un proyecto alineado con mi visión y la libertad de reunir al equipo con el que realmente quiero trabajar. Cuando se da esa combinación, es un diez.
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Has trabajado con marcas y publicaciones muy diferentes, pero hay una sensibilidad visual que conecta tus proyectos. ¿Cómo adaptas tu lenguaje a cada encargo sin perder tu propia identidad?
Ha sido cuestión de tiempo, experiencia y, sobre todo, de aprender a elegir. Al principio de mi carrera aceptaba proyectos muy distintos, pero llegó un momento en que empecé a preguntarme cuáles me acercaban realmente al trabajo que quería hacer. Empecé a decir que no a encargos que no encajaban con esa dirección aunque eso significara tener menos proyectos. También fui más selectiva con lo que mostraba en mi porfolio. Prefería avanzar más despacio pero construir una trayectoria coherente con lo que quería desarrollar. Curiosamente, estaba aplicando a mi propia carrera el mismo ejercicio de selección y edición que hago como directora creativa.
Para mí, una identidad propia no consiste solo en tener un lenguaje visual reconocible. También está en las decisiones que tomas: qué proyectos aceptas, qué descartas y cómo relacionas elementos para que juntos comuniquen algo.
Cuando una marca te contacta, imagino que es porque le interesa precisamente tu manera de mirar las cosas. ¿Sueles tener libertad para desarrollar tus ideas o alguna vez has tenido que renunciar a parte de tu visión para ajustarte a lo que te pedían?
¡Ojalá fuera siempre así! Aunque cada vez recibo más encargos en los que buscan específicamente mi visión, otras veces se trata de interpretar una identidad ya definida y responder a unos objetivos de comunicación concretos. Tener un lenguaje propio no significa aplicarlo igual a cualquier proyecto. Me interesa encontrar cómo mi criterio puede dialogar con el universo de una marca.
Por ejemplo, en la campaña para OSOI trasladé uno de mis intereses recurrentes, alterar nuestra manera habitual de percibir las cosas, a un contexto comercial. En lugar de cambiar el ángulo de la cámara decidimos intervenir la posición del cuerpo para situar el producto a la altura de los ojos, transformando nuestra percepción de la figura y su relación con el entorno urbano. Los mejores resultados aparecen cuando existe confianza y espacio para interpretar, cuando la marca encuentra algo en mi visión que quiere incorporar a su universo y yo encuentro una oportunidad para explorarla desde un lugar nuevo.
¿Hay ideas que te apetezca explorar y que solo encuentres espacio para desarrollar fuera de los encargos comerciales?
¡Muchísimas! Algunas ideas que he desarrollado más adelante nacieron como propuestas comerciales que no llegaron a aprobarse. Que una idea no encaje en un proyecto no significa que deje de creer en ella; a veces simplemente no era el cliente o el momento adecuado. Suelo guardarlas y buscar otras oportunidades, ya sea en nuevos encargos o en proyectos personales donde tengo más libertad para experimentar. Tengo muchas más ideas que oportunidades de llevarlas a cabo, así que prefiero no descartarlas demasiado rápido.
Hay mucho trabajo detrás de una imagen que el espectador nunca llega a ver. ¿Qué parte de tu proceso creativo disfrutas más y cuál dirías que es la más importante para llegar al resultado que buscas?
Aunque disfruto mucho de la concepción inicial, lo que más me gusta es ver cómo una idea que solo existía en mi cabeza se convierte en una imagen real. Reconocer algo de mi visión y descubrir cómo las aportaciones del equipo la han llevado más allá de lo que había imaginado.
También me encanta que todos los involucrados se sientan orgullosos del resultado y reconozcan su aportación. Y, por supuesto, compartirlo con el mundo y comprobar que efectivamente consigue sorprender a otras personas.
“Una identidad propia no consiste solo en tener un lenguaje visual reconocible. También está en las decisiones que tomas: qué proyectos aceptas y qué descartas.”
La editorial Hold Me Tight me parece especialmente interesante por la forma tan poco convencional en la que muestras un producto cotidiano como unas medias. ¿Cómo llegaste a esa idea y qué querías explorar con una representación del producto y de los cuerpos que se aleja de lo que estamos acostumbrados a ver en una editorial de moda?
Tiene mucho que ver con mi manera de observar la moda. A menudo analizo las prendas como si fueran objetos, prestando atención a su estructura, materiales y propiedades físicas. En lugar de partir del cuerpo y pensar cómo vestirlo, me gusta hacer el ejercicio contrario: partir de la prenda e imaginar qué puede hacer sobre él.
En Hold Me Tight quería convertir unas medias, una prenda normalmente secundaria, en protagonistas. Me interesaba la contradicción de su naturaleza: son extremadamente elásticas y se adaptan a casi cualquier postura, pero también pueden comprimir, limitar el movimiento o generar incomodidad. Quería explorar esa tensión entre adaptación y resistencia, utilizando el cuerpo para revelar las posibilidades formales de la prenda, en lugar de limitarme a mostrar cómo queda puesta.
¿Hay alguna imagen, fotografía o publicación a la que vuelvas constantemente? ¿Qué hace que siga despertando tu curiosidad incluso después de haberla visto muchas veces?
Vuelvo constantemente a la publicidad impresa de los años 70, 80 y 90. Me fascina el ingenio con el que una idea podía condensarse en una sola página, combinando imagen y texto para transmitir un mensaje memorable. Todavía colecciono publicaciones de aquella época, especialmente por su simbolismo, sus dobles lecturas y la complicidad que establecían con el espectador. Me recuerdan que una imagen no necesita ser compleja para comunicar algo complejo.
Para terminar, ¿qué te apetece explorar ahora mismo que todavía no hayas podido llevar a cabo? ¿Hay algún proyecto o territorio visual al que tengas especial interés en acercarte?
Últimamente me interesa seguir explorando nuevas formas de representar la moda, especialmente la mezcla de estilos aparentemente incompatibles y los límites entre función y estética. También me atrae cada vez más el cuerpo en movimiento, alejado de la representación frontal y estática de la mujer como un maniquí. Las posturas inesperadas permiten transmitir actitudes y emociones que van mucho más allá de mostrar una prenda: rebeldía, inconformismo, incomodidad o humor. Por eso estoy trabajando más con bailarinas y performers, además de modelos. En general, me mueve cuestionar las convenciones visuales. Cuando una forma de representar algo se repite hasta convertirse en norma, me entran ganas de buscar otra manera de mirarlo. Llámame inconformista.
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