Horas y horas de cola en la puerta de Orbe, ella los llama la secta. Algunos de los fans de Saramalacara llevan esperando desde las 9 de la mañana para presenciar su concierto en Ciudad de México, a solo una noche de Halloween. La argentina tiene en el país una de sus comunidades de fans más grandes de todo el planeta, y creedme: se nota.
Se rompió la valla (y ya había pasado en su concierto anterior, en 2024 en la ciudad). El concierto incluso tuvo que detenerse por la cantidad de público aglomerado en la primera fila. No fue un momento corto: nadie quería renunciar a su privilegiada posición. Esta pausa se llenó de gritos de “te quiero Sara”, “que se muevan”, “váyanse a la verga” (hacia los que no querían moverse) y más gritos de la fanaticada. Se trata del tercer show de Sara en el país y eso, ya saben, genera culto.
Para quien llegue tarde a la congregación: Sara Froján tiene veinticinco años, salió del colectivo Rip Gang y desde abril presenta MATADEROS, su segundo disco, editado con Interscope y bautizado con el nombre de su barrio porteño. Lo de secta no es exageración: ha vuelto a usar Facebook como canal principal con sus fans, como si internet siguiera siendo el de principios de siglo, y este año dio un concierto gratis en el skatepark de Mataderos a beneficio de un comedor del barrio.
Veintiocho canciones, ni una menos, y un despliegue visual a la altura: grandes letras en blanco y negro que se sucedían segundo a segundo, mezcladas con imágenes emo, traperas y kawaii. Sara salió con un outfit que armó con su estilista a partir de piezas thrifteadas, con un vestido camisón como falda que la convertía en toda una princesa emo. Remataba el look una chamarra de dEbut (tienda de la que ya os hablamos aquí) al estilo de Gerard Way. Arrancó con Despacio y Señal de Dios, y desde ahí MATADEROS sostuvo buena parte de la noche, con al menos once de sus diecisiete canciones.
Para los de siempre volvieron Humo, Fotolove y Sola, de Heráldica, y si tuviera que quedarme con un momento, me debatiría entre esta última y Tenemos piel: con las dos, Orbe se convirtió en un coro. Al micro, Sara no se enrolló: “estoy muy feliz”, y con eso bastaba. Hubo también una mención a Chile que enseguida corrigió divertida. Cerró con Darksouls en plena víspera de Halloween (ni hecho a propósito) y, cómo no, con En la oculta: una secta no podía despedirse de otra forma.
No me malinterpretes: que una valla ceda una vez es anécdota; que ceda dos, es un aviso. A una comunidad que hace guardia desde la mañana se le quedan cortas las salas de este tamaño, y la próxima vez merece un recinto a la altura de su culto.
La misa sigue por Latinoamérica y cierra en España, con Barcelona el 27 de noviembre y Madrid el 29. Si me leéis desde allí, id con tiempo y con agua. Misa de víspera, sí. Pero la secta, que nadie lo dude, ya tiene parroquia en México.
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