La creatividad debería abrir puertas, no levantar barreras. Sin embargo, dedicarse al sector creativo sigue siendo, para muchas personas, un camino marcado por la precariedad, los contactos y los privilegios económicos. Frente a esta realidad nace
Creatives’ Roots, un proyecto impulsado por Janet y Adriana que busca transformar la industria cultural en un espacio más accesible, diverso y colaborativo. A través de encuentros y redes de apoyo como Cena de creativas, ambas apuestan por una forma diferente de entender la creatividad: una en la que compartir oportunidades sea tan importante como el talento.
Hola, chicas, ¿qué tal estáis? Para empezar, ¿cómo describiríais Creatives’ Roots a alguien que todavía no os conoce?
¡Hola! Somos Janet y Adriana, las chicas que están detrás de Creatives’ Roots. Este proyecto nace con el propósito de abordar las tensiones actuales a través de la creatividad. Queremos promover una industria artística y cultural más accesible, diversa y habitable, creando un refugio para quienes forman parte de ella.
Buscamos dignificar el sector cultural y convertirlo en un espacio de aprendizaje y crecimiento a través de encuentros. Trabajamos desde la observación y la curiosidad: primero identificamos las dificultades a las que nos enfrentamos nosotras mismas y, después, las que encontramos en nuestro entorno. A partir de ahí, intentamos buscar constantemente nuevas soluciones que puedan mejorar la vida de las personas. A veces los problemas concretos son mucho más interesantes de lo que parecen y, precisamente, son aquellos a los que podemos ofrecer soluciones más reales.
¿En qué momento se encuentra el proyecto actualmente?
Ahora mismo estamos en un momento de crecimiento. Utilizamos nuestra creatividad como motor de cambio y confiamos en el poder de las conexiones humanas para romper las barreras de acceso y de clase.
¿Cómo surgió la idea? ¿Nació de una experiencia personal, de algo que echabais en falta en la industria o de una necesidad que compartíais con otras personas del sector?
La idea surge de una necesidad personal. Llegamos a Madrid y nos damos cuenta de que el sector creativo es un entorno bastante elitista y de que existe una brecha de acceso para los jóvenes que quieren dedicarse a él y no tienen tantos recursos. Empezamos a pensar en soluciones a este problema y llegamos a la conclusión de que las conexiones humanas podían ser una herramienta muy poderosa en un mundo que funciona a través de contactos y recomendaciones.
Existe una idea muy romantizada de las profesiones creativas: dedicarse a lo que te gusta como si la pasión pudiera compensarlo todo. Sin embargo, la realidad muchas veces pasa por trabajos no remunerados y precariedad. ¿Cómo podemos empezar a desmontar esa narrativa sin renunciar al valor de la vocación?
El problema es que se ha normalizado una situación que nos arrastra a todas. El sector creativo es un ámbito en el que hay muchísima vocación. Las personas que nos dedicamos a esto creemos en lo que hacemos y estamos dispuestas a dar mucho por ello. Sin embargo, esa vocación se ha utilizado como moneda de cambio. Si el talento joven dejara de aceptar este tipo de condiciones, estas dejarían de existir, porque nos necesitan. Pero no es nada fácil rechazarlas cuando, individualmente, son la única opción que conoces o a la que tienes acceso. Por eso es importante empezar a crear comunidades y colectivos que nos permitan cuestionar juntas estas dinámicas y presionar para que mejoren las condiciones y se solucionen los problemas de la industria.
“Buscamos dignificar el sector cultural y convertirlo en un espacio de aprendizaje y crecimiento a través de encuentros.”
Habláis de Creatives’ Roots como un refugio dentro de la industria. ¿De qué sentís que necesitan refugiarse hoy las personas que trabajan en el sector creativo?
La palabra “refugio” para nosotras tiene mucho que ver con lo anterior: con encontrar un lugar seguro desde el que organizarnos y crear. El sector creativo es un lugar bastante hostil al que no todo el mundo puede acceder. Para nosotras, la creatividad debería ser todo lo contrario. Por eso decidimos crear espacios donde compartir ideas y aprender no esté condicionado por la rivalidad, la competencia o la necesidad constante de demostrar lo que vales.
Desde que empezasteis el proyecto, ¿qué habéis aprendido de la comunidad que habéis construido?
Que no somos las únicas que sentimos esta necesidad. Hay muchísimas personas que comparten las mismas inquietudes y que buscan conectar con otras desde un lugar más honesto. Hemos creado una comunidad de personas que están dispuestas a ayudar y aprender del resto, y eso hace que nosotras también podamos hacerlo.
Muchas mujeres entran en la industria creativa pero pocas llegan a ocupar puestos de dirección. ¿Qué barreras siguen dificultando ese recorrido y hasta qué punto son estructurales?
Una de nuestras iniciativas dentro del proyecto son las Cenas de creativas, con las que buscamos impulsar la carrera de mujeres dentro del sector creativo ayudándonos entre nosotras en un mundo que todavía sigue estando muy liderado por hombres. Buscamos romper la barrera de acceso a la industria creativa y aumentar el número de mujeres que consiguen llegar a puestos de dirección a través de la ayuda intergeneracional. Nos ayudamos de las que ya han llegado lejos para extender la mano a las que aún están empezando. Basamos la iniciativa en un estudio de Más Mujeres Creativas, que afirma que solo un treinta y tres por ciento de las mujeres llega a puestos de dirección creativa. Y resulta llamativo, porque las mujeres somos mayoría en muchas de las etapas formativas y en los primeros años de profesión.
La cuarta edición de Cena de creativas, celebrada en Barcelona, reunió a María Cerdán, Pita Gan y Helena Marzo. ¿Qué os interesaba poner en común a través de sus experiencias y trayectorias? ¿Qué valor tiene acercar referentes profesionales a quienes todavía están construyendo su camino?
María, Pita y Helena son tres mujeres a las que llevamos tiempo admirando y siguiendo, y teníamos muchísimas ganas de sentarnos con ellas y escucharlas de cerca. Para nosotras, juntar en una misma mesa a mujeres que admiras y poder hablar con ellas desde la cercanía es una forma muy bonita de romper esa barrera que existe entre las que ya han llegado lejos y las que todavía estamos construyendo nuestro camino. Poder compartir dudas, inquietudes y miedos con personas que probablemente ya lo hayan vivido y, a la vez, poder hacerlo entre mujeres, porque sabemos que llegar así de lejos muchas veces cuesta un poco más. Con Cena de creativas queremos acercar a personas que admiramos, generar conversaciones que normalmente no tendríamos y aprender las unas de las otras.
A menudo se habla de sororidad, pero no siempre se traduce en oportunidades concretas. ¿Cómo puede el apoyo entre mujeres convertirse en una herramienta real de crecimiento profesional?
Creemos que el apoyo entre mujeres tiene mucho más valor cuando pasa de las palabras a los hechos: cuando recomiendas a otra mujer para un proyecto, compartes un contacto o reconoces su trabajo. Para nosotras, la sororidad también consiste en ser conscientes de las oportunidades que tenemos y pensar cómo podemos hacer que otras mujeres también puedan acceder a ellas. Creemos que el apoyo entre mujeres es fundamental para avanzar porque, si no construimos redes en las que podamos sostenernos, compartir lo que sabemos y ayudarnos a llegar más lejos, difícilmente lo va a hacer alguien por nosotras. Se trata de entender que juntas podemos llegar a lugares a los que, quizá, por separado nos habría costado mucho más llegar.
En una industria donde los contactos pueden determinar el acceso a determinadas oportunidades, ¿cómo se construyen redes profesionales más abiertas? ¿Puede una iniciativa como Cena de creativas contribuir a cambiar las reglas del juego?
Una frase que nos acompañó cuando creamos el proyecto fue: Si este mundo va de contactos, deberían existir lugares donde poder crearlos. Para nosotras, romper con la brecha de clase es fundamental. Siempre nos ha preocupado mucho el hecho de que la mayoría de las personas que trabajan en esta industria sean personas que se lo pueden permitir. Y hay algo paradójico en esto: creemos que las personas más creativas son precisamente aquellas que han tenido que enfrentarse a más dificultades, porque, a través de ellas, se puede desarrollar una habilidad para encontrar soluciones nuevas, que es precisamente lo que significa para nosotras la creatividad.
La realidad desde la que miramos el mundo condiciona las ideas que somos capaces de imaginar. Haber vivido determinadas situaciones te permite identificar problemas que otras personas ni siquiera ven y proponer soluciones que, sin conocer esa realidad de cerca, difícilmente se te habrían ocurrido. Por eso creemos que una industria más accesible no solo es una industria más justa. También es una industria con más perspectivas, más ideas y más posibilidades. Cena de creativas busca justamente acercar las oportunidades a cualquier mujer, pueda o no pagarse un máster. Queremos acercar referentes, perspectivas y, sobre todo, tratar de generar conexiones que nos echen una mano cuando lo necesitemos.
En el sector creativo se valora mucho la versatilidad, pero detrás de ella a menudo hay profesionales que diseñan, producen, gestionan, enseñan y buscan financiación para poder sostener su trabajo. ¿En qué momento la capacidad de hacer muchas cosas deja de ser una virtud y se convierte en un síntoma de precariedad?
No se puede ser bueno en todo y tampoco deberíamos tener que serlo. La capacidad de hacer muchas cosas puede ser algo muy enriquecedor porque te permite aprender, descubrir y tener ambición y ganas de mejorar. El problema aparece cuando tienes que hacerlo todo, no porque quieras aprender, sino porque no tienes los recursos o porque necesitas asumir cada vez más tareas para poder sostener tu trabajo.
Para nosotras, eso muchas veces significa dejar de dedicar tiempo a aquello que de verdad te emociona o en lo que te gustaría seguir creciendo para acabar ocupándote de todo lo demás. Y creemos que ahí se pierde algo importante porque no tener tiempo para desarrollar tu talento también limita tu capacidad creativa. En ese momento dejas de poder dedicarte tiempo a ti misma y a lo que de verdad te mueve para empezar a hacerlo todo por los demás, y eso se convierte en un síntoma de precariedad. Deja de ser una elección y una oportunidad para crecer y pasa a ser una obligación para poder llegar a todo.
Si queremos una industria creativa más diversa, también necesitamos preguntarnos quién puede permitirse formar parte de ella. ¿Qué papel desempeñan la clase social y los recursos económicos en las oportunidades que recibe una persona creativa?
Nos encantaría poder decir que en la industria creativa todo depende del talento, de las ideas y de las ganas que tengas de hacer cosas, pero la realidad es que no todas las personas parten del mismo lugar. Poder aceptar unas prácticas mal remuneradas, trabajar gratis para ganar experiencia, vivir en una ciudad donde se concentran las oportunidades o dedicar tiempo a un proyecto personal sin saber cuándo vas a poder rentabilizarlo son privilegios que no todo el mundo puede permitirse. Y eso hace que muchas personas con muchísimo talento se queden por el camino, no porque no tengan capacidad, sino porque no pueden asumir el coste económico que implica dedicarse a lo que les gusta.
Para nosotras, hablar de una industria creativa más diversa también significa hablar de las condiciones materiales que permiten formar parte de ella. Creemos que el talento puede aparecer en cualquier lugar, pero las oportunidades no siempre llegan a todas partes. Y nos gustaría que el acceso a la industria dependiera mucho menos de los recursos con los que se nace y mucho más de lo que puedes aportar, siempre y cuando tengas ganas de hacerlo.
“Hablar de una industria creativa más diversa también significa hablar de las condiciones materiales que permiten formar parte de ella.”
¿Cómo se puede construir una comunidad que genere oportunidades reales sin reproducir las mismas dinámicas de exclusividad que pretende transformar? ¿Qué significa para vosotras hacer que la creatividad sea verdaderamente accesible?
Lo primero para nosotras es el precio de acceso a los eventos. Si mantenemos los precios accesibles en cualquier encuentro, nos aseguramos de romper con el primer problema del sector: la barrera de acceso. La mayor parte de las veces se accede a través de másteres privados de miles de euros. Nuestras iniciativas van desde los cinco euros hasta los treinta y cinco. Somos muy conscientes de las limitaciones de una masterclass individual, un taller o un espacio de networking, pero también de las pequeñas oportunidades que les pueden ir abriendo a quienes están empezando e incluso a quienes ya forman parte del sector. Es fundamental tener muy claros nuestros valores y no perderlos de vista por el camino.
También creemos que construir una comunidad así implica estar abiertas a cuestionarnos constantemente. No tenemos todas las respuestas ni creemos que exista una fórmula perfecta, pero intentamos construir Creatives’ Roots desde esa inquietud: preguntándonos a quién estamos llegando y cómo podemos hacerle el camino un poco más fácil.
Si pudierais imaginar una industria creativa dentro de diez años en la que proyectos como Creatives’ Roots ya no fueran necesarios, ¿cómo sería? ¿Qué tendría que haber cambiado para que nadie se quedara fuera de la mesa?
Nos encantaría imaginar una industria en la que nadie tuviera que sentir que no pertenece a ella o que necesita conocer a alguien para encontrar su sitio. Una industria en la que el talento tuviera más peso que los contactos, los recursos económicos o las oportunidades que hayas tenido desde el principio. En la que nadie tuviera que demostrar constantemente que merece estar ahí. Nos gustaría que fuera una industria más generosa, donde compartir oportunidades no se entendiera como perder algo, sino como una forma de crecer en conjunto. Si dentro de diez años Creatives’ Roots ya no fuera necesario, significaría que algunas de las cosas que hoy intentamos cambiar ya habrían dejado de ser un problema.
Y, sobre todo, nos gustaría que esa industria estuviera construida por personas que, cuando han conseguido avanzar, se acuerdan de quienes vienen detrás y les tienden la mano. Porque este proyecto no sería posible sin todas esas personas que miran hacia atrás y hacen el camino un poquito más fácil a las que aún están por llegar.