En apenas unos años, La Texana pasó de ser un proyecto casero nacido en pandemia a convertirse en una de las propuestas independientes más sólidas del país. Con un álbum, un EP y una serie de sencillos que han construido una identidad reconocible, Josué —la mente detrás del proyecto— ha demostrado que el crecimiento no siempre depende de la inmediatez, sino de la paciencia, la estrategia y una convicción profundamente do it yourself. Mientras los algoritmos premian la velocidad, La Texana ha apostado por desarrollar un universo propio: canciones, imágenes, videoclips, giras y una comunidad que hoy llena foros y convierte cada concierto en un ritual colectivo. Conversamos con él sobre independencia, cine, punk, identidad y el futuro de un proyecto que parece haber tomado el toro por los cuernos.
En muy poco tiempo construiste una carrera muy sólida. Con un disco, un EP y una veintena de canciones ya tienes un público que no solo te escucha, sino que te corea y llena cada espacio donde te presentas. ¿Cómo fue que construiste esto?
Empecé en enero de 2021 sacando un sencillo mes con mes hasta diciembre de ese año. Mi idea era construir una base sólida antes de pensar en un disco. Incluso en YouTube etiquetaba todo como post-punk mexicano. Eso fue atrayendo a muchas personas y, aunque parezca loco, sí estaba un poco pensado para que fuera un producto. Había una estrategia desde el nombre hasta la manera de publicar la música. En noviembre de ese primer año conocí a Lucas, mi manager desde ese momento, y ahí empezó a crecer el equipo. Él me dijo: “Sé que quieres hacer música; para el siguiente año podemos sacar un EP. Quiero que tengas cuatro o cinco canciones que podamos usar con una distribuidora que se llama Altafonte”. Yo dije: va, lo voy a hacer, producido todo desde mi casa, pero metiendo la mezcla de Pablo Barros, un amigo nuestro que es un gran mixer. Fueron esas cinco canciones con estrategias que salían de mi cabeza, pero ya con dos personas más en el equipo.
Para sacar el primer disco sí fue algo mucho más pensado. Siento que no hemos tenido tiempo de regarla: todo ha sido tan espaciado y tan pensado que tanto los shows en vivo como lo que hacemos en estudio han podido desarrollarse conforme el proyecto va creciendo. A lo mejor ves el proyecto en Spotify y no parece tan fuerte en comparación con otras bandas de hoy, o con lo que pasa en TikTok, pero vas a los shows y realmente hay pocas bandas que venden lo que vendemos nosotros. Creo que ha sido por eso de no dar pasos sin guarache, como se dice en mi tierra. Todo sigue siendo muy casero, pero cada paso está pensado. Nunca hemos sentido la necesidad de correr.
Da la impresión de que hubo una estrategia casi de sello discográfico. ¿La pandemia también impulsó ese espíritu do it yourself?
De hecho, esto no lo platico mucho, pero antes de La Texana tenía un proyecto de folk, inspirado en toda esa ola de artistas indie y morritos como yo. Lo empecé a los quince o dieciséis años, cuando estaba en la preparatoria. Empecé a escribir canciones y a tocar guitarra acústica; era 2018. Intenté hacer cosas con eso, pero no funcionaba muy bien y lo dejé un rato. Justo lo retomé cuando llegó la pandemia. En 2020 dije: voy a empezar a hacer canciones con esto, y en 2021 dije: voy a hacer otro proyecto, porque se lo quiero enseñar a mis amigos. Quería hacer algo como el post-punk ruso, pero en español y en México. Les mandé la primera canción, que se llamaba Nunca he sabido amar, y un amigo me dijo que se parecía al single Negro de J Balvin.
Dije: ok, funciona, esto tiene mucho crecimiento. Llevaba ya unos años haciendo música y aprendiendo a producir, pero siento que el segundo año de pandemia me agarró muy bien parado. Ya estábamos a punto de salir y empezar a hacer shows en vivo; justamente mi primer show fue en febrero de 2022. Siento que si lo hubiera iniciado un poco después, quizá hubiera salido sin saber cómo era tocar en vivo ni con quién. Pero Lucas también estaba iniciando en ese entonces su agencia de booking. Creo que por eso parece una estrategia muy planeada, aunque en realidad somos personas que hacemos un poco de todo. Por ejemplo, yo hago la ilustración de casi todo lo de La Texana, todo lo gráfico que no es fotografía, y aún así también meto mano en las fotografías. Intento estar siempre en todo. Lucas, además de ser mi manager y mi booker, hace sonido en vivo, es mi tour manager y además hasta imprime la merch, hace la serigrafía. Siento que la manera de replicar lo que puede hacer una major es que una sola persona, dentro de un equipo chiquito, haga un montón de cosas.
También hay algo profundamente punk en esa manera de trabajar.
Esa es la idea completamente. Es la ideología de donde nos inspiramos. No vamos a decir que somos punk porque decir que eres punk es un poco controversial, es una etiqueta complicada, pero sí nace un poco de ahí. Lucas y yo somos bastante fans de todo lo que se llegó a hacer con esa cultura, nos gusta mucho el punk a los dos. Lucas también hace fanzines, que es algo que hoy en día casi nadie hace. Yo llegué a salir a pegar carteles de La Texana que decían: Escucha La Texana, que había diseñado yo también. Los imprimíamos en hojas carta y salíamos a pegarlos por ahí por donde estaba la oficina. Siento que es algo muy do it yourself, que te termina involucrando tanto que es imposible que no haya una conexión con la gente que te escucha.
De hecho yo te conocí por una guerrilla que vi en la calle: un póster con la cara de un hombre pero que decía La Texana. Dije: ¿qué es esto? Después me metí a buscar tu música y vi que habías tenido un toquín por aquí. De ese día a hoy, que no tiene mucho, tu crecimiento ha sido enorme. Quiero repasar cómo era tu vida antes de La Texana. Ya me dijiste que tenías este proyecto de folk, pero si nos vamos más atrás prácticamente eras un niño. ¿Sí tenías muy claro que querías hacer música desde siempre?
Sí, desde muy chiquito sabía que quería hacer música, pero creo que todos los que hacemos música sabemos que es muy complicado. Entonces, realmente con el otro proyecto yo no sabía qué hacer más allá de solo seguir sacando canciones. Era muchísimo menos pensado, era como: escribía, tocaba guitarra acústica y sumaba la voz, lo subía, le iba más o menos y al siguiente mes sacaba otra canción, como que sin una idea completamente de lo que venía.
¿Pero cómo sabías que iba a ser muy complicado si eras un niño y prácticamente no conocías la industria?
Porque al mismo tiempo miraba los casos que sí estaban funcionando: Kevin Kaarl, Cuco, Clairo en aquellos años. Me daba cuenta de que era muy poco probable hacer ese tipo de cosas. No voy a decir uno en un millón, y diría que cada vez es menos porque cada vez hay más proyectos independientes que pueden funcionar, pero en ese entonces yo decía: no sé cómo hacer esto. Había menos información sobre cómo producir y cómo grabar. Siento que aprendí a grabar con el único video en español que había (risas), un video de Jaime Altozano que seguramente mucha gente también vio. Todo era más ambiguo. Antes de La Texana me dedicaba de lleno a la escuela. Se me hacía muy fácil, no era para nada un mal estudiante, al contrario. Pero cuando llegó La Texana perdí un poco de pasión por todo lo académico y dije: ya no tiene sentido que siga aquí. Si no hubiera tenido este proyecto, creo que habría sido un gran profesionista (risas).
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Camisa y chamarra MONTSERRAT MESSEGUER.
Me viene mucho a la mente Desgárrame, con este Godínez al que le preguntan qué hubiera sido si no estuviera ahí, y él dice que le hubiera gustado ser cantante. ¿Es una proyección de esto o un reflejo?
En realidad ese video es de las pocas cosas que no fueron tanto mi idea. Fue de mi equipo, especialmente de Alejandro Carper, que es un gran director mexicano. Pero cuando me propuso la idea dije: sí, está increíble, porque hace completamente la autorreferencia al post-punk mexicano. En ese entonces había mucha gente diciéndome que yo no era post-punk mexicano, entonces sentí que era un hook que podía funcionar. Yo nunca pude vivir lo que era estar en una oficina, así que no creo que se me hubiera ocurrido esa idea a mí. Pero me he dado cuenta de que conectó con mucha gente. Mucha gente me dijo que veía ese video y hasta se ponía emocional, aunque la canción sea cero emocional y aunque el video tenga mucho humor. Como que me pega. De hecho hace poco, en Coacalco, una persona me dijo: “Este era mi sueño, felicidades, con esto soñaba de morrillo, con todo este desmadre”. Yo le decía: esto no es desmadre, esto va muy en serio, esto es mucha disciplina.
Pero sí es la realidad de mucha gente. Al final la rutina te atrapa y así te olvidas de tus sueños.
Sí, me imagino que sí. Aunque no sé si es olvidarte de tus sueños; creo que los sueños se van transformando y se van convirtiendo en otra cosa, en otras aspiraciones. Lo veo mucho con mi hermano mayor. Desde que éramos morros yo sabía que él soñaba con el fútbol, pero es una persona súper inteligente y se pudo dar cuenta de que el fútbol es un campo súper complejo, supercomplicado, con muchos factores extradeportivos. Ahora es un gran ingeniero, tiene su casa y sus cosas, y lo veo tranquilo. Más que olvidarse de algo, siento que uno va reinventando qué quiere hacer con su vida. Eso también me podría pasar a mí. Me encanta girar, pero también aspiro a que en algún momento pueda girar menos para hacer otras cosas de mi cabeza.
Qué curioso, porque justo iba para allá. Quería hablar de La casa que cae –sobre todo la más reciente gira que sacudió varios puntos del Estado de México– de lo que hereda. Más allá de hablar de algo cuantitativo, de que cada vez haya más gente acompañándote, las cualidades de tu proyecto lo hacen sentir vivo. ¿Qué estaba pasando con La casa que cae? ¿Qué te latió y qué crees que está cambiando en tu proyecto y en tu persona a partir de esto?
En mi persona han cambiado muchas cosas. Desde que saqué ese disco hasta hoy siento que cambió un montón y aprendí muchísimo. Este disco habla mucho de la transición, de dejar Tijuana, irme a vivir a la Ciudad de México, empezar de nuevo en muchos aspectos, pero también crecer algo desde un colchón artístico que nunca había tenido antes. La vida va muy rápido últimamente. A inicios de este año tuve mi primera mudanza dentro de México con mi novia, y ese tipo de cosas hacen que la química cerebral se mueva demasiado rápido. Han cambiado muchas cosas y siento que así va a ser siempre hasta que uno decida que sea diferente. Musicalmente hablando tengo otro disco escrito; solo queda terminar de grabarlo, ver cuál es el momento correcto para sacarlo y ver de qué manera. Afortunadamente cada vez estamos menos solos. Alonso, que ya conoces, forma parte del equipo nuevo con Meteor, y supongo que se trata de seguir teniendo más estrategia, seguir cobijando ese lado artístico que entiendo que funciona porque a la gente le gusta. También se trata de darle respeto a lo que fue ese primer disco. La idea de este año era brandear La casa que cae en toda la gira, a pesar de que el disco salió el año pasado. Sabemos que sacar un disco hoy en día podría parecer un poco tonto, pero salir a girarlo y tocarlo en cada ciudad es una manera de decirle a la gente: aquí está, sigue aquí y lo pueden seguir cantando. Creo que ha funcionado porque en todos los shows la gente canta todas las canciones.
Y las puede cantar cien mil veces. En tus shows se respira este término del que me gustaría hablar: el underground. ¿Tú te consideras un artista underground?
Creo que hay artistas más underground (risas). Es muy relativo. No diría que somos underground. Diría que somos indie, independientes, pero no underground. En este momento de la carrera me estoy rodeando de muchas personas que quieren que el proyecto crezca, y decir que soy underground sería una falta de respeto para la gente que realmente lo es. Estamos apuntándole a otra cosa. Tomamos mucho de referencia a Little Jesus, que es una gran banda en México, y queremos llegar un poco a eso. Yo nunca había tenido una invitación a un festival grande y ahora tenemos anunciado el Pulso GNP para octubre. El año pasado probablemente te habría dicho: sí, somos superunderground, superpunk, superindie. Pero en este momento ha llegado la ayuda correcta para el proyecto y eso lo agradezco un montón; no voy a tapar el sol con un dedo.
“Lo importante son las historias. Que nunca haya ausencia de historias; después encontramos cómo contarlas”.
Me encanta que me digas eso, porque las acciones van dándole nombre a las cosas. Conforme vas caminando, vas cerrando conceptos. Aun así, pienso en la esencia de esta gira y de estos conciertos en lugares muy indies, muy underground, la periferia. Me parece muy lindo que te acerques a esos lugares donde casi no hay espacios adecuados para la música. Ese ecosistema hace que tu música viva al tope. ¿Crees que podrías prescindir de eso cuando tengas más fechas en festivales grandes o internacionales? ¿Qué piensas de eso?
Es que me gustaría no pensar en prescindir. Hicimos esta gira por el Estado de México porque nos divierte un montón y porque para la gente significa mucho. Ni siquiera siento que tenga que ver con algo socioeconómico, sino con que los espacios para la gente del Estado de México están en la Ciudad de México. Para moverte a la Ciudad de México tienes que tomar una combi, el metro, quizá ya te cerró el metro y tienes que juntar para un Uber de 400 pesos para regresar a tu casa. Eso es superagresivo. Lo divertido de esto es que la gente es muy agradecida. Afortunadamente siempre he tenido un fandom muy agradecido conmigo, superleal, superfiel. No lo miraría como algo de lo que quiera prescindir. Al contrario: si nos sigue yendo bien de una manera más global, con festivales o con cosas más grandes, aunque hagamos un Auditorio, un Pepsi o lo que sea, eso hace todavía más divertido que hagamos fechas de fiesta como las del Estado de México. Si las cosas siguen saliendo bien, a lo mejor vas a Neza y tocas en un teatro o en un gimnasio más grande. Creo que eso puede ir creciendo como en cualquier ciudad: regresas, topas un foro y pasas al siguiente. Más bien a eso es a lo que aspiro. Cuando hablo de girar menos me refiero a dejar de ir a ciudades donde quizá no nos va tan bien, volvemos al siguiente año y tampoco nos va tan bien, y entonces dices: esto no funciona tanto en este punto. Seguramente en algún momento de la carrera haremos algo que lo vuelva a activar. Pero volver a pisar las ciudades es algo que siempre quiero hacer. Me faltan seis estados por conocer con La Texana, así que primero quiero completar ese mapa.
Ahorita que dijiste lo del gimnasio pensé en una palabra que me resuena mucho últimamente: contrastes. La música hoy se encuentra en un punto de contrastes. Antes todo estaba escrito y tenía que ser de una forma, y hoy son los contrastes los que hacen que un proyecto llame la atención. En tu caso hay una paradoja con los tumbados: la música regional dejó de usar Tejanas y sombreros, se puso cadenas y joyería, y tú, que haces post-punk, te pones una Tejana. ¿Qué piensas de ese paradigma en torno al contraste?
Es algo que se potenció cuando me vine a vivir a la Ciudad de México. Al principio decía que nunca iba a usar Tejanas porque me parecía demasiado obvio llamarse La Texana y usar una tejana. Estéticamente era como: qué sigue, salir en caballos o en un toro mecánico (risas). Pero empecé a ver muchos artistas que usan tejanas y ni siquiera son del norte del país, o no tienen nada que ver con la cultura vaquera. Y yo sí soy norteño, sí crecí viendo eso, sí crecí escuchando Alta Consigna, Virlán García, Los Plebes del Rancho.
Dije: ya estuvo, voy a agarrar esto que al final es mío, que me conforma, y lo voy a hacer propio del proyecto. Siento que eso también es muy del indie: usar elementos distintivos de una región, como para adueñarse de ellos y construir una imagen visual con eso. No había pensado que los cantantes de corridos ya no usan tejanas, pero son elementos característicos de un México que existe. Como artistas indie o de rock alternativo necesitamos más elementos visuales para darle identidad estética a un proyecto. Un corrido tumbado puede tener más que ver con el rap, con el trap y con otro tipo de estética; nosotros sí tenemos que buscar una obra más identificativa.
Alternativa, a lo mejor.
Sí, creo que de eso se trata lo alternativo. Lo veo también en muchos proyectos de la Ciudad de México o del Estado de México que agarran mucho de su raíz. Se me viene a la mente Belafonte Sensacional, es un proyecto que está diciendo: soy del centro del país, y como soy del centro vamos a agarrar los elementos del centro y usarlos a nuestro favor. Eso es lo que significa una obra completa.
Pero también a nivel musical. Si llevamos La Texana y la traducimos a sonido, tú tienes de pronto algo en las guitarras o en ciertas melodías que no es punk ni post-punk. También hay contrastes en la música. Incluso en los corridos se rapea de pronto.
Sí. No siento que esté forzando nada. Mi voz ya es lo suficientemente señor del norte; aunque no haga nada para que suene así, se termina imprimiendo en la música. Es muy difícil huir de tus raíces y, lejos de huirles, a veces hay que abrazarlas, hacerlas tuyas y ver cómo las adaptas. Me estoy dando cuenta ahora, cantando en vivo las canciones nuevas y las que he cantado tantas veces. En uno de los últimos shows, si no me equivoco en Neza, fue el show número treinta del año; vi historias que me grabaron y me di cuenta de que ya estoy cantando las cosas muy diferente a como están grabadas. Muchas melodías están reinterpretadas con recursos norteños, con recursos del regional. Entonces supongo que es recalcular, reconstruir y volver a reimaginarte tu propio concepto.
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Veo una línea muy interesante en tus videos: de pronto son como una sitcom, de pronto como una película de Iñárritu con una realidad dura e incómoda. Eso también tiene que ver con los contrastes. Me interesa preguntarte qué opinas de la cultura del videoclip. Tus productos están muy bien hechos: hay equipo, vestuaristas, alguien que dirige tu actuación. Ya no hay tantos espacios para eso, cerró MTV, nadie ve VH1, y está YouTube pero lo que menos ves son videoclips. ¿Qué opinas de esta cultura y de hacer productos de calidad aunque sepas que quizá ya no es como antes?
Creo que el videoclip es mi parte favorita del disco, porque cuando haces el videoclip quiere decir que ya tienes la canción, ya tienes el máster, ya pasó lo peor: romperte la cabeza en un estudio, pelearte con la mezcla, que si la segunda o la tercera mezcla… Cuando sale el videoclip es decir: vamos a hallar una manera de imprimir esto para que quede inmortalizado para siempre en YouTube. A mí me encanta. Tampoco te lo había dicho, pero el cine es mi carrera frustrada. Me halaga mucho que digas que hay cosas que te recuerdan a Iñárritu porque todo el material visual de La casa que cae era un homenaje a ese cine mexicano de los 2000. Lo visual es algo muy importante para la historia de La Texana. Es algo que nunca se paga, porque es muy difícil que un videoclip se pague por sí mismo, a menos que le vaya súper pero superbien, de verdad, a nivel Peso Pluma. Aun así, creo que vale la pena invertir en eso y que para las personas significa un montón. Es una manera de que tu música trascienda a otro plano.
Exacto. No sé si se va a hacer o no, pero para los videos del nuevo disco planeábamos hacer algo con Neuderts, que seguramente conoces: una agencia de video independiente de unos hermanos de Sonora que trabajan muy bien y significan mucho para la escena mexicana. Yo sé que mi proyecto ahora no puede hacer que el videoclip se pague solo, pero si podemos sacar de otro lado para que eso se inmortalice, no escatimo. Me parece una gran herramienta y algo muy bello. Tal vez si no me encantara el cine no lo haría, pero me encanta el cine, así que soy un fiel defensor del videoclip. El año pasado, con La casa que cae, fue complicado porque mi idea era sacar videoclip de absolutamente todo. Le sacamos clips a las diez canciones del disco. Esta vez queremos hacer un poco menos, pero sigo creyendo que es muy importante.
Me recuerda mucho a lo que platicábamos de las revistas el día que tuvimos la sesión fotográfica. Una revista también inmortaliza el trabajo de diseñadores, fotógrafos, maquillistas, vestuaristas, etcétera, pero es carísimo. Imprimir es un lujo, y más en México. Me parece lindo compararlo con la industria de la música.
También es algo boutique. No voy a decir: invito a toda la gente a que haga videoclips con una producción increíble para sus proyectos, porque hablamos desde un privilegio. Gastarte dinero en un videoclip es un privilegio y hay gente que puede destinar ese dinero a otras cosas. Pero siento que siempre vale la pena intentar hacer algo. Haber hecho las cosas desde la independencia y haber crecido el presupuesto poquito a poquito me hace pensar que se puede. Es un poco la misma visión que con una revista: tienes ganas de que funcione y de que la gente lo consuma. Afortunadamente a los videoclips de La Texana les va bien. No figuran en el top 10 de México ni por asomo, pero para ser un proyecto independiente siento que les va bien, y eso termina valiendo la pena. Lo importante son las historias. Que nunca haya ausencia de historias; después encontramos cómo contarlas. Así es el cine: no puedes hacer cine sin una historia. Afortunadamente, el año pasado, en la mayoría de los videoclips me ayudaron unos amigos que se llaman Somos. Ellos me ayudaron muchísimo a materializar mis ideas con un presupuesto que a veces era superlimitado. Le echaron muchas ganas y quedó muy bien. Hacer equipo y hacer mancuerna es lo que hace que las cosas salgan. A veces ellos me decían: “Nosotros queremos que se haga; sea como sea, que se haga, y ya veremos”. Eso es lindo.
Por ejemplo, para El sol yo tenía la idea de estar vestido literal de sol, todo amarillo, caminando por las calles del centro, y hacerlo muy low-fi, como Facundo, como medio Eric Andre, con una camcorder. Si se veía mal, estaba bien porque iba acorde. Luego, para Desgárrame, sí queríamos rentar una locación, pero a lo mejor no alcanzaba. Entonces ellos hablaban con la locación: “De verdad no tenemos mucho, pero podemos hacer otras cosas, un intercambio”. Se van haciendo las cosas así, con presupuestos superlimitados. A día de hoy estoy muy agradecido con todas las productoras que trabajaron con esto, porque sé que para ellos es complicado. Agradezco mucho la voluntad. Al final es algo que queda inmortalizado, y ojalá a esos videos les siga yendo bien para poder decirle a la productora que, de alguna manera, se pagó en reconocimiento, en un next time.
Qué bueno toda esta pasión y este interés por el cine. Entiendes lo que es la producción y no solo llegar y grabar, porque muchos grupos no entienden lo que requiere hacer un proyecto así.
Completamente. Empecé a aprender mucho de eso a raíz de conocer a Somos. Yo los conocí porque me escribían constantemente. Una vez me mandaron un video que hicieron solo para regalármelo, de una canción mía que ya había salido.
Dije: órale, está increíble esto. Empezamos a hablar más con ellos. Primero le hicieron un video a Te vi en un planetario, una banda con la que trabajamos también, que es la banda de mi novia. En esa grabación llegué, los conocí y pensé: no puedo creerlo, todo esto es superadmirable. Cada frame que van a hacer está superplaneado; cuánto tiempo se tarda cada cosa, cuándo hay que pasar a lo siguiente. A raíz de eso me hice amigo de ellos y dije: este mundo es increíble. Que viva el cine y que sigan viviéndolo.
Sin querer llegamos a esto. Dijiste que el cine fue tu carrera frustrada. Y yo quería terminar la entrevista con esta idea de los contrastes y de cómo hoy, en la industria y en el mundo como artista, es importante diversificar. Vemos artistas musicales dirigiendo casas de moda, chefs en reality shows. O te diversificas o no sé, te mueres. Quería preguntarte qué viene para La Texana, pero también qué viene para ti como Josué, como artista y esos contrastes. ¿Crees que en algún momento lleves tu inquietud creativa hacia el cine?
Estaría increíble. Sería impresionante, como un full circle. El cine es mi carrera frustrada porque recuerdo muy bien una conversación de cuando estaba en secundaria. Estaba con mis papás y mi hermano, y mis papás me preguntaron si ya sabía qué quería estudiar. Yo les decía que me gustaba el cine, que había una escuela de cine en Tijuana. No sé cuál fue la raíz de la desilusión, pero siento que me hicieron la típica pregunta de papá: “¿Y de qué vas a vivir?”. A mí me dio risa, pero pensaba: cómo les digo que hay videoclips, que puedes trabajar en agencias, que también hay publicidad. Eso lo descubrí hasta después. Sí, obviamente me encantaría hacer cosas en cine, justamente con mis amigos de Somos, especialmente con Alejandro Carper y Mario Haw. Alejandro Carper hizo un documental de Shocker, un luchador muy famoso en México, y quiere hacer su primera película. Como ya viste, me gusta la lucha libre. Me dijo: “Estamos planeando esto y queremos que salgas tú”. Y yo dije: no manches, me encantaría probar eso en algún momento. Por otro lado, soy una persona un poco enemiga de la rutina. Incluso dentro de la música me causa conflicto tener que ensayar muchas veces en la misma semana y hacer todos los días lo mismo; me termino cansando de eso. Supongo que vendrán más cosas. Uno de mis sueños más guajiros también tiene que ver con que estudié cinco semestres de diseño industrial. La otra vez, en el shooting, vi la ropa de Thoro y te preguntaba un montón de cosas porque no sabía que había cosas western hechas en México, muy boutique. En algún momento mi sueño también era tener una marca de ropa, hacer ilustraciones y diseños para eso. Creo que en algún momento pasará. No sé cómo vamos a hacer que sea una realidad, pero ya veremos.
Hay vida. Empezamos esta entrevista hablando de cómo, con tan poquito tiempo, tienes esta carrerota, el Metropolitan y este fandom. Quizá en algún punto también eso se da, y lo único que necesitas es lo que ya traes dentro.
Ojalá. Supongo que es eso. Ahora el foco es la música, porque la música puede ser algo todavía más grande. Siempre puede seguir siendo algo más grande. En este momento estamos trabajando con otras personas que tienen otro tipo de visión para mi proyecto, y mi labor ahora es terminar el disco. El disco ya está escrito; falta tener los másters. A raíz de eso veremos qué hacemos. A lo mejor al videoclip le va súper bien y empieza a conocerlo mucha gente; a lo mejor hacemos una sesión en vivo en algún lugar de Estados Unidos y eso empieza a ir bien; a lo mejor nos cierran un festival. Pueden pasar un montón de cosas, y para eso solo se necesita tiempo, paciencia y trabajo. Yo, por mi lado, sigo trabajando.
La Texana nació en Tijuana y, en pocos años, convirtió el universo creativo de Josué Ramírez en uno de los proyectos que más rápido se mueven dentro de la nueva escena independiente mexicana. Después de Morro y de un debut como La casa que cae, el proyecto dejó de ser una promesa para empezar a ocupar un lugar propio: millones de reproducciones, un Lunario agotado y una gira de más de cuarenta ciudades en México que también se extiende por siete países.
Ahora el mapa sigue creciendo. Con Seattle como una de sus paradas más recientes y un nuevo disco ya escrito esperando su momento, La Texana parece entrar en esa etapa en la que las etiquetas comienzan a quedarse pequeñas. Indie, post-punk, norteño, cine, diseño: quizá el futuro del proyecto esté precisamente en no tener que elegir entre una cosa y otra. Si algo queda claro después de hablar con Josué es que detrás de todo ese crecimiento no hay demasiada casualidad: hay paciencia, intuición y, sobre todo, una obsesión bastante seria por seguir haciendo cosas con el corazón.

Agradecimiento especial a Fábrica de inflables y toros mecánicos GEA por brindarnos el espacio para la realización de estas fotografías. ​​
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Total look TORONERO, botas THORO.
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Camisa MONTSERRAT MESSEGUER, pantalones ADIDAS.
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