Volar siempre implica aterrizar, pero ese aterrizaje no tiene por qué ser un momento: puede ser un estado, un esfuerzo por volver siempre a tierra, un aterrizaje eterno. Gara Durán ha decidido reflejar esta idea en su disco debut, Gara. La cantante, compositora y productora sigue creando melodías suaves y livianas combinadas con letras de peso. Después de su EP Alkimia, melódico y delicado, Durán decide cantarle a la experiencia, a lo cotidiano, al vivir y a lo que se conoce como growing pains: la pérdida, la ansiedad que genera pensar en el futuro y los problemas que conlleva esta nueva madurez.
Es un viaje introspectivo que no busca llegar a ningún lado, sino dejarse caer y disfrutar de la caída. Arranca con ¿Cuál es mi destino?, una canción que sonoramente recuerda a Laaza por sus voces aireadas y sus pausas entre líneas, y que nos lleva hacia donde sople el viento. ¿Cuál es mi destino? es una pregunta universal que seguramente todos nos hemos hecho más de una vez. “Supongo la vida es así, te guarda lo que es para ti”: Gara parece dudar del destino y confiar en él al mismo tiempo. Es parte de ese dejarse caer, de creer en el proceso, algo que ha definido la creación de este LP.
Le sigue Eterno aterrizaje, donde la artista se reconcilia con su yo del pasado y concentra toda la búsqueda del disco en algo más de tres minutos en los que se ponen sobre la mesa cuestiones clave para entender el proyecto: el dolor de madurar, perdonarse a uno mismo para poder crecer, reconciliarse con las heridas que uno carga. Los coros adictivos (“uh na, uh na na na”) le agregan una dosis de diversión a temas tan complejos y la convierten en una canción que seguramente lucirá muchísimo en vivo.
Los fanáticos de sus trabajos anteriores encontrarán en Libélula y Redada, ambas producidas por ella misma, esa sonoridad onírica de otras épocas. “Me he dado cuenta que todo se vive por última vez”, afirma en Libélula, y nos parte el corazón mientras nos recuerda que debemos aprovechar cada segundo. Placer de vivir refuerza esta idea con la ayuda de Natalia Lacunza.
Y ya podemos dejar los pañuelos, porque Mi loco cowboy nos eleva a un estado sumamente disfrutón, con un sonido veraniego y atrevido que sonrojaría a cualquiera. Es una sorpresa, ya que la música de Durán tiende más al ambient, pero una sorpresa muy grata. Aun así, la voz se mantiene suave y susurrante, como la de una musa lejana que le canta al amor. El tema cuenta con la producción del dúo RYO (Pablo Martín y Xosé Vázquez) y con un Barry B escondido en la composición, una presencia que se mantendrá a lo largo del disco hasta que su voz se revele en Una casa en el Teide.
Las canciones optimistas sobre el amor continúan con la ochentera Antes de conocerte (ya te conocía), sobre las vidas pasadas y las almas gemelas, y con Buena suerte, una balada romántica perfecta para dedicar, ya que va de agradecer tener a esa persona en nuestras vidas. La veremos mucho en las stories del próximo San Valentín; no digan que no les avisamos.
Siguiendo con las baladas, y ya llegando al final, aparecen Perderte y Avalancha: la parte más dramática del disco, las canciones que escuchas durante la ruptura, mucho después de haber subido Buena suerte a tu story. Y es que así es la vida, y Gara lo sabe. Sus canciones también lo saben y, como todo el disco, tienen sus formas y sus maneras, casi como si tuvieran vida propia. Al final del viaje no hay pista de aterrizaje, y tampoco hace falta: Gara es un disco hecho para quedarse un rato más en el aire.
Track favorito: Eterno aterrizaje.