El pop perfecto es aburrido. Siempre lo ha sido. Pero, en general, la perfección y la estética pulida también lo son. Nada tiene que ver con la verdadera esencia del ser humano: esa que se cae a pedazos en el baño de un club o que regresa por quinta vez con la persona equivocada. En su tercer álbum de estudio,
Pop pesado,
EMJAY abandona cualquier intento de compostura para abrazar esa contradicción. El resultado es un manifiesto que mucho tiene que ver con nosotrxs y muy poco con una clean girl.
Las trece canciones del disco se cuelan en la intimidad de María José de la Torre Villaseñor y crean un mapa donde conviven el glamour, la fama, la culpa y el desgaste. La artista tapatía ya nos dejó claro desde su disco de 2023, Las morras también hacen tr444p, que ella marca su propio ritmo: hacer lo que le venga en gana, componer como le plazca y hablar de lo que sea. No fue hasta su álbum anterior, me estoy volviendo loca, cuando nos mostró algo de vulnerabilidad, pero es ahora cuando toma por bandera esa cosa tan ingeniosa de que ‘sufrir también te hace ser performer’.
El foco principal, Xtraparticular, funciona como una toma de control absoluta. EMJAY no intenta disculparse ni caer bien a la crítica o al hate que orbita sobre su imagen; al contrario, utiliza las opiniones ajenas como gasolina para encenderse a sí misma. Reside ahí el gran acierto del disco frente a otras propuestas comerciales: la obsesión por agradar a todo el mundo termina diluyendo la identidad, mientras que asumir la contradicción la transforma en su versión más afín a sí misma, la vuelve humana.
El focus principal de todo el proyecto es ese: desmantelar la idea del pop pulcro y perfecto, transformando su desgaste emocional, la vulnerabilidad y la resaca de los excesos en melodías y guitarras distorsionadas. Aquí todo va de abrazar el vacío y no pedir perdón. Y esto también lo hace a través de las colaboraciones, como en atemporal junto a Ximena Sariñana, donde nos habla de los peligros del ‘un clavo saca otro clavo’, o en Te vas alejando junto a DannyLux, en la que nos habla de cómo dos personas se pueden llegar a encontrar en el camino pero no en el momento adecuado.
En lo conceptual, el álbum brilla especialmente en esa estética de suciedad y oscuridad. Piezas como despiértame-despiértame, como cuesta mentir o el brillante cierre, Tirada en el club, muestran la cara B de la fiesta: el cansancio de vivir expuesta ante miradas ajenas y el vacío tras los flashes. Porque verse bien y sentirse bien no siempre van de la mano. Al menos en las canciones de EMJAY.
Al final, la verdadera fuerza de esta nueva era reside en entender el pop no como una vitrina de perfección, sino como un producto visceralmente humano. Al abrazar la oscuridad, el ruido y sus propios errores, la mexicana conecta con ese punto de inflexión histórico que en su momento encarnó Christina Aguilera en la era Stripped con Dirrty: la decisión consciente de liberarse de la expectativa del ‘buen comportamiento’, romper el molde pulcro de la industria y adueñarse de su propia narrativa desde la provocación y la honestidad. Es precisamente ese rechazo a la compostura lo que hace a EMJAY una propuesta tan especial en la escena actual: una popstar que no busca ser un modelo a seguir, sino un espejo real para una generación que entiende que mostrarse rota, salir de fiesta y hacer ruido también es una forma de libertad.
Track favorito: Tirada en el club.