Entre la imposibilidad de comprar vivienda, a veces incluso de alquilar, las subidas del coste de vida y la precarización de absolutamente todo, El Último Vecino lanza su nuevo disco: La vida es un chiste demasiado largo. Y la verdad, les damos la razón. Con su sonido característico y esa melancolía que define a su frontman, Gerard Alegre, quien irónicamente no se describe como alguien particularmente alegre, este proyecto se erige como una bandera y una colección de himnos al mismo tiempo.
Fruto de una nueva colaboración del dúo dinámico InnerCut-Alegre, este LP con un sonido del pasado es más actual que muchos. Por un lado, tratan temáticas ya habituales en su repertorio: la dificultad de dejar el pasado atrás, los corazones rotos, o la tristeza que aparece más de lo que debería. Y por el otro, también abrazan temas nuevos como el trabajo, el fracaso y el desencanto contemporáneo. Con una portada artesanal como carta de presentación, nacida de una maqueta realizada por el propio Gerard, y videoclips con un feeling amateur, como el de Hola cómo estás? y el chaplinesco Plantas y barro, queda más que claro que en esta nueva etapa EÚV busca conseguir un equilibrio entre seriedad e ironía. Es broma, pero si quieres, no es broma.
Todo empieza con Sueño que soy una estrella, una canción que simula pertenecer a un concierto y acaba con un despertador. Un gag utilizado para darle el pistoletazo de salida al disco y para enganchar con la energética Jefe, perfecta para entregar tu carta de renuncia y salir como Nicole Kidman recién divorciada de la oficina. “Jefe, ten cuidao, ya he aguantao’ demasiao”, cantan. Le sigue El mejor año, sobre los sueños y la energía perdida. La sensación de estar en pleno diciembre y darte cuenta de que no has cumplido con ninguno de tus propósitos para este año. “¿Cómo puede ser?, si este año era el mejor año”, se preguntan.
La canción que le da título al disco, La vida es un chiste demasiado largo, es una balada cuya letra recuerda a Baudelaire maldiciendo el tedio —“el aburrimiento es más duro que trabajar… es perder sin apostar”— y constituye el mayor ejercicio de humor del disco, que bien merece coronarlo con su nombre. Reminiscente de una nana, en Su juventud, Gerard y la valenciana Chlöe’s Clue reflexionan apesadumbrados sobre un amor que se ha perdido, como se pierde también la juventud, cuestión que también aparece en Cosas de la edad. No olvidemos que el proyecto de El Último Vecino comenzó hace ya más de una década. Llegando al final, el disco se desarma y se confiesa en Maggie: “sufro por cualquier chorrada”. Nuevamente el humor, pero también la toma de conciencia de que, como un chiste, no todo tiene por qué ser tan serio.
“El pasado es un lastre y el presente un arte difícil de apreciar”, recita No me entero de nada, una frase que podría definir toda la discografía de la banda, que cuenta ya con cinco LP bajo el brazo. Un ejercicio de reflexión sobre la situación propia y colectiva en un mundo donde todo se desmorona. La banda le sube el volumen a los sintetizadores para reírse de lo que está pasando porque, ¿qué más nos queda? Bueno, algo sí que queda.
El disco acaba con Luz al final, una canción perfecta para los días lluviosos cuya letra nos recuerda, como los Smiths, que “there is a light that never goes out”. Y es que la música de EÚV es eso: saltar y bailar con las letras más deprimentes posibles. Sin que eso sea deprimente, sino un ritual catártico. Más barato que el psicólogo y mejor que entrar a una secta. Con una seguidilla de conciertos ya confirmados en España y el exterior, ya tenemos la excusa perfecta para ponernos los auriculares y memorizar los temazos que nos trae La vida es un chiste demasiado largo.
Track favorito: Jefe.