El plumas de Pedro Gómez fruto de la nueva colaboración de MilfShakes –la marca de Nil Ojeda– con Cruz Cafuné está actualmente en boca de todos. Un abrigo acolchado, con hombros y cuello rojo pero blanco en tronco y mangas, rematado con el logo de Mecèn ent., el sello de Cruzzi, en la espalda, rodeado de un texto curvo que reza “MMCD · RAP ALBUM OF THE YEAR”, en alusión a Me muevo con Dios, el LP que el artista canario sacó a mitad de año, que muchos catalogan como el álbum del año, y que lo ha empujado un par de escalones más arriba en cuanto a relevancia mediática.
Y es que el de Tacoronte sabe mantenerse fiel a sus códigos sin importar que su exposición ante los medios y un público más mainstream se haya visto aumentada exponencialmente estos últimos meses. Porque estando en posición de colaborar con una marca de mayor reconocimiento, incluso internacionalmente, ha elegido hacerlo con Pedro Gómez. Pero, ¿por qué? ¿Quién es Pedro y por qué sus plumíferos artesanales que tuvieron tal impacto cultural en la estética de los bakalas están resurgiendo como un icono del streetwear español a día de hoy?
España. Años 90. Momento de máximo auge mediático de la Ruta Destroy, también conocida como Ruta del Bakalao, y etapa de gran popularidad de la música electrónica que retumbaba en las paredes de los garitos más populares del país. En muchas salas de Madrid como Specka, Attica o RKO había un denominador común, además de la música, en la pista de baile: abrigos coloridos de la marca Pedro Gómez.
Para saber de dónde salen estos abrigos debemos conocer a su creador: Pedro Gómez. Él era un madrileño aficionado al montañismo. Sastre de profesión, sus conocimientos de corte y confección le permitieron unir sus dos pasiones: la moda y la montaña. Como en la década de los 50 aún no había tejidos técnicos para las expediciones de montaña, las mantas que llevaban se congelaban a gran altitud. Gómez consigue alternar nylon con duvet, un material que consigue dar calor y crea unos novedosos sacos de dormir rellenos de plumas.
Sus compañeros, todos de una clase social alta, le empezaron a encargar esos sacos de dormir. Después, le empezaron a encargar cazadoras, que rápidamente ganaron popularidad, convirtiendo a Pedro en el sastre del frío de la burguesía alpinista madrileña. De esta forma, el diseñador acabó abriendo su tienda El Igloo, situada en Cuatro Caminos, y que era visitada de forma asidua por la Familia Real, los Preysler o los presidentes de los bancos. Y, efectivamente, puede que te acabes de dar cuenta si eres seguidor del rap madrileño, Dano, toda una eminencia en la ciudad y miembro del mítico colectivo Ziontifik y del grupo Acqua Toffana, hace referencia a esta tienda y a esta prenda en el track número siete, titulado El Igloo, al igual que la tienda de Pedro, extraído de su álbum Istmo, publicado en febrero de 2019.
Ahora bien, la pregunta que todos nos estamos haciendo y el motivo por el que estamos aquí es: ¿cómo pasaron estos abrigos de la estación de esquí de Baqueira a la Sala Specka? Bien es sabido que en la cultura urbana, como el caso de los Lo-Life (este tema da para tres artículos más), adquirir estas prendas de cualquier manera: robándolas, con dinero del trapicheo de droga, o comprándoselas –obviamente por un precio inferior al original– a alguna persona que las hubiera robado. Llevar encima una prenda de esta magnitud suponía una forma de desafiar a las clases sociales altas, quienes eran sus portadores habituales, pues era una apropiación de un símbolo de estatus, una ruptura con las normas sociales… A fin de cuentas, una forma de contracultura y resistencia, parte de la identidad de una tribu urbana y una insignia de empoderamiento.
“Por entonces, muchos macarras de barrio se disfrazaban de pijos para ligar con las niñas monas pertenecientes a clases más altas, al tiempo que se dedican a robar sus Pedro Gómez a los niños ricos que salen por las zonas de moda”, escribió el antropólogo Iñaki Domínguez. Porque, sí, tenías que llevar cuidado si sacabas tu Pedro Gómez de fiesta, ya que el mercado negro de reventa estaba lleno de estos artículos, puesto que adquirir uno confeccionado a medida costaba alrededor de cuarenta mil pesetas (260 euros). La mayoría de la gente optó por llevarlo puesto incluso dentro de la propia discoteca, sin importar el calor que pudiera hacer dentro. Se podría decir que estaban “a dos mil grados en el iglú”, como dice Dellafuente en Libertad y salud.
Además, a muchos abrigos se les podía quitar las mangas, dando lugar a un chaleco que aportaba un aura mucho más canalla y macarra a la propia prenda. Así, Pedro Gómez se convirtió en un símbolo de estatus en la noche madrileña y en un icono del imaginario popular de la fiesta en la capital.
Sin embargo, en 1998 el diseñador decide echar el cierre a su tienda a pesar de gozar de una elevada demanda y de unas cuentas saneadas, cansado del trapicheo con sus prendas y por la necesidad de visitar Nepal y dedicarle más tiempo a la escalada.
Es en 2019 cuando la firma revive de la mano de José Luis Serrano, con el propio Pedro como supervisor del negocio. Es a partir de ahí que nacen varias propuestas para rejuvenecer la marca, entre ellas el Drop009 (hay todo un vídeo mostrando su fabricación en su canal de YouTube), que presentamos en este artículo, junto a MilfShakes y Cruz Cafuné, donde, a partir de la compra de un gorro de lana totalmente impermeable, se adquieren dos entradas para la fiesta exclusiva en la estación de esquí La Pinilla y se entra en el sorteo de los dos plumíferos valorados cada uno en 900€. Desde luego, una experiencia que no dejará frío a nadie.
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