Claudia Fernández es una de esas creadoras que no venden un lifestyle perfecto ni de postureo, sino una vida real contada con buenas vibras y un feed que muchos querrían tener. La conocemos por sus reels de yoga y bienestar en su plataforma Sea Como Sea, donde deja clarísimo que no hace falta tocarte los pies ni tener la flexibilidad de una contorsionista para practicar, solo tener un cuerpo y saber respirar.
Pero detrás de esa estética tranquila hay alguien que ha vivido de todo: años viajando sin rumbo fijo, un confinamiento que la reencontró con el yoga como refugio, ansiedad, ataques de pánico y una relación con las redes sociales que ella misma describe con matices, ni todo bueno ni todo malo. Su contenido es, como ella dice, su diario: si un día toca hablar de meditación, habla de meditación; y si otro día toca hablar de ansiedad, también. Esa honestidad es justo lo que la conecta con una generación que ya está cansada del bienestar de postal y busca algo que se sienta de verdad.
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Hola, Clau, ¿cómo estás?
Justo el otro día pensé que llevo varias semanas ya sin ansiedad, qué bien, ¿no? Y la verdad es que sí, ¡qué gusto sentirse bien! Los veranos suelen ser más amables y últimamente me noto tranquila y emocionada por la vida. Obviamente tengo mis momentos de rayadas o de estar triste pero son cosas más puntuales. Podemos decir que, en general, estoy muy a gusto.
La mayoría de la gente te conoce por tus vídeos wellness, tranquilos y estéticamente ideales, pero hay mucho contexto tuyo detrás de esa Claudia. ¿Cómo era tu vida antes de empezar a crear contenido? ¿Qué hacías o estudiabas?
Era una vida más tranquila, sin tantas comeduras de cabeza, sin tanta comparación, sin tanto estrés. Creo que era más libre. Parece que odio mi vida actual (risas), ¡pero para nada! Estoy feliz y agradecida por la vida que tengo pero trabajar como creadora de contenido conlleva cosas que aún no gestiono muy bien. Antes me daban más igual las cosas. Cuando acabé bachillerato me fui de año sabático y me di cuenta de que no quería estudiar nada (más bien no tenía ni idea de qué estudiar), así que los siguientes cuatro años me los pasé viajando y trabajando (me daba igual de qué) por temporadas en distintos países. Llegó la pandemia y me quedé quieta.
¿Cómo surgió ese momento de ‘debo subir algún vídeo’? ¿Recuerdas el primero que subiste?
Siempre me gustó compartir fotos de lo que iba haciendo o de los sitios a los que iba, pero recuerdo que en 2021 me leí un libro sobre alimentación intuitiva (Intuitive Eating, de Evelyn Tribole y Elyse Resch) y pensé, ¿cómo es posible que no haya oído hablar de esto antes? Necesito compartirlo con el mundo. Mi idea nunca fue crear contenido para vivir de esto pero empecé a subir reels con frases sobre esta temática (todo megacutre visualmente, claramente) y a la gente le gustó.
¿Empezaste pensando en yoga, en salud mental o fue surgiendo sin un plan?
Creo que mis redes sociales son un reflejo de lo que voy viviendo. Nunca he tenido un plan. Si me apetece ir a clases de boxeo, te enseñaré eso. Si quiero estudiar una carrera o ser profe de yoga, te lo mostraré. Si estoy en una época mala y me da un ataque de ansiedad, también te lo contaré. No sé, es como mi diario.
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¿Cómo empezó tu relación con el yoga? ¿Fue terapia, curiosidad o necesidad?
Tuve la tremenda suerte de que, en mi cole, cuando iba a quinto de primaria, pusieron una extraescolar de yoga y pude practicarlo durante dos años, así que supongo que empecé por curiosidad. Me encantó. Después de eso lo dejé de lado y en la cuarentena lo retomé más seriamente, esta vez sí como terapia, refugio y autoconocimiento. No sé, yo solo sabía que me hacía sentir bien por dentro.
Tu plataforma de yoga se llama Sea Como Sea. ¿Qué significa eso para ti?
Sea como sea tu cuerpo, tu nivel, tu flexibilidad, tu fuerza o tu estado mental, el yoga también es para ti. Mi intención es acercar el yoga a la gente, que sea accesible, que se deshagan de prejuicios y que disfruten de su cuerpo. Que la práctica les dé ese espacio para escucharse y conocerse un poquito más.
¿Qué le dirías a alguien que piensa que el yoga es solo estirar o que hay que ser flexible para empezar?
Yo soy profe de yoga y no llego a tocarme los pies ni sé abrirme de piernas. Para mí, el yoga es una herramienta de autoconocimiento; va de lo que no se ve, de lo que va por dentro. El objetivo no es llegar a tocarse los pies sino lo que aprendes en el camino. No necesitas ser flexible ni estar fuerte para empezar, solo necesitas tener un cuerpo y saber respirar. Krishnamacharya, el padre del yoga moderno, decía: “Mientras puedas respirar, podrás hacer yoga”, y eso ya sabes hacerlo. La flexibilidad llega después con la práctica regular. Ah, y si creen que el yoga es ‘solo estirar’, les animo a probar Ashtanga o Bikram, jeje.
De toda tu experiencia, ¿qué postura o práctica te ha enseñado algo más allá de lo físico?
La meditación, sin duda. El silencio, el estar con una misma, el ver qué pasa por ahí dentro.
“Creo que mis redes sociales son un reflejo de lo que voy viviendo. Nunca he tenido un plan. Si me apetece ir a clases de boxeo, te enseñaré eso.”
¿Hay alguna rutina de mañana o de noche que no te saltes nunca?
En el fondo me gustaría decirte que sí, que tengo una rutina a la que le soy megafiel, pero siendo sincera soy un desastre y me cuesta mantener algo de forma constante. Hubo una época en la que me frustraba no tener estas rutinas pero ya me da igual, he aprendido que soy así y chimpún, no lo intento cambiar. Voy por etapas dependiendo de cómo me siento o de lo que necesito ese día. Un día me apetece hacer una cosa y otro día, otra.
También enfocas gran parte de tu contenido en la salud mental, es un tema recurrente en tus vídeos. ¿Hay algún tema que te haya costado más abordar frente a la cámara?
Tengo bastante facilidad para contarle mis movidas a una cámara. De hecho, por lo general, me cuesta menos grabarme y contar cómo me siento que decírselo a la gente a la que quiero. Pero ahora que lo pienso, como buena people pleaser, si hablo frente a la cámara me es más fácil hablar sobre mi vida y por lo que estoy pasando que dar mi opinión sobre algo. Me suelo pensar demasiado lo que digo para que no me caiga hate y lo odio; me gustaría no ser tan rayada con el qué dirán.
¿Crees que las redes sociales empeoran o ayudan a la generación Z con la ansiedad, desde tu punto de vista como creadora de contenido?
Creo que, como seres humanos, no estamos hechos para tener un dispositivo en el que podemos ver la vida de millones de personas ni tampoco para exponer y analizar tanto la propia (o el propio cuerpo). Siento que las redes han hecho que la vida se vuelva una performance y una competición, además de todo el hate y el abuso que puedes llegar a vivir por parte de desconocidos. No las estoy demonizando ni diciendo que no las usemos nunca más. De hecho, mi primera respuesta a la pregunta ha sido ‘definitivamente, la empeoran’, pero, si me paro a pensar, tiene matices. Las redes sociales también pueden ayudarte a conectar con gente similar, a hacerte sentir menos sola, a crear comunidad, a inspirarte o a darte acceso a información a la cual antes no tenías acceso. Aun así, creo que lo negativo gana a lo positivo y que sí empeoran nuestra ansiedad.
¿Tienes algún ritual o herramienta concreta para los días malos?
No tengo un ritual fijo pero cuando estoy mal siempre recurro a alguna de estas cosas: escuchar música, bailar, salir a un parque, escribir, meditar, practicar yoga, pasar tiempo con mi novia o con una amiga, hacer deporte, comer algo rico, leer, darme una ducha con velitas, dar un paseo en bici o ver una peli chorra.
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¿Cómo encuentras el equilibrio entre mostrarte vulnerable en redes y proteger tu propia paz mental?
Pues la verdad es que no tengo ni idea. Supongo que es algo que siento por dentro, tipo, con esto me siento cómoda, con esto no. No tengo problema en mostrarme vulnerable en redes pero hay ciertas cosas que me guardo por mi propia privacidad o por la de la gente que me rodea.
Tienes una playlist de meditaciones en Spotify: ¿cómo eliges qué música va ahí?
Esa lista es más bien para meditaciones que me han ido gustando. Soy bastante picky con las meditaciones, así que cuando encuentro algo que me gusta y me sirve de verdad lo meto ahí para tenerlo a mano.
¿Qué tipo de música escuchas cuando necesitas regular tus emociones y cuál cuando quieres energía?
Para regular emociones me suelo poner algo tranqui, como las canciones que uso en las clases de yoga o algún piano, guitarra o saxo suave. Si lo que necesito es llorar, tengo una playlist que se llama pa llorar que cumple perfectamente su función. En cambio, cuando quiero energía me pongo una buena playlist de reggaetón viejo y electrolatino o una de temazos de los 2000 que automáticamente me dan un subidón increíble.
Si tuvieras que hacer la playlist perfecta para una clase de yoga, ¿qué tres canciones no podrían faltar?
Tengo una playlist de yoga que dura casi dieciocho horas en la que meto de tooooodo, puede haber desde una flauta hasta un temazo de Fred again.., pero, si tengo que elegir solo tres, me quedo con estas (voy a hacer trampa y meter cinco, sorry):
Motion, de Peter Sandberg
Alive & Well (Gratitude Mantra), de Jhené Aiko
Faith’s Hymn, de Beautiful Chorus
Under the Heavens, de Tony Anderson
Warmth of the Sun’s Rays (Bass Love Remix), de Hang Massive y Temple Step Project (para meter algo más movidito)
“Me cuesta menos grabarme y contar cómo me siento que decírselo a la gente a la que quiero.”
En tus Q&A hablas de universidad, trabajo y relaciones: ¿qué consejo le darías a tu yo de primero de carrera?
Que asuma que es una procrastinadora y que se lo va a dejar todo para el final. Esos días estará con estrés y ansiedad, pero luego siempre aprobará (además, con buena nota), así que disfrute del resto de días en los que no está estudiando, en vez de comerse la cabeza porque no está siendo productiva.
¿Cómo llevas la presión de ‘tenerlo todo claro’ a los veintitantos, cuando en realidad nadie lo tiene?
Con lo único con lo que he sentido esa presión es con lo de querer ser madre antes de los treinta, pero ya se me ha pasado. Por lo general no tengo esa presión. Siempre he hecho lo que me ha dado la gana y no me ha importado mucho lo que se supone que debe ser. Además, ¿qué es ‘tenerlo todo claro’? Puedes tener pareja, un trabajo, una casa y un hijo y luego divorciarte, quedarte en el paro y tener que volver a empezar. No sé, creo que la vida se va dando y que cada uno tiene que ir a su ritmo y hacer lo que le dé la gana.
Romantizar la rutina, el journaling, la soft life. ¿Qué opinas de estas tendencias de bienestar?
Mientras te haga feliz o te haga sentir mejor, ¿por qué no? Creo que el problema viene cuando hacemos lo que hacen los demás solo porque está bien visto o es lo que se lleva. A mí me sirve preguntarme: ¿qué es lo que quiero? ¿Qué necesito? ¿Qué me gusta a mí?
Un emoji que te describa en este momento de tu vida.
El emoji de la carita sonriente con corazones porque estoy enamorada viva.
¿Mate, café o infusión antes de grabar?
Voy rotando entre café, matcha o chai latte según lo que me apetezca.
Si Clau fuera una canción, ¿cuál sería?
Buah, ¡qué difícil! Clau sería algo divertido y buen rollero, seguro. Probablemente sería una canción de reggaetón, reggaetón viejo. Una de Daddy Yankee, Ella me levantó o La despedida.
¿Cuál es la siguiente faceta de Claudia, algo en mente?
Si te digo la verdad, de lo que más ganas tengo es de ser madre. Eso no significa que lo vaya a ser ya ni en un año, ¿eh? Pero es algo que me haría muuuuucha ilusión. De momento me conformo con ser madre de mi perrita Masa.
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