Seguro que alguna noche de scroll infinito te has cruzado con su voz seca y cortante. Has visto su mirada lánguida, sus rizos negros y te has parado al escuchar eso de: “Los ricos no te van a aceptar. No tiene que ver con cuánto ganas ni con si ya sabes pedir vino sin mirar la carta dos veces. El punto es otro: ellos no llegaron ahí. Nacieron ahí”. Si no sabes de qué te hablo, corre a Instagram y busca @estebango__
Entrevista extraída de ACERO vol. 13, publicada en mayo de 2026. Hazte con tu copia aquí.
Este joven colombiano de veintiséis años acumula en sus vídeos millones de visitas sin moverse de su casa. No habla de interiorismo, no habla de diseño ni de decoración, habla de la vida, de nuestras vidas. Sus afiladas e ingeniosas críticas atacan a los ricos y sus lujos incomprensibles, pero también nos hablan a todos y cada uno de nosotros. Nadie está a salvo. Si tienes un funko en la estantería tienes que leer esta entrevista. Si con treinta años, como yo, mantienes una monstera en el salón pensando que sigues siendo joven, necesitas seguir leyendo. Si alguna vez compraste en Temu, puedes abandonar aquí la lectura.
Hablamos con Esteban de IKEA, sus albóndigas y por qué, según él, es “un monumento a la mediocridad global”. También de El Xocas, la homogeneización de nuestras vidas, de por qué todo ahora es color gris y cómo podemos luchar contra esa tristeza. Si a ti alguna vez también te vendieron el minimalismo como la nueva ola cool y pensaste en desprenderte de todas tus cosas y abrazar el color blanco, Esteban tiene algo que decirte. Él nos lo recalca: “un latino nunca podrá ser minimalista. Es una contradicción”.
Durante esta conexión Madrid-Bogotá solo he intentado una cosa para vosotros, lectores: hacerle sonreír al chico más serio de todo internet. Si llegas al final del todo, te regalo una perla por tu tiempo.

¿Cómo te has levantado hoy, Esteban?
Ha sido un buen día, un día tranquilo.
¿Qué te hace sonreír por las mañanas?
Mi perrita Juana. Parece un pequeño bebé hipopótamo.
¿Sueles sonreír normalmente o te mantienes fiel a tus vídeos?
Los vídeos son una hipérbole de mí. Ya queda raro sonreír. La gente se extraña. Antes mi foto de perfil era sonriendo y la tuve que cambiar. Pero sí sonrío.
¿Cuál es la primera crítica que has hecho hoy? Quizá está nublado por allá, quizá el café estaba frío, quizá nos vamos todos a la mierda con Trump.
Con Trump ha pasado la ventana de Overton. Uno, hace diez años, diría: uy, esto jamás va a pasar. Y ahora es la realidad. Simplemente ha sucedido y es lo que hay. Sí critico mucho que en Bogotá hace mucho frío. Uno diría que la gente aquí es hostil porque es hostil. Pero no, es hostil porque uno siempre tiene un pequeño malestar. Por la altura, por el frío. A la gente le cuesta vivir aquí, a mí el primero.
Estudiaste derecho, pero ahora eres una personalidad en el mundo del interiorismo en redes. ¿Cómo es esa historia?
Yo estudié derecho sin la intención de ejercerlo. Mi yo de diecisiete años y mi yo de ahorita con veintiséis siguen sin tener muy claro a qué me quiero dedicar. He ido por donde me lleva la vida. El derecho te da muchas herramientas argumentativas. Es como una navaja suiza, sirve para todo. La gente me dice que digo mucho “depende”, que es como un meme de abogados, y si te paras a pensar, es verdad. Casi todo depende de la perspectiva.
Pero luego en tus vídeos eres muy categórico.
No, no. Yo no necesariamente critico lo que está bien o mal. Soy categórico en lo que a mí me gusta. Yo siempre he sido alguien muy atento al detalle, no me considero un sibarita del diseño, ni de la comida, pero soy alguien muy atento a lo que está pasando. No en un plano cultural, sino atento a los detalles estéticos. Cuando empecé a hablar de sillas no era porque yo fuera el mayor experto en sillas, sino que me pareció supercurioso cómo un objeto tan importante puede ser algo tan descuidado socialmente. Cuando llego a una casa y miro las sillas del comedor de una persona puedo pensar: es la persona más básica que voy a conocer en mi vida. Y eso pasa con todo. Con la ropa, con los libros que alguien lee. No pienso igual de alguien que lee a Isabel Allende que a Robert Miyazaki.
¿Por qué no?
Porque el prejuicio existe.
Viendo tu comunidad, tienes 500.000 seguidores en Instagram y más de 200.000 en TikTok. ¿Estamos necesitados de análisis de interiorismo o es que todos nos reconocemos un poco en tus vídeos?
Hay algo que creo que nos interpela a todos. Y no creo que la gente esté necesitada de interiorismo. O bueno, sí lo está, pero no lo sabe. Yo creo que la gente se siente muy identificada con que logre ser yo en mis vídeos. Esto no es un ejercicio mío intentando agradar a la gente, y siento que justo es lo que hace que a la gente le agrade. No soy un influencer de cien millones de seguidores, pero mi comunidad es muy fuerte.
Esteban, tú eres un experto en el arte de la crítica, pero ¿qué te critica a ti la gente?
El tono de voz. Mucho. Pero siento que es una crítica un poco vacía. Todo esto empezó porque, cuando se me hicieron virales los primeros vídeos, estaba enfermo y ese era mi tono de voz. Aunque a veces estoy más o menos aburrido.
¿Qué te inspira más, lo bello o lo feo?
No entiendo esa pregunta.
¿Dónde encuentras tú la inspiración? Si hay algo que te llama la atención porque es bello, bonito y te despierta las ganas de querer analizarlo o, por el contrario, puede ser algo feo que te llama la atención y te revuelve.
Yo siento que más que moverme lo feo o lo bello, me mueve mucho lo humano. Y dentro de lo humano, lo plástico. Las cosas que el humano ha hecho. Incluso un poco más que la naturaleza. Aunque espero que eso no quede en la entrevista.
No sé si realmente dice tanto de nosotros cómo tenemos decorada nuestra casa...
Sí, totalmente. Tu casa es tu guarida. Y cómo la estilizamos es una parte importante del ser humano.
Ponme un ejemplo.
No digo que alguien minimalista no pueda ser una gran persona. Yo no lo he conocido, pero seguramente los haya. Me refiero más a la intención que uno le pone a las cosas. Imagina una persona que solo tiene tres cosas. El clásico apartamento de hombre heterosexual recién mudado que tiene el Xbox, el colchón en el suelo y una silla Rimax. No habla bien o mal de esa persona, pero dice algo. O, por ejemplo, la gente que tiene la casa llena de muebles de diseño... luego es la gente más insegura.
Yo tengo una planta monstera en mi salón. ¿Estoy pasado de moda?
Te toca desinstalar Pinterest, y vas a comprar un ficus pandurata después. Estoy seguro.
Te propongo un juego. Me acabo de mudar y tengo el salón medio montado. Quizá con tu ayuda lo salvo.
Okey.
Tengo las paredes color crema con gotelé. Un sofá Friheten del IKEA, una tele enfrente. La monstera. Un tendedero lleno de ropa tendida. Una mesa baja de esas que se elevan para comer en el sofá. Una silla Gary Golden de patas metálicas doradas y asiento de terciopelo verde. En la estantería un libro de diseño de la editorial Taschen con cien tipos de sillas. Una bola de discoteca pequeña. ¡Ah! Y un cuadro de María Medem colgado.
Para ti ya no hay salvación. Déjate morir.
Dejando mi salón aparte, hemos cambiado las fotos de familia que tenían nuestras abuelas, esas de marco de plata en casa, por funkos, figuritas de Juego de Tronos y mapas con chinchetas que muestran adónde has viajado. ¿Qué nos ha pasado?
Responde mucho a lo que estamos viviendo. Es un sobreconsumo. No creo que nadie compre un funko para decir que queda genial con la alfombra. El sistema nos empuja a comprar esas cosas. Nadie necesita un mapa con chinchetas para saber adónde ha viajado. Es una respuesta al contexto, nadie se puede comprar una casa, pero todos nos podemos comprar un matcha latte, un par de labubus y dos funkos para lidiar con ese dolor. No digo que esté mal, el sistema está mal.
¿Es clasista juzgar a alguien por las sillas que tiene en su comedor?
Depende desde dónde venga la crítica. Mira ahí el buen uso del depende. No se puede dejar de lado una ideología de clase. Es decir, si alguien tiene todas las posibilidades del mundo y elige las sillas más feas y caras, pues la crítica es merecida. Pero si alguien tiene tres sillas monobloque en el comedor porque no tiene para nada más, se aplaude. Yo en mis vídeos intento criticar el diseño de lujo. A nadie le digo esto está mal porque eres pobre. Normalmente estoy criticando la revista AD. Estoy bastante seguro de que nadie con pocos medios ha salido en la revista AD. Nunca he criticado a una persona en particular, excepto al Xocas.
¿Te dijo algo el Xocas por ese vídeo?
No. Tampoco fue un vídeo supergrande. Lo hice porque vi que estaba hablando de su casa como si fuera lo mejor del mundo.
Le hiciste un traje. Casi le llamabas esclavo del sistema y la industria.
Yo al Xocas ni le odio, ni le consumo. El vídeo es una hipérbole. Todos estamos en el sistema, tú, yo... prueba de ello es esta entrevista, lo cual sigue siendo muy triste en esta sociedad del espectáculo. Pero él es una caricatura de ese sistema.
Imagínate que no tienes trescientos euros para gastarte en una silla. ¿Comprarías en Temu?
No. Tengo un problema con el consumo masivo, y esto aplica a Amazon también. Si le compras a Temu estás comprando a un sistema que pienso que es opresivo y explotador. Con mis dólares, euros y pesos colombianos voto por cosas. No sé si voy a hacer una gran diferencia, pero nunca he comprado en Temu. No por el tema de las réplicas o lo barato o el mal gusto, sino por ética.
Hablas mucho de la homogeneización de nuestros hogares y de nuestras vidas. De cómo el gris se ha comido el mundo. De la actual falta de personalidad. ¿Tiene toda la culpa Instagram?
No, Instagram es una plataforma vacía, pero el problema es una sociedad positiva que decía un filósofo coreano. Se busca que todo sea homogéneo, que tengas que dar menos pasos para hacer una compra... se busca que haya menos fricción. Y evitar la fricción acaba en que se usen tonos más neutrales, colores tierra, el cloud dancer (una especie de blanco roto elegido como color del año 2026 por Pantone). Instagram es un reflejo de lo que está pasando, de lo que nosotros hacemos.
¿Cómo luchamos contra esa homogeneización? Parece que nos hemos quedado sin ideas.
Uno debería tener más conciencia. Hacer las cosas con más atención e intención. Si no, vas a acabar con un sofá en L beige o blanco porque es lo que más hay en el mercado.
Una filosofía de la intención. Hay algo ahí para pensar. ¿Cómo definirías tú la época que vivimos actualmente?
Es la autocracia del algoritmo. Las redes sociales están vacías y es una muestra de lo que está pasando. Tecnofeudalismo es la palabra específica, pero no la usaría en un vídeo mío. La uso porque me lo preguntaste así.
Hablemos de IKEA. Tú denominas a la marca sueca como “un monumento a la mediocridad global”. ¿Te han llamado alguna vez para pedirte explicaciones?
Una vez me iban a mandar una silla desde la agencia de comunicación, y dije: no, gracias. IKEA hizo cosas muy buenas. Democratizó el diseño en Europa e introdujo el flat-packaging que es una genialidad. Poder empacar cien muebles en vez de dos. Pero como toda gran corporación se ha enshittificado. Y yo no había nacido cuando IKEA era bueno. Aquí en Colombia llegó hace dos años y nos tocó ya el IKEA de mala calidad. El IKEA con problemas ambientales por bosques en Rumanía, el IKEA soso, monocromático.
¿Tú crees que también han caído en este proceso de volverse peor? Como ha pasado también con las tecnológicas.
El término enshittificación se usa para tecnológicas, pero yo lo uso de manera amplia cuando una compañía deja de innovar.
¿Hay algún mueble ahora mismo del IKEA que salvarías?
Ahorita me acabo de comprar el portavelas de la colección de Gustaf Westman. Me gustó y me decepcionó mucho. No soy yo el mayor fan de Gustaf Westman, pero pensaba que iba a hacer algo más interesante. Me gustó el color y lo tengo básicamente para decirle a la gente que sí compro en IKEA.
Si hay alguien de IKEA que está leyendo esta entrevista, ¿le quieres decir algo?
Que las albóndigas son ricas.
Hay otro vídeo en el que hablas del tercer espacio. De cómo estamos perdiendo esos terceros espacios. El lugar donde no tienes que ser nada. Está la casa, el trabajo y el tercer espacio. Ponías un ejemplo muy bonito de tu abuelo, de su bar de toda la vida. Ese bar viejo donde no importa el sabor del café sino la compañía. ¿Qué otros ejemplos de tercer espacio se te ocurren?
Ese post nace porque una revista española, Troublemag, me escribió para hacer un post colaborativo. Y una crítica grande que recibí era que no había fotos de mujeres y el tercer espacio. Si después del “9 to 5” había un “5 to 7” era porque había alguien que estaba atendiendo a los niños y atendiendo la casa. Y esos terceros espacios de las mujeres son importantes. Pero hablando en términos más amplios, los parques públicos son esos lugares. Aquí, en Latinoamérica, hay mucha cultura de sacar las sillas a la calle.
¿Puede ser el mundo digital un tercer espacio?
Creo que no, pero porque yo soy conservador. Aunque es algo que he pensado, un Discord podría serlo, por ejemplo. Pero sí creo que el ser humano necesita ese contacto físico directo. Si puedo ver un amigo, lo veo. Esto puede ser un tema generacional y puede ser que yo ya esté viejo.
¿Qué te pasa con el minimalismo, Esteban? A los mileniales nos vendieron el minimalismo y la pobreza como algo cool. Poseer pocas cosas y compartir piso. No sé si ya nos hemos dado cuenta de que todo eso era mentira.
Como cualquier tendencia. Creo que el problema es que la gente muchas veces simplemente va cogiendo todo lo que le van diciendo y lo adopta. Y el minimalismo es un blanco sencillo porque ya de por sí es una tendencia decadente y eurocentrista. Hay casas minimalistas que a mí me gustan, sobre todo de diseño escandinavo, pero no viviría en ellas. Y no lo haría porque soy latino y siento que un latino minimalista es una contradicción.
¿Cuál es el estilo de la generación Z?
No diría que hay un estilo definido. Siento que hay una tendencia que llamaría Maximalismo/Dopamine decor/ Inox. Son formas exóticas, hiperorgánicas, colores superbrillantes. Creo que es más una respuesta infantil al minimalismo.
¿Cuál es el objeto de tu casa que más quieres?
Mi computador. Es especialmente bonito. Soy bastante más friki de lo que parezco en redes y también soy alguien bastante más esteta de lo que creería la gente a mi alrededor. Mi torre es gigante y con una gráfica enorme... Te la tengo que mostrar. No sé cómo pondrás esto en la entrevista.
(Esteban mueve la videocámara para que pueda ver el ordenador de mesa. Parece un pequeño mueble mid-century color rojo eléctrico y metálico. A los días de esta entrevista, Apple le envió un equipo nuevo. Lo subió a sus stories y le pregunté, ¿qué pasa ahora con la computadora? Esteban me respondió: “La vida es un poco una lenteja”).
En tus vídeos hay muchas sillas, pero también hay mucho de lucha de clase. En un vídeo que se llama Los ricos no te van a aceptar dices que el sistema es impenetrable.
Hay cosas que tú, por mucha plata que tengas, no vas a poder adquirir. Si a ti te criaron toda la vida escuchando una música, comiendo con tres cubiertos, apreciando cierto arte, no importa lo que hagas, tú vas a ser así tengas o no dinero. Es tu habitus, tu forma de ser, tu clase. Hay una forma de ser tanto en el comer, como en el pedir, como en saber cuándo se pide, qué se pide, cómo se pide, ver qué marca se está usando... ¿Por qué un Loro Piana es más valioso que una camiseta genérica siendo visualmente iguales? Porque no son iguales. Solamente tú las ves iguales porque no tienes ese entrenamiento, ese habitus de clase.
En otro vídeo hablas de cuando las clases altas dan un giro hacia la moda obrera y se apropian de ciertos códigos. La chaqueta Duck Detroit de Carhartt es un buen ejemplo, o las Dr. Martens. Moda obrera o ropa de trabajo que ahora ves en perfiles de Instagram con tés matcha y clubs de running.
Yo no sé mucho de moda. Es muy importante aclararlo. De hecho, me visto bastante feo para cualquiera que está leyendo esto. Pero aquí no es necesariamente que se quieran apropiar de los pobres, sino que cambian las dinámicas sociales.
¿Tenemos que justificar nuestro consumo todo el rato o podemos tener algún placer culpable? Yo tengo unos zapatos Dr. Martens y trabajo delante de un ordenador...
Cada uno debería saber de dónde vienen las cosas. Por ejemplo, las Dr. Martens vienen de una estética obrera, que después pasó al punk y en algún momento llegó a los ultras. Es importante saber estas cosas. Yo no soy la policía de la moral, a mí no me importa lo que haga nadie.
¿Tú tienes algún placer culpable?
Honestamente, no. Hablo de diseño, pero no tengo todo de diseño. No por decisión, sino por un tema económico. Me gustaría poder tener todos los gustos culposos. No los tengo.
¿Qué es el lujo para ti?
Vivir bien. Vivir tranquilo y en paz. No tener que preocuparse de las cosas más básicas. No puede haber lujo si uno no tiene las primeras necesidades resueltas.
¿Dónde hay más lujo? ¿En un bolso Louis Vuitton o en levantarte a las doce del mediodía un martes?
Para mí no sería un lujo levantarme un martes a las doce del mediodía, sería una tortura. Si me preguntas, habría más lujo en la bolsa Louis Vuitton, incluso si son de estas de ahora de cuero de plástico.
Para cerrar, si tuvieras que escribir un manifiesto para tu comunidad, ¿cómo empezarías?
Solo problemas y nada de soluciones. No creo que sea yo la persona que vaya a solucionarle la vida a nadie. No busco cambiar el mundo. No quiero que nadie haga nada diferente. No me importa.
Esteban Go se rió en el minuto 18’ 42” de este encuentro. Justo en el momento exacto en el que le dije que en mi salón colgaba una bola de discoteca. Tenemos la prueba grabada en audio, pero nunca la sacaremos a la luz por respeto al entrevistado.

