No sé muy bien qué acabo de escuchar. Y, sinceramente, tampoco necesito saberlo. Salsa brava: The Misstape es una locura. Cinco canciones que parecen venir de lugares completamente distintos y que, sin embargo, comparten algo difícil de explicar: todas suenan a Brava. No hay una fórmula a seguir, una narrativa perfectamente cerrada ni una idea conceptual que obligue a cada tema a encajar con el anterior. Hay grime, rap, rave, jungle, footwork, sexo, humor, reivindicación, vulnerabilidad y muchas ganas de bailar. Todo junto. Todo a la vez.
Y quizá hasta el propio nombre lo explica. ‘Misstape’: una tape hecha por y para las chicas. Porque aquí no hay una única manera de serlo. Puedes reivindicar, ligar, enfadarte, reírte de tus propios problemas, querer bailar hasta que no puedas más… En definitiva, hacer lo que te dé la gana. Brava no parece querer construir un personaje perfecto sino todo lo contrario. Y deja entrar todas sus versiones en el mismo proyecto.
La mixtape parece construida desde el caos pero hay un universo que lo atraviesa y que también habla del momento que está viviendo la artista. La huella de Bistec Music se percibe en las personas que rodean la mixtape: Bella Kanela, Sunny Wright IV, Teo Lucadamo, D.A.W.I.T y Midrib forman parte de un ecosistema creativo que termina dando cierta coherencia a lo que, sobre el papel, parece no tener ninguna. Más que una fórmula sonora, hay una comunidad y una manera compartida de entender la música: libre, inquieta y difícil de encasillar. Quizá por eso funciona.
Intentar encontrarle una lógica clásica sería perderse precisamente lo más interesante. Esta no es una mixtape que quiera demostrar que sabe moverse entre géneros; parece más bien una fotografía de una artista que todavía quiere probarlo todo. Brava no parece preguntarse qué debería sonar después. Simplemente lo pone. Y ahí aparece esa sensación de desorden que atraviesa todo el proyecto. Un desorden que no resulta vacío, sino personal. Salsa brava puede pasar de una reivindicación política a hablar de mommy issues, de una fantasía sexual a celebrar la propia personalidad, y terminar bailando contra el fascismo. No hay transición emocional porque tampoco parece haberla en la vida real. Todo convive.
Este trabajo es como hacer un viaje, pero de esos largos en coche: movido, lleno de estímulos y en el que acabas haciendo mil cosas para no aburrirte. Todo empieza con Puta cheesecake, que te da pequeñas pistas de lo que viene después: un sinsentido que, en apenas dos minutos, consigue engancharte. Yo no soy tu mama, en colaboración con Bella Kanela y Sunny Wright IV, es quizá la canción más ‘coherente’ del álbum, o al menos la que mantiene una sintonía más constante a lo largo del tema.
Pero, de repente, pasas a Mi nombre es, con Teo Lucadamo y D.A.W.I.T., y el registro cambia por completo. Es caótica, rapeada y solo puedo pensar: “My name is Sara, pero me llaman Brava”. Después llega Epa apa, junto a Midrib, que mantiene esas mismas vibes de la colaboración anterior, aunque aquí destaca especialmente su inicio en euskera. Qué canción más pegadiza, madre mía. “¡Epa apa!” Y, a la vez, qué random. Cuando ya estás completamente enganchado, llega el final con Unta la salsa, con una sintonía electrónica que se queda pegada. Al final, todo es un mix de todo. Caótico, raro, inesperado; y por eso no puedes parar de escucharlo.
Brava es precisamente eso: un torbellino de energía y verdad a toda velocidad. Grita, se ríe, liga, reivindica, se contradice, se expone y, sobre todo, baila. A veces sus voces son crudas; otras, sexis. A veces parece tener algo muy concreto que decir y otras simplemente quiere mover el culo. Y quizá esa sea la idea más clara que deja la mixtape: no hace falta elegir. No hay una idea que una las cinco canciones. Hay algo mejor: una persona. Una miss, o quizá todas las misses posibles, haciendo ruido a su manera.
Track favorito: Mi nombre es, con Teo Lucadamo y D.A.W.I.T.