Durante el último año, parecía haberse alejado del estilo, aunque no de los códigos, con el que se había hecho un hueco en la escena urbana española. El reggaetón y el dancehall habían ido ganando terreno, hasta el punto de lanzar Mr. Fino Riddim, un álbum compuesto íntegramente por ritmos caribeños. El #swag se había diluido ligeramente, pero El príncipe, su segundo proyecto en solitario más ambicioso, deja claro que 8belial fluye como le da la gana, y nosotros nos lo comemos igual.
Los cuatro primeros tracks avanzan con cierta calma. Preparan el terreno con un tono más contenido, a excepción de Victorio & Lucchino. Con Rolling en el Audi, el disco empieza a ganar fuerza y acto seguido llega Okay Molly, uno de los temas más contundentes y donde queda claro de qué va esto. Aunque alguna pista ya teníamos. Cuando anunció el lanzamiento en Instagram dijo: “Queríais trap, esto es trap de lo de antes”. Y, aunque el disco no renuncia del todo al dancehall y nos cuela algunos guiños, todo el tracklist se mantiene fiel a esa energía.
Hay canciones que parecen mirar directamente hacia el pasado, concretamente al tan añorado 2016. Zumo de mora nos lleva a la época en la que artistas como Flaccosucio estaban empujando este tipo de sonidos hacia la vanguardia sin que apenas nos diéramos cuenta. También está muy presente la actitud característica de Disobey, que desde sus inicios nos ha transportado al universo de Chief Keef de hace más de una década, aunque con esa vuelta que le da su postironía. No obstante, esto no le resta autenticidad, simplemente recupera un imaginario que nos enganchó en aquel momento y que ahora vuelve a atraparnos.
A pesar de su aparente pasotismo, las colaboraciones demuestran una cuidada selección. Yung Beef se sube al barco en Gucci, igual que Yyynestrosa y Johnnyfuu en YSL, un tema que ya llevamos unos meses escuchando. De la misma manera, Virtual Flavor y Aft3rlife dejan su sello a lo largo del proyecto. No es casualidad que 8belial adelantara algo de este sonido en lanzamientos previos como Masones, junto a El WiWi y al argentino Stiffy, una colaboración que tiende puentes a nivel internacional y que ya entonces dejaba entrever por dónde podían ir los tiros. 
Entre una sutil mezcla de géneros, notas de nostalgia y colaboraciones que amplían su universo, el disco funciona como una fotografía del momento actual de 8belial. Vacilón, aunque honesto y, sobre todo, consciente de la escena que lo rodea, se mueve con cierta distancia respecto a las reglas de la industria. Ahora que le ha dado al público la dosis de trap que necesitaba, ha anunciado una vuelta al reggaetón. Mientras tanto, sigue jugando sus cartas para quedarse con el trono.
Track favorito: Masones.