Aún no sabemos exactamente si fue una obra de teatro, una película de los Coen o un concierto. Lo que sí sabemos es que Teo Lucadamo no deja indiferente a nadie cuando se sube al escenario. En una semana plagada de eventos musicales en Barcelona por el pleno apogeo de los B·Series, el alicantino demostró una vez más la singularidad de su arte, pues después de lo que vivimos en Razzmatazz 2 podemos decir que, efectivamente, no hemos visto nada que se le asemeje.
Multifacético sería un buen adjetivo para empezar esta crónica, sí, porque su show tuvo de todo, joder, ya ves, pero bueno, vamos a ir por partes. Igual es que aquí en Barna somos de amores intensos, pero aunque estuvo hace nada en el Festival B, ya le echábamos de menos. Y a pesar de que ese día le vimos con treinta grados al sol (porque le tocó prácticamente abrir la tarde del festi), esta vez te diría que pasamos el mismo calor. No se hizo esperar mucho; salió justo después de su banda, con una camiseta negra de manga corta que llevaba escrito: “BICIMADNESS” con la tipografía que llevaban las míticas Thrasher. Nada más pisar el escenario, se tiró la prueba de sonido en directo, porque sí, porque le encanta y puede hacer las cosas al revés.
Tras confirmarle todos los fans que se escuchaba bien, se hizo abuchear a sí mismo e interpretó Buen Día para arrancar ya de buen rollo. Se adentró de lleno en El Dilema del Rapero Blanco con temas como 360 y Tengo un Amor, interpretados en acústico con la banda, sonando como un puro rockstar. La entrega del público, un diez, al cual Teo les apodó “los más capitos” y les agradeció el apoyo que recibe en Barcelona. Pidió una toalla varias veces y chilló que no cada vez que se le salía el in-ear (no fueron pocas, ya que no se está quieto ni un segundo del show).
“Estas son para los OG”, así anunció palos clásicos de su discografía como Slippin Mate o TIC. Y continuó con Llamadas, a la que le añadió el acting de la llamada en mitad de la autopista diciendo que por culpa del tráfico no llegaría a tiempo al bolo en Razzmatazz. Incluso simuló la pelea con otro coche, gritando: “puta Diagonal”. Y todo eran risas hasta que pidió que se abriera un hueco en medio de la sala. El bueno de Teo nos tenía preparada una de las suyas; se metió en medio de la pista y escogió a dos voluntarias de entre el público, les dio un mando y un coche teledirigido. “Vamos a montar unos coches de choque”, dijo. Él mismo fue narrando el espectáculo y, a la ganadora, le regaló una camiseta de su merch. Ver para creer.
Tras esto y unos cuantos gritos de “Viva el rap”, pasamos a la fase de la locura, la recta final del concierto. Del bailoteo en Tipo Slip a los saltos de Tengo Calor, llegando a la locura final de Mi puto swag y Ritmo. Que no faltó ningún hit, vaya. Presentó a todos los músicos subidos en el escenario uno por uno, sacó a miembros de su equipo en Mi colega y cerró el tema gritándole al público: “Vosotros también sois mis colegas”. Y es que así nos hizo sentir durante todo el bolo, logrando una cercanía y naturalidad que muy pocos son capaces de hacer sentir a sus fans.
Un show de otro nivel en todos los sentidos, en el que él mismo es el DJ y se va cambiando los temas, mezclando la actuación con la música, con una puesta en escena única y original. Un auténtico gustazo verlo en directo, estando seguro de que la mayoría de los presentes repetirá siempre que Teo Lucadamo vuelva a Barcelona.



