Parece mentira que Daisy, la obra que ha encabezado nuestra lista de los mejores discos del 2025, sea el álbum debut de Rusowsky. El artista ha sabido dar con las teclas adecuadas, de eso no cabe duda, pero por encima valoramos el hecho de saber juntar todas aquellas cualidades que le hacían sobresalir antes de tener una pieza sólida para respaldar su propuesta artística. Una propuesta que, aunque ahora la vemos bañada en música pop, trasciende todo tipo de etiquetas, y mediante diversas formas de expresión consigue hacer de su escucha y visionado una experiencia diferente a todo lo demás. Eso es lo que hemos ido a ver al Sant Jordi Club.
Acompáñanos a Montjuïc. Obviamente ha colgado el cartel de sold out, dos veces y en un abrir y cerrar de ojos. Qué forma de empezar el año. La sensación es que va a pasar lo mismo con las próximas fechas que anuncie, porque lo de Rusowsky con su álbum no ha sido un éxito, ha sido una irrupción en el mainstream. Ha unido a la amiga que solo escucha música rara con la del Top 50 España, y eso se ve en la multitud, especialmente diversa en este concierto.
Para esta gira de Daisy ha cambiado todo. Ya no tenemos un protagonista solitario con la ayuda de alguien en la mesa de mezclas, ahora tenemos una banda con pelucas negras y una popstar con peluca rubia. Estaba más que probada su habilidad en un formato acústico, tiene como mínimo tres sesiones en vivo que puedes encontrar en internet y que son maravillosas, pero es cierto que, hasta ahora, no era lo habitual. Está claro que tocar en espacios tan grandes también debe llevar a un artista a dar un paso adelante; en este caso vamos más allá, el propio disco pedía ser tocado con instrumentos en directo. Cumplió con ello, sí, pero hubo tiempo para todo.
La actuación fue a caballo entre la armonía en canciones como Sophia o BBY Romeo y la locura de sukkKK!! En realidad nada define mejor su esencia, es como reproducir el contraste de Kinky Fígaro una y otra vez. Los visuales respaldaron esa energía siendo tan confusos como caóticos y chill a la vez: vimos memes de gorilas y puestas de sol (o los dos a la vez, todo es muy confuso, como iba diciendo). Alcanzamos picos en ambos extremos, Rusowsky cargando saltos para provocar los gritos del público y al cabo de unos minutos, Rusowsky necesitando unos segundos de pausa antes de tocar el piano porque no puede cantar llorando. Todo va de contrastes.
Durante el show aparecieron invitados especiales: Tristán! lo hizo con su sombrero característico, y Ralphie Choo con un look del oeste. La gran bomba final fueron Las Ketchup, que salieron con más ganas de pasarlo bien que ninguno de los presentes. Cantaron Johnny Glamour y, aprovechando el viaje, el Aserejé, ¿se te ocurre un cierre mejor? Pues no sabemos si mejor, pero más Rusowsky sí, que es lo de despedirse con Valentino y causar un último terremoto antes de irse. Cerró el telón su versión más festiva, pero bajo los focos vimos todas sus caras, desde la más divertida hasta la más sensible y vulnerable, hecho que nos muestra otra evolución que va más allá de lo puramente musical.





