A veces hay que reivindicar que esos símbolos que se usan de mala forma también representan a otra gran parte de la sociedad. La música y la moda siempre han servido de altavoz en múltiples ocasiones. Raúl Serrano es un especialista en esto: en usar su talento para llamar la atención y conseguir que el foco se centre en él. Tras #CuerpoSerrano llega Llámeme España!, una colección Spring/Summer 2027 para que la rojigualda vuelva a pertenecer también a lo queer y a los obreros.
Serrano acaba de presentar la colección en el Teatro Alcázar de Madrid. Su familia, que forma parte íntegra de su proceso de creación, ha estado ahí para apoyar la presentación. Con La Zowi y Bajocero X de fondo, han ido pasando looks que forman parte de un imaginario colectivo de barrio. Lo que él hace no es una provocación gratuita, sino que surge de la necesidad de expresar quién es. Le preguntamos si, en momentos como los que vive el país, hay que tener miedo, a lo que contesta contundente: “No quiero que nadie tenga que darme permiso para sentirme representado por mi propia cultura”.
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Llámeme España! es un título chocante. ¿De dónde sale?
El nombre nace de una reivindicación: yo también soy España. Durante mucho tiempo hemos asociado lo español a una serie de símbolos, tradiciones y valores muy concretos y hemos dejado fuera muchas otras realidades que también forman parte de nuestra identidad. Con esta colección quería hablar de esa España que conozco: la de mi familia, mi barrio, mis recuerdos y mis referentes. Una España popular, castiza, religiosa, quinqui y, sobre todo, diversa. El título es una forma de presentarme y reclamar mi lugar dentro de ese imaginario.
¿Cómo ha sido el proceso de creación?
Ante todo ha sido un proceso muy lento. Primero construí algunos de los arquetipos que quería representar y fui haciendo pruebas y confeccionando. Muchos de estos arquetipos y sus reinterpretaciones se me ocurren en momentos de la cotidianidad. También ha sido un proceso de mucho trabajo artesanal, experimentación y reutilización de materiales. Quería que cada look tuviera una historia detrás. En el proceso de creación también ha intervenido lo económico, así que ha habido parones para poder seguir haciendo la colección.
Antes de Llámeme España! estuvo #CuerpoSerrano. ¿Qué une estos dos momentos de tu carrera?
Creo que ambas propuestas comparten la necesidad de hablar de identidad y de apropiarme de símbolos que forman parte de mi cultura. #CuerpoSerrano fue una primera aproximación más directa al imaginario madrileño, al verano en Madrid sin playa, que yo he pasado en las azoteas de los pisos de mi barrio tomando el sol y dándome un manguerazo, al cuerpo y a determinados códigos. Con Llámeme España! he querido ampliar ese universo, profundizar en él y llevarlo a un terreno mucho más personal y conceptual. Siento que una colección es la continuación natural de la otra.
Es la primera vez que haces un desfile de tal magnitud. ¿Qué pasó por tu cabeza antes y durante el evento?
Muchísimas cosas. Creo que hasta que no vi las primeras salidas, no fui consciente de lo que estaba pasando. Había sido mucho tiempo de trabajo, incertidumbre, problemas que resolver y muchísima gente implicada. Antes del desfile tenía muchos nervios pero también una ilusión enorme. Durante el evento intenté disfrutarlo y observar todo lo que estaba sucediendo. Ver mis ideas materializadas y a mi familia, mis amigos y tanta gente acompañándome fue algo difícil de explicar. Fue uno de esos momentos en los que piensas: todo este esfuerzo ha tenido sentido.
“Durante mucho tiempo hemos asociado lo español a una serie de símbolos, tradiciones y valores muy concretos y hemos dejado fuera muchas otras realidades.”
En la colección hay varios personajes característicos del día a día, como nos contabas, los arquetipos. ¿Con cuál te sientes más conectado?
Con el madrileño, un personaje que forma parte de mi imaginario desde pequeño y que siento muy ligado a la ciudad en la que he crecido. Me interesa porque representa una forma de vivir Madrid desde el barrio, desde la calle y desde una realidad obrera que muchas veces ha quedado fuera de los discursos más oficiales sobre la ciudad. Además, el madrileño tiene una estética y una actitud muy concretas y creo que conecta mucho con mi propia manera de entender la moda: coger algo cotidiano, algo que ya existe en nuestro entorno, y darle una nueva lectura.
¿Qué une a todos los personajes que representaste?
Todos forman parte de un mismo imaginario colectivo. Son personajes que reconocemos, que hemos visto en nuestras calles, en nuestras familias, en el cine, en nuestro día a día o en las celebraciones populares. Aunque a primera vista puedan parecer muy diferentes, todos construyen una parte de lo que entendemos como España. Me interesaba ponerlos a convivir en un mismo espacio, sin jerarquías, porque precisamente creo que nuestra identidad se construye a partir de todas esas realidades.
¿Qué looks han costado más llevar del boceto a la realidad?
Sobre todo aquellos que requerían desarrollar técnicas y materiales desde cero. Algunas piezas, como la peineta de carey, fueron especialmente complejas. El vestido de novia era de terciopelo y fue muy complicado trabajar ese material. Había elementos intervenidos especialmente complejos porque necesitaba encontrar la manera de transformar materiales y referencias tradicionales en algo que funcionara como una prenda contemporánea.
También hubo looks que exigieron muchísimo trabajo artesanal y muchas pruebas hasta conseguir el resultado que tenía en la cabeza, como la virgen, el nazareno y las máscaras del quinqui y del macarra hechas con ganchillo. A veces el dibujo es la parte más sencilla; conseguir que exista en la realidad es otra historia. Y encima, aparte de exigente, soy muy persistente: tiene que ser tal cual me lo he imaginado y dibujado.
El toro está muy presente en la colección. ¿Qué significado le añades tú?
El toro es uno de los símbolos más reconocibles de nuestra identidad visual y, para mí, tiene una relación muy directa con mis recuerdos. Pienso en los viajes en coche con mi abuelo Juan Antonio, escuchando El Barrio y viendo los toros de Osborne aparecer en las carreteras. Me interesa ese contraste entre un símbolo que se ha convertido en una representación oficial de España y la cantidad de significados personales y culturales que puede tener. En la colección me apropio de él desde mi propia memoria.
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¿Cómo juega la reapropiación de la bandera de España en el proceso creativo?
La bandera es un símbolo que me interesa especialmente porque creo que ninguna persona debería sentir que no puede identificarse con ella. Quería utilizarla desde otro lugar, alejada de una lectura única y cerrada de lo que significa ser español. Para mí, reapropiarse de ella también es una forma de reivindicar que las personas que venimos de entornos obreros, las personas queer y quienes hemos crecido en los márgenes también formamos parte de este país. No tenemos que renunciar a nuestra identidad para construir otra.
En momentos como los que vive el país, ¿prefieres ir con cautela o no tienes miedo a las represalias?
No creo que deba tener miedo a hablar de mi propia experiencia. Mi trabajo no nace de la provocación gratuita, sino de la necesidad de contar quién soy y de dónde vengo. Entiendo que determinados símbolos pueden generar interpretaciones diferentes, pero precisamente por eso me interesa trabajar con ellos. No quiero que nadie tenga que darme permiso para sentirme representado por mi propia cultura. Creo que el arte también tiene la capacidad de abrir conversaciones que, de otra manera, no tendrían lugar.
Cuando terminas la presentación de tu trabajo, ¿qué relación tienes con la colección?
Cuando presentas una colección deja de pertenecerte únicamente a ti. Hasta ese momento has vivido con ella, has tomado todas las decisiones y has construido cada detalle, pero, cuando sale a la pasarela, empieza a relacionarse con otras personas y otras interpretaciones; por fin otros la abrazan y sienten la comunidad que quería crear. Y la verdad es que está funcionando bien por eso, porque, aunque las personas disidentes tengamos vivencias diferentes, hay algo que nos une y creo que, en mi caso, ha sido el discurso hecho imagen.
Para mí también supone cerrar una etapa. Es una sensación un poco agridulce porque, después de tantos meses conviviendo con un proyecto, tienes que aprender a soltarlo y empezar a mirar hacia delante. A su vez es un momento de recoger lo sembrado, ver que las cosas buenas llegan gracias al esfuerzo, descubrir nuevas oportunidades, comprobar si funcionan las ventas, etc.
Parte de tu familia estaba allí apoyándote. ¿Qué papel juegan tus padres en tu moda?
Mi familia es una parte fundamental de mi manera de entender la moda. Mis padres han sido importantes durante todo este proceso, especialmente por el apoyo y el esfuerzo que hay detrás para que yo pueda dedicarme a algo que, en principio, no siempre ha sido fácil. Mi trabajo también habla de ellos, de dónde vengo y de todo lo que me ha construido.
“Reapropiarse de la bandera es una forma de reivindicar que las personas que venimos de entornos obreros, las personas queer y quienes hemos crecido en los márgenes también formamos parte de este país.”
¿Quiénes han sido tus mayores referentes al crear las prendas?
Mis mayores referentes han sido personas de mi propia vida. Mi abuela Mary, que fue bailaora de flamenco; mi abuela Candi, que tejía ganchillo y mantillas; y también figuras que he descubierto a través del cine y la cultura popular, como José Luis Manzano. Me interesa mucho cómo se construye la identidad a través de la ropa y cómo determinados personajes representan una época, una clase social o una forma de vivir. También he tenido muy presentes el cine quinqui y el imaginario visual de la España de los años setenta y ochenta.
En el desfile sonaron Bajocero X y La Zowi. ¿Cómo surgió esa elección de canciones?
Quería que la música también formase parte del discurso de la colección. Me interesaba mezclar sonidos que pertenecen a generaciones y universos aparentemente diferentes pero que conviven perfectamente en la España actual. Bajocero X y La Zowi representan una escena urbana contemporánea que conecta con mi generación y con una forma muy concreta de entender la identidad, el cuerpo y la actitud. No quería recurrir únicamente a música tradicional para hablar de tradición. Me interesaba precisamente ese contraste.
También era importante la elección de El gato montés, de Dani, por la letra. Cogí la parte del principio: “Miro pa’l cielo delante ’e la plaza, que Dios me dé fuerza pa’ matar al toro y pa’ volver a casa”, y el final, “Un minuto de silencio, porque ya he mata’o al toro. Me lo he saca’o de dentro, pero me he quedado solo”. Tiene mucho que ver con la simbología de la marca y de la colección.
¿Qué mensaje lanzaría, a modo de grito, tu desfile y la colección?
Aparte del propio ¡Llámeme España!, también diría que quiero que la industria de la moda en España sea un lugar en el que podamos vivir de verdad. Porque detrás de cada colección hay muchísimo trabajo pero también mucha precariedad, especialmente para quienes estamos empezando y no tenemos grandes estructuras detrás. Me gustaría que pudiéramos crear, producir y desarrollar nuestras carreras aquí sin que dedicarnos a la moda implique necesariamente sobrevivir a base de favores, trabajos no remunerados o poner constantemente nuestro propio dinero. Quiero formar parte de una industria española en la que haya espacio para crear, pero también para poder vivir de ello.
Gracias, Raúl, por enseñarnos la España que nos encanta.
Gracias a ti <3
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