El rapero, cantante, “millonario”… como prefiráis, ha presentado A0, su nuevo álbum, en una caldeada sala con un público enérgico que se sabía todas las canciones. Raly no se ha dejado ni un tema y encima ha repetido los más duros, además de llevarse al escenario a los artistas que colaboraron en el disco. Misterioso y parco en palabras, ha aparecido en el escenario de La Sala Movistar en Madrid envuelto en la niebla, y en ella ha desaparecido, dejando el rastro del brillo de las cadenas.
¿Existe un récord de velocidad para empezar un pogo? Porque, de no ser así, tendría que ser otorgado a los fans de Raly. El concierto empezaba, en teoría, a las nueve de la noche, pero digamos que él le dejó margen a la gente para terminarse sus cervezas. El público botaba impaciente cuando el artista barcelonés salió de repente a un escenario vacío, iluminado a contraluz solo por los visuales de fondo. Entonces, más de la mitad del público se lanzó en estampida al centro de la sala coreando Demasiado alto Katmandu.
Tenía que presentarse envuelto en el misterio, así que era obvio que iba a llevar las gafas de sol negras. Además, hubo un denso humo rodeándole todo el tiempo y la luz pocas veces le enfocaba directamente. La segunda canción fue Acero, siguiendo el orden del álbum, pero después cantó Velvet, un tema ya muy consolidado y querido. Con Cualquiera, los gritos de “tranquila” resonaron como un mantra en toda la sala.
Los visuales de fondo tuvieron un contraste entre palabras gigantescas en blanco y negro (Merci, A0) y coloridas imágenes abstractas. Aun así, tampoco faltó una demoníaca luz roja, como durante la versión a capella de Fred Perry. Su segundo álbum solo tiene tres colaboraciones, pero le acompañaron todos los artistas en el escenario. Era obligatorio para Mvrk en Písale, y Abhir se convirtió en una bestia sobre la tarima con Alo. El novel Alka también se lució con 40G.
Después de los temas más potentes, entre los que incluyó Cloutchaser, pasó a otros más coreables, como Llorando en el moshpit, Sonríe o Seppuku (no le diremos a nadie que alguno lloró un poco con este último). Hay que hacer una mención especial a Hoodie, de su anterior álbum, con ese estribillo tan pegadizo. Cerró con Merci y repitiendo Cloutchaser y Acero. Breve y conciso, hizo una despedida a la francesa: desapareció del escenario no se sabe por dónde y apagó el chiringuito.
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