Un disco que no es un disco. Una mixtape. Una mezcla de estilos. El amor, los amigos, la familia, la prisa. Una ciudad cada vez más fría. Madrid. Su cielo. Un cambio de nombre, un apellido con luces y sombras. Un chaval cerca de los treinta. Las ganas de ser libre. Siempre. Las contradicciones. Lo underground, lo nuevo, lo viejo. Un rapero de Aravaca. Un vendedor de maquillaje en la puerta del Benefit de Chamberí. Algo más que una copia de C. Tangana. Conducir una furgoneta arriba y abajo. Escribir barras en las notas del móvil. Aferrarse a la nostalgia, sudar hielo, mirar arriba mientras todos agachan la cabeza. Desafiar a las nubes. El ego, volar, vivir de la música.
Le digo a Gonzalo Picasso que, para hacer esta entrevista, me gustaría quedar con él en un sitio especial. Un lugar que signifique algo en su vida. Vamos a hablar de su último lanzamiento: En esta ciudad nunca se ve el cielo. Mientras le espero, le escribo un WhatsApp: ¿Qué prefieres, lata en el parque o birra sentados en un bar? Lata y parque mejor. Gonzalo llega sonriendo. Se sienta en el banco, abre la lata, enciende un cigarro. Su cara de niño, su voz ronca tan característica.
¿Dónde nos has traído y por qué?
Estamos en el barrio de Rosa de Luxemburgo. Aquí he jugado con mis primos pequeños, me he emborrachado, he discutido con colegas, he cantado en las fiestas. He hecho una paella en el parque. Es un sitio en el que he vivido mil cosas. Está en Aravaca, pero es diferente. Es un sitio donde te bajas a la plaza. Eso en Madrid ya no existe.
Un rapero de Aravaca. ¿Es algo que te persigue?
No, me da igual. Soy el primero que lo dice. Nunca he tenido un problema en decir que soy de Aravaca. Hay mucho prejuicio. Parece que solo puedes ser un rapero underground si vienes de un barrio mega humilde.
¿Cómo vives eso?
A mí no me importa. Tampoco he tenido muchas críticas en ese sentido porque nunca he dicho lo contrario. Ni he dicho que soy pobre. Yo qué sé, he currado toda mi vida. Soy un chaval normal independientemente de ser de Aravaca, Las Rozas o donde sea.
¿Es esa quizá la mejor estrategia? Decir: esto es lo que soy.
Total. Da más vergüenza el que dice que es de Vallecas y luego es de Las Rozas, ¿sabes? Se ha independizado y se ha ido a vivir a Vallecas y va como de, buah, Vallecas, tío.
Veníamos de unos días de sol y justo hoy, que íbamos a hablar de este álbum, el cielo está todo nublado.
Total. Está al pelo.
¿Qué hay detrás del título de tu nuevo álbum?
Viví en Valencia y hace un tiempo llamé a un colega de allí para invitarle a Madrid a hacer música. Le pregunté cómo estaba y me respondió, ‘aquí, a la marcheta’, que significa hacer las cosas tranquilamente, sin prisa. En Madrid no tenemos eso. El título habla de eso. Es una frase evocadora. El cielo, para cada uno, puede ser una cosa distinta. Puede hablar de la ambición pero también del cielo de una manera más literal, de detenerse dentro de la voracidad y la rapidez de la ciudad. Pararse a mirar el cielo habla de esa prisa.
“La nostalgia sirve para romantizar las cosas. El recuerdo mejora todo lo que has vivido.”
Te propongo un juego. Me he escuchado tu álbum entero de principio a fin. De cada canción he sacado una pregunta.
Dale.
Intro. ¿Se puede tener nostalgia de cosas malas que te han pasado?
Creo que sí, se les puede sacar el lado bonito. La nostalgia sirve para romantizar las cosas. El recuerdo mejora todo lo que has vivido.
Mimosa. Para mí, de mis favoritas. ¿A quién le cantas esta canción?
También es de mis favoritas. Me la canto a mí mismo.
En esta ciudad nunca se ve el cielo. ¿Qué te quita el sueño?
Ahora mismo estoy bastante tranquilo. Esa canción tiene justo un año y era un momento difícil. Venía de que me estafase seis mil euros un productor y de tener movidas con el mánager con el que estaba trabajando en aquel entonces.
Sudando hielo. ¿Tienes miedo de hacer algo nuevo y diferente?
No, me mola y me apetece.
Durmiendo en el salón me recuerda a Ella lo hace conmigo. C. Tangana, 2016.
No había hecho yo esa unión. [Se pone el tema en YouTube para recordar cómo suena]. Tiene un aire, sí. Por las pausas, el tempo... Van a una velocidad parecida. La comparación con C. Tangana es inevitable. Es una inspiración muy grande en mi carrera, pero creo que soy muchas más cosas que una copia de C. Tangana. Ahí tienes un titular.
Personal. ¿Cómo te manejas con tu ego?
El ego es una cosa peligrosa con la que hay que saber tratar. Encima del escenario tienes que ser el puto amo y tienes que tener esa actitud. Pero luego no puedes llegar a la sala y hablarle mal al técnico de sonido.
? ft. Jime. Tienes una barra en la que dices que no tienes ningún don. ¿Cuál te gustaría tener?
Volar tiene algo de poético. En algunos sueños lúcidos suelo volar.
Frío en la ciudad. ¿Todo va a salir como tiene que salir?
Como el sol por la mañana y la luna antes de dormir.
“La comparación con C. Tangana es inevitable. Es una inspiración muy grande en mi carrera, pero creo que soy muchas más cosas que una copia de C. Tangana. Ahí tienes un titular.”
2G. ¿Cuál es la droga a la que más miedo le tienes?
A la cocaína.
¿Por qué?
Porque se ha llevado a unos cuantos. Es una droga muy peligrosa. He visto un montón de gente que eran personas con su vida ordenada, con un trabajo y con una familia, que se han ido a tomar por culo en dos años. Y eso no lo he visto con las setas, ni con el M, ni con los porros.
¿Cuántas veces has decidido ser artista?
Realmente, una. O sea, no ha sido una decisión de ‘quiero ser artista’. Fue más ‘quiero que esto se convierta en mi profesión’. Fue en la cuarentena. Ahora me dedico cien por cien a la música.
¿Qué otras cosas has hecho?
Estudié sonido y trabajaba en una empresa que hacía programación de luces, LED y tal. Hacíamos espectáculos para ayuntamientos y movidas así. Y luego mil cosas. Lo que más he hecho últimamente han sido rodajes de producción. Con la furgoneta para arriba y para abajo, llevando equipo.
¿El curro más loco que hayas hecho?
Vender maquillaje. Ahí en Chamberí, en el Benefit, vestido con un traje, diciendo a la gente por la calle que estábamos haciendo la guerra contra los poros.
¡Vaya barra! ¿La pensaste tú?
(Risas) No, no, era la que me decían ahí. De hecho, me acuerdo de que le dije al jefe: Tío, esto no funciona, porque la mitad de la gente me decía: ¿La guerra contra los porros? Y yo le decía al jefe, esto no tira. Le critiqué un poco y me echó. Duré dos días.
¿Has tenido alguna crisis de fe? De decir: no sigo.
Un montón. Pero nunca muy profundas. Obviamente, a nivel de pasta, hay momentos en los que dices: Joder, hay que comer. Entonces te tienes que dedicar a otras cosas. Y, a nivel psicológico, como artista es muy normal de repente decir, ¿quién soy?, ¿qué cojones estoy haciendo con mi vida?, ¿dónde nos conduce todo esto? Siempre he podido salir de ahí.
Han pasado ya diez años de Corazón, de Bendita música. ¿Qué queda ahí de ese Picasso? ¿Has cambiado mucho?
Son diez años, he cambiado. Pero creo que hay algo ahí que sigue siendo un poco lo mismo. Esa parte de desahogo y de necesidad.
¿Qué es lo que más te inspira a la hora de escribir?
Al principio me inspiraba más en mis propias vivencias y ahora es más de mi alrededor. [Levanta la mirada del banco y mira hacia el parque]. Veo a ese niño que se está balanceando ahí en el columpio y de repente pienso en la infancia. Cojo ese detalle pequeño y luego lo estiro.
“Encima del escenario tienes que ser el puto amo y tienes que tener esa actitud. Pero luego no puedes llegar a la sala y hablarle mal al técnico de sonido.”
Hace un tiempo pasaste por ACERO y compartiste que estabas yendo al psicólogo. ¿Sigues yendo?
Después de esa entrevista fui un par de meses más, pero ahora llevo una temporada sin ir. Volveré. Tampoco te diría que todo el mundo tiene que ir al psicólogo. Hay gente que no. Es una cosa que ahora está muy de moda, la salud mental, todo el mundo tiene que ir, etc. Y, bueno, yo qué sé, hay gente a la que igual no le hace falta.
En 2026, ¿qué es ser underground?
No lo sé. Las palabras van cambiando de significado. Para mí, el underground es estar ahí, con ese techo de cristal. Lo que era en la época del Charlie y el Nasta. La diferencia entre el que no va a vivir de la música ni para atrás, da igual la repercusión, da igual que lo escuche todo Madrid, y al que las discográficas no quieren, las radios no llaman. Hoy en día puedes dejar de ser underground de un momento a otro. Un chaval es underground y mañana le ha llamado un festival grande.
También tiene que ver con una manera de hacer las cosas, en el sonido, etc. El Glosito, Al Safir, el Mda… Esa gente es underground. Incluso Diego 900 es underground. Esa gente graba en su keli, con su tarjeta de sonido, la mayoría sabe más o menos mezclar, se lo pasan a un colega, otro les hace las fotos. Eso es ser underground. No poner cien mil euros detrás de alguien y que le digan lo que tiene que hacer. Es, de alguna manera, ser libre. Que nadie te diga que te tienes que callar la boca.
También tiene que ver con una manera de hacer las cosas, en el sonido, etc. El Glosito, Al Safir, el Mda… Esa gente es underground. Incluso Diego 900 es underground. Esa gente graba en su keli, con su tarjeta de sonido, la mayoría sabe más o menos mezclar, se lo pasan a un colega, otro les hace las fotos. Eso es ser underground. No poner cien mil euros detrás de alguien y que le digan lo que tiene que hacer. Es, de alguna manera, ser libre. Que nadie te diga que te tienes que callar la boca.
¿Tener más oyentes en Spotify te aleja de esa idea de underground? En el mundo del rap siempre ha habido cierto purismo con esa idea de ‘no venderse’.
Yo, por mis valores, he hecho muchas cosas que a lo mejor me han perjudicado a nivel económico en mi carrera. O por mi fumada artística de querer hacer cosas diferentes. La he liado mucho en el sentido de crecimiento, de ganar más dinero y más fans. Hago música porque me gusta. Hay gente que lo hace por hacer dinero.
Para acabar, un sueño que tenías con catorce años.
Con catorce quería ser el skater Rodney Mullen. Y luego el rap y la música. En la música empezaba esa movida en España que no había visto antes. La gente decía que quería hacer dinero con la música, C. Tangana, PxxrGvng... Todo eso antes no existía. Antes el rap era: “provoco morbo máximo, cuando vuelvo al ejercicio con un clásico”. El que ganaba dinero no decía que ganaba dinero.
¿Ha cambiado ese sueño?
Yo creo que sí.
¿Y en qué piensas ahora, tío?
Pues en el Charlie. En trabajar en otras cosas creativas que no sean poner la puta cara.

