El jueves pasado asistimos al evento de lanzamiento del nuevo EP de la mami fundadora, Metrika, para las más desubicadas, en el Cupra City Garage de Madrid. La listening party de Jane Doe in the Dream House fue más una fiesta que una presentación formal, y funcionó casi como una primera entrada al universo del proyecto. El rosa impregnaba toda la sala: neones con la silueta de una conejita Playboy y un espacio lleno de ratxetonas vampiras que rompían cuellos con sus looks (no faltaban el pelo, las botas altas ni los brillos).
No fallaron artistas y amigos de Metri como L0rna, Kristina, Johnny Weezy o tkmami, entre otrxs, ni tampoco el contingente de influ que no podía faltar: Magdalenita, beajordan, Nicks Nicole, Shannis y muchxs más. Con un DJ set impoluto de bellakeo, la gente bailó, charló y pidió alguna que otra analógica a Thais. Ella, encantadora y sonriente como siempre, se movía de un lado a otro saludando a todo el mundo, dejando claro que este nuevo capítulo también se construye desde la cercanía y la comunidad.
El EP llega después de semanas de comentarios desde que se anunció su firma con Universal Music Group. Ya se sabe: que si ahora la iban a suavizar, que si se acabó la Metrika explícita, que si la major la iba a silenciar. Pues no. Jane Doe in the Dream House parece casi una respuesta directa a todo eso. Sigue igual de frontal, igual de incómoda y con más cara dura que nunca. Ella misma lo dijo sin rodeos y entre risas: “Primero de todo, a mí no me silencia nadie” y “Vamos a chonificar a la Aitana”.
Más allá del contexto industrial, este EP marca una nueva etapa en su carrera tras el cierre de la ‘Metrilogía’ con Neófita. Si antes nos guiaba por los círculos más profundos del infierno, ahora nos invita a entrar en su propia dream house: una casa de muñecas vampiresca donde lo cute y lo sombrío conviven en tensión constante. El proyecto consolida su viraje hacia un imaginario más hiperfeminizado, rosa y provocador, sin abandonar lo oscuro, lo macabro ni la crudeza que han definido su sonido desde el inicio. Funciona así como una continuación lógica de su discografía y, al mismo tiempo, como una declaración de intenciones más accesible, más visual y más consciente de su impacto cultural.
Musicalmente, el proyecto vuelve a ir de la mano de D. Basto, su productor de confianza, con quien sigue puliendo ese sonido tan suyo: reggaetón oscuro, trap sucio, bases duras y temas pensados para sonar en bucle en el club. Compuesto por cinco canciones, el EP mezcla reggaetones de inspiración dosmilera, líneas de bajo profundas y melodías atmosféricas que sostienen una lírica tan explícita como ingeniosa. En las letras es donde Metrika saca las garras: vacila, exagera y se ríe de todo, especialmente de los “dickies” y de quien no pilla el tono. Sin pelos en la lengua, sin miedo a incomodar o a no gustar, juega con la provocación, el descaro, lo desagradable y lo sádico. Virgen putita es casi un manual para convertirse en una auténtica barbie xanax. Todo es tan explícito y tan exagerado que deja claro que no va en serio… o sí, pero da igual.
El concepto del EP también se apoya en referencias claras. Metrika ha citado películas como Conejita en el Campus o Jennifer’s Body, imaginarios que atraviesan el proyecto y refuerzan la idea de una casa de muñecas pervertida donde transcurren los distintos episodios del disco. El propio título refuerza ese contraste desde la primera impresión: ‘Jane Doe’ es el término que se usa en Estados Unidos para personas o cadáveres no identificados, enfrentando lo cute con lo perturbador, algo que ya adelantaban Virgen putita y Conejita Playboy.
Jane Doe in the Dream House es un EP corto, directo, afilado y muy bailable que demuestra que ni el rosa ni una major han domesticado a nadie. Desde el sacrificio iniciático que cierra el EP hasta la figura de la vampi-barbie final boss que lo recorre, Metrika sigue subiendo de nivel. De madre fundadora a neófita, de vampi-barbie a zorra final boss, reafirma una identidad única dentro de la escena y se consolida como algo más que una artista: un movimiento cultural respaldado por una comunidad de fans que no deja de crecer. Las ratxetonas vampiras pueden respirar tranquilas: aquí todavía se muerden cuellos.
Track favorito: Una bimbo por Madrid
