Contaba Martin en nuestra última entrevista que él es de detenerse en las pequeñas cosas. De prestarles la suficiente atención y dotarlas del valor que merecen, que es mucho. El artista vasco ha debutado, por fin, con La insolación, un disco donde hay mucho de esa contemplación de las pequeñas cosas no tan pequeñas, y de la grandeza de poder contemplarlas desde la ternura y la nostalgia adquirida.
La insolación sorprende ya desde el principio, pues su título hace referencia de manera directa, y en cierto modo homenajea, al homónimo libro de Carmen Laforet. Algo a lo que apela directamente en el séptimo tema del álbum, cuando canta eso de “ayer estaba leyendo en el metro La insolación”. “Leí el libro con dieciocho años y me marcó profundamente. Inevitablemente conectaba también con mi propia historia”, plasman en la nota de prensa.
Este proyecto nace de una conexión personal que el artista estableció con la novela durante su juventud. Un viaje emocional en el que cada uno de sus diez temas está atravesado profundamente por las vivencias personales que le han conducido hasta convertirse en el artista que hoy es. No se trata tanto de una carta de presentación, sino, más bien, de un ejercicio de memoria. La insolación se construye desde lo pequeño: recuerdos aparentemente intrascendentes, imágenes cotidianas y emociones dichas en voz baja que, sin embargo, terminan dibujando un universo propio que, poco a poco, ha ido tejiendo con esmero.
Descrito por el propio artista como un trabajo “ligero y curioso”, el disco condensa una evocación muy clara. Canciones como Piscina vacía reflejan ese sentimiento de nostalgia ligado a la madurez y a la distancia con las amistades de la infancia, mientras que otras como 1000 estorninos convierten lo sensorial en relato con versos como “me encanta tu ruido”. ¿Puede haber algo más bonito que transmita tanto con tan poco?
Musicalmente, La insolación dialoga con una tradición muy reconocible del pop español. Hay ecos evidentes de Mecano y de ese sonido ochentero de bases electrónicas que marcaron generaciones pero reinterpretados desde una sensibilidad contemporánea, derivado de la producción a cargo de Hidrogenesse. No se trata de nostalgia vacía, sino de una relectura consciente: Nadadora ya adelantaba meses atrás esa intención de hacer nuevo lo viejo, de recuperar códigos que parecían fuera del foco y devolverlos al presente con naturalidad. El resultado es un sonido limpio y sin florituras.
El cierre con Estoy listo funciona casi como una declaración de intenciones. Después de cuatro años desde su paso por OT, Martin no solo presenta un debut, sino que define una manera de estar en la industria: alejada de las prisas y de las fórmulas que imperan en el mercado. Muy al contrario, La insolación no busca seguir modas sino permanecer en el tiempo. Y puede que en este gesto encontremos su mayor acierto: dejar espacio para que el público habite las canciones y las dote de otros nombres propios. Un espacio donde realmente empiece todo.
Track favorito: Nadadora.
