Cuando uno piensa en un concierto perfecto, visualiza a un público entregado que vibra en cada tema; al artista emocionado, tanto que incluso termina quedándose sin voz. Y se forma esa mágica unión en cuerpo y espíritu entre los que están arriba en el escenario y los que están abajo. Pues esa descripción le queda que ni pintada a lo que ha sido el concierto de Marquitos en Barcelona. El madrileño ha llegado para presentar su último disco en La (2) de Apolo en un bolo que ha tenido mucho corazón y mucha alma, o mucha Alma de cántaro, mejor dicho.
Un escenario digno de Broadway, con un decorado cuidado milimétricamente: un salón-comedor lleno de lámparas, de esas que tienen luz cálida, cuadros, un escritorio, revistas, un perchero e incluso una cafetera italiana. “Esta es mi casa en tres por tres”, ríe Marquitos. Si no fuera por los micros, el teclado y la batería, cualquiera hubiera dicho que estábamos en un salón. El artista ha traído a su banda y también su mejor outfit, aunque ha tenido que terminar quitándose piezas por el calor. Una chaqueta con capucha de pelo, unos jorts, gafas de sol y una gorra. Y cuando todo el mundo estaba en su sitio y la sala llena, ha arrancado el concierto con los primeros temas de Alma de cántaro.
Podríamos decir que el bueno de Marcos ha estado especialmente hablador. Ha tenido tiempo, entre Un 10 y Bucle, de ‘echarle la bronca’ al público de Barcelona: “Aquí en Barna siempre me hacéis lo mismo, llega el día y parece que no va a haber nadie. ¿Por qué sois así y compráis las entradas a última hora? Me hacéis sufrir”. Alguien grita un “Te queremos, Marquitos” y el ambiente se relaja. Aunque todo son risas, claro, también han cabido momentos emocionantes, como cuando ha anunciado que sus padres estaban allí y canta, emocionado, Mis ídolos están en mi casa. Es un romántico.
Ha ido pegando saltos en su discografía pasando del nuevo álbum a Blindao y Self-war Veterans. Y la gente a tope con eso. Nos ha confesado, después de que se le cayera la petaca y el in-ear más o menos unas cuarenta veces, que tiene TDAH con algo, pero que aún no sabe con qué. Para los últimos temas ya estaba afónico, “ahora tenéis que ayudarme”, dice. Y ha llegado el sprint final, para el cual se han formado pogos en Elpulsomevasuperrapido y Mi team! Y ha habido bailoteo en Peco de bueno. Ha subido a un montón de gente al escenario para el tramo final, les ha dicho que se pusieran cómodos, que estaban en su casa.
Ha sido, seguramente, el momento más emotivo. Se han camuflado con la banda y han vivido, subidos al escenario, el final del show. Marquitos ha cerrado con su colaboración con J Balvin, para la cual ha cambiado la letra: “Tienes más calle que los niños de la Rambla”. Y ha puesto la guinda del pastel con Pisando charcos, con la que el público ha enloquecido. Antes de despedirse, ha agradecido uno por uno a los músicos de la banda, a todo su equipo, sus padres, su pareja y hasta su perrita. Y al grito de “visca el Barça” y “free Palestina, coño”, abandona el escenario ante una impresionante ovación. Un diez de diez para Marquitos, impecable como siempre.
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