No me gusta empezar con un cliché, pero el viernes 9 de octubre la sala Apolo tembló con el concierto de María Escarmiento, dentro de la programación de B·Series. El Forever Tour no decepcionó ni un momento. De principio a fin, la sala estuvo a tope, con la energía por las nubes y un público que parecía no tener ninguna intención de bajar el ritmo. Fue uno de esos conciertos en los que no importa cuánto hayas bailado, saltado o gritado, porque siempre hay fuerzas para una canción más.
Más allá de la música, lo que vivimos en Apolo fue una auténtica celebración de pasarlo bien. La música de María Escarmiento invita a disfrutar sin demasiadas preocupaciones, a dejarse llevar y a vivir el momento al máximo. Su álbum Forever transmite precisamente esa manera de entender la vida, y el concierto fue la demostración perfecta de ello. Porque, al final, ser joven ya es motivo suficiente para celebrarlo.
La noche también contó con invitados especiales. Fran Laoren salió al escenario para cantar junto a María las canciones en las que ambos han colaborado, regalándonos momentos que el público recibió con muchísimas ganas. También apareció Shanghai Baby (Ade Martín) para interpretar Siempre juntas, una canción que nos recuerda el valor de la amistad y la felicidad que supone tener una amiga con quien compartir la vida. Entre tanto baile y tanta euforia, hubo espacio para celebrar esos vínculos que hacen que todo sea un poquito mejor.
Entre el público también se encontraba Pablo Wessling, la persona que le puso la pegatina a María en Operación Triunfo y que, de alguna manera, fue una pieza clave en el inicio de su camino. Durante el concierto, María quiso dedicarle un pequeño homenaje con unas palabras que emocionaron a la sala: «Sin él nadie estaría aquí». El público respondió con un aplauso que hizo todavía más especial el momento.
Precisamente, una de las cosas que más me gustaría destacar es el buen rollo que se respiraba entre el público. Todo el mundo parecía estar en la misma sintonía: gente cantando, bailando, saltando y disfrutando sin complejos. No era solo la energía que llegaba desde el escenario, sino también la que se generaba entre quienes compartían la sala. Esa sensación de estar viviendo algo juntos convirtió el concierto en una fiesta colectiva, de esas en las que resulta imposible no contagiarse de la alegría de los demás.
Todavía se me están recuperando los oídos del fiestón que se marcó María Escarmiento. Salí de Apolo con la sensación de haber vivido una auténtica fiesta de principio a fin, de esas en las que el tiempo pasa volando y las canciones se viven más de lo que se escuchan. El Forever Tour fue una reivindicación de disfrutar, celebrar y exprimir cada momento, rodeados de música y de gente con ganas de pasárselo bien.
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