Después de su éxito con La Pantera, gran parte del público esperaba que Emilio siguiera el mismo camino. Sin embargo, Lucho RK es de otra manera, de una pasta distinta reservada para quienes construyen su camino de forma diferente a lo establecido. Según él, nunca fue una de las caras favoritas, ni estuvo en las principales quinielas, ni fue la apuesta de caballo ganador. Su fortaleza siempre fue la torpeza y la capacidad de adaptarse a medida que avanzaba. Ya se lo dijo su padre: “Esto es una carrera de fondo, no de velocidad. No es quien llega primero sino quien aguanta más corriendo”, y ha querido que esa idea fuera el centro conceptual de Sordo de un pie.
A la torpeza está acostumbrado. Bien lo sabe su dedo meñique, que se encuentra todas las mañanas con la primera esquina que ve. Solo había que encontrar la manera de sacarle rédito. Después de varios EP y un gran número de singles que lo han colocado entre las caras más visibles del panorama canario y español, Lucho ha entendido que era el momento de sentarse a conceptualizar lo más grande que ha hecho hasta ahora y no podía olvidarse de ella. Dieciséis canciones variadas, cada una con referencias e influencias distintas, se unen bajo un hilo conductor central y reflejan que probar y ser multidisciplinar también puede ser un activo importante. Todo ello acompañado de Torpe, la mascota del disco y protagonista audiovisual del trabajo, que seguro recuerda a alguien.
Estás presentando tu nuevo disco, Sordo de un pie, recién salido y el primero de estudio. ¿Qué diferencias has encontrado respecto a hacer un EP?
Hacer un álbum es uno de los mayores retos que tiene un artista. La diferencia con el primer EP que saqué, ¿Quién está aquí?, un disco para dar un golpe en la mesa y que la gente viera qué cosas hago, es que no tenía un nexo, un hilo conductor, un orden. No sé cuántas canciones fueron pero las metimos todas bajo un nombre y a nuestra puta casa. Creamos la imagen del proyecto pero no es para nada la visión de hacer un álbum.
¿Has dedicado mucho tiempo a preconceptualizar este proyecto?
En mi caso, gracias a Dios, ha salido todo un poco solo. También ha sido mi manera de crear hasta ahora. Cuando me paré y dije, tengo que hacer un disco, miré hacia atrás, vi el trabajo que había hecho y me di cuenta de que todo tenía un hilo conductor de forma natural. A partir de ahí simplemente fui escarbando un poquito. Pensé en la metáfora de Sordo de un pie y supe que ese era el concepto. En el momento en que me lo imaginé, lo sentí. Me habían pasado un montón de cosas por la cabeza antes de esta idea pero mi cuerpo y mi cabeza no lo veían. Hasta entonces, estaba abierto a lo que me entrara.
Y en cuanto a la producción musical, la elección de géneros, las influencias y la identidad visual, ¿también fue surgiendo durante la creación o era algo que tenías claro antes de empezar a grabar?
Tenía canciones de este disco que ya estaban hechas, y la idea de Torpe, la mascota, fue surgiendo cuando ya había un par de temas. A medida que se fue creando, fue saliendo todo.
¿Las colaboraciones surgieron también sobre la marcha?
Es verdad que ya tenía en mente una serie de nombres, entre ellos los tres artistas que salen, porque encajaban mucho con la vibra del disco. Respeto y admiro mucho el trabajo de artistas que pueden ser más urbanos pero dentro de la vibra de este disco a lo mejor no me encajaban tanto. Se trataba de buscar ese tipo de artistas que entraban dentro del lore del álbum.
“No hace falta ser el caballo ganador o el mejor en algo desde el principio para hacer cosas grandes. Hay que permitirse, desde el segundo uno, cagarla mil y una veces.”
Metiéndonos más en profundidad en el concepto: supongo que estarás cansado de explicarlo todo el rato, pero, por tenerlo grabado, ¿me explicas eso de la torpeza como motor?
Es la premisa de que no hace falta ser el caballo ganador o el mejor en algo desde el principio para hacer cosas grandes. Creo que hay que permitirse, desde el segundo uno, cagarla mil y una veces. Es ahí donde se aprende, y mucha gente se va a sentir identificada con eso. Quería explotar ese concepto y que la gente hiciera suyo el álbum y lo entendiera. Eso es lo más importante para mí.
¿Cómo lo has querido representar concretamente a través de la composición?
Yo sabía que iba a ser un disco con ritmos variados y distintos porque es mi manera de crear. Pero si te fijas, en cuanto al contexto musical, quería mucha cuerda. Face ID… Ahora no tiene un punto de guitarra acústica que grabamos con Omar Alcaide. En los temas afro también hay guitarritas tropicales. Desde el principio quería que eso fuera así porque me encanta tocar la guitarra y quería jugar con eso para explotarlo más adelante.
Hablando de géneros, después del éxito que tuvisteis La Pantera y tú en el EP conjunto, creo que muchos esperaban algo más cercano al fronteo.
Yo creo que la gente esperaba que tirase por ahí y, obviamente, me gusta complacer a mi audiencia, pero también me gusta sorprenderla. Causarle ese momento de: ey, ¿qué coño acaba de hacer este tío? Tiré por algo más personal y estoy muy orgulloso de eso porque es una zancadilla más, un pie más que me pongo en el camino, que salto y del que salgo ileso. Aumenta el concepto.
Entre todos los géneros que suenan en el disco, para mí destaca sobre todo Lola, que es un bolero. ¿La idea pudo estar influenciada por gente como Quevedo, Milo J o Bad Bunny, que han rescatado sonidos más tradicionales?
Tío, Lola es una de las canciones más antiguas que tengo. Para mí es de las mejores del disco; el storytelling es supercomplejo. Esta canción tiene casi tres años. Viene de antes de toda esta ola de volver atrás. En su momento la hice por diversión y la guardé con cariño hasta el momento adecuado. La saqué como segundo single y fue una prueba para mí porque, después de Aire, podría haber hecho algo parecido, que habría sido lo fácil, pero me divertí más y miré más por mí que por pegar el tema.
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Empezamos por la parte filosófica. ¿Qué te ha pasado en la vida para darte cuenta de que el tropiezo es tu motor?
Nunca he sido el favorito para nada. He sido muy torpe en general. Siendo muy alto, nunca se me han dado bien los deportes, y es que, bro, desde que me levanto de la cama ya piso mal, me doy con una esquina de la puerta, me golpeo en la cabeza o me sirvo un café y se me cae. En mi vida siempre ha estado presente el pensamiento de que soy muy torpe y he aprendido a hacer malabares con eso. Me divierto con mis errores.
Parece que te sientes dentro de la mediocridad. Supongo que el síndrome del impostor tiene que estar presente en tu vida.
Todo el día. Tienes a Ale (NdP: Ale está sentado con nosotros durante la entrevista), que está en mi equipo y es mi hermano, y está harto de mí. Cada dos días me entra una crisis existencial de: ¿y si solo he tenido suerte hasta ahora y mañana voy a comerme un rosco? Es una de las cosas que me cuesta aprender a gestionar, pero creo que también tiene su lado bueno. Es algo que te mantiene con los pies en la tierra y yo, sinceramente, quiero lo mejor para mi carrera y para quienes me rodean, y siento que soy una persona mejor si soy consciente de estar en el suelo. Sentiría que me fallo a mí mismo si el ego me hace subirme.
¿Crees que ese sentimiento de ser mediocre ha sido un punto fuerte? Quizá te ha dado una cultura del esfuerzo más sólida o más capacidad de reflexión.
Sí, en mi caso ha sido un poco excesivo, pero estar en constante trabajo también da una ventaja.
También has dicho que lo importante no es llegar el primero, sino llegar. ¿Te quita eso la sensación de competición que tiene la industria?
Sí, es algo que no he tenido al cien por cien en mi caso, pero también soy muy exigente conmigo mismo. La competición existe mucho conmigo mismo. Tú piensa que nosotros, los chiquillos de la isla, somos un grupo en el que muchos nos dedicamos a esto y compartimos mucho en el día a día. Es imposible no mirar a mi alrededor. Aparece la competición cuando me comparo, pero es sana y no quiero que se apodere de mí. Mi padre siempre dice que esto es una carrera de fondo, no de velocidad. No es quien llega primero sino quien aguanta más corriendo.
“En mi vida siempre ha estado presente el pensamiento de que soy muy torpe y he aprendido a hacer malabares con eso. Me divierto con mis errores.”
¿Cómo lo gestionas cuando estás obligado a competir?
Con ese pensamiento en la cabeza para poner los pies en la tierra. Esto es una carrera de uno contra uno, me versus me, y hay que disfrutar del camino. Porque después, cuando llegan las cosas buenas, te das cuenta de que, al final, lo que había que disfrutar era el proceso. Los momentos de éxito llegan un viernes 14 de mayo y duran una hora y media. Después te vas a tu puta casa y te cenas la lata de atún con arroz del microondas. ¿Quién coño no sueña con ser el número uno de un país? Eso puede llegar pero es un screenshot que te manda tu equipo; luego vas a salir a la calle y vas a pisar la misma mierda de perro.
Defiendes que tu camino nunca ha sido planificado, que las torpezas a veces han sido el motor y que no ha habido un plan. Sumado al sentimiento de mediocridad del que hemos hablado antes, ¿no te ha generado nunca una sensación de vulnerabilidad, de estar pendiendo de un hilo?
No siempre ha sido improvisado, gracias a mi equipo. Puede ser que haya sentido eso, como si estuviera tensando la cuerda, pero después de todo ya tengo que sentir que, por lo menos, la cuerda es un poquito más ancha para saber dónde piso. Hasta ahora ha sido así y me enorgullezco de ello. Todo tiene su lado malo, pero, de momento, ha salido todo bien. Miro a mi alrededor y ya no somos un equipo pequeño, las cosas son un poquito más serias y confío cuando me dicen que es mejor que vayamos planeando cosas.
También has tenido una gran red de apoyo con tus chiquillos de la isla.
Siempre nos apoyamos mucho. Hay mucho apoyo y mucha competición sana, que creo que también es muy importante porque me ayuda a ser mejor. Yo considero que todos mis amigos son artistas mucho mejores que yo. Juseph, La Pantera, Quevedo… Rodearte de gente mejor que tú siempre te va a hacer mejor. Aparte de ellos, todo el apoyo que puedo recibir de mis amigos, mi familia o mi equipo es algo que me sostiene. Sin eso, no podría seguir.
Saliendo ya de temas densos y para terminar, viene tu gira más grande hasta la fecha.
Llevo tres años sin parar. He encadenado una cosa con otra, pero no solo este verano, sino desde que empecé. En mis inicios como artista, me empecé a matar en festivales por dos putos duros para poder sacar mi proyecto adelante. Después vino la gira de mi primer EP, luego la gira con Sergio (La Pantera) y, entre medias, más y más festivales. En esta nueva gira seguramente encajemos con festivales, pero estoy muy contento por hacerla.
¿No te vas a quemar?
Mi psicóloga me dice que intente buscar momentos de descanso en el día a día, en lo cotidiano. Por ejemplo, me encanta cocinar y cojo esa hora y media o esas dos horas que estoy cocinando y las convierto en momentos para mí. Siempre estoy agradecido por todo lo que tengo y no hay de qué quejarse. Para las cosas grandes hay que trabajar como un cabrón.
¿Con un vídeo de YouTube de fondo cuando cocinas?
No. También está muy bien disfrutar del silencio (risas), pero alguna vez sí que me pongo vídeos. Lord Draugr o Fusgo me relajan con sus historias.
La última pregunta, que siempre me gusta hacer, y más cuando estáis metidos en una promo intensa. Estarás cansado de que todos te hagamos las mismas preguntas sobre el disco y sobre ti. ¿Hay alguna que no te haya hecho y que te hubiera gustado responder?
No me han preguntado mucho por Torpe, la mascota. La gente no se ha fijado demasiado. Es la representación literal de mi yo más torpe. Siempre va con sus auriculares puestos, encerrado en su movida. Tiene el pelo blanco, como yo cuando empezamos a plantear este proyecto, y toda esa vaina. Os estáis portando muy bien de todos modos; estoy muy agradecido con todos.
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