Gigi Masin es un indispensable en mis listas de Spotify. El productor y compositor italiano recrea paisajes sonoros con música ambient y experimental que me ayudan mucho a conectar conmigo mismo. Este álbum, publicado en 1989, evoca a una dimensión espiritual y etérea que te empuja a un estado contemplativo y te sitúa en una atmósfera emotiva y envolvente, como si estuvieses escuchando la banda sonora de una película introspectiva y cruda. La música de Masin tiene un hueco reservado en mi corazón desde hace años, pues me acompañó en momentos de mi vida complicados.
Mi canción favorita del álbum es First Time Ruth Saw The Sea. No imagino mi vida en un lugar sin costa. Cuando lo necesito, cojo el coche hasta la playa más cercana (aquí en Valencia) y me siento enfrente del mar. Me relaja mucho observar las olas, sentir la humedad y el salitre. Como buen intenso que soy, le recomiendo mucho este álbum a cualquier persona que se permita vivir sus emociones con buena música de acompañamiento.
Recuerdo cuando un profesor de la Facultad de Bellas Artes me prestó esta genialidad creada por el artista Nazario Luque Vera. La historia de Anarcoma transcurre en una Barcelona sórdida, oscura y llena de misterios por resolver por parte de la protagonista, quien es una detective travesti que ha marcado un hito en la historia del cómic underground y la cultura LGBTIQ+. Las historias reflejan una clara crítica social y aborda temas como la liberación sexual, el feminismo o la lucha por los derechos civiles.
En lo particular, disfruto mucho del humor grotesco, subversivo y políticamente incorrecto. Dentro del carácter esperpéntico de las historias y de los personajes, aparece también una connotación monstruosa, sexual y obscena que envuelven a la protagonista, haciendo clara alusión a la demonización que sufren los cuerpos disidentes, con la particularidad de que en este caso es la heroína de la trama. Me reí tanto con esta novela gráfica, con las ilustraciones, historias y misterios. Sin duda la recomiendo.

Hace relativamente poco que me volví a adentrar en el mundo de los videojuegos. Shadow of the Colossus es una joya para la vista, es bello y espectacular. Las acciones transcurren en lo que podría parecer una tierra antigua y desolada, llena de extensas llanuras, bosques y lagos. La atmósfera del videojuego es melancólica, con una sensación de aislamiento y soledad que vas integrando a medida que vas descubriendo el vasto territorio. El diseño de los colosos, aparte de hermoso, tiene un concepto brillante, pudiendo escalar a través de los diferentes mecanismos y engranajes corporales que llevan integrados. Para llegar a la cima del gigante, debes observar y contemplar la majestuosidad de su cuerpo, lo cual te permite también apreciar su belleza.
Para mí este videojuego tiene un simbolismo muy especial, pues te mete de lleno la dicotomía mental de un personaje que quiere revivir a su amada, pero que para ello ha de acabar con todas las maravillosas criaturas que van apareciendo. Da bastante pena ver a los colosos morir; pese a que debas seguir el juego, es una sensación extraña. Sus gráficos son probablemente los más sublimes que haya visto en un videojuego.






