No nos sorprende el carácter de estas recomendaciones viniendo de Bárbara Pérez. Para que algo la enganche, tiene que ser más que entretenimiento: sus favs conectan con los sentimientos y pensamientos propios, invitan a meterse en la piel de los personajes de una historia y a reflexionar sobre diferentes caminos en la vida. Da curiosidad, ¿no? Vamos a leerlo.
Cantante - Jay Wheeler
Es mi cantante favorito desde hace años y su música ha formado parte de muchos momentos importantes de mi vida. Para mí, la música siempre ha sido una forma de desconectar del mundo, de refugiarme y de gestionar mis emociones, y en sus canciones he encontrado siempre lo que necesitaba escuchar. Tiene una forma muy bonita y especial de transmitir vulnerabilidad, amor, desamor y sentimientos reales a través de su música. Me ha acompañado en mis mejores momentos y en los más difíciles, y creo que eso es lo bonito de la música: que una canción puede convertirse en el recuerdo de una etapa de tu vida. Y, sin duda, si hay una que me traiga muy buenos recuerdos es Dicelo.
Serie - La reina del flow
Esta serie lo es todo para mí. Es una de esas historias que no solo te entretienen, sino que consiguen que conectes emocionalmente con los personajes y vivas cada momento con ellos. Me encanta cómo demuestra que incluso después de pasar por los peores momentos, siempre existe una oportunidad para volver a empezar y reconstruirte. La banda sonora es espectacular y tiene canciones que me vuelven loca. Es una serie que me vería una y otra vez y ¡nunca me cansaría!
Libro - La biblioteca de la medianoche
No soy una persona que lea muchos libros de principio a fin porque muchas veces empiezo uno y a mitad de la historia pierdo el interés y paso al siguiente. Pero con este fue diferente, se lee solo y consiguió engancharme desde las primeras páginas. Lo mejor es la reflexión que deja sobre las infinitas posibilidades de la vida y cómo nuestras decisiones, incluso las más pequeñas, pueden cambiar por completo nuestro camino. Me hizo valorar más el presente, dejar de pensar tanto en los ‘¿Y si…?’ y entender que no existe una vida perfecta, sino la vida que decidimos construir.

